Posts tagged ‘Larvario’

4 marzo, 2015

Ninfa Púrpura


A la Dama Blanca en la cúpula del fuego
Serpiente Llama en los campos de la Luna
El aire su palacio de corredores infinitos
el sueño columna hundida en su manantial de fuego

Señora de los Puentes Derruidos
piedra que erige los altísimos infiernos
Las constelaciones joyeles en tu loor
juramento celestial por el abismo

Pauta de la música tus falanges
medida el arco de tu pie
meditación la caracola de tu oído
La carne del dragón alimento de tus huestes
leño en la hoguera de tus muslos

El mono edificó tus murallas
el tigre ofició para tu altar
la parvada jade te anuncia por su algarabía
la tortuga sueña los perfumes de tu pecho
miel que guardas para el Sol que muerre

Tu daga separa de la escoria el oro
señala los caminos de la sangre
Tus uñas abren surcos para la flor del sueño
tu blasón la nada corroe las panoplias

Ninfa Púrpura canta en los corredores de la noche
sabe su amor sin ángeles ni estrellas

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4 marzo, 2015

Pastor de sombras


Alguien que guarda en su mano canciones para el fuego

Azores impasibles dibujan sobre él
la carta celeste de su noche más remota
y son como un lejano grito tan lejano
que ya sólo es rumor leyenda o epitafio

Y lee el azul con mirada que merece la noche
con mano de ciego enrarecido en la inaudible sombra
con susurro y silbo del que llama a quien no se ha ido
Y sonríe como un juego de cuchillos que se hunde en las quijadas
o como el aire tan alto que pasa y nada lleva
nada toca
no lo ve nadie
pero pasó

Y seguro en los senderos de la umbra
sólo conoce la ruta mejor del extravío
la útil para encallar en arena de escorpiones
para volar hasta hundirse en las estrellas
de la mandíbula del cangrejo celestial
Y serán sus pasos dunas en el aire o glifos en el fuego
lenta medusa en cordillera helada
borrón de otra luz en la página del Sol

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13 enero, 2015

Qué fuego de aire en los ojos de la sal


Qué fuego de aire en los ojos de la sal. Qué llanto gris en las alturas de la piedra. Qué sendero practicable en las líneas del fuego. Qué aire respirar en la casa de la noche. Con qué lengua decir cuanto nos mira la Luna. Con qué mano tomar lo que nos da el cielo. Con qué llama incendiar los castillos de la nada. Con qué día cortar la tela de la noche, coserla, a cuál dama de silencio deslizarla por el cuerpo, asir su mano, dejarse llevar a los dulcísimos abismos.

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17 noviembre, 2014

Cuando el silencio del Sol te amanezca


Y el árbol te pregunta qué sabes de hojas si no recibes al Sol con la palma de tu mano, si no has sentido el peso en tu mano como un pan maravilloso, como un bocado para el imposible mendigo, como un don que no podrás sostener y se hundirá en tus arterias, flotará por la corriente, navegará cabeza abajo hasta el absorto pozo del corazón, donde encallará, y qué grande día cuando el silencio del Sol te amanezca, qué imposible mañana en ascenso por los horizontes del pecho, qué extraña y negra palabra emergiendo por mi pecho como una voz inaudible con que se digan por fin las cosas de una en una, como la mano que en la primera noche fue encendiendo las estrellas de una en una.

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30 octubre, 2014

Sombra que me devora como el mar


Ésta es la sombra que me devora como el mar, silencio que es filo a ras de mí como la hoja que juzga lo que vale el trigo.
Otra vez me perpetúo como la línea en la mano del agua, que no se sabe con memoria y fluye pensándose ignorante.
Cuando el mar me escribió sobre la arena, me dijo durarás como la elección del fuego, que se prende en el madero y al fin se duerme en el tizón.
Sé de memoria el olvido: puedo deletrearlo con los ojos cerrados o con las pupilas líquidas, con las manos hundidas en la nata de la sombra, con mi boca ahíta de sabor a hielo. En este castillo se me colocó en las almenas para advertir la caída del viento y la bronca jauría de sus gritos.
Cuando esto pase me ocultaré en mí como aquella noche que le anochecer a la noche, con su aurora negra y con su ocaso negro escritos con la tinta de su propia negrura.
Y mientras digo esto las palabras se me hunden como clavos en la lengua, y los ríos hacia dentro llegan hasta mí como sonámbulos murmullos.

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29 octubre, 2014

Presencias


Suben a quemarse en los fuegos de la aurora
para alzar sus gritos inaudibles
como rayo que contesta al rayo

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28 octubre, 2014

No es mi voz sino que mi voz fue abolida


No tienen otra ansia que salir a la luz del día.
Jorge Luis Borges

No es mi voz sino que mi voz fue abolida,
no, aprisionada,
raíz a la que le dijeron busca abajo
pero hoy sabe que lo que busca es aire
y mueve sus puntas como dedos zapapicos.
“Soy el Ciervo Celestial”, dice mi voz,
“y mi corona fulge en la noche interna,
mi corona de rubíes que gestó la noche,
que ignoran la lengua de sus dobles subterráneos;
y al abrirse mis labios,
mis dientes tajan como astillas de la espada que forjó la noche;
y quieren también salir,
tajar el aire de la tierra
porque la tiniebla de aquí es fofa:
no es como los mármoles translúcidos del alba.
Yo soy el Ciervo Celestial,
joya en el arca del ladrón
y fue el propio dueño quien se la dio a robar.
Éstos son mis párpados,
hechos para guardar a los hombres de mi lumbre;
pero si el hombre no peligra,
pobres son mis párpados”.
Y mi voz brama,
y se acoge en un hueco a la espera,
como una gran peste que aún no se declara,
pero que ha nacido,
pero que ha nacido,
pero que ha nacido.

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26 octubre, 2014

Redoble de silencio restallante


Como un silencio largamente guardado
que por fin emerge,
un silencio bronce
que ensordece,
un redoble de silencio restallante,
un silencio marejada que todo lo abate,
manotazo de mar hasta la última arena del desierto,
la más alta claraboya de la noche,
mar fuetazo en el rostro de la Luna
y roce que enrojece la garganta del Sol.
Silencio que se clava firme en la tierra
para sacar a luz su pulpa
y dejar la tierra hueca, vana, miserable;
silencio que es todo o lo consume todo
porque buscó y no halla el oído que lo espere,
que lo acoja,
silencio inútil malgastado restallante
en la negra piel curtida
tensada sobre el hueco de los mundos.

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26 octubre, 2014

Las suaves señas de la quietud


No converses con el callado ángel del agua
no respondas a su mirar
su voz de labios juntos sin tensión
No se ha de responder
las suaves señas de la quietud
los calmos gestos de su durmiente ala
No seguirás a la niña
que cae por su blanco abismo
no escuches su palabra vacua
invitación a un palacio tumba
mausoleo terso
honras fúnebres de algodón y miel

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25 octubre, 2014

Pongo mi corazón en las manos del agua


Pongo mi corazón en las manos del agua
Para que lo lleve a puerto
lo dejo a las miradas y a las caricias del aire
a los murmullos de la noche
Que se confunda en el silencio de los muy altos cardúmenes
Que no sepa si es verde tortuga
múltiple gaviota
imprevisto delfín

                                 Acaso
–después   un periplo después–
al fin alguien sepa
allá en las tabernas de la memoria
a qué sabe el mullido cantar de la sirena
cuando sólo es cálido aliento junto al cuello
si es verdad que hay un vino imposible en sus labios
si en sus pechos halla el marinero
tardíos oráculos que ya no servirán
                                                    Acaso
Pero cuando yo entre
al sórdido local de las memorias
y me sirvan licores fuertes metalquehierve
y me prepare a escuchar relatos marineros
el de la taberna quizá disponga que ya se cierre
No habrá entonces más recuerdos
y no sabré ya si alguno de esos lamentables borrachos
fue mi corazón
si al fin tendré otra vez corazón
o si hubo naufragio en su Pequod de mentiras
o si olvidó y se ha vuelto gaviota
delfín   tortuga
espejo roto
abandonado en el escollo que desertaron las sirenas

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