Archive for ‘Apuntes’

25 febrero, 2019

Primeras tareas en el comentario de un poema


jabberwocky

Parece un bonito poema […] ¡pero es muy difícil de entender! […] De algún modo, llena mi cabeza de ideas, pero no sabría decir exactamente de cuáles ideas.
Lewis Carroll, A través del espejo

Quizá la principal dificultad para entender un poema lo causa precisamente nuestra obstinación por entenderlo. El acercamiento inicial a un poema debería consistir en una actitud de apertura, de porosidad frente a todas sus virtualidades sensoriales, intelectuales, imaginativas, etc.
Sin embargo, la exigencia del análisis se impone en las actividades del universitario, y se impone especialmente cuando el poema se nos resiste, sobre todo cuando no nos gusta ―aceptémoslo: una cosa muy distinta es el gusto personal y otra la calidad intrínseca del texto, y otra más su importancia histórica: tenemos derecho a no gustar de un poema, sin que esto implique negar su calidad; e incluso podemos negar razonadamente su calidad, pero su importancia histórica seguirá allí.
Tomando en cuenta lo anterior, desde un punto de vista práctico, la primera tarea que nos podemos plantear es:

  • El poema ¿admite paráfrasis? Es decir: su contenido ¿admite ser trasladado a expresiones de sentido literal? A partir del romanticismo, y sobre todo a partir de las vanguardias de principios del siglo XX, la poesía lírica tiende a alejarse de los usos “normales” del lenguaje. En cambio, la poesía anterior al romanticismo considera que la diferencia específica de la poesía consiste en que ella emplea un lenguaje distinto, más escogido y hermoso, para tratar temas ―asuntos― de los que también podría ocuparse, por ejemplo, la historia.
    • Si la admite: ¿su contenido es descriptivo, narrativo, conceptual? Hay que elaborar una pequeña síntesis de lo que describe, de lo que narra o de las ideas que expone.
      • El camino más directo para elaborar la paráfrasis consiste en realizar un análisis sintáctico inicial:
        • distinguir las oraciones o las frases independientes que lo componen;
        • determinar sus sujetos, las acciones que desempeñan (o los estados que padecen); los objetos sobre los que actúan (o que actúan sobre ellos).
      • Durante la paráfrasis, es importante reconocer y analizar ciertas figuras retóricas: la elipsis, el hipérbaton y la perífrasis.
    • Si no admite paráfrasis, aún podemos realizar algunas tareas que nos facilitan un primer acercamiento al poema:
      • ¿Se divide en secuencias? ¿Qué es lo que las separa y distingue? ¿Algún tipo de encabezado, o meros blancos activos (espacios en blanco que ejercen una función en el texto)?
      • Reconocer si emplea palabras pertenecientes al idioma o las inventa, ya se traten de verdaderos neologismos, ya se trate de palabras “sin sentido”, como el glíglico de Julio Cortázar.
      • Podemos buscar ciertas constantes en el vocabulario del poema: el predominio de campos semánticos, connotaciones, simbolismos.

En todos los casos, debemos recordar siempre que la paráfrasis no nos da “el sentido” del poema. Este va mucho más allá de su contenido conceptual y referencial. De ello nos ocuparemos más adelante.

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17 febrero, 2019

Las tareas iniciales del comentario de textos


netsuke de marfil

Netsuke (artesanía japonesa). Representación en marfil de un erudito.

  • Determinar el sentido literal del texto. Redactar una paráfrasis, en caso de ser necesario.
    • Comprender palabras y frases propios de las circunstancias del autor: palabras y expresiones cuyo sentido ha cambiado con el paso del tiempo, léxico “poético”, referencias a realidades del pasado (instituciones, ideas, costumbres, lugares, personajes…).
    • Reconocer alusiones literarias, mitológicas, históricas, etc.
  • Ubicar el texto.
    • Su autor ¿es individual, anónimo, colectivo…?
    • Contexto histórico, social, cultural (por ejemplo, en el siglo XIX Flaubert pertenece a la literatura “culta”, y Verne, a la “popular”).
    • Pertenencia genérica: ¿desde el principio fue propuesto como una obra literaria? ¿O en su origen fue un himno religioso, un artículo periodístico, un panfleto político…?
    • Determinar sus relaciones intertextuales: ¿influencia de otras obras, polémica con otros autores, imitación de los clásicos…?
    • Ubicar al texto en su situación comunicativa:
      • ¿su público es popular, culto, conservador, vanguardista…?
      • ¿qué funciones se propone: instruir, criticar, entretener, escandalizar…?
  • Hacernos conscientes de los pasajes y aspectos del texto que nos producen una reacción…
    • por sus cualidades estéticas, negativas o positivas;
    • porque nos extraña, nos confunde, etc.;
    • porque nos parece que revela algo, que ignora algo, etc.;
    • etc., etc., etc.
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11 febrero, 2019

Para la evaluación de Análisis de Textos


Esta asignatura se evaluará con base en las siguientes cuatro actividades. Cada una vale 25% de la calificación.

1) Elaborar una mesografía en la que se hallen al menos tres obras que no se incluyan en la bibliografía de este blog.

  • Cada ficha bibliográfica debe contener por lo menos el título, el nombre del autor, la editorial y el año de la publicación en el orden apropiado(v. guía de Técnicas de Investigación), con un empleo correcto de las comillas y las cursivas (por cada 4 fichas con errores, 1 punto menos).
  • Debe contener un mínimo de 10 entradas (1 punto).
  • Tiene que estar desglosada por lo menos en estas cuatro partes (1 punto):
    • retórica
    • análisis y comentario de textos líricos
    • análisis y comentario de textos narrativos
    • análisis y comentario de textos dramáticos
  • Debe haber por lo menos tres obras que yo no haya incluido en mi bibliografía (3 puntos).
  • La ficha de cada una de ellas debe estar impresa en negritas con tinta roja (1 punto).

2) Redactar una reseña de alguna de esas obras (o de una de sus secciones que tenga por lo menos 50 páginas).

  • La síntesis debe estar encabezada por una ficha que incluya autor, título, editorial y año, con empleo correcto de comillas y cursivas (1 punto).
  • Debe incluir una crítica sobre la utilidad de esta obra para el estudiante, la cual responda al menos a estas dos preguntas:
    • ¿Sus explicaciones son lo bastante claras, o no? Dé un ejemplo (1 punto).
    • ¿Presenta suficientes ejemplos, todos ellos pertinentes, o no? Dé un ejemplo (1 punto).

3) Presentar el examen parcial de análisis de textos líricos.

4) Presentar el examen parcial de análisis de textos narrativos.

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21 octubre, 2018

Notas a la Velada II de Altamirano


1. Larra: Mariano José de Larra (1809-1837), el gran autor de los Artículos. Parecería que Altamirano ignoraba que en 1868 ya tenía 31 años de haber muerto. Fernández y González, Pérez Escrich, Fernán Caballero, Eguilaz: de todos éstos, Fernán Caballero es la de mayor trascendencia: seudónimo de Cecilia Bohl de Faber (1796–1877), narradora costumbrista, centrada en el campo andaluz, de ideas conservadoras. Manuel Bretón de los Herreros (1796–1873), dramaturgo romántico, sería el más recordado entre los demás.

2. Fernando de Alva Ixtlilxóchitl (¿1568?-1648), noble novohispano descendiente de Nezahualcóyotl, autor de obras históricas sobre el pasado prehispánico.

3. Edward King, vizconde de Kingsborough (1795 – 1837), gran coleccionista y divulgador de antigüedades prehispánicas. Sobre el Códice Kingsborough, puede revisarse esta página del Instituto de Investigaciones Filológicas.

4. Uno de los visitadores que investigaron y persiguieron la supuesta sublevación de Martín Cortés. Ignacio Rodríguez Galván escribió, acerca de él, un drama: Muñoz, visitador de México.

5. Tanto la ortografía de estos nombres, como las comparaciones que hace Altamirano, se deben contextualizar en su momento histórico. Aún había que avanzar mucho en el conocimiento de la historia y la cultura mesoamericanas.

6. Araucanos: nombre por el que se conoció al pueblo mapuche que resistió con bravura a la conquista española, y que todavía se opone al despojo de su tierra en el actual Chile. Su valentía inspiró La Araucana, de Alonso de Ercilla, único poema épico del Siglo de Oro español que ha tenido verdadera trascendencia. ¿Por qué la comparación con los mayas? Resulta que la conquista del pueblo maya se consumó hasta 1697, cuando fueron destruidas sus últimas ciudades, como Tayasal (en el actual Belice), a lo que debemos añadir hechos posteriores, como la Guerra de Castas (1847-1901).

7. Fingal: personaje de los mitos y leyendas celtas, popularizado desde 1761 y en la época romántica gracias a los poemas épicos forjados por el escritor James Macpherson, que atribuyo falsamente a Ossian, bardo legendario. Walter Scott (1771-1832): narrador escocés, creador del género de la novela histórica. Punto de referencia para los narradores románticos y también para los primeros realistas (aunque sea para distanciarse de su estética, por ejemplo Stendhal). Fenimore Cooper (1789-1851): escritor estadounidense, uno de los primeros autores que contribuyeron a forjar la imagen de los Estados Unidos como tierra de la frontera, de los pioneros, etc. Su novela más conocida: El último de los mohicanos.

8. Escritores románticos sudamericanos. Esteban Echeverría (1805-1851): argentino, uno de los primeros románticos de nuestra lengua. Famoso por el poema narrativo La cautiva y por el cuento El matadero. Alphonse de Lamartine (1790-1869): poeta, narrador, historiador, demócrata (presidente de la efímera II República francesa durante algunos meses de 1848) y uno de los románticos franceses más conocidos.

9. Literalmente, una “entretenida”. Una amante de lujo, como las que abundan en las novelas francesas del XIX y sus adaptaciones del cine y la televisión.

10. Un pichi-rey es un jefe o caudillo de los pueblos indígenas de Chile y Argentina, como los ranqueles.

11. Fraile inglés (1597-1656), luego convertido al anglicanismo, que escribió sobre sus viajes por Nueva España.

12. Isidore Löwenstern (1807-1863?), viajero austriaco. Su libro sobre México ha sido publicado por el FCE. La escocesa Frances Erskine Inglis (1804-1882) casó con el diplomático Ángel Calderón de la Barca, representante de España en nuestro país de 1839 a 1842. En 1843, la señora Calderón de la Barca publicó sus impresiones con el título Life in Mexico During a Residence of Two Years in That Country. La obra también ha sido traducida y publicada en la primera serie de la colección Lecturas Mexicanas.

13. La sátira menipea, género literario de la Antigüedad grecolatina, pasó a la historia como ejemplo de relato mentiroso, incongruente, vulgar.

14. Jospeh Addison (1672-1719), inglés, clásico del ensayo y del periodismo, uno de los autores emblemáticos del Siglo de las Luces. Fígaro: personaje de famosas comedias y óperas del siglo XVIII, su nombre sirvió como seudónimo a diversos periodistas. Lo más probable es que Altamirano se refiera a Larra.

15. Sobre las Veladas Literarias, remito al artículo de la Enciclopedia de la Literatura en México.

23 agosto, 2018

Notas a los textos de J. A. Alzate


1. Así en la fuente. Más previsible sería inextricable: “Intrincado, confuso, enmarañado y que no es fácil de desenredar”, según el Diccionario de autoridades. Muy probablemente alguno de los errores que reconoce el propio Alzate, sobre los cuales dice:

Aquí no hay corrector calificado como tal; y por desgracia en las escuelas no se le da a la juventud sobre este particular la instrucción necesaria. ¿Hemos de ser de tan mal humor, que no hemos de perdonar un pequeño descuido, mucho más cuando tan fácilmente se corrigen esos pequeños errores por cualesquiera lector?” (p. 135, en la refutación a las críticas recibidas por su periódico).

2. Por “sistemas” se refiere a las teorías heredadas de la ciencia premoderna, a las que se les reprochaba ser demasiado especulativas y ajenas a la observación y la experimentación.
3. Éstos no son los nombres científicos usados en la actualidad. Debe tomarse en cuenta que el sistema taxonómico moderno, el de Linneo, se encontraba todavía en proceso de discusión y aceptación. De hecho, Alzate lo rechazó explícitamente. Sobre el tema podemos leer “Linneo en México, la polémica sobre la sexualidad y la nomenclatura en las plantas”, de Graciela Zamudio (sigan el vínculo).
4. Preternatural: Según el Diccionario de Autoridades, “lo que excede la debida orden de la naturaleza”. El pensamiento teológico suele oponerlo tanto a natural como a sobrenatural; esto último se refiere también a lo que se eleva por encima de la naturaleza, pero además sólo puede ser llevado a cabo por Dios.
5. Sobre el nepente, mejor los remito a este diccionario de etimologías.
6. Melarquía: sinónimo en desuso de melancolía.

21 agosto, 2018

Portada de la selección de lecturas


13 agosto, 2018

Para enriquecer bibliografía de Mexicana XVIII-XIX


Para la historia de México en el s. XIX, son esenciales:

  • Cosío Villegas, Daniel, y otros. Historias general de México. Colmex, 1980, 3a. ed
  • Velàsquez García, Erik, y otros. Nueva historia general de México. Colmex, 2000.

No podemos prescindir de la “vieja” Historia general…, siquiera porque incluye un capítulo dedicado a la literatura del XIX, obra de un autor fundamental, José Luis Martínez.

Dos sitios en línea que debemos tener en cuenta:

Dos utilísimas colecciones para literatura mexicana del XIX:

  • Los imprescindibles, de Cal y Arena. Incluye la antología El lector novohispano, de José Joaquín Blanco, dedicada a los siglos XVII y XVII.
  • Viajes al Siglo XIX, del FCE, la Fundación para las Letras Mexicanas y la UNAM.
24 mayo, 2017

Notas para algunos poemas españoles del último tercio del s. XX


(1) Jean de La Bruyère (1645-1696), escritor, uno de los grandes moralistas franceses (suponiendo que los haya menores). El título de Carnero alude a la famosa primera máxima de Los caracteres, o las costumbres de este siglo: “Todo se ha dicho, y llegamos demasiado tarde cuando hace más de siete mil años que hay hombres, y que piensan. En lo que concierne a las costumbres, lo mejor y más bello se ha esfumado con los libros de antaño. No queda más que espigar entre los antiguos y los más diestros de los modernos”. T. de Ramón Andrés en http://www.saltana.org/1/arg/65.html.

(2) Erato, musa de la poesía amorosa. Devaneo, según el Diccionario de Autoridades (1732): “Disparate, delirio, fantasía. Es formado del nombre vano…“. Pero creo preferible examinar la palabra en sus contextos; ya el Arcipreste de Hita quiere persuadirnos sobre el Libro de Buen Amor:  “Non tengades que es libro neçio de devaneo, / nin creades que es chufa algo que en él leo”. Quedamos, pues, advertidos.

(3) Amour fou: amor loco. Esta vez, la conexión apunta hacia el libro del mismo título de André Breton. El surrealismo vio en el amor un camino hacia la superación de todas las mezquinas contradicciones que agobian la vida del ser humano hundido en la gris cotidianidad. Su concepción del amor es omniabarcante, incluye el exceso y la perversión. Recomiendo leer “André Breton”, ensayo de Juan Malpartida publicado en Letras Libres.

(4) En la tradición clásica, una palinodia es un poema donde el autor se retracta de lo expresado en una obra anterior. Cuenca parodia en estos versos la única famosa (creo), la compuesta por Estesícoro en el s. VII a.C. para negar que la Guerra de Troya hubiera sido culpa de Helena. En México, José Emilio Pacheco es autor de una versión del poema antiguo. Debemos recordar también la “Palinodia del polvo”, donde Alfonso Reyes se duele por el deterioro de la que llamó “región más transparente del aire”.

(5) Las taifas son los minúsculos (pero combatientes) reinos en los que se dividió, tras su decadencia, el califato de Córdoba en 1031. Los almorávides, por su parte, fueron un movimiento musulmán bélico y rigorista, que posteriormente conquistó Al-Ándalus (es decir, la España musulmana) y que al morir dio origen a nuevos reinos de taifas.  Pero el poema de Villena alude más bien a una tópica España musulmana decadente, lánguida, sensual.

(6) El pensamiento débil es un concepto acuñado por el filósofo italiano Gianni Vattimo, procedente de la hermenéutica y uno de los teóricos de la posmodernidad. Más allá del contenido concreto de esa idea, la frase ha permanecido como emblema de la superficialidad de la cultura posmoderna. Yo recomendaría leer, de Vattimo, El fin de la modernidad, Gedisa, 1994 (4a. ed.).

9 noviembre, 2016

León Felipe: algunos poemas


Romero sólo

Ser en la vida romero,
romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos.
Ser en la vida romero,
sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo.
Ser en la vida romero, romero…, sólo romero.
Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo,
pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.

Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo,
ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos
para que nunca recemos
como el sacristán los rezos,
ni como el cómico viejo
digamos los versos.
La mano ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos,
decía el príncipe Hamlet, viendo
cómo cavaba una fosa y cantaba al mismo tiempo
un sepulturero.
No sabiendo los oficios los haremos con respeto.
Para enterrar a los muertos
como debemos
cualquiera sirve, cualquiera… menos un sepulturero.
Un día todos sabemos
hacer justicia. Tan bien como el rey hebreo
la hizo Sancho el escudero
y el villano Pedro Crespo.

Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo.
Pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.

Sensibles a todo viento
y bajo todos los cielos,
poetas, nunca cantemos
la vida de un mismo pueblo
ni la flor de un solo huerto.
Que sean todos los pueblos
y todos los huertos nuestros.

(de Versos y oraciones de caminante, 1920)

Revolución

Siempre habrá nieve altanera
que vista el monte de armiño
y agua humilde que trabaje
en la presa del molino.

Y siempre habrá un sol también
—un sol verdugo y amigo—
que trueque en llanto la nieve
y en nube el agua del río.

Cristo

Viniste a glorificar las lágrimas…
no a enjugarlas…
Viniste a abrir las heridas…
no a cerrarlas.
Viniste a encender las hogueras…
no a apagarlas…
Viniste a decir:
¡Que corran el llanto,
la sangre
y el fuego…
como el agua!

(de Versos y oraciones de caminante, 1929)

Reparto

La España de las harcas no tuvo nunca poetas. De Franco han sido y siguen siendo los arzobispos, pero no los poetas. En este reparto injusto, desigual y forzoso, del lado de las harcas cayeron los arzobispos y del lado del éxodo, los poetas. Lo cual no es poca cosa. La vida de los pueblos, aún en los menesteres más humildes, funciona porque hay unos hombres allá en la Colina, que observan los signos estelares, sostienen el fuego prometeico y cantan unas canciones que hacen crecer las espigas..
Sin el hombre de la Colina, no se puede organizar una patria. Porque este hombre es tan necesario como el hombre del Capitolio y no vale menos que el hombre de la Bolsa. Sin esta vieja casta prometeica que arrastra una larga cauda herética y sagrada y lleva sobre la frente una cresta luminosa y maldita, no podrá existir ningún pueblo.
Sin el poeta no podrá existir España. Que lo oigan las harcas victoriosas, que lo oiga Franco:

Tuya es la hacienda,
la casa,
el caballo
y la pistola.
Mía es la voz antigua de la tierra.
Tú te quedas con todo
y me dejas desnudo y errante por el mundo…
mas yo te dejo mudo… ¡Mudo!
¿Y cómo vas a recoger el trigo
y a alimentar el fuego
si yo me llevo la canción?

(de Español del éxodo y del llanto, 1939)

Auschwitz

A todos los judíos del mundo, mis amigos, mis hermanos.

Esos poetas infernales,
Dante, Blake, Rimbaud…
que hablen más bajo…
que toquen más bajo…
¡Que se callen!
Hoy
cualquier habitante de la tierra
sabe mucho más del infierno
que esos tres poetas juntos.
Ya sé que Dante toca muy bien el violín…
¡Oh, el gran virtuoso!…
Pero que no pretenda ahora
con sus tercetos maravillosos
y sus endecasílabos perfectos
asustar a ese niño judío
que está ahí, desgajado de sus padres…
Y solo.
¡Solo!
aguardando su turno
en los hornos crematorios de Auschwitz.
Dante… tú bajaste a los infiernos
con Virgilio de la mano
(Virgilio, “gran cicerone”)
y aquello vuestro de la “Divina Comedia”
fue una aventura divertida
de música y turismo.
Esto es otra cosa… otra cosa…
¿Cómo te explicaré?
¡Si no tienes imaginación!
Tú… no tienes imaginación,
acuérdate que en tu “Infierno”
no hay un niño siquiera…
Y ese que ves ahí…
está solo.

¡Solo! Sin cicerone…
esperando que se abran las puertas de un infierno
que tú, ¡pobre florentino!,
no pudiste siquiera imaginar.
Esto es otra cosa… ¿cómo te diré?
¡Mira! Éste es un lugar donde no se puede tocar el violín.
Aquí se rompen las cuerdas de todos
los violines del mundo.
¿Me habéis entendido, poetas infernales?
Virgilio, Dante, Blake, Rimbaud…
¡Hablad más bajo!
¡Tocad más bajo…! ¡Chist…!
¡¡Callaos!!
Yo también soy un gran violinista…
y he tocado en el infierno muchas veces…
Pero ahora, aquí…
rompo mi violín… y me callo.

(de ¡Oh, este viejo y roto violín!, 1965)

9 marzo, 2016

M. Gutiérrez Nájera: “El cruzamiento en literatura”


Tomado de Manuel Gutiérrez Nájera y otros, La construcción del modernismo. Ed. Belem Clark de Lara y Ana Laura Zavala Díaz. México: UNAM, 2002 (BEU 137). Esta obra recopila ensayos y artículos fundamentales para comprender la idea del modernismo que se hicieron, en México, sus creadores y sus adversarios.

Con frecuencia se culpa a esta Revista de afrancesamiento y se la tilda, sin razón alguna, de malquerer o menospreciar la literatura española. Hoy toda publicación artística, así como toda publicación vulgarizadora de conocimientos, tiene de hacer en Francia su principal acopio de provisiones, porque en Francia, hoy por hoy, el arte vive más intensa vida que en ningún otro pueblo, y porque es Francia la nación propagandista por excelencia, Pero esto no significa menosprecio a la literatura española, cuyos grandes, imperecederos monumentos, ha de estudiar ahincadamente todo aquel que aspire a ser literato o, cuando menos, a cultivar su gusto. Nuestra Revista no tiene carácter doctrinario. Se propone presentar modelos de belleza arcaica, espigando en las obras de los clásicos; es sustancialmente moderna y por lo tanto, busca las expresiones de la vida moderna en donde más acentuadas y coloridas aparecen. La literatura contemporánea francesa es ahora la más “sugestiva”, la mas abundante, la mas de “hoy”, y los españoles mismos, a pesar de su apego a la tierruca, trasponen los Pirineos en busca de “moldes nuevos” para sus ideas e inspiraciones. Dígalo Salvador Rueda, genialidad poética de mucho brillo, que me propongo estudiar con detención, y dígalo, entre otros muchos, Armando Palacio Valdés, novelista de insigne mérito, más apreciado entre los extraños que entre los suyos, y cuya última novela, pocos días ha llegada a México, El origen del pensamiento, es de lo mas notable que la literatura española ha producido en mucho tiempo. Ahora, las letras castellanas se vuelven hacia Francia y hacia las literaturas del norte de Europa, así como también la filosofía, en España, tiende a avanzar en los rectos carriles del método positivo. En la península se traduce y se imita, mucho más que se produce o se revive, y ello, lejos de ser pernicioso, es en extremo favorable al adelanto de las ciencias y las artes. La decadencia de la poesía lírica española es innegable, y así lo entienden todos los críticos serios.
Ahora bien, entiendo que esta decadencia de la poesía lírica española, depende por decirlo así, de falta de cruzamiento. La aversión a lo extranjero y a todo el que no sea cristiano rancio, siempre ha sido maléfica para España: dígalo, sí no, la expulsión de los judíos. Es falso que el Sol no se pone jamás en los dominios de nuestra antigua metrópoli: el Sol sale y se pone en muchos países y es conveniente procurar ver todo lo que alumbra. Conserve cada raza su carácter substancial; pero no se aísle de las otras ni las rechace, su pena de agotarse y morir. El libre cambio es bueno en el comercio intelectual [y tiene sobre el libre cambio mercantil la ventaja de que podemos establecerlo hasta con pueblos y naciones que no existen ya].
Mientras mas prosa y poesía alemana, francesa, inglesa, italiana, rusa, norte y sudamericana, etcétera, importe la literatura española, más producirá y de más ricos y más cuantiosos productos será su exportación. Parece que reniega la literatura de que yo le aplique estos plebeyos términos de comercio; pero no hallo otros que traduzcan tan bien mi pensamiento.
No puede negarse que en España hay mejores novelistas que poetas líricos. ¿Y a que se debe esta disparidad? Pues a que esos novelistas han leído a Balzac, a Flaubert, a Stendhal, a George Eliot, a Thackeray [a Bret Harte, a Salvatore Farina], a Tolstoi, a muchos otros, y este roce con otros temperamentos literarios, con otras literaturas, ha sido provechoso para ellos. Entre los buenos novelistas de allá, Pereda es, a mi juicio, el más genuinamente español, el más espontáneo, el más de la tierruca; pero, a pesar de ello, sus procedimientos y métodos de observación revelan que conoce a autores clásicos antiguos y modernos.
El renacimiento de la novela en España ha coincidido y debía coincidir con la abundancia de traducciones publicadas. Leen hoy los españoles mucho Zola, mucho Daudet, mucho Bourget, mucho Goncourt, mucho Feuillet; y por lo mismo los rumbos de la novela han cambiado para los novelistas castizos. En una palabra: la novela española ha viajado y ha aprendido bastante en sus viajes.
No pasa lo mismo con la poesía lírica. Los poetas del Siglo de Oro fueron muy buenos, entre otras cosas, porque habían cursado humanidades con muchísimo provecho; porque se sabían de coro a Horacio, a Virgilio, a Ovidio, a los grandes modelos. Quevedo era tan erudito como gracioso, Fray Luis de León traducía sus pensamientos del latín para vaciarlos en la turquesa de su idioma propio. Latinos e italianos fueron los maestros de todos los grandes poetas de aquel tiempo.
Hoy ha caído en desuso el estudio extenso de las llamadas lenguas muertas y de las literaturas antiguas, y tampoco leen mucho los poetas españoles a los buenos poetas de otras tierras, En las Américas Latinas pecan muchos de exceso de imitación, particularmente los que imitan al inimitable o, mejor dicho lo inimitable: Victor Hugo. En España perdería su tiempo el que anduviera buscando, con linterna o sin ella, poetas en quienes alienta el alma de Musset, o que rindan culto al ideal de Leconte de Lisle, al de Gautier, al de Sully Prudhomme; o que revelen haber leído a Leopardi. La influencia de Heine, que es una corriente literaria tan visible como visible es el gulf stream, apenas se echa de ver en la poesía española; a pesar de que Bécquer la sintió y de que Bécquer tuvo muchos y muy malos imitadores. Sólo en Campoamor hay Heine. La poesía tétrica de Edgar Poe, que ha avasallado a tantos poetas europeos, no dejó rastros en los castellanos. Y tampoco tiene hoy por hoy España un poeta popular, genuino, propio, de la fuerza de Ruiz Aguilera o de Zorrilla, porque Ruiz Aguilera sentía con el pueblo español de ahora y Zorrilla con el pueblo español de ha doscientos años.
Unos imitan por allá a Campoamor, a Núñez de Arce, a Zorrilla; otros a Espronceda; algunos a Quintana; los que aspiran a ser llamados clásicos, imitan al maestro León, a Argensola, a Rioja; y muchos imitan, sin saberlo, a Calderón y a Lope, cuyos versos no han leído pero cuya facundia les ha enamorado al encontrarla, de reflejo, en otros vates. Por manera, que la imitación de los buenos modelos latinos fue decayendo en España, hasta quedarse como aletargada desde el comienzo de este siglo. Ya Meléndez era el vino de Samos convertido en agua con grosella. La imitación de los clásicos propios no está en moda, ni puede estarlo, en cuanto atañe a lo esencial de la poesía, por lo mismo que no está en moda andar vestido de chupa ni con sombrero de tres picos. Y como tampoco se adapta a la índole de la poesía española el espíritu y la forma de poesías extrañas, resulta aquélla insípida y descolorida. No es antigua ni es moderna.
Los únicos poetas que sobresalen, conocen literaturas extranjeras. En Campoamor, que a pesar de sus plagios es el poeta más original y sugestivo de su tierra, se nota mucha lectura de poesías alemanas, inglesas y francesas, En Núñez de Arce, aparte de su amor instintivo a la forma helénica y de su estudio de los clásicos hispanos, hay verdadero conocimiento de los modernos ideales y de los nuevos procedimientos poéticos. Sus poemas (que son muy suyos) están fundidos en donde fundieron los suyos Tennyson, Carducci, y los poetas franceses de más alto vuelo.
No quiero que imiten los poetas españoles; pero sí quiero que conozcan modelos extranjeros; que adapten al castizo estilos ajenos; que revivan viejas bellezas, siempre jóvenes; en resumen, que su poesía se vigorice por el cruzamiento.
Y a esto han contribuido muchísimo Menéndez Pelayo y Valera. No son poetas sugestivos; no se dejan arrebatar por el ímpetu propio, lo que demuestra la escasa energía de éste; pero reflejan a maravilla hermosuras de otros parnasos. Unos poetas, como Homero, son discípulos del mar; otros, como Virgilio, de los bosques y los campos; los poetas bíblicos se inspiran en la fe religiosa; y así van bebiendo los demás en varias fuentes: en el sentimiento, en la imaginación, en el amor patrio, en la voluptuosidad, en las tradiciones… Menéndez Pelayo es un discípulo de los grandes poetas antiguos. Recita pensamientos de ellos en irreprochable forma española. En Grecia está la patria de sus ideas. ¿Que no es poeta de hoy? Convenido. Su mismo amor al arte lo detiene y le pone trabas; su odio a todo lo vulgar, lo obliga a ser parsimonioso en la producción poética: es poeta de hace muchos siglos, que nació hace poco.
Valera es menos helénico; le gustan más que a Menéndez las literaturas exóticas; tiene buen paladar para gustar de las modernas y novísimas; y ambos, presentando, en buen español, dechados de belleza recogidos en sus viajes intelectuales, corrigen la poesía patria de esa hinchazón, de esa superabundancia, de esa excesiva espontaneidad y de esa suficiencia que la pierden. Porque son menos músicos que los demás, curan una literatura enferma de melomanía. Porque reviven a los muertos inmortales y hospedan a los próceres modernos, son útiles a una poesía que tiene cerradas todas sus puertas y que ya no lleva flores a la tumba de los clásicos.
[No insistiré, pues, en realzar los méritos de Pelayo y de Valera. Ya dejo dicho, a grandes trazos, en lo que radican para mí.] Ni don Juan ni don Marcelino son poetas entusiastas; ni sienten intensamente esas pasiones ardorosas que llevan como calor y vida al verso, ni conmueven como Espronceda; ni poseen el ingenio de Campoamor; ni los recursos musicales de Zorrilla. Pero estos mismos defectos constituyen sus excelencias, no como poetas propiamente dichos, sino como maestros o educadores de poetas. ¿Que no hay bellezas en las poesías de Menéndez?… ¡Con una sola de las muchísimas que se encuentran en su libro haría una familia de bellezas cualquier poeta más atrevido, más elocuente, menos devoto de la antigua sobriedad! Se ve la hermosa linea griega en muchos de esos versos; sólo que para admirarla es necesario haber aprendido a disfrutar de esa hermosura. Si poneis delante de un profano la Venus de Milo, y alguna Venus de cualquier gran estatuario moderno, gustará más de ésta; porque la ve más desnuda, si se permite la expresión: porque le parece mas mujer: porque la ve mejor, en suma, mientras que a la otra no la ve ni sabe en que consiste su belleza,
Cansaría y me cansaría espigando en el libro de Menéndez. ¡Qué augusta serenidad en algunas imágenes! ¡Qué blancura de níveo mármol en algunas frases! ¡Cómo se echa de ver que para producir esas delicias, que no entran por el oído, ni por la vista, al alma, sino que derechamente van a ella, es preciso haber estado en muy estrecho comercio intelectual con los grandes maestros de la forma!
A otros poetas les salen bien, admirablemente, algunos versos, A Menéndez no le sale ninguno. Él los hace, los labra. Y aun barrunto que podría ser poeta de mayores y mas osados vuelos, con sólo olvidar, no dolores, no desengaños, sino ciencia. Por lo mismo que anhela realizar una belleza superior y por lo mismo que sabe, como pocos, de qué manera supieron otros realizarla, encuéntrase cohibido y entrabado. Ya puede póngase por caso decir algo muy bello; mas columbra que aun lo podría decir mas lindamente, y no lo dice. Se acerca temblando al altar de la poesía. No sube su escalinata como conquistador, sino como creyente y humildoso sacerdote.
Valera es más despreocupado y, a mi modo de ver, menos poeta. Él ha hecho más poesías para salir del paso, y, como sabe que tiene gran talento en prosa, no se empeña en tenerlo en verso. No cree que es poeta; porque don Juan no ha de creer nada. Le piden un soneto y lo da, porque es muy complaciente. Y le piden un elogio. y sucede lo mismo, Pero si Valera, por capricho, quisiera demostrar (en prosa, por supuesto) que es un gran poeta, no se lo creeríamos; pero lo demostraría.
Pero don Juan, que no necesita ser poeta para entrar a la gloria, así como tampoco ha de ganar el cielo con decir que es muy católico, ha sido muy útil a la poesía española… como agente de colonización… o, si se quiere, como introductor de embajadores, Ora introduce a Valmiki; ora, a Goethe; hoy a Shakespeare; mañana, a Lessing; y así van sabiendo los poetas de la península que no sólo hay moros y cristianos, flores y espinas, en la literatura.
Menéndez Pelayo y Valera no son cantores como Núñez de Arce; ni cantantes como Velarde: son maestros de canto.
La influencia de éstos no inspirados ha sido provechosa, tal como lo sería para los españoles el estudio de la exuberante, libre, espléndida y desordenada poesía sudamericana. Éste no lo emprenden; las Cartas americanas de Valera, y, más que éstas, los prólogos puestos por Menéndez a antologías americanas, prueban el desdén altísimo con que nos miran y la impremeditación con que nos juzgan Pero esto será tema de otro estudio.