Posts tagged ‘erotismo’

29 agosto, 2015

El precio de la sensualidad


Are lordships sold to maintain ladyships
for the poor benefit of a bewildering minute?

Cyril Tourneur (dramaturgo inglés, 1575-1626), The avenger’s tragedy

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3 junio, 2015

Un pasaje de Galdós que ojalá hubiera adaptado Buñuel


La moza tenía pañuelo azul claro por la cabeza y un mantón sobre los hombros, y en el momento de ver al Delfín, se infló con él, quiero decir, que hizo ese característico arqueo de brazos y alzamiento de hombros con que las madrileñas del pueblo se agasajan5 dentro del mantón, movimiento que les da cierta semejanza con una gallina que esponja su plumaje y se ahueca para volver luego a su volumen natural.
Juanito no pecaba de corto, y al ver a la chica y observar lo linda que era y lo bien calzada que estaba, diéronle ganas de tomarse confianzas con ella.
-¿Vive aquí -le preguntó- el Sr. de Estupiñá?
-¿D. Plácido?… en lo más último de arriba -contestó la joven, dando algunos pasos hacia fuera.
Y Juanito pensó: «Tú sales para que te vea el pie. Buena bota»… Pensando esto, advirtió que la muchacha sacaba del mantón una mano con mitón encarnado y que se la llevaba a la boca. La confianza se desbordaba del pecho del joven Santa Cruz, y no pudo menos de decir:
-¿Qué come usted, criatura?
-¿No lo ve usted? -replicó mostrándoselo- Un huevo.
-¡Un huevo crudo!
Con mucho donaire, la muchacha se llevó a la boca por segunda vez el huevo roto y se atizó otro sorbo.
-No sé cómo puede usted comer esas babas crudas -dijo Santa Cruz, no hallando mejor modo de trabar conversación.
-Mejor que guisadas. ¿Quiere usted? -replicó ella ofreciendo al Delfín lo que en el cascarón quedaba.
Por entre los dedos de la chica se escurrían aquellas babas gelatinosas y transparentes. Tuvo tentaciones Juanito de aceptar la oferta; pero no; le repugnaban los huevos crudos.
-No, gracias.
Ella entonces se lo acabó de sorber, y arrojó el cascarón, que fue a estrellarse contra la pared del tramo inferior.

Benito Pérez Galdós: Fortunata y Jacinta, 1a parte, III.

29 abril, 2015

Belleza, profanación y sacrificio (Bataille)


Si la belleza, cuyo logro es un rechazo de la animalidad, es apasionadamente deseada, es que en ella la posesión introduce la mancha de lo animal. Es deseada para ensuciarla. No por ella misma, sino por la alegría que se saborea en la certeza de profanarla.
En el sacrificio, la víctima era elegida de tal manera que su perfección acabase de tornar sensible la brutalidad de la muerte.

Georges Bataille, El erotismo. T. Antoni Vicens. Tusquets, 2008.

16 abril, 2015

Georges Bataille: la belleza femenina


En general, a un hombre o a una mujer se les juzga en la medida en que sus formas se alejan de la animalidad.
[…] El valor erótico de las formas femeninas está vinculado, me parece, a la disipación de esa pesadez natural que recuerda el uso material de los miembros y la necesidad de una osamenta; cuanto más irreales son las formas, menos claramente están sujetas a la verdad animal […].
[…] Pero la verdad contraria, que sólo se impone en un lugar segundo, no está menos garantizada. La imagen de la mujer deseable, la primera en aparecer, sería insulsa -no provocaría el deseo- si no anunciase, o no revelase, al mismo tiempo, un aspecto animal secreto, más gravemente sugestivo. […] La belleza negadora de la animalidad, que despierta el deseo, lleva, en la exasperación del deseo, a la exaltación de las partes animales.

Georges Bataille, El erotismo. Trad. Antoni Vicens. Tusquets, 2008.

28 marzo, 2015

Georges Bataille: La prostitución sagrada


En principio, la prostitución sólo es una manera de consagrarse. Ciertas mujeres […] se convertían en instrumento de un trabajo doméstico, en particular agrícola. A otras, la prostitución las transformaba en objetos del deseo masculino; […] anunciaban el instante que, en el abrazo, no había nada que no desapareciera […]. En la prostitución más antigua, si la prostituta recibía sumas de dinero o cosas preciosas, era como don; y ella empleaba los dones que recibía para sus gastos suntuarios y para los aderezos que la harían más deseable. Aumentaba así el poder que desde el comienzo había tenido de atraer hacia sí los dones de los hombres más ricos. La ley de ese intercambio no era, pues, la transacción mercantil. […] Esta suerte de intercambio […] se abría a la desmesura. La provocación del deseo quemaba; podía consumir hasta su fin la riqueza; podía consumir la vida de aquel cuyo deseo provocaba.

Georges Bataille, El erotismo. T. A. Vicens. Anagrama, 2008.

14 diciembre, 2014

“La lucidez no es totalmente lúcida”


Sketch for the "Die Puppe" series, 1932

Sketch for the “Die Puppe” series, 1932 (Photo credit: Wikipedia)

Si sólo es una negación del delirio, la lucidez no es totalmente lúcida, es un poco todavía el miedo de llegar hasta el final, convertido en aburrimiento, es decir, en desdén de un objeto que la excede. Razonamos con nosotros mismos y nos decimos: este objeto no posee en sí mismo el valor que le otorga el deseo.

Georges Bataille, Lo imposible, “Historia de ratas”, 1er cuaderno. T. Margo Glentz.

5 noviembre, 2014

Georges Bataille: erotismo y vida interior


El erotismo es uno de los aspectos de la vida interior del hombre. En este punto solemos engañarnos, porque continuamente el hombre busca fuera un objeto del deseo. La elección de un objeto depende siempre de los gustos personales del sujeto; incluso si se dirige a la mujer que casi todos elegirían, lo que suele entrar en juego es un aspecto intangible, no una cualidad objetiva de esa mujer. Esa mujer podría no tener, si no nos afectase en nuestro ser interior, nada que forzase la preferencia.

Georges Bataille, El erotismo, p. 33. T. Antonio Vicens. Tusquets.