Archive for ‘El sendero de Esaú’

11 marzo, 2015

“El sueño de una alegría monstruosa” (Georges Bataille)


Imaginarios o no, los aquelarres responden […] a una forma que de alguna manera se impuso a la imaginación cristiana. Describen el desencadenamiento de pasiones que el cristianismo implicaba y contenía. […] El hecho de estar en el Mal y de ser libre, el hecho de estar libremente en el Mal (puesto que en el mundo profano no valen las exigencias de lo sagrado) no sólo fue una condena, sino una recompensa para el culpable. El excesivo goce del licencioso respondió al horror del fiel. […] La corrupción, el Mal, Satanás, fueron para el pecador objetos de adoración, que el pecador o la pecadora amaban con deleite. La voluptuosidad se sumergió en el Mal. La voluptuosidad era en esencia transgresión, superación del horror y, cuanto mayor era el horror, más profunda la alegría. Imaginarios o no, los relatos de aquelarres tienen un sentido: son el sueño de una alegría monstruosa.

Georges Bataille, El erotismo. T. Antoni Vicens. Tusquets, 2008.

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28 febrero, 2015

Apología del afeminamiento


Por lo menos hasta la Edad Barroca, la civilización occidental consideró afeminados a los hombres que se entregaban a la sensualidad, a las emociones o a la fantasía. -Ojalá Occidente se hubiera afeminado.

28 febrero, 2015

Contra los hombres y mujeres de provecho


El día que las mujeres decidieron que también podían, o debían, ser gente “de provecho”, se hicieron un flaco favor a sí mismas y a la humanidad en su conjunto.

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14 diciembre, 2014

“La lucidez no es totalmente lúcida”


Sketch for the "Die Puppe" series, 1932

Sketch for the “Die Puppe” series, 1932 (Photo credit: Wikipedia)

Si sólo es una negación del delirio, la lucidez no es totalmente lúcida, es un poco todavía el miedo de llegar hasta el final, convertido en aburrimiento, es decir, en desdén de un objeto que la excede. Razonamos con nosotros mismos y nos decimos: este objeto no posee en sí mismo el valor que le otorga el deseo.

Georges Bataille, Lo imposible, “Historia de ratas”, 1er cuaderno. T. Margo Glentz.

24 noviembre, 2014

“Ella es la verdadera Mesías”


Ella es la verdadera Mesías (que no puede ser un hombre, contrariamente a lo que dice la opinión popular) y ante ella se rinden “todas las armas del rey”, porque ella es también la tan buscada “Sabiduría Divina” o Sophia, que está destinada a tomar el lugar de la Muerte y a reemplazarla como uno de los tres “Mandatarios del Mundo”.

Gershom Scholem: El misticismo extraviado, Buenos Aires: Lilmod, 2005, p. 148. T. Mónica Sifrim.

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24 noviembre, 2014

El camino de Esaú


“El lugar a donde vamos no tolera leyes, porque todo eso viene del lado de la Muerte, mientras que nosotros estamos atados a la Vida”. El nombre de ese lugar es Edom o Esaú.

Jacob Frank, citado porGershom Scholem: El misticismo extraviado, Lilmod, 2005, T. Mónica Sifrim.

24 noviembre, 2014

Jacob Frank: ingresar al abismo


“Ahora estamos todos bajo la obligación de ingresar al abismo”, en el cual todas las leyes y las religiones son aniquiladas.

Jacob Frank, citado y parafraseado por G. Scholem en El misticismo extraviado, trad. Mónica Sifrim. Buenos Aires: Lilmod, 2005.

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7 noviembre, 2014

Georges Bataille: romper las paredes de la crisálida


[…] La transgresión acabada, la transgresión lograda que, manteniendo lo prohibido como tal, lo mantiene para gozar de él. La experiencia interior del erotismo requiere de quien la realiza una sensibilidad no menor a la angustia que funda lo prohibido, que al deseo que lleva a infringir la prohibición. Esta es la sensibilidad religiosa, que vincula siempre estrechamente el deseo con el pavor, el placer intenso con la angustia.

Quienes ignoran, o sólo experimentan furtivamente, los sentimientos de la angustia, de la náusea, del horror […], no son susceptibles de esa experiencia; pero lo mismo sucede con quienes están limitados por esos mismos sentimientos.  Estos sentimientos […] son, en la vida de un hombre, lo mismo que la crisálida para el animal completo. La experiencia interior del hombre se da en el instante en que, rompiendo la crisálida, toma consciencia de desgarrarse él mismo, y no la resistencia que se le opondría desde fuera. La superación de la consciencia objetiva, limitada por las paredes de la crisálida, está vinculada a esa transformación.

Georges Bataille, El erotismo. T. Antoni Vicens. Tusquets, p.43.

3 noviembre, 2014

Jacob Frank y el descenso al abismo


Autor: Félicien Rops. Por desgracia, ignoro el título.

Autor: Félicien Rops. Por desgracia, ignoro el título.

Sentencias de Jacob Frank citadas por Scholem:

Debemos descender, porque sólo después podemos escalar hacia el infinito.

Éste es el principio místico de la Escala de Jacob, que yo he visto y que tiene la forma de una V.

Yo no vine a este mundo para elevarte sino para impulsarte al fondo del abismo.

En palabras de Scholem:

El descenso al abismo requiere no sólo el rechazo a todas las religiones y convenciones, sino también cometer “actos extraños”. Esto demanda una erradicación del propio sentido de la individualidad , de modo que el libertinaje y el logro de ese estado de desvergüenza que conduce a la restauración (tikun [término propio de la escatología cabalística] del alma sean una misma cosa.
“Nosotros ahora estamos todos bajo la obligación de ingresar al abismo”, en el cual todas las leyes y las religiones son aniquiladas.

Scholem, Gershom: El misticismo extraviado, Buenos Aires, Lilmod, 2005, p.145, T. Mónica Sifrim. Reúne art. de la Encyclopedia Judaica y The Mesianic Idea in Judaism.

29 octubre, 2014

J. Frank: la verdadera fe oculta


Según Scholem, Jacob Frank “se manifestó” a sus adeptos en 1759 en Iwanie (un pueblo que ha sido unas veces polaco y otras ucraniano) “como la encarnación viva del poder de Dios”.  Allí les reveló que

todas las religiones no eran más que estadios a través de los cuales debían pasar “los creyentes” ―como un hombre que se pone diversos trajes―descartándolos después como algo sin valor en comparación con la verdadera fe oculta.

Scholem, Gershom: El misticismo extraviado, p.171. Buenos Aires: Lilmod, 2005, T. Mónica Sifrim

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