Posts tagged ‘Ernest Renan’

8 febrero, 2014

Gutiérrez Nájera sobre E. Renan (así se honra a los muertos)


La prosa del modernismo se expande en curvas art nouveau y se concentra en destellos visionarios y penetrantes. Elijo algunos del homenaje póstumo que dedica Manuel Gutérrez Nájera a Renan; en especial: porque las aves no se arrodillan nunca. Gutiérrez Nájera, que no era ajeno al pensamiento especulativo (como lo muestra en “El arte y el materialismo“), se concentra en esta prosa en lo poético y lo existencial de la obra renaniana, de modo que, quien no esté advertido, podría no darse cuenta de que el francés era todo un erudito decimonónico y un conocedor de la filosofía alemana, y no sólo un gran escritor y un espíritu sensible.

Subrayo sólo tres detalles más: el odio reaccionario contra Renan y su incapacidad de leerlo sin deformarlo, lo que bien estudia el autor de Renan en España;  lalúcida recepción por Gutiérrez Nájera dell famoso sueño de Jean Paul Richter, lo que bien destaca José Luis Martínez en el estudio preliminar de la antología de la cual entresaco estos pasajes; y el par de lugares en los que Gutiérrez Nájera habla sobre Renan usando metáforas que parecen anunciar (¿o que inspiraron?) el San Manuel Bueno, mártir de Miguel de Unamuno.

Temo que no podré nunca resignarme a dormir en la almohada de Epicuro para soñar los sueños de Platón; pero ese ánimo noble, lleno de amor humano, que se divinizaba a la luz silente del recuerdo; ese nostálgico de inmortalidad y de verdad; ése que no mintió y que fue leal a su conciencia; ese que tuvo flores imperecederas para los dioses muertos en su fe y que no desdeñó nunca a la esperanza […]; ese gran huérfano, era de los vivos que yo amaba por sinceros, por enamorados de la belleza eterna, y también —¡es verdad!— por infelices.

Toda la existencia de Renan es una perpetua, inútil correría por Tierra Santa. Ni su fe ida, ni su hermana muerta revivieron. Volvió desnudo como la verdad, y triste como ella. No engañó, dijo todo: —¡Yo no tengo nada!

Con haber ocultado su incredulidad, con haber dicho hermosamente el salmo que esperaban las piadosas muchedumbres, habría sido por fuerza el sumo sacerdote, el corifeo de la oración.

Cuando la materia de Renan dormita,el pensamiento de ese nostálgico, a modo de golondrina que busca el viejo nido en la torre de un templo, vuelve a su amado [seminario de]  San Sulpicio, y desde la ventana, sin arrodillarse, porque las aves no se arrodillan nunca, oye la misa.

Había bajado Renan a las profundidades de las lenguas semíticas para hallar la palabra sagrada; mas no pudo hallarla. Había dicho a la estatua: —¡Sé dios!, pero no se animó aquel blanco mármol, como antes se había animado el de la amante Galatea.

¡Y cómo me indigna ver lo que ya ese pensador había previsto: la lluvia de injurias cayendo sobre la losa de la tumba! ¡Para él, que amó tanto a su fe muerta y que mantuvo siempre viva la oscilante lámpara de la esperanza, los que tienen deber de amar no han tenido ni tienen caridad!

Mi artículo sobre Renan produjo, en cierta prensa, una marejada de insultos, que se rompe en el pedestal de la estatua levantada por laadmiración universal a ese hombre honrado y grande. Dije que su método filosófico no era el mío; y con toda mala fe hanme querido presentar como incondicional devoto suyo.

Este libro del gran artista de la palabra,  del más sincero y triste de los pensadores, causa el propio efecto doloroso que aquel canto de Juan Pablo Richter, en el que aparecen resucitados, redivivos, todos los niños que murieron, y tienden las manos y dicen a Jesús crucificado: —Jesús, Jesús, ¿ya no tenemos padre? Y Jesús les responde: —Hijos del siglo, todos somos huérfanos.

Acontecíale lo que a todos los demoledores de templos, lo que a todos los iconoclastas. […] El templo cambiade inquilinos, pero siempre es templo. En el sobre de la oración escrita, va otro nombre; pero siempre es oración lo que va adentro.

De modo que las torres de las catedrales, las torres cuyas agujas góticas parecen precavernos y salvarnos de los rayos divinos, están bien clavadas en la tierra, y no hay poder humano suficiente a arrancarlas. Necesitamos hablar de lo eterno.El materialismo hace eterna la materia. Él se hace Dios, puesto que puede concebir la eternidad, y se desposa con lo inanimado.

Hacer que crean y esperen y amen las buenas almas, es lo que desea y lo propone hacer el que no cree.

“Ernesto Renan”, 1892. En Obras. Estudio y antología general de José Luis Martínez, p.466-471.

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26 diciembre, 2013

Ernest Renan: despedir a los dioses muertos


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Un inmenso río de olvido nos arrastra a un precipicio sin nombre. Oh abismo, tú eres el Dios único. Las lágrimas de todos los pueblos son verdaderas lágrimas; los sueños de todos los sabios encierran parte de la verdad. Todo aquí abajo no es más que símbolo y sueño. Los dioses pasan como los hombres, y no sería bueno que fuesen eternos. La fe que se ha tenido no debe ser jamás una cadena. Se la deja atrás cuando uno la ha enredado cuidadosamente a la mortaja de púrpura en la que duermen los dioses muertos.

Final de la “Oración sobre la Acrópolis”, Souvenirs d’enfance et de jeunesse. Traducción mía, con dudas. El libro puede consultarse en Gallica.

6 diciembre, 2013

Tres templos sumergidos: Renan, López Velarde, Unamuno


Y no debemos olvidar La catedral sumergida, de Claude Debussy.

Ernest Renan: del prefacio a Souvenirs d’enfance et de jeunesse (1883)

Una de las leyendas más difundidas en Bretaña es la de la supuesta ciudad de Is, la cual, en una época desconocida, habría sido engullida por el mar. Se muestra, en diversos puntos de la costa, el emplazamiento de esta fabulosa ciudad, y los pescadores le narrarán extraños relatos. Los días de tormenta, aseguran, las puntas de los campanarios de sus iglesias asoman entre la olas; los días de calma, se escucha subir desde el abismo el tañer de sus campanas, modulando el himno del día. Con frecuencia me parece que tengo en el fondo del corazón una ciudad de Is que siempre se obstina en tañer sus campanas para convocar al oficio sagrado a unos fieles que no escuchan ya. A veces me inclino para prestar mis oídos a esas trémulas vibraciones, que me parecen venir de profundidades infinitas, como voces de otro mundo. Conforme se aproxima la vejez, sobre todo, me complace, durante el reposo del verano, recoger estos distantes sonidos de una Atlántida desaparecida.

Ramón López Velarde: “El sueño de los guantes negros” (1921)

Soñé que la ciudad estaba dentro
del más bien muerto de los mares muertos.
Era una madrugada del Invierno
y lloviznaban gotas de silencio.

No más señal viviente, que los ecos
de una llamada a misa, en el misterio
de una capilla oceánica, a lo lejos.

De súbito me sales al encuentro,
resucitada y con tus guantes negros.

Para volar a ti, le dio su vuelo
el Espíritu Santo a mi esqueleto.

Al sujetarme con tus guantes negros
me atrajiste al océano de tu seno,
y nuestras cuatro manos se reunieron
en medio de tu pecho y de mi pecho,
como si fueran los cuatro cimientos
de la fábrica de los universos.

¿Conservabas tu carne en cada hueso?
El enigma de amor se veló entero
en la prudencia de tus guantes negros.

¡Oh, prisionera del valle de México!
Mi carne [urna] de tu ser perfecto;
quedarán ya tus huesos en mis huesos;
y el traje, el traje aquel, con que su cuerpo
fue sepultado en el valle de México;
y el figurín aquel, de pardo género
que compraste en un viaje de recreo.

Pero en la madrugada de mi sueño,
nuestras manos, en un circuito eterno
la vida apocalíptica vivieron.

Un fuerte [ventarrón] como en un sueño,
libre como cometa, y en su vuelo,
la ceniza y [la hez] del cementerio
gusté cual rosa [entre tus guantes negros].

Nota de José Luis Martínez en su ed. de la colección Archivos: “En lugar de los puntos suspensivos que indicaban las palabras ilegibles en el original, se añaden, entre corchetes, posibles complementos de un colaborador anónimo.

Miguel de Unamuno: San Manuel Bueno, mártir (1930)

Y al llegar a lo de «creo en la resurrección de la carne y la vida perdurable» la voz de Don Manuel se zambullía, como en un lago, en la del pueblo todo, y era que él se callaba. Y yo oía las campanadas de la villa que se dice aquí que está sumergida en el lecho del lago -campanadas que se dice también se oyen la noche de San Juan- y eran las de la villa sumergida en el lago espiritual de nuestro pueblo; oía la voz de nuestros muertos que en nosotros resucitaban en la comunión de los santos.

[…]
-Ya sabes que dicen que en el fondo de este lago hay una villa sumergida y que en la noche de san Juan, a las doce, se oyen las campanadas de su iglesia.
-Sí -le contestaba yo-, una villa feudal y medieval…
-Y creo -añadía él- que en el fondo del alma de nuestro Don Manuel hay también sumergida, ahogada, una villa y que alguna vez se oyen sus campanadas.
-Sí -le dije-, esa villa sumergida en el alma de Don Manuel, ¿y por qué no también en la tuya?, es el cementerio de las almas de nuestros abuelos, los de esta nuestra Valverde de Lucerna… ¡feudal y medieval!

-Y creo -añadía él- que en el fondo del alma de nuestro Don Manuel hay también sumergida, ahogada, una villa y que alguna vez se oyen sus campanadas.

5 diciembre, 2013

¿Previendo la Posmodernidad en 1883?


Incluso es posible que nuestro tiempo, algún día, sea considerado el punto culminante después del cual la humanidad no habrá hecho más que decaer.

Ernest Renan, prefacio a los Souvenirs d’enfance et de jeunesse.

4 diciembre, 2013

E. Renan: una defensa del laicismo por un progresista del s. XIX


La meta del mundo es el desenvolvimiento del espíritu, y la primera condición para el desenvolvimiento del espíritu es su libertad. El peor estado de la sociedad, desde este punto de vista, es el estado teocrático, como el islamismo o los antiguos Estados Pontificios, donde el dogma reina directamente de una manera absoluta. Los países con una religión de Estado excluyente como España no valen mucho más. Los países que reconocen una religión de la mayoría tienen inconvenientes igualmente graves. En nombre de las creencias reales o supuestas del mayor número, el Estado se cree obligado a imponer al pensamiento exigencias que éste no puede aceptar. La creencia o la opinión de los unos no puede ser una cadena para los otros. Mientras han existido masas de creyentes ―es decir, opiniones aceptadas casi universalmente en una nación― la libertad para investigar y discutir no ha sido posible. Un colosal pie de estupidez ha oprimido al espíritu  humano. La espantosa aventura de la Edad Media, esa interrupción de mil años en la historia de la civilización, se debe menos a los bárbaros que al triunfo del espíritu dogmático sobre las masas.

Ernest Renan, prefacio a los Souvenirs d’enfance et de jeunesse. El original se puede consultar en Gallica, sitio web de la Biblioteca Nacional francesa.

3 diciembre, 2013

Asco no reaccionario frente a la sociedad de masas: E. Renan


Harry Clarke, ilustración para “El hombre de la multitud” de Poe

En el siglo XIX, muchos intelectuales y artistas, incapaces de volverse reaccionarios, e incluso entusiasmados con la “marcha del Progreso” (entonces había progreso, y merecía la mayúscula), no dejaban de sentir extrañeza y desagrado frente a la cultura propia de la nueva sociedad de masas. Se sentían como una aristocracia del espíritu. Flaubert, Nietzsche, muchos de nuestros modernistas… Para muchos de ellos, Renan les fue de una gran ayuda para expresar, con precisión y serenidad, este sentimiento y las ideas correspondientes.

El mundo marcha hacia una suerte de americanismo que ofende a nuestras ideas refinadas, pero que, una vez pasadas las crisis de la hora actual, podría muy bien no ser peor que el Antiguo Régimen para lo único importante, esto es, la liberación y el progreso del espíritu humano. Una sociedad en la que la distinción personal vale poco; donde el talento y el ingenio carecen de estima oficial; donde las funciones elevadas no ennoblecen; donde la política se vuelve un oficio para los desclasados y para gente de tercer orden; donde las recompensas de la vida van de preferencia a la intriga, a la vulgaridad, al charlatanismo que cultiva el arte de la propaganda, a la marrullería que ciñe hábilmente los límites del código penal, una sociedad semejante, digo, no sabrá complacernos.

Ernest Renan, prefacio a los Souvenirs d’enfance et de jeunesse, 1883. El original se puede leer en Gallica.

2 diciembre, 2013

El autoengaño como necesidad de la vida: Renan (antes que Nietzsche)


Quand on a le droit de se tromper impunément, on est toujours sûr de réussir.
Cuando uno tiene el derecho de engañarse impunemente, siempre está seguro de tener éxito.

Ernest Renan, prefacio a los Souvenirs d’enfance et de jeunesse.

22 octubre, 2013

Renan, cercano a la “hermenéutica de la sospecha”


Para el filólogo, un texto no tiene más que un sentido; pero, para el espíritu que ha puesto en ese texto su vida y sus complacencia toda, para el espíritu humano que a cada hora experimenta nuevos anhelos, la interpretación escrupulosa del filólogo no puede bastarle. Es menester que el texto que ha adoptado resuelva todas sus dudas; satisfaga todos sus deseos […]. El contrasentido en las épocas de autoridad es como el desquite que toma el espíritu humano contra la infalibilidad del texto oficial […]. ¿Qué sería de la humanidad si desde hace dieciocho siglos hubiera entendido la Biblia con los léxicos de Gesenius y de Bretschneider? No se crea nada con un texto que se comprende demasiado exactamente. La interpretación verdaderamente fecunda, que en la autoridad aceptada de una vez para siempre sabe hallar respuesta a las exigencias sin cesar renacientes de la naturaleza humana, es obra de la conciencia más que de la filología.

Ernest Renan, en Francisco Pérez Gutiérrez, Renan en España, p.209

16 octubre, 2013

Una muestra de por qué se llamó “impío” a Ernest Renan


Ernest Renan par Jean Béraud

Ernest Renan par Jean Béraud (Photo credit: Wikipedia)

Tratar de explicar estos relatos [los referidos a hechos sobrenaturales] y reducirlos a leyendas no es mutilar los hechos en nombre de la teoría; es partir de la observación misma de los hechos. Ninguno de los milagros de que están llenas las viejas historias ha sucedido en condiciones científicas. Una observación que no ha sido desmentida un sola vez nos enseña que no suceden milagros sino en las épocas y en lo países en que se cree en ellos, y delante de las personas dispuestas a creer en ellos. Ningún milagro se ha realizado ante una reunión de hombres capaces de comprobar el carácter milagroso de un hecho. Ni las personas del pueblo, ni la gente de la alta sociedad son competentes en ello. Se necesitan grandes precauciones y un largo hábito de las investigaciones científicas. ¿No se ha visto en nuestros días a casi toda la sociedad víctima de groseros prestigios y de pueriles ilusiones? […]. Ya que es cosa averiguada que ningún milagro contemporáneo soporta la discusión ¿no será probable que los milagros del pasado, todos los cuales se realizaron en reuniones populares, nos ofrecerían igualmente, si nos fuese posible analizarlos en detalle, su parte de ilusión?

Vida de Jesús, p.74-75.

16 octubre, 2013

Ernest Renan: recordar e idealizar (2)


Puede decirse que, entre las anécdotas, los discursos y las frases célebres referidas por los historiadores, no existe uno solo rigurosamente auténtico. ¿Había taquígrafos que fijasen aquellas palabras rápidas? ¿Había un analista siempre presente para anotar los gestos, las actitudes, los sentimientos de lo actores?

Vida de Jesús, p.72-73.