Posts tagged ‘imaginación del agua’

10 marzo, 2016

Juana de Ibarbourou: “El estanque”


El estanque es profundo. Nadie sabe su hondura.
Y rodeado de sauces es tan quieto, que apenas
Cuando el viento está loco, su agua lacia se ondula
Con un gesto lentísimo de persona que sueña.

El estanque me tienta con su aspecto hechizado.
Él no sabe de patos, de alguaciles ni ranas,
Día a día yo vengó a tirarle guijarros
Que calladas se tragan las inmóviles aguas.

Si una tarde mi cuerpo ardoroso y delgado,
Al estanque, lo mismo que un pedrusco, resbala,
Con idénticos gestos misteriosos, pausados,
Cerrará detrás suyo sus dos labios el agua.

Será un círculo ancho y ondulante, primero.
Luego otros y otros más pequeños y graves.
Después, nada… La calma, la tersura, el silencio,
Y otra vez el reflejo verde-luz de los sauces.

Raíz salvaje, 1922. (Buenos Aires: Losada, 1965).

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31 agosto, 2015

Juana de Ibarbourou: La laguna


La noche es suave y muelle
tal cual si fuera hecha
con los vellones blandos
de alguna oveja negra.

No hay luna. Vago a oscuras
por el campo hechizado.
Huelo frescor de juncos,
de sauces y de álamos.

Voy junto a la laguna,
¡oh misterio del agua!
El agua es un ser vivo
que me contempla y calla.

La laguna, esta noche,
parece pensativa.
Mi alma se alarga a ella
como una serpentina.

¡Cuánto me gusta el agua!
¡Cuánto me gusta el agua!
Hacia ella se inclina
cual un junco mi alma.

Acaso, en otra vida
ancestral, yo habré sido
antes de ser de carne,
cisterna, fuente o río…

Juana de Ibarbourou: Raíz salvaje, 1924

10 febrero, 2015

Complejo de Ofelia en Cioran


Soñaba con el olvido en el reino de las aguas del alma, imaginaba mares tranquilos de no-ser y de paz y me despertaba en medio de olas encrespadas por los sudores del miedo.

E. M. Cioran, Breviario de los vencidos. T. del rumano por Joaquín Garrigós. México: Tusquets, 2010.

23 abril, 2014

Bachelardiana: Santa Teresa de Jesús, poeta del agua


 

O POZO DA FERIDA II

O POZO DA FERIDA II (Photo credit: ALFONSO1979 )

 

Hagamos cuenta, para entenderlo mejor, que vemos dos fuentes con dos pilas que se hinchen de agua, que no me hallo cosa más a propósito para declarar algunas de espíritu que esto de agua; y es, como sé poco y el ingenio no ayuda y soy tan amiga de este elemento, que le he mirado con más advertencia que otras cosas; que en todas las que crió tan gran Dios, tan sabio, debe haber hartos secretos de que nos podemos aprovechar, y así lo hacen los que lo entienden, aunque creo que en cada cosita que Dios crió hay más de lo que se entiende, aunque sea una hormiguita.

 

Santa Teresa de Jesús, Castillo interior. Cuentas de conciencia.
Moradas Cuartas, cap.2. Madrid: BACs, 2006 (Clásicos de Espiritualidad).

 

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21 enero, 2014

Juan Ramón Jiménez: El regante granadino


Granada Generalife waterstairs 7698 7

Granada Generalife waterstairs 7698 7 (Photo credit: Wikipedia)

Se puede hallar en más de un blog; de todas maneras, siempre he querido incluir esta prosa de Juan Ramón. Cuando la lean, comprenderán por qué.

Al oscurecer estaba ya sentado en la escalerílla del agua, Generalife, Granada sola, cansado con la delicia de una tarde de sucesivo goce paradisíaco, sumido sombra sin peso ni volumen, en la sombra grande que crecía, tintando moradamente, nutriéndolo todo de celeste transparencia, hasta dejar desnudas y en su punto las estrellas.

El agua me envolvía con rumores de color y frescor sumos, cerca y lejos, desde todos los cauces, todos los chorros y todos los manantiales. Bajaba sin fin el agua junto a mi oído, que recojía, puesto a ella, hasta el más fino susurro, con una calidad contajiada, de esquisito instrumento maravilloso de armonía; mejor era, perdido en sí, no ya instrumento, música de agua, música hecha agua sucesiva, interminable. Y aquella música del agua la oía yo más cada vez y menos al mismo tiempo; menos, porque ya no era esterna, sino íntima, mía; el agua era mi sangre, mi vida, y yo oía la música de mi vida y mi sangre en el agua que corría. Por el agua yo me comunicaba con el interior del mundo. Se oía más finamente cada vez el agua granadí, a medida que el aire oscurecía y a medida que el agua sonaba; y me afinaba más, más sonando y resonando el alma, hasta hacerme no oír, decir siendo lo que ella sin duda era o decía.

…Me di cuenta, de reojo, que una sombra estrecha de hombre estaba de pie apoyada en lo blanco mate, todo solo y silencio, oído total absorto, hecho sombra aguda de hombre; otra sombra como yo, en la baranda dela escalera. Me pareció que se acercaba con esmero y vaguedad. En fin, habló en un tono que no impedía nada mi oir el agua. Y:

“Oyendo el agua, ¿eh?”

“Si, señor, le contesté poniéndome de pie en mi sueño. Y a usted también parece que le gusta oírla.”

Entre los dos, yo en un descanso empedradillo de la escalera, él del otro lado del pretil, el agua seguía viniendo, mirándonos cada segundo un instante, huyendo luego, deteniéndose quizá un punto para mirar arriba, hablando para abajo, cantando, sonriendo, sonllorando, perdiéndose, saliendo otra vez, con hipnotizante presencia y ausencia, con no sé que verdad y no sé qué mentira.

“No me ha de gustar, señor. me dijo, si hace ya treinta años que la estoy oyendo.”

“Treinta años”, le dije desde no sé qué fecha y sin saber bien los años que le decía mi boca.

“Figúrese usted las cosas que ella me habrá dicho.” Y luego: “Lo que he oído.”

Y se deslizó noche abajo, y se perdió en lo oscuro y en el agua.

Juan Ramón Jiménez, El trabajo gustoso (conferencias). México: Aguilar, 1961. Sel.y pról. Francisco Garfias, p.25-26.

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19 febrero, 2013

Carlos Pellicer: “Iguazú”


Saltos sobre el Río Iguazú desde el sendero br...

De Piedra de sacrificios; poema iberoamericano, 1924. En este libro (reeditado por el FCE y también, creo, por El Equilibrista), los títulos vienen como se ve en esta entrada: al final del texto y cargados a la derecha, en cursivas.

Agua de América,
agua salvaje, agua tremenda,
mi voluntad se echó a tus ruidos
como la luz sobre la selva.
Agua poderosa y terrible,
tu trueno es el mensaje
de las razas muertas a la gran raza viva
que alzará en años jóvenes la pirámide
de las renovaciones cívicas.
Desde los anfiteatros donde toca tu orquesta
se descuelgan las ráfagas sinfónicas
de la gracia y de la fuerza.
Y así desde México sigo
creyendo que las aguas de América
caen tan cerca de mi corazón,
como la sangre en las liturgias aztecas.
Lo mismo que frente al Tequendama
cuya catarata pasó por mis propias arterias,
ante ti el motor de mi ser centuplica
la libertad heroica de sus ansias
y enciende la voz del olvido
sobre sus horas trágicas.
Las grandes aguas del Señor
iluminan la sombra de las almas.
Y cantan las aguas la leyenda
de la selva que camina por las montañas
de las maderas ágiles que llegan
a pintar los paisajes coronados de pájaros
con sus banderas verdes y sus bejucos largos.
El agua del Iguazú se derrumba a grandes gritos
o cae en simple mediodía;
numera el infinito
igual en una cuerda que en locas griterías.
Se echa abajo rodando en franjas gruesas
o se deshila sutilmente;
echa a rodar dos mil cabezas
o aligera el destino de una frente.
Está cañoneando el abismo
con su artillería sin tregua.
En otro salto brinca como un niño
y en otro salto solamente sueña.
El río da cincuenta saltos
y en cada salto tiene una voz diversa.
Iguazú, Iguazú, Iguazú, Iguazú.
Con tambores gigantes llama a reunión a la selva;
con violines agudos atrae a la golondrina.
En re mayor toca un gran piano más lejos;
se inclina sobre los follajes como una lira
que conquista al hombre o al lucero
y en las guijas de abajo toca flautas líquidas.
Agua del Iguazú, agua grande, agua soberbia,
mi voluntad será como la tuya,
numerosa y fanática,
sin temores ni exclusas.
Acampará a tu vera para elogiar la música
de las aguas de América,
retornará el instante que hizo brotar tus rumbos,
alcanzará tu juventud perpetua
y humilde o grande se alzará en el mundo,
como tu voz en medio de la selva.

Iguazú