Posts tagged ‘ciencia y literatura’

12 mayo, 2014

Un bebé mecánico de Alan Turing


02 Daniel Mroz, illus. for The Cyberiad by Lem

02 Daniel Mroz, illus. for The Cyberiad by Lem (Photo credit: 50 Watts)

Todos recordamos los “Dos animales metafísicos”, el de Condillac y el de Lotze, recordados (¿reblogueados?) por Borges en su Manual de zoología fantástica.
El de Condillac en realidad es una estatua de mármol, destinada a refutar las” ideas innatas” de Descartes.

Condillac empieza por conferir un solo sentido a la estatua: el olfativo, quizás el menos complejo de todos. Un olor a jazmín es el principio de la biografía de la estatua; por un instante, no habrá sino ese olor en el universo; mejor dicho, ese olor será el universo, que, un instante después, será olor a rosa, y después a clavel. Que en la conciencia de la estatua haya un olor único, y ya tendremos la atención; que perdure un olor cuando haya cesado el estimulo, y tendremos la memoria; que.. una impresión actual y una del pasado ocupen la atención de la estatua, y tendremos la comparación; que la estatua perciba analogías y diferencias, y tendremos el juicio; que la comparación y el juicio ocurran de nuevo, y tendremos la reflexión; que un recuerdo agradable sea más vívido que una impresión desagradable, y tendremos la imaginación.

El siguiente monstruo filosófico recordado por Borges es el “animal hipotético” de Lotze, ser que tiene por misión volver innecesarias las categorías kantianas.

Más solitario que la estatua que huele rosas y que finalmente es un hombre, este animal no tiene en la piel sino un punto sensible y movible, en la extremidad de una antena. Su conformación le prohibe, como se ve, las percepciones simultáneas. Lotze piensa que la capacidad de retraer o proyectar su antena sensible bastará para que el casi incomunicado animal descubra el mundo externo (sin el socorro de las categorías kantianas) y distinga un objeto estacionario de un objeto móvil.

Borges pudo haber añadido este otro, propuesto por Alan Turing en 1948 bajo el título “Maquinaria inteligente: una teoría de herejes”. Su objetivo es postular la factibilidad de unas “máquinas que simularán el comportamiento de la mente humana de manera muy aproximada”. Atocha Aliseida traduce éste y algunos pasajes, y resume de este modo la propuesta de Turing:

Inicialmente, dice: una máquina es como un bebé al que hay que enseñar diversas tareas. A través de la educación, este crío puede convertirse en un infante, y eventualmente en un adulto. El aprendizaje se da por medio de la experiencia; esto es, gracias a la interacción con un instructor humano, quien no sólo le enseña tareas matemáticas y de otra índole intelectual, sino que también expone a la máquina a sensaciones. Por ejemplo, el instructor le enseña a reconocer los estados de dolor y de placer, de tal manera que, basada en experiencias anteriores, la máquina eventualmente distingue las experiencias dolorosas de las placenteras
Es clave que la máquina cuente con una memoria que le permitirá almacenar experiencias pasadas y usar- no será infalible: cometerá errores, mismos que le serán señalados por el instructor –a través de castigos–, lo que formará parte de su educación, al parecer de carácter conductista.

Atocha Aliseida, “¿Inteligencia mecánica? La pregunta de Alan Turing”. Ciencia, oct.-dic. 2013, vol. 64, núm. 4.
(Disponible en línea: http://www.revistaciencia.amc.edu.mx/images/revista/64_4/PDF/InteligenciaMecanica.pdf).

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21 marzo, 2014

Alfonso Reyes: poética de la hipótesis en la ciencia física


plasma lamp. Français : Lampe plasma.

plasma lamp. Français : Lampe plasma. (Photo credit: Wikipedia)

Se dice que la onda material vehicula corpúsculos (electrones y protones), como la onda electromagnética vehicula fotones o gŕánulos de radiación. Se nos explica que una lámpara encendida puede considerarse indistintamente como un armonio o como una ametralladora. Un paso más, y Langevin, Mott y Pauli insisten en que estos últimos elementos —electrón, protón, fotón— no admiten el ser concebidos como “objetos” o “cuerpos aislados”. Ya Russell sugería el que se los interpretara como “sucesos” o “ruidos”.

Alfonso Reyes. El deslinde. Lengua y Estudios Literarios. FCE, 3a edition, 1983. 1a. ed. 1944, El Colegio de México, p.96.

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18 marzo, 2014

Inercia, indeterminismo y sistemas caóticos en… Epicuro


Ikeda

Ikeda (Photo credit: Wikipedia)

Los átomos se asocian merced al movimiento que les es inmanente, y que no necesita de nóus o mente divina que lo anime. Este movimiento es debido a la pesantez del átomo y opera en sentido vertical. Epicuro no logra emanciparse de la noción subjetiva de arriba y abajo, y no se percata de que esta relatividad pierde validez transportada al universo. Este movimiento es igual para todos los átomos que se precipitan en el vacío […]. Si las caídas atómicas son paralelas ¿cómo se explican las intersecciones, las combinaciones entre átomos? […] Resulta en una solución inesperada y graciosa al problema de la libertad, y aun de la “evolución creadora” como hoy diríamos. Las intersecciones tienen que ser desvíos de la trayectoria vertical y fatal. Estos desvíos se producen por una facultad de declinación, “clinamen” o “parénclesis”, facultad no causada, sino libre y caprichosa que, si no es propia de todas las familias de átomos, si lo es de átomos privilegiados. La poseen, por ejemplo, los átomos del alma, pero no los de la piedra. Una vez desatado el clinamen, la perturbación se comunica y generaliza por choque a todas las clases atómicas, las cuales entran entonces en asociaciones y combinaciones fortuitas, pero a condición de que se encuentran y enganchen los átomos de la misma especie. Y así se forman estas conglomeraciones que son las cosas visibles, cuerpos, tierra, mar y cielo.

Alfonso Reyes. La filosofía helenística. Breviarios 147. FCE, 1959, p.151-152

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17 marzo, 2014

W. Fernández Florez (1885-1964): principio de El bosque animado


Ás veces perdéndote atopas algo

Ás veces perdéndote atopas algo (Photo credit: Anxo Resúa)

Wenceslao Fernández Flórez (1885-1964), gallego, es un gran escritor al que deberíamos conocer mejor en México. Para creerlo, me bastan un cuento (“El claro del bosque”, Antología de cuentos de terror de R. Llopis, Alianza), y el primer capítulo de El bosque animado (Espasa-Calpe, 1965), libro que estoy empezando a leer. En ambas obras he disfrutado un lirismo que suele darse mejor en otras lenguas y al que, ni modo, no puedo calificar más que de celta. Lo he sentido en la narrativa del galés Arthur Machen, apenas en Walter Scott (cuando es menos british y más scott), en recopilaciones de folclor bretón e irlándés, y en varias canciones de Jethro Tull (Acres wild, canción imprescindible de mis 13 años). En español, en Rosalía de Castro y en Valle-Incán, por supuesto.

También me parece digna de atención su perspectiva holística del bosque como un ser viviente, la cual ―si no me equivoco― parece una anticipación lírica de la famosa Hipótesis Gaia, del químico James Lovelock y la bióloga Lynn Margulis; hipótesis que pudo haber tenido una primera expresión literaria en la también hermosa novela El nombre del mundo es Bosque (The Word for World Is Forest), de Ursula K. Le Guin, publicada en 1976. Y también pienso en Carlos Pellicer, por ejemplo en el “Discurso por las flores” de Subordinaciones:
Algo en mi sangre viaja con voz de clorofila.
Cuando a un árbol le doy la rama de mi mano
siento la conexión y lo que se destila
en el alma cuando está junto a un hermano.
¿Y por qué Fernández Flórez no es más importante en nuestra lengua? Quizá por su furibundo anticomunismo; y también porque, pese a las grandes obras fantásticas y real-maravillosas consagradas en los 60, nuestras literaturas aún parecen oscilar entre seguir “clientes del diccionario” (del formalismo)  y recaer en costumbrismos ñoños y tremendismos de nota roja, extremos opuestos del mismo apego a lo inmediato.
 

Estancia I. La fraga de Cecebre (primeros párrafos)

La fraga es un tapiz de vida apretado contra las arrugas de la tierra; en sus cuevas se hunde, en sus cerros se eleva, en sus llanos se iguala. Es toda vida: una legua, dos leguas de vida entretejida, cardada, sin agujeros, como una manta fuerte y nueva, de tanto espesor como el que puede medirse desde lo hondo de la guarida del raposo hasta la punta del pino más alto. ¡Señor, si no veis más que vida en torno! Donde fijáis vuestra mirada divisáis ramas estremecidas, troncos recios, verdor; donde fijáis vuestro pie dobláis hierbas que después procuran reincorporarse con el apocado esfuerzo doloroso de hombrecillos desriñonados; donde llevéis vuestra presencia habrá un sobresalto más o menos perceptible de seres que huyen entre el follaje, de alimañas que se refugian en el tojal, de insectos que se deslizan entre vuestros zapatos, con la prisa de todas sus patitas entorpecidas por los obstáculos de aquella selva virgen que para ellos representan los musgos, las zarzas, los brezos, los helechos. El corazón de la tierra siente sobre sí este hervor y este abrigo, y se regocija.

La fraga es un ser hecho de muchos seres. (¿No son también seres nuestras células?). Esa vaga emoción, ese afán de volver la cabeza, esa tentación —tantas veces obedecida— de detenernos a escuchar no sabemos qué, cuando cruzamos entre su luz verdosa, nacen de que el alma de la fraga nos ha envuelto y roza nuestra alma, tan suave, tan levemente corno el humo puede rozar el aire al subir, y lo que en nosotros hay de primitivo, de ligado a una vida ancestral olvidada, lo que hay de animal encorvado, lo que hay de raíz de árbol, lo que hay de rama y de flor y de fruto, y de araña que acecha y de insecto que escapa del monstruoso enemigo tropezando en la tierra, lo que hay de tierra misma, tan viejo, tan oculto, se remueve y se asoma porque oye un idioma que él habló alguna vez y siente que es la llamada de lo fraterno, de una esencia común a todas las vidas.

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17 octubre, 2013

Macrocosmos-microcrocosmos ¡y dualidad onda-partícula!: Rubén Darío


…Y del volcán inmenso,
y del hueso minúsculo,
y del ritmo que pienso,
y del ritmo que vibra en el corpúsculo…

De “Helios”, Cantos de vida y esperanza

Dualidad onda-corpúsculo.