Posts tagged ‘clasicismo y neoclasicismo’

2 febrero, 2016

La poesía mexicana en vísperas del modernismo


Manuel_Ocaranza_-La flor muerta 1868-2

Manuel Ocaranza: La flor rota, 1868

Al caer la tarde
Joaquín Arcadio Pagaza (1839-1918)

Van en tropel cruzando los bermejos
celajes el espacio; la campaña
pueblan las sombras; y los riscos baña
tardo el Sol con los últimos reflejos.

En medio, Lauro, a los copudos tejos
que sombríos coronan la montaña,
descasa Filis, cuya la cabaña
fue que en ruinas vislumbras no muy lejos.

Aquella claridad que surge ahora
ciñendo el mar, de céfiros ladrones,
la hueste que perfumes atesora,

y este plañir tenaz de los alciones,
¡cuánto agradaban, cuánto, a mis pastora…!
…¡Apiádate de mí!… ¡No me abandones!

Los naranjos (fragmento)
Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893)

Perdiéronse las neblinas
En los picos de la sierra,
Y el sol derrama en la tierra
Su torrente abrasador.
Y se derriten las perlas
Del argentado rocío,
En las adelfas del río
Y en los naranjos en flor.

Del mamey el duro tronco
Picotea el carpintero,
Y en el frondoso manguero
Canta su amor el turpial;
Y buscan miel las abejas
En las piñas olorosas,
Y pueblan las mariposas
El florido cafetal.

(…)

A Gloria (fragmentos)
Salvador Díaz Mirón (1853-1928)

No intentes convencerme de torpeza
con los delirios de tu mente loca:
mi razón es al par luz y firmeza,
firmeza y luz como el cristal de roca.

(…)

Fiando en el instinto que me empuja,
desprecio los peligros que señalas.
«El ave canta aunque la rama cruja,
como que sabe lo que son sus alas».

(…)

¡Alumbrar es arder! ¡Estro encendido
será el fuego voraz que me consuma!
La perla brota del molusco herido
y Venus nace de la amarga espuma.

Los claros timbres de que estoy ufano
han de salir de la calumnia ilesos.
Hay plumajes que cruzan el pantano
y no se manchan… ¡Mi plumaje es de esos!

(…)

¡Confórmate, mujer! Hemos venido
a este valle de lágrimas que abate,
tú, como la paloma, para el nido,
y yo, como el león, para el combate.

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28 agosto, 2015

E. R. Curtius: los ejemplos en retórica


Exemplum (parádeigma) es término técnico de la antigua retórica, a partir de Aristóteles, y significa “historia que se inserta a manera de testimonio”. A esto se añade más tarde (desde ca. 100 a.C.) una nueva forma del ejemplo retórico, que tendría gran importancia en el futuro: el personaje ejemplar (eikón, imago), esto es, la “encarnación de cierta cualidad en una figura: Cato ille uirtutum uiua imago“. Cicerón (De oratore, I, xviii) y Quintiliano (XII, iv) encarecen al orador la necesidad de echar mano de ejemplos de la historia, la mitología y la leyenda heroica.

Curtius, Ernst. R.: Literatura europea y Edad Media latina, FCE, 1955, T. Margit Frenk y Antonio Alatorre, p.94.

28 agosto, 2015

E. R. Curtius: las sentencias en la poesía y la retórica de tradición clásica


En los poetas antiguos se encuentran cientos y miles de versos que condensan una experiencia psicológica o una norma de vida. Aristóteles estudio esos aforismos […] en su Retórica (II, xxi); Quintiliano los llamó sentencias (propiamente, “juicios”) porque se asemejaban a las resoluciones de las asambleas públicas (VIII, v, 3).

Curtius, Ernst. R.: Literatura europea y Edad Media latina, FCE, 1955, T. Margit Frenk y Antonio Alatorre, p. 92.

29 marzo, 2015

Nicolas Poussin: Paisaje con Polifemo


Poussin Nicolas - Landscape with Polyphemus - GJ-1186

24 julio, 2014

El triunfo de Galatea, por Rafael


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(Rafael Sanzio, 1483-1520: El triunfo de Galatea).

Invidia de las ninfas y cuidado
de cuantas honra el mar deidades era;
pompa del marinero niño alado
que sin fanal conduce su venera.

Luis de Góngora: Fábula de Polifemo y Galatea, v.113-116.

19 febrero, 2014

Los estoicos: algunas ideas esenciales


Dios, el cosmos y el destino del mundo

  • “La cosmología estoica es un monismo materialista y teológico” (107).
  • “Sólo existe Dios, que es el universo, lo eterno, lo uno y el bien. Opera como éter ígneo, en Logos espermático o semilla que germina diferenciándose en los entes de realidad. Todo es materia, incluso las virtudes y los conceptos, según Crisipo” (106).
  • “El éter ígneo es la zona más sutil del fuego creador, por el cual los demás elementos son creados” (107).
  • “A la evolución ascendente, sigue una evolución descendente, un desgaste. Al término del Grande Año, […] el universo se reabsorberá en el éter ígneo, por un incendio universal o ekpyrosis” (107).
  • “El principio eterno del mundo es el destino, cuya voz, como en Homero, “mandó de una sola vez para siempre” (107).
  • “Sólo hay un Dios. Los dioses son alegorías, comodidades de la mente, […] o bien son deificaciones legendarias para honrar a los bienhechores” (108).
  • “Dios, razón universal, es una providencia consciente de sus fines” (108).
  • “La finalidad [del universo] es la suma perfección. […] Zenón piensa que hasta la chinche tiene el encargo providencial de evitar el sueño excesivo” (108).
  • “Y como todos los extremos de la realidad son armónicos y conexos, pueden dar señales unos de otros. Se acepta, pues, la adivinación por los signos, la mántica popular, la creencia en los presagios” (108).
  • Al postular la existencia de un Dios providente, los estoicos se ven obligados a responder al problema de la existencia del mal. Sus respuestas anticipan las típicas del cristianismo. Las que me parecen más llamativas son las que insisten en la limitación de la perspectiva individual para comprender al cosmos en su conjunto, y las invitaciones a ser dóciles frente a la voluntad divina.

La religión natural y las “nociones comunes”

  • Los estoicos admiten la existencia de ciertas “nociones comunes”, las cuales son compartidas por todos los seres humanos y, asimismo, “naturales o no adquiridas por saber crítico o técnico (Crisipo, Posidonio). No son innatas en sí mismas —lo serán ya para Cicerón—, pues el alma nace como hoja en blanco: es innata sólo la facultad de adquirirlas” (118).
  • Estas “nociones comunes” se relacionan, sobre todo, con la moral y la religión. Cicerón las llama “gérmenes o centellas”. El consenso universal es el criterio para reconocer estas nociones comunes e inspira una “religión natural” (118).

Moral y sabiduría

  • Como los epicúreos y los cínicos, su objetivo principal es encontrar una forma de vida que asegure, a la vez, la virtud y la dicha. Tienen un concepto negativo de la dicha, como ausencia de sufrimiento, y consideran que el vicio no otorga una auténtica felicidad, que el vicioso en el fondo es infeliz por ser esclavo de sus hábitos e impulsos.
  • “El primer dogma de la conducta es la coherencia, […], ser y obrar de un solo modo, bajo la guarda de la conciencia moral, pues todo vicio de conducta entraña una incoherencia. […] Ser desigual a sí mismo es la peor vergüenza” (119).
  • “Se trata […] de acatar e imitar el orden universal, de cooperar voluntariamente con él. ‘Vivir conformes con la naturaleza’, dice Crisipo” (119).
  • “Esta línea recta de conducta es flecha orientada hacia un fin: […] la libertad. Las esclavitudes son los afectos y las cosas exteriores. Somos libres en nuestra vida interior y en las representaciones que imponemos a las cosas externas” (119).
    • “Las enfermedades del alma son alteraciones de la imagen del mundo que llevamos dentro. Guerra abierta contra las pasiones. Importa mucho clarificar la representación de las cosas desde el primer instante.” (119, cursivas mías).
    • En tanto que somos (potencialmente) dueños de lo que pasa en nuestra mente, no lo somos de la realidad exterior, incluido nuestro cuerpo. Así, nuestro cuerpo está sometido a la enfermedad y la muerte, por ejemplo, pero en cambio nuestro espíritu puede liberarse del miedo y la angustia frente a ellos, así como al dolor, la pobreza y todo mal originado fuera de nosotros mismos.
    • Entre estos males de origen externo se hallan la tiranía y la injusticia social: el estoico puede luchar a ellas por apego al deber, al “derecho natural” o a los “derechos humanos”, pero no por creer que pueda “cambiar al mundo”.
  • Así, pues, el estoico entrena su mente para desapegarse de las cosas y no sufrir por ellas; para alcanzar cierta apatía o ataraxia. Aunque las exposiciones de la doctrina estoica suelen hablar aquí de nuestras “ideas” u “opiniones” sobre las cosas, aquí lo esencial son las emociones: los estoicos, y todos los afines a ellos, o bien confunden opinión y sentimiento, o bien proponen llegar al control de las emociones por medio del control de las representaciones mentales.
  • Por ello, el estoico debe aprender a ser indiferente incluso a sus propios placeres y dolores. Si llega a sentir algún placer en el curso de su vida virtuosa, es aceptable que lo disfrute, siempre que no se apegue a él y no empiece a buscarlo en sí mismo.
  • “En general, se admite que para la virtud no basta la doctrina, sino que hay que añadirle el ejercicio, la voluntad. […] La voluntad, dice Cleantes, es al alma lo que al cuerpo la tensión muscular. Es la ‘buena tensión del alma’, dice Crisipo. En todo ello, como en muchas tesis estoicas, hay mixtura de intelectualismo en la base y volicionismo en el método” (121-122).
  • La virtud es el único bien o valor que se ha de buscar en la vida. En consecuencia, los demás bienes: riqueza, honor, poder, etc., son en el fondo indiferentes. Y el mal acarrea en sí mismo el castigo, por encadenarnos a las pasiones.
  • La muerte es un bien, por todos los males de los que nos libra. El suicidio es admisible cuando no se puede vivir con libertad o cuando la supervivencia propia se opone a la práctica del bien; no, cuando se busca por melancolía o desesperación.

Dignidad humana, ley natural y ciudadanía del mundo

  • Son los primeros teóricos del derecho natural
  • Todos los hombres son iguales en dignidad. Los estoicos tratan de limitar los alcances del sometimiento del esclavo, para ellos sólo un “jornalero vitalicio”. Séneca llega a decir que “nadie nace para el provecho ajeno” (133)
  • Las jerarquías sociales se justifican sólo por la diversidad de funciones requeridas para la obtención del bien común. Si se ajustaban a esa base, todos los sistemas políticos de la época eran aceptables.
  • Sin embargo, como lo señala Reyes, en la práctica los estoicos solían buscar y colaborar con monarcas de tendencias más o menos ilustradas y humanitarias, y oponerse a quienes percibían como tiranos que sólo buscaban su beneficio
  • El hombre de bien, sometido a la ley natural y divina, es ciudadano del mundo más que de una patria concreta.

Citas textuales y paráfrasis vienen de Alfonso Reyes, La filosofía helenística, Breviarios 147, FCE, 1959. Completado con ideas de procedencia varia que recordé en el proceso

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10 diciembre, 2013

De cómo la regla externa se vuelve íntima convicción: Nietzsche, Elias


Consideremos los siguientes pasaje de Más allá del bien y del mal (V, 188, t. A. Sánchez Pascual):

Lo esencial e inestimable en toda moral consiste en que es una coacción prolongada: para comprender el estoicismo o Port-Royal o el puritanismo recuérdese bajo que coacción ha adquirido toda lengua hasta ahora vigor y libertad —, bajo la coacción métrica, bajo la tiranía de la rima y del ritmo ⁅…⁆.

Examínese toda moral en este aspecto: la “naturaleza” que hay en ella es lo que enseña a odiar el laisser aller, la libertad excesiva, y la que implante la necesidad de horizontes limitados, de tareas próximas, —lo que enseña el estrechamiento de la perspectiva y por lo tanto, en cierto sentido, la estupidez como condición de vida y crecimiento. “Tú debes obedecer, a quien sea, y durante largo tiempo: de lo contrario perecerás y perderás tu última estima de ti mismo” —: éste me parece ser el imperativo moral de la naturaleza, el cual, desde luego, ni es “categórico”, como exigía de él el viejo Kant (de ahí el de lo contrario), ni se dirige al individuo (¡qué le importa a ella el individuo!), sino a pueblos, razas, épocas, estamentos y, ante todo, al entero animal “hombre”, el hombre.

Propongo que:

  • Pongamos entre paréntesis la polémica antimetafísica lo mismo que el lenguaje naturalista.
  • Centremos nuestra atención en los siguientes puntos:
    • La moral es un entrenamiento del individuo.
    • Los fines de ese entrenamiento no conciernen al individuo, sino al grupo social: donde Nietzsche escribe, decimonónicamente, pueblos y razas, nosotros podemos leer clase social, género; e incluso separar el concepto pueblo de su vinculación al nacionalismo decimonónico y obtener etnia.
    • Así, podremos ver que la moral es un mero recurso del grupo social para producir un tipo humano: el grupo produce al hombre o la mujer que necesita; y el hombre o la mujer, habiendo interiorizado las exigencias del grupo, hace lo que se espera de él, no porque se le obligue, sino por convicción propia. La moral consiste en la transformación de la ley externa en fuero interno.

Ahora, veamos cómo se ejemplifica esto en La sociedad cortesana, de Norbert Elias (FCE, 1982, t. Guillermno Hirata). En más de un pasaje, el autor insiste en la relación entre lo externo y lo interno en la vida de los cortesanos de Luis XIV. Lo que para nosotros son reglas asfixiantes, incomprensibles, absurdas, para ellos eran exigencias que debían cumplir si querían seguir siendo reconocidos como nobles, lo cual era esencial para sus vidas. Para ellos, la existencia carecía de sentido fuera de la forma de vida noble, por lo que el fuero externo —la opinión, en el lenguaje del Siglo de Oro español— se convertía en fuero interno. En consecuencia, debían adoptar, aprender, interiorizar un conjunto de disciplinas cotidianas que les permitieran permanecer y, de ser posible, mejorar en el medio cortesano. En el capítulo “Etiqueta y ceremonial”, Elias examina tres de esas disciplinas el arte de observar a los hombres, el arte de manipular a los hombres y el control de los afectos. Al leer los apartados que dedica a estas prácticas, me llamó mucho la atención la manera en que se traslapan las fronteras entre arte (en el sentido anterior al concepto de las “bellas artes”), etiqueta y ética. La etiqueta forma parte de una ética, la ética se practica con arte (pero la diferencia entre arte, ética y etiqueta es cosa de nosotros, algo que proyectamos sobre el pretérito: la confusión está en nuestras mentes, no en las prácticas de los hombres del pasado).

Veamos aquí dos pasajes de La sociedad cortesana donde se describe disciplinas de las cuales nosotros entenderíamos que se practiquen por razones “morales”, y sobre las que Elias debe advertir que no lo son —pero en nuestro sentido, aclararía yo. Porque sí eran parte de la moral, de las reglas esenciales de la forma de vida de esos hombres, los del Gran Siglo francés (tan admirado por Nietzsche, quien compartía con ellos la admiración por Baltasar Gracián).

El arte de la observación de los hombres, sin embargo, no se refiere únicamente a los demás, sino que se extiende también al observador mismo. Se desarrolla aquí una específica forma de la autoobservación. “Qu’un favori s’observe de fort près”, como decía Labruyère. La aurtoobservación y la observación de los demás hombres se corresponden mutuamente. Una sería inútil sin la otra. No se trata, pues, aquí, como sucede en un autoexamen hecho por motivos religiosos, de una inspección de lo “interno”, ni de un ensimismarse como un ser solitario para probar y disciplinar sus deseos más recónditos según la voluntad de Dios, sino de una observación de sí mismo para adquirir una disciplina en el trato social (p.142).

No se puede calcular el grado ⁅de las consecuencias (aclaración mía)⁆ de un desahogo afectivo. Descubre los verdaderos sentimientos de la persona en cuestión en un grado que, por no ser calculado, puede ser perjudicial; quizá da triunfos a los que compiten con uno por el favor y el prestigio. Da, finalmente y sobre todo, un signo de inferioridad; y ésta es precisamente la situación que más teme el cortesano. La competencia de la vida cortesana obliga así a un control de los afectos en favor de una conducta exactamente calculada y matizada en el trato con los hombres (p.151).

19 noviembre, 2013

Don Quijote sobre la imitación de los clásicos


Eneas (palacio de Schönbrunn, Viena)

Eneas (palacio de Schönbrunn, Viena) (Photo credit: Alfor)

Digo asimismo que cuando algún pintor quiere salir famoso en su arte procura imitar los originales de los más únicos pintores que sabe, y esta mesma regla corre por todos los más oficios o ejercicios de cuenta que sirven para adorno de las repúblicas, y así lo ha de hacer y hace el que quiere alcanzar nombre de prudente y sufrido, imitando a Ulises, en cuya persona y trabajos nos pinta Homero un retrato vivo de prudencia y de sufrimiento, como también nos mostró Virgilio en persona de Eneas el valor de un hijo piadoso y la sagacidad de un valiente y entendido capitán, no pintándolo ni descubriéndolo como ellos fueron, sino como habían de ser, para quedar ejemplo a los venideros hombres de sus virtudes.

Don Quijote de la Mancha, I,xxv

21 octubre, 2013

Lope de Vega: el amor, causa de la civilización


Amor, con fuerza süave,
dio al hombre el saber sentir;
dio leyes para vivir
político, honesto y grave.
Amor repúblicas hizo;
que la concordia nació
de amor, con que a ser volvió
lo que en la guerra se deshizo.
Amor dio lengua a las aves,
vistió la tierra de frutos,
y, como prados enjutos,
rompió el mar con fuertes naves.
Amor enseñó a escibir
altos y dulces concetos,
como de su causa efetos.
Amor enseñó a vestir
al más rudo, al más grosero;
de la elegancia fue amor
el maestro; el inventor
fue de la versos primeros;
la música se le debe
y la pintura…

La dama boba, II, 1099-1120

21 octubre, 2013

Lope de Vega: definición cultista de la prosa poética


Hay dos prosas diferentes:
poética y historial.
La historial, lisa y leal,
cuenta verdades patentes,
con frase y términos claros;
la poética es hermosa,
varia, culta, licenciosa,
y escura aun a ingenios raros:
y tiene mil exornaciones
y retóricas figuras.

La dama boba, I, v.293-302