Posts tagged ‘imaginación del aire’

23 noviembre, 2017

El pájaro, el halcón y el buda


Uno de los viejos budas anteriores a Sakia-Muni alcanzó el nirvana de un extraño modo. Un día vio un halcón que perseguía un pajarillo. Entonces le dijo al ave de presa: “Deja a esa linda criatura, te lo ruego; te daré de mi propia carne lo que pesa”. Inmediatamente bajó del cielo una pequeña balanza, y dio comienzo a la ejecución del trato. La avecilla se instaló cómodamente en uno de los platillos; en el otro, puso el santo una ancha tira de su carne, pero la flecha de la balanza no se movía. Trozo a trozo, fue pasando el cuerpo entero, sin que la balanza sufriese el más ligero estremecimiento. En el momento en que el último pedazo del cuerpo del santo hombre fue depositado en el platillo, éste descendió al fin, el pajarillo tendió su vuelo, y el santo entró en el nirvana. En cuanto al halcón, […] se sació de carne.

Ernest Renan, Recuerdos de infancia y juventud, Compañía General de Ediciones, 1951 (ed. original, 1883). T. Aurelio Garzón del Camino.

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14 febrero, 2017

“Las aves querenciosas del abismo” (Ramos Sucre)


… Pero las aves querenciosas del abismo escapan siempre de su atención y huyen a disiparse en la inmensidad.

José Antonio Ramos Sucre, “Las aves de la visionaria”, La torre de Timón, 1925.

13 septiembre, 2015

Juana de Ibarbourou: Los pinos


Yo digo ¡pinos! y siento
Que se me aclara el alma.
Yo digo ¡pinos! y en mis oídos
Rumorea la selva.
Yo digo ¡pinos! y por mis labios pasa
La frescura de las fuentes salvajes.

¡Pinos, pinos, pinos! Y con los ojos cerrados,
Veo la hilacha verde de los ramajes profundos,
Que recortan el sol en obleas desiguales
Y lo arrojan, como puñados de lentejuelas,
A los caminos que bordean.

Yo digo ¡pinos! y me veo morena,
Quinceabrileña.
Bajo uno que era amplio como una casa,
Donde una tarde alguien puso en mi boca,
Como un fruto extraordinario,
El primer beso amoroso.
Y todo mi cuerpo anémico tiembla
Recordando su antiguo perfume a yerbabuena.

Y me duermo con los ojos llenos de lágrimas,
Así como los pinos se duermen con las ramas
Llenas de rocío.

Juana de Ibarbourou, Raíz salvaje, 1922

9 junio, 2015

Luis Carrillo y Sotomayor (1586-1610): A los despojos del rayo de Júpiter


La caída de los Titanes, 1637 Peter Paul Rubens

Peter Paul Rubens: La caída de los Titanes, 1637

Viste de ejemplo el tronco y de fiereza
éste que ves, centímano arrogante;
aun muerto, dura en el feroz semblante
el ánimo que opuso a tanta alteza.

Parias en humildad da a la grandeza
del siempre vencedor Altitonante;
y así el árbol, humilde, el arrogante
rostro humilla, humillando su cabeza.

Señales mira en él del rayo ardiente
de Júpiter; respeta los despojos,
oh tú, que admiras, triste, esta memoria.

Frescas aún viven en la altiva frente;
toma en ella consejo, abre los ojos,
y vete, que harto debes a su historia.

Notas
Centímanos: Gigantes de cien brazos.
El Altitonante: Júpiter (el que lanza truenos desde lo alto).
Parias: Tributo que pagaba un príncipe a otro en reconocimiento de superioridad (RAE).

22 noviembre, 2014

22 de noviembre, 16:20 aprox., Ciudad de México


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26 septiembre, 2014

Imágenes de violencia atmosférica en J. de Espronceda


…Do tus negros informes pensamientos,
las nubes que en oscuro remolino
sobre ella apiñan encontrados vientos
y el raudo surco de amarilla lumbre…

… … …

Sobre las alas / cabalgué yo del huracán sombrío…

… … …
Este vertiginoso e incesante
movimiento del ánimo y trastorno…

Todas las citas vienen del fragmento “El ángel y el poeta”. Se puede consultar aquí.

2 abril, 2014

Una imagen épica en Ramón del Valle-Inclán


Don Carlos calling the Navarrese in 1833.

Don Carlos calling the Navarrese in 1833. (Photo credit: Wikipedia)

En la carretera hicimos alto un instante. El viento de los montes nos azotó tempestuoso, helado, bravío, y nuestros ponchos volaron flameantes, y las boinas, descubriendo las tostadas frentes, tendiéronse hacia atrás con algo de furia trágica y hermosa. Algunos caballos relincharon encabritados, y fue un movimiento unánime el de afirmarse en las sillas.

Ramón del Valle-Inclán, Sonata de invierno, p.132.

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