El nivel de la historia. 1: Nudos y catálisis; las secuencias y las macrosecuencias


Las unidades de sentido

Cuando analizamos la historia o fábula de un relato, lo descomponemos en funciones o unidades de sentido. Cada unidad de sentido se puede representar por una oración que expresa un acontecimiento o un estado.
Recordemos que el nivel de la historia corresponde al sentido del relato, no al del discurso, es decir del texto: por ello, las oraciones que usamos para expresar las unidades de sentido no son las que se hallan en el texto, sino que son producto de un esfuerzo, de una abstracción que lleva a cabo quien realiza el análisis.
Las unidades de sentido pueden ser unidades distribucionales o unidades integrativas. Las primeras se dividen, a su vez, en nudos y catálisis, y las segundas, en informaciones e indicios.

    • UNIDADES DISTRIBUCIONALES. Constituyen el hilo narrativo. Hacen que la fábula avance a la conclusión o se estanque.
      • Nudos. Hacen avanzar el relato.
      • Catálisis. Hacen que el relato se detenga o estanque.
    • UNIDADES INTEGRATIVAS. Con relación a personajes, lugares, etc., los ubican en el tiempo y el espacio y los dotan de cualidades que los caracterizan.
        • Informaciones. Ubican la historia en el tiempo y el espacio.
        • Indicios. Otorgan cualidades a personajes, lugares, épocas, etc.

Las unidades distribucionales

Concentrémonos, por el momento, en los nudos y catálisis. Para comprender mejor estos conceptos, un pequeño ejemplo: este cuento de Jorge Luis Borges (que a su vez forma parte de otro cuento, perteneciente al libro El Aleph):

Los dos reyes y los dos laberintos

Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó a construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribo sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: “Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso.” Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con aquel que no muere.

Este cuento ex extremadamente breve. Constituye un ejemplo de minificción. Esta brevedad nos permitiría analizar la fábula hasta el último detalle, distinguiendo cada uno de sus nudos y catálisis. Esto es imposible (o en todo caso innecesario) en textos de mayor extensión y complejidad (pensemos en el trabajo que nos llevaría hacerlo en cualquier novela). De todas maneras, no lo haré aquí. Me limitaré a distinguir algunas unidades que hacen avanzar la historia y otras que no lo hacen, es decir, algunos nudos y algunas catálisis.

  • Nudos: El rey de Babilonia ordena construir un laberinto del que nadie pueda salir; el rey de los árabes lo visita; el rey de Babilonia introduce al árabe al laberinto; el rey árabe se pierde; el rey árabe ruega a Dios; el árabe logra salir; etc.

  • Catálisis: Esto ocurrió “en los primeros días”; la orden se dio a magos y arquitectos; los varones más prudentes no se atrevían a entrar al laberinto; los que entraban no lograban salir; esta obra usurpaba acciones propias de Dios; etc.

Notemos cómo las primeras unidades de sentido, es decir los nudos, constituyen el esqueleto de la acción. Si suprimimos alguna de ellas, la fábula pierde lógica. Suprímase, por ejemplo, la unidad “el rey de los árabes lo visita”: después de la construcción del laberinto vendría la imagen del rey de los árabes perdido en él, sin que mediara una causa previa: que se hubiera perdido y entrado por accidente, o que el rey de Babilonia lo llevara por la fuerza, o (lo que en efecto pasa en el cuento) el de Arabia llega de visita y el babilonio lo lleva al laberinto.

Secuencias y macrosecuencias

Aprovechemos los nudos enlistados más arriba para exponer la idea de secuencia narrativa. Los nudos se organizan en secuencias. Para esto hacen falta como mínimo tres nudos:

  • Acto de un personaje que abre una posibilidad (lo que tradicionalmente se llama planteamiento).
  • Realización de esa posibilidad (lo que siempre se llamo el desarrollo).
  • Culminación o clausura de esa posibilidad, que desemboca en fracaso o éxito (lo que suele llamarse desenlace).

En los ejemplos previos, tenemos la acción inicial del rey de Babilonia (construir el laberinto), su desarrollo (introducir al rey de Arabia en él) y su culminación (el árabe se pierde). Lo anterior constituye una secuencia. Con esta se relaciona la siguiente: el rey de Arabia se pierde, luego implora el socorro divino y al fin logra salir. Vemos así cómo estas secuencias mínimas se combinan entre sí para formar otras secuencias más complejas, a las que llamamos macrosecuencias. En este pequeño cuento, podemos considerar que el conjunto de la fábula constituye la única macrosecuencia que integra a todas las secuencias mínimas; pero esto puede ser mucho más complejo, lo que podremos ver si consideramos el argumento de cualquier novela que podamos recordar.

 

 

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