Archive for ‘Apuntes’

15 mayo, 2019

El narrador


narrador

El narrador es el sujeto de la enunciación del relato. Es una voz (la que nos cuenta lo narrado) y una mirada, tanto en sentido literal como en sentido figurado: el narrador observa lo narrado, conoce el mundo en el que transcurre la historia, emite juicios (o se abstiene de hacerlo) y tiene actitudes hacia los personajes, los acontecimientos, etc.
Para analizar al narrador, debemos tomar en cuenta tres aspectos que lo constituyen: 1) su participación en la historia narrada; 2) la focalización; y 3) la persona del verbo.

Participación en la historia

El narrador puede participar o no en la historia narrada. En el primer caso será intradiegético u homodiegético, y en el segundo, heterodiegético.
El narrador heterodiegético es ajeno a la historia. No participa en ella ni siquiera como testigo. Los ejemplos son fáciles de encontrar: sería el narrador del cuento popular, de la Iliada, de Las ilusiones perdidas de Balzac, etc.
El narrador intradiegético u homodiegético forma parte de la historia. Es, al mismo tiempo, narrador y personaje. Su participación puede ser secundaria; en tal caso será un narrador testigo o testimonial, como en “El perseguidor”, de Julio Cortázar. El narrador es Bruno, crítico musical y amigo del jazzista Johnny Carter, protagonista de la historia. Bruno lo acompaña, dialoga con él, trata de comprenderlo, nos cuenta lo que ve y reflexiona sobre ello.
Ahora bien, el narrador puede ser el propio protagonista del relato. Se llama narrador autodiegético. Por ejemplo, en “El huésped”, de Amparo Dávila, la historia es narrada por una mujer, esposa oprimida, a cuya casa lleva un día su esposo a vivir un “huésped” sin nombre, al que no describe, pero cuya presencia es tremendamente perturbadora.
Además, el narrador puede ser disonante o consonante. Si mantiene mayor o menor distancia crítica respecto a los personajes, es disonante; un caso claro lo tenemos en el Quijote, donde la voz narrativa se permite, por ejemplo, juzgar sobre la verosimilitud de lo que el caballero vio en la Cueva de Montesinos.
En cambio, el narrador que se halle de acuerdo en todo con sus personajes, por lo menos con el protagonista, será consonante. Esto es muy común en las narraciones de entretenimiento, como en las novelas de caballería que parodia El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

La focalización

La focalización se relaciona sobre todo con lo que el narrador sabe acerca del mundo narrado.
Cuando el narrador sabe más que los personajes, se habla de focalización cero. Equivale al narrador omnisciente. Así, a este narrador no se le oculta nada de lo que sucede; conoce igualmente lo que piensan y sienten los personajes, e incluso puede saberlo mejor que ellos, debido a que penetra en sus procesos insconscientes.
También es posible que el narrador sepa tanto como los personajes, o al menos tanto como uno de ellos. Se habla entonces de focalización interna. De este modo, en “El perseguidor” el narrador Bruno se halla limitado por lo que llega a presenciar y por el grado en que puede (o no) comprender al protagonista Johnny Carter.
Igualmente, puede saber menos que los personajes. Se trata aquí de la focalización externa. El narrador puede ser como una cámara que registra lo que se puede ver, oir, etc., desde una cierta posición en el mundo narrado (por ejemplo, una ventana de una casa), pero no penetra en las mentes de los personajes. O puede ser una especie de cronista que reúne testimonios sobre los hechos narrados, sin tener nunca un conocimiento directo de ellos.

La persona del verbo

El relato puede ser narrado en cualquiera de las personas del verbo. Generalmente, en primera o en tercera persona, ambas del singular, pero todas las demás opciones son posibles. Por ejemplo, el relato de Carlos Fuentes Aura, está narrado en segunda persona: el narrador se dirige al protagonista, le cuenta lo que él mismo está experimentando.
No hay una relación esencial entre la persona gramatical y la focalización o la ausencia o presencia en la historia. Un narrador en primera persona, por ejemplo, puede ser omnisciente y puede también ser un protagonista o un testigo que se esfuerza por entender lo que ocurre, como los personajes de 62 / Modelo para armar, de Cortázar, que se alternan en la voz narrativa y se esfuerzan por comprender experiencias que escapan a los límites de nuestra mente.

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3 mayo, 2019

El nivel de la historia. 2: Informaciones e indicios


Recordemos: las unidades integrativas caracterizan a los personajes, lugares, etc. de la historia. Las hay de dos clases:

  • Informaciones. Ubican la historia en el tiempo y el espacio.
  • Indicios. Otorgan cualidades a personajes, lugares, épocas, etc.

Las unidades distributivas se relacionan entre sí de modo lineal, por así decirlo (de manera sintagmática, para usar el tecnicismo): un nudo es anterior o posterior a otro nudo, es causa o consecuencia de ese nudo (y lo mismo con respecto a las catálisis relacionadas con ese nudo).
En cambio, las unidades integrativas establecen relaciones de manera paradigmática: es decir, dos indicios o dos informaciones se relacionan por su semejanza o su oposición, no por relaciones lógicas y cronológicas. Por ejemplo: si en un pasaje del texto se dice que el personaje Fulano nunca llega tarde y siempre guarda un orden perfecto en su oficina, y más adelante se le muestra dando instrucciones a un empleado con tono seco y severo, ambos rasgos se integran uno con otro a la distancia, vertical o transversalmente.
Vemos como se dan los indicios y las informaciones en los primeros párrafos de un cuento del escritor británico Arthur Machen.

Los niños felices (fragmento)

Un día después de la Navidad de 1915, mis deberes profesionales me llevaron al Norte; o, para ser más preciso, como nuestros convencionalismos, al “Distrito Nordeste”. Había habido ciertas charlas singulares; varios chismorreos respecto a que los alemanes tenían un «escondrijo» por parte de Malton Head. Nadie parecía saber exactamente qué hacían allí o qué esperaban lograr. Mas la información corría como un incendio de una boca a otra, y se creyó conveniente que tal habladuría fuese seguida hasta sus orígenes, y expuesta al público o negada de una vez por todas.
Me dirigí, pues, al Distrito Nordeste, el domingo 26 de diciembre de 1915, y continué mis investigaciones a partir de la Bahía Helmsdale, que es un pequeño pueblo marítimo situado a tres kilómetros escasos del cabo Malton. La gente de los prados y las marismas también se había enterado de la fábula, considerándola con supremo desdén. Por lo que pude averiguar, dicho cuento había tenido origen en los juegos de unos niños […]. Habían improvisado un burdo drama de espías alemanes y su captura, y habían utilizado la Caverna Helvy, situada entre Helmsdale y el cabo Malton, como escenario de sus juegos. Esto era todo; aparentemente, los bobos habían hecho el resto […].
—Los niños forjaron un cuento que no se creían —me espetó un habitante del pueblo, que seguramente me juzgó más prudente que otras personas.
Naturalmente, no podía comprender, pese a todo, que un periodista tiene dos deberes: proclamar la verdad y denunciar la mentira.
A primeras horas de la tarde del lunes, ya había terminado con los «alemanes» y su escondite, y decidí detenerme en Banwick antes de regresar a casa, pues había oído comentar a menudo que era un lugar bellísimo y curioso. De modo que cogí el tren de la una y media, y empecé a internarme, deteniéndome en muchas estaciones desconocidas en medio de las grandes mesetas; cambié de tren en Marishes Ambo, y proseguí el viaje por un territorio extraño, a la escasa luz de la tarde invernal. De pronto, el tren abandonó el terreno llano y comenzó a descender por una cañada profunda y estrecha, oscurecida por bosques a cada lado, amarillenta por las ramas quebradas, solemne en su soledad. Lo único que se movía era el río acaudalado y turbulento que espumeaba sobre las rocas, y formaba plácidos remansos en las orillas.
Los oscuros bosques se diseminaron en grupos de antiguas matas de espinos; grandes rocas grises, de formas raras, surgían del suelo; y otras dentadas se elevaban hacia las alturas a cada lado de la cañada. El río iba creciendo y ensanchándose, y siguiendo su curso llegamos a Banwick al ponerse el sol.
Contemplé la maravilla de la ciudad a la luz del crepúsculo, rojizo por occidente. Las nubes ensombrecían los rosales; había mares de verdor por entre islas de luz carmesí; y nubes relucientes como espadas flamígeras, como dragones de fuego. Y por debajo de aquellos colores, de aquellas luces confundidas se veían las luces del puerto abajo, y más arriba, al otro lado del puente, la abadía en ruinas y la inmensa iglesia en la colina.

Si las informaciones ayudan a ubicar la fábula en el tiempo y en el espacio, entonces resulta muy fácil identificarlas en este cuento. Los nombres geográficos puede que le digan poco al lector mexicano; pero el hecho de que la acción se desarrolle en un pueblo pequeño y luego en una ciudad, de nombre no familiar para nosotros, a la que se llega después de pasar por “estaciones desconocidas”, de cambiar de ruta, etc., nos hace ver que todo transcurre en una región lejana respecto a los grandes centros urbanos. Por lo que respecta al tiempo, todo es aun más claro: la acción transcurre en 1915; junto con las alusiones a rumores sobre rusos y alemanes, basta para ubicarnos en la Primera Guerra Mundial.
Ahora, pasando a la cuestión de los indicios, debemos atender a rasgos como el “territorio extraño”, “la escasa luz de la tarde invernal”, “los oscuros bosques” y “la abadía en ruinas y la inmensa iglesia en la colina”. También es importante el hecho de que para llegar a Banwick el tren tiene que “abandonar el terreno llano” y “descender por una cañada profunda y estrecha”. La oscuridad, los bosques, la antigüedad de los monumentos, el abandono del terreno llano y el seguir un camino descendente y estrecho: todos estos rasgos — estos indicios— van creando una cierta atmósfera de penumbra y misterio, que será de lo más propicia para los acontecimientos que más tarde se desarrollan en el cuento.

3 mayo, 2019

El nivel de la historia. 1: Nudos y catálisis; las secuencias y las macrosecuencias


Las unidades de sentido

Cuando analizamos la historia o fábula de un relato, lo descomponemos en funciones o unidades de sentido. Cada unidad de sentido se puede representar por una oración que expresa un acontecimiento o un estado.
Recordemos que el nivel de la historia corresponde al sentido del relato, no al del discurso, es decir del texto: por ello, las oraciones que usamos para expresar las unidades de sentido no son las que se hallan en el texto, sino que son producto de un esfuerzo, de una abstracción que lleva a cabo quien realiza el análisis.
Las unidades de sentido pueden ser unidades distribucionales o unidades integrativas. Las primeras se dividen, a su vez, en nudos y catálisis, y las segundas, en informaciones e indicios.

    • UNIDADES DISTRIBUCIONALES. Constituyen el hilo narrativo. Hacen que la fábula avance a la conclusión o se estanque.
      • Nudos. Hacen avanzar el relato.
      • Catálisis. Hacen que el relato se detenga o estanque.
    • UNIDADES INTEGRATIVAS. Con relación a personajes, lugares, etc., los ubican en el tiempo y el espacio y los dotan de cualidades que los caracterizan.
        • Informaciones. Ubican la historia en el tiempo y el espacio.
        • Indicios. Otorgan cualidades a personajes, lugares, épocas, etc.

Las unidades distribucionales

Concentrémonos, por el momento, en los nudos y catálisis. Para comprender mejor estos conceptos, un pequeño ejemplo: este cuento de Jorge Luis Borges (que a su vez forma parte de otro cuento, perteneciente al libro El Aleph):

Los dos reyes y los dos laberintos

Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó a construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribo sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: “Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso.” Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con aquel que no muere.

Este cuento ex extremadamente breve. Constituye un ejemplo de minificción. Esta brevedad nos permitiría analizar la fábula hasta el último detalle, distinguiendo cada uno de sus nudos y catálisis. Esto es imposible (o en todo caso innecesario) en textos de mayor extensión y complejidad (pensemos en el trabajo que nos llevaría hacerlo en cualquier novela). De todas maneras, no lo haré aquí. Me limitaré a distinguir algunas unidades que hacen avanzar la historia y otras que no lo hacen, es decir, algunos nudos y algunas catálisis.

  • Nudos: El rey de Babilonia ordena construir un laberinto del que nadie pueda salir; el rey de los árabes lo visita; el rey de Babilonia introduce al árabe al laberinto; el rey árabe se pierde; el rey árabe ruega a Dios; el árabe logra salir; etc.

  • Catálisis: Esto ocurrió “en los primeros días”; la orden se dio a magos y arquitectos; los varones más prudentes no se atrevían a entrar al laberinto; los que entraban no lograban salir; esta obra usurpaba acciones propias de Dios; etc.

Notemos cómo las primeras unidades de sentido, es decir los nudos, constituyen el esqueleto de la acción. Si suprimimos alguna de ellas, la fábula pierde lógica. Suprímase, por ejemplo, la unidad “el rey de los árabes lo visita”: después de la construcción del laberinto vendría la imagen del rey de los árabes perdido en él, sin que mediara una causa previa: que se hubiera perdido y entrado por accidente, o que el rey de Babilonia lo llevara por la fuerza, o (lo que en efecto pasa en el cuento) el de Arabia llega de visita y el babilonio lo lleva al laberinto.

Secuencias y macrosecuencias

Aprovechemos los nudos enlistados más arriba para exponer la idea de secuencia narrativa. Los nudos se organizan en secuencias. Para esto hacen falta como mínimo tres nudos:

  • Acto de un personaje que abre una posibilidad (lo que tradicionalmente se llama planteamiento).
  • Realización de esa posibilidad (lo que siempre se llamo el desarrollo).
  • Culminación o clausura de esa posibilidad, que desemboca en fracaso o éxito (lo que suele llamarse desenlace).

En los ejemplos previos, tenemos la acción inicial del rey de Babilonia (construir el laberinto), su desarrollo (introducir al rey de Arabia en él) y su culminación (el árabe se pierde). Lo anterior constituye una secuencia. Con esta se relaciona la siguiente: el rey de Arabia se pierde, luego implora el socorro divino y al fin logra salir. Vemos así cómo estas secuencias mínimas se combinan entre sí para formar otras secuencias más complejas, a las que llamamos macrosecuencias. En este pequeño cuento, podemos considerar que el conjunto de la fábula constituye la única macrosecuencia que integra a todas las secuencias mínimas; pero esto puede ser mucho más complejo, lo que podremos ver si consideramos el argumento de cualquier novela que podamos recordar.

 

 

2 mayo, 2019

El análisis estructural del relato


Desde el punto de vista de la narratología (la disciplina que efectúa el análisis estructural del relato), hay tres niveles básicos de análisis en el texto narrativo:

  • La historia, fábula, diégesis o contenido narrativo: la serie de acciones y acontecimientos de los que da cuenta el relato. Su organización interna es lógica y cronológica: hay un antes y un después, antecedentes y consecuentes.

  • El discurso o texto narrativo que organiza, concreta y transmite esa historia.

  • El acto de la narración o de la enunciación, que vincula al narrador, el mundo narrado y el lector.
  • A efectos prácticos, vale la pena añadir concepto más, el de los niveles diegéticos: la posibilidad de que una historia contenga, a su vez, una historia más (por ejemplo, cuando un personaje le narra una anécdota a otro personaje). En principio, no hay un límite para los niveles diegétivos que puede contener un relato.

Todos los elementos de un relato literario que analiza la narratología se ubican en alguno de estos niveles, o en las relaciones que se dan entre estos niveles.
Tomando en cuenta lo anterior, los elementos de los que nos ocuparemos en estas semanas son:

  • La fábula y su estructura interna.

  • El discurso y la manera en que organiza la exposición de la fábula.

  • Los actantes o actores, que no son los personajes, sino las funciones básicas sobre las que se construyen los personajes: sujeto del deseo, objeto del deseo, oponente, etc.
  • El narrador o voz narrativa y la focalización, punto de vista o perspectiva.

25 abril, 2019

Apuntes sobre el análisis del estilo


¿Qué es lo que podemos observar y comentar en el estilo de un texto? He aquí algunas observaciones, breves y esquemáticas, necesitadas de más trabajo, pero que espero nos sean útiles.

NIVEL FÓNICO-FONOLÓGICO

  •  Recursos métricos
  • Empleo, en la prosa, de recursos propios del verso (armonía vocálica, rima, etc.)
  • Cercanía del verso al ritmo de la prosa

NIVEL MORFOSINTÁCTICO

  • Predominio o escasez de determinadas construcciones sintácticas:
    • oraciones simples o complejas;
    • parataxis o hipotaxis;
    • frases nominales, adjetivas,etc., no subordinadas a ninguna oración, etc.

NIVEL LÉXICO-SEMÁNTICO

  • Predominio o escasez, en el texto, de determinadas clases de palabras: verbos, sustantivos, adjetivos…
  • Preferir o evitar determinados campos semánticos: los seres vivos, las piedras preciosas, las ciencias, la religión, las herramientas, los alimentos…
  • Empleo de diversos registros lingüísticos
    • popular o culto;
    • purista, localista o extranjerizante;
    • coloquial o formal;
    • humorístico o solemne…
  • Empleo de arcaísmos o neologismos

NIVEL RETÓRICO

  • ¿Cuáles figuras retóricas prefiere usar?
  • ¿Cómo, para qué emplea?

NIVEL TEXTUAL

  • Párrafos breves o extensos
  • Organización interna del párrafo, si la hay
  • Coherencia y cohesión del texto
  • Relaciones de sentido y tropológicas entre párrafos no inmediatos: analogía, oposición, idea – ejemplo, causa – consecuencia, ironía…
25 febrero, 2019

Primeras tareas en el comentario de un poema


jabberwocky

Parece un bonito poema […] ¡pero es muy difícil de entender! […] De algún modo, llena mi cabeza de ideas, pero no sabría decir exactamente de cuáles ideas.
Lewis Carroll, A través del espejo

Quizá la principal dificultad para entender un poema lo causa precisamente nuestra obstinación por entenderlo. El acercamiento inicial a un poema debería consistir en una actitud de apertura, de porosidad frente a todas sus virtualidades sensoriales, intelectuales, imaginativas, etc.
Sin embargo, la exigencia del análisis se impone en las actividades del universitario, y se impone especialmente cuando el poema se nos resiste, sobre todo cuando no nos gusta ―aceptémoslo: una cosa muy distinta es el gusto personal y otra la calidad intrínseca del texto, y otra más su importancia histórica: tenemos derecho a no gustar de un poema, sin que esto implique negar su calidad; e incluso podemos negar razonadamente su calidad, pero su importancia histórica seguirá allí.
Tomando en cuenta lo anterior, desde un punto de vista práctico, la primera tarea que nos podemos plantear es:

  • El poema ¿admite paráfrasis? Es decir: su contenido ¿admite ser trasladado a expresiones de sentido literal? A partir del romanticismo, y sobre todo a partir de las vanguardias de principios del siglo XX, la poesía lírica tiende a alejarse de los usos “normales” del lenguaje. En cambio, la poesía anterior al romanticismo considera que la diferencia específica de la poesía consiste en que ella emplea un lenguaje distinto, más escogido y hermoso, para tratar temas ―asuntos― de los que también podría ocuparse, por ejemplo, la historia.
    • Si la admite: ¿su contenido es descriptivo, narrativo, conceptual? Hay que elaborar una pequeña síntesis de lo que describe, de lo que narra o de las ideas que expone.
      • El camino más directo para elaborar la paráfrasis consiste en realizar un análisis sintáctico inicial:
        • distinguir las oraciones o las frases independientes que lo componen;
        • determinar sus sujetos, las acciones que desempeñan (o los estados que padecen); los objetos sobre los que actúan (o que actúan sobre ellos).
      • Durante la paráfrasis, es importante reconocer y analizar ciertas figuras retóricas: la elipsis, el hipérbaton y la perífrasis.
    • Si no admite paráfrasis, aún podemos realizar algunas tareas que nos facilitan un primer acercamiento al poema:
      • ¿Se divide en secuencias? ¿Qué es lo que las separa y distingue? ¿Algún tipo de encabezado, o meros blancos activos (espacios en blanco que ejercen una función en el texto)?
      • Reconocer si emplea palabras pertenecientes al idioma o las inventa, ya se trate de verdaderos neologismos, ya de palabras “sin sentido”, como el glíglico de Julio Cortázar.
      • Podemos buscar ciertas constantes en el vocabulario del poema: el predominio de campos semánticos, connotaciones, simbolismos.

En todos los casos, debemos recordar siempre que la paráfrasis no nos da “el sentido” del poema. Este va mucho más allá de su contenido conceptual y referencial. De ello nos ocuparemos más adelante.

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17 febrero, 2019

Las tareas iniciales del comentario de textos


netsuke de marfil

Netsuke (artesanía japonesa). Representación en marfil de un erudito.

  • Determinar el sentido literal del texto. Redactar una paráfrasis, en caso de ser necesario.
    • Comprender palabras y frases propios de las circunstancias del autor: palabras y expresiones cuyo sentido ha cambiado con el paso del tiempo, léxico “poético”, referencias a realidades del pasado (instituciones, ideas, costumbres, lugares, personajes…).
    • Reconocer alusiones literarias, mitológicas, históricas, etc.
  • Ubicar el texto.
    • Su autor ¿es individual, anónimo, colectivo…?
    • Contexto histórico, social, cultural (por ejemplo, en el siglo XIX Flaubert pertenece a la literatura “culta”, y Verne, a la “popular”).
    • Pertenencia genérica: ¿desde el principio fue propuesto como una obra literaria? ¿O en su origen fue un himno religioso, un artículo periodístico, un panfleto político…?
    • Determinar sus relaciones intertextuales: ¿influencia de otras obras, polémica con otros autores, imitación de los clásicos…?
    • Ubicar al texto en su situación comunicativa:
      • ¿su público es popular, culto, conservador, vanguardista…?
      • ¿qué funciones se propone: instruir, criticar, entretener, escandalizar…?
  • Hacernos conscientes de los pasajes y aspectos del texto que nos producen una reacción…
    • por sus cualidades estéticas, negativas o positivas;
    • porque nos extraña, nos confunde, etc.;
    • porque nos parece que revela algo, que ignora algo, etc.;
    • etc., etc., etc.
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11 febrero, 2019

Para la evaluación de Análisis de Textos


Esta asignatura se evaluará con base en las siguientes cuatro actividades. Cada una vale 25% de la calificación.

1) Elaborar una mesografía en la que se hallen al menos tres obras que no se incluyan en la bibliografía de este blog.

  • Cada ficha bibliográfica debe contener por lo menos el título, el nombre del autor, la editorial y el año de la publicación en el orden apropiado(v. guía de Técnicas de Investigación), con un empleo correcto de las comillas y las cursivas (por cada 4 fichas con errores, 1 punto menos).
  • Debe contener un mínimo de 10 entradas (1 punto).
  • Tiene que estar desglosada por lo menos en estas cuatro partes (1 punto):
    • retórica
    • análisis y comentario de textos líricos
    • análisis y comentario de textos narrativos
    • análisis y comentario de textos dramáticos
  • Debe haber por lo menos tres obras que yo no haya incluido en mi bibliografía (3 puntos).
  • La ficha de cada una de ellas debe estar impresa en negritas con tinta roja (1 punto).

2) Redactar una reseña de alguna de esas obras (o de una de sus secciones que tenga por lo menos 50 páginas).

  • La síntesis debe estar encabezada por una ficha que incluya autor, título, editorial y año, con empleo correcto de comillas y cursivas (1 punto).
  • Debe incluir una crítica sobre la utilidad de esta obra para el estudiante, la cual responda al menos a estas dos preguntas:
    • ¿Sus explicaciones son lo bastante claras, o no? Dé un ejemplo (1 punto).
    • ¿Presenta suficientes ejemplos, todos ellos pertinentes, o no? Dé un ejemplo (1 punto).

3) Presentar el examen parcial de análisis de textos líricos.

4) Presentar el examen parcial de análisis de textos narrativos.

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21 octubre, 2018

Notas a la Velada II de Altamirano


1. Larra: Mariano José de Larra (1809-1837), el gran autor de los Artículos. Parecería que Altamirano ignoraba que en 1868 ya tenía 31 años de haber muerto. Fernández y González, Pérez Escrich, Fernán Caballero, Eguilaz: de todos éstos, Fernán Caballero es la de mayor trascendencia: seudónimo de Cecilia Bohl de Faber (1796–1877), narradora costumbrista, centrada en el campo andaluz, de ideas conservadoras. Manuel Bretón de los Herreros (1796–1873), dramaturgo romántico, sería el más recordado entre los demás.

2. Fernando de Alva Ixtlilxóchitl (¿1568?-1648), noble novohispano descendiente de Nezahualcóyotl, autor de obras históricas sobre el pasado prehispánico.

3. Edward King, vizconde de Kingsborough (1795 – 1837), gran coleccionista y divulgador de antigüedades prehispánicas. Sobre el Códice Kingsborough, puede revisarse esta página del Instituto de Investigaciones Filológicas.

4. Uno de los visitadores que investigaron y persiguieron la supuesta sublevación de Martín Cortés. Ignacio Rodríguez Galván escribió, acerca de él, un drama: Muñoz, visitador de México.

5. Tanto la ortografía de estos nombres, como las comparaciones que hace Altamirano, se deben contextualizar en su momento histórico. Aún había que avanzar mucho en el conocimiento de la historia y la cultura mesoamericanas.

6. Araucanos: nombre por el que se conoció al pueblo mapuche que resistió con bravura a la conquista española, y que todavía se opone al despojo de su tierra en el actual Chile. Su valentía inspiró La Araucana, de Alonso de Ercilla, único poema épico del Siglo de Oro español que ha tenido verdadera trascendencia. ¿Por qué la comparación con los mayas? Resulta que la conquista del pueblo maya se consumó hasta 1697, cuando fueron destruidas sus últimas ciudades, como Tayasal (en el actual Belice), a lo que debemos añadir hechos posteriores, como la Guerra de Castas (1847-1901).

7. Fingal: personaje de los mitos y leyendas celtas, popularizado desde 1761 y en la época romántica gracias a los poemas épicos forjados por el escritor James Macpherson, que atribuyo falsamente a Ossian, bardo legendario. Walter Scott (1771-1832): narrador escocés, creador del género de la novela histórica. Punto de referencia para los narradores románticos y también para los primeros realistas (aunque sea para distanciarse de su estética, por ejemplo Stendhal). Fenimore Cooper (1789-1851): escritor estadounidense, uno de los primeros autores que contribuyeron a forjar la imagen de los Estados Unidos como tierra de la frontera, de los pioneros, etc. Su novela más conocida: El último de los mohicanos.

8. Escritores románticos sudamericanos. Esteban Echeverría (1805-1851): argentino, uno de los primeros románticos de nuestra lengua. Famoso por el poema narrativo La cautiva y por el cuento El matadero. Alphonse de Lamartine (1790-1869): poeta, narrador, historiador, demócrata (presidente de la efímera II República francesa durante algunos meses de 1848) y uno de los románticos franceses más conocidos.

9. Literalmente, una “entretenida”. Una amante de lujo, como las que abundan en las novelas francesas del XIX y sus adaptaciones del cine y la televisión.

10. Un pichi-rey es un jefe o caudillo de los pueblos indígenas de Chile y Argentina, como los ranqueles.

11. Fraile inglés (1597-1656), luego convertido al anglicanismo, que escribió sobre sus viajes por Nueva España.

12. Isidore Löwenstern (1807-1863?), viajero austriaco. Su libro sobre México ha sido publicado por el FCE. La escocesa Frances Erskine Inglis (1804-1882) casó con el diplomático Ángel Calderón de la Barca, representante de España en nuestro país de 1839 a 1842. En 1843, la señora Calderón de la Barca publicó sus impresiones con el título Life in Mexico During a Residence of Two Years in That Country. La obra también ha sido traducida y publicada en la primera serie de la colección Lecturas Mexicanas.

13. La sátira menipea, género literario de la Antigüedad grecolatina, pasó a la historia como ejemplo de relato mentiroso, incongruente, vulgar.

14. Jospeh Addison (1672-1719), inglés, clásico del ensayo y del periodismo, uno de los autores emblemáticos del Siglo de las Luces. Fígaro: personaje de famosas comedias y óperas del siglo XVIII, su nombre sirvió como seudónimo a diversos periodistas. Lo más probable es que Altamirano se refiera a Larra.

15. Sobre las Veladas Literarias, remito al artículo de la Enciclopedia de la Literatura en México.

23 agosto, 2018

Notas a los textos de J. A. Alzate


1. Así en la fuente. Más previsible sería inextricable: “Intrincado, confuso, enmarañado y que no es fácil de desenredar”, según el Diccionario de autoridades. Muy probablemente alguno de los errores que reconoce el propio Alzate, sobre los cuales dice:

Aquí no hay corrector calificado como tal; y por desgracia en las escuelas no se le da a la juventud sobre este particular la instrucción necesaria. ¿Hemos de ser de tan mal humor, que no hemos de perdonar un pequeño descuido, mucho más cuando tan fácilmente se corrigen esos pequeños errores por cualesquiera lector?” (p. 135, en la refutación a las críticas recibidas por su periódico).

2. Por “sistemas” se refiere a las teorías heredadas de la ciencia premoderna, a las que se les reprochaba ser demasiado especulativas y ajenas a la observación y la experimentación.
3. Éstos no son los nombres científicos usados en la actualidad. Debe tomarse en cuenta que el sistema taxonómico moderno, el de Linneo, se encontraba todavía en proceso de discusión y aceptación. De hecho, Alzate lo rechazó explícitamente. Sobre el tema podemos leer “Linneo en México, la polémica sobre la sexualidad y la nomenclatura en las plantas”, de Graciela Zamudio (sigan el vínculo).
4. Preternatural: Según el Diccionario de Autoridades, “lo que excede la debida orden de la naturaleza”. El pensamiento teológico suele oponerlo tanto a natural como a sobrenatural; esto último se refiere también a lo que se eleva por encima de la naturaleza, pero además sólo puede ser llevado a cabo por Dios.
5. Sobre el nepente, mejor los remito a este diccionario de etimologías.
6. Melarquía: sinónimo en desuso de melancolía.