Posts tagged ‘Literatura Española de los s. XVIII y XIX’

25 noviembre, 2019

Para todos los grupos


Saludos. Les escribo conservando la esperanza de que, después de la marcha de hoy, el movimiento de las paristas acepte las propuestas de la dirección de la facultad y devuelva mañana las instalaciones. He escuchado rumores ominosos acerca de posibles causas para que el paro se prolongue, pero no son más que rumores.
La dirección no ofrece gran claridad al respecto. Vean una captura del comunicado más reciente:

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Los grupos pequeños podrían reunirse conmigo en un café, pero no así Española del XX ni Española del XVIII-XIX. De todas maneras, de este último grupo vinieron pocas compañeras y un compañero la vez pasada. Aun queda la opción de las aulas virtuales de la propia UNAM, pero como sea hace falta el consenso de todos ustedes. Además de que no sé cuántos en los grupos quieran respaldar, o no sabotear,  el movimiento parista, como pueden ver en la captura del comunicado las evaluaciones quedan suspendidas hasta que escampe, como en Macondo.
Me despido con un triste hasta luego.

21 noviembre, 2019

Para todos los grupos


La dirección de la facultad ha entregado una respuesta a las estudiantes en paro: Comunicado-Respuesta_21nov2019 (sigan el vínculo). Las paristas la están analizando. Es posible, entonces, que el paro se levante para el lunes y podamos reanudar nuestras actividades, con modificaciones al calendario oficial de la facultad. Por ello será mejor suspender las reuniones de los viernes con Española XVIII-XIX y que esperemos al lunes para reorganizarnos en los demás grupos.
Que estén bien. Espero que nos veamos pronto.

muestra

13 noviembre, 2019

Otra para Española XVIII – XIX


Como quedamos la semana pasada, nos vemos en la Biblioteca Central este viernes, a las 6.

8 noviembre, 2019

Corrección para XVIII – XIX


Disculpen, cometí un error. Lo que sigue es Doña Perfecta, no los textos de Clarín y de Balzac sobre el realismo. Comentaremos, pues, Doña Perfecta. La cita es en las mesas del jardín interior de la Biblioteca Central.

18 octubre, 2019

Viernes 18 de octubre: paro


Atención grupo de Española del XVIII y el XIX: hoy no habrá clase. Causa: paro en la Facultad con motivo de la violación de una alumna en el CCH. Las fechas de los distintos temas serán recorridas. Veré si es posible reponer esta fecha.

12 agosto, 2019

La comedia según Leandro F. de Moratín


Francisco de Goya: La vendimiaPresento algunos fragmentos del “Discurso preliminar o Estado del teatro español en el siglo XVIII”, incluido por Moratín en sus obras dramáticas completas de 1825.
Fuente: Fernández de Moratín, L. La comedia nueva o El café. Ed. Nora Mazzotti. Centro Editor de América Latina, 1982, p. 81-87. Los encabezados son míos.

Esencia y fines de la comedia

Consideró Moratín que la comedia debe reunir las dos cualidades de utilidad y deleite, persuadido de que sería culpable el poeta dramático que no se propusiera otro fin en sus composiciones que el de entretener dos horas al pueblo sin enseñarle nada, reduciendo todo el interés de una pieza de teatro al que puede producir una sinfonía, y que teniendo en sus manos los medios que ofrece el arte para conmover y persuadir, renunciase a la eficacia de todos ellos, y se negara voluntariamente a cuanto puede y debe esperarse de tales obras en beneficio de la ilustración y la moral.
[…] Concibió […] que la comedia puede definirse así: “Imitación en diálogo (escrito en prosa o verso) de un suceso ocurrido en un lugar y en pocas horas entre personas particulares, por medio del cual, y de la oportuna expresión de afectos y caracteres, resultan puestos en ridículo los vicios y errores comunes en la sociedad, y recomendadas por consiguiente la verdad y la virtud”.

La “imitación de la Naturaleza”: precisiones

Imitación, no copia, porque el poeta, observador de la naturaleza, escoge en ella lo que únicamente conviene a su propósito, lo distribuye, lo embellece, y de muchas partes verdades compone un todo que es mera ficción; verosímil pero no cierto; semejante al original, pero idéntico nunca. Copiadas por un taquígrafo cuantas palabras se digan durante un año, en la familia más abundante de personajes ridículos, no resultará de su copia una comedia. En ésta, como en las demás artes de imitación, la naturaleza presenta los originales; el artífice los elige, los hermosea y los combina.
En diálogo, porque a diferencia de los demás géneros de la poesía, en que el autor siente, imagina, reflexiona, describe o refiere, en la dramática que produce poemas activos, se oculta del todo, y pone en la escena figuras que obrando en razón de sus pasiones, opiniones e intereses, hacen creíble al espectador (hasta donde la ilusión alcanza) que está sucediendo cuanto allí se presenta. La perspectiva, los trajes, el aparato escénico, las actitudes, el movimiento, el gesto, la voz de las personas, todo contribuye eficazmente a completar este engaño delicioso, resulta necesaria del esfuerzo de muchas artes.

El comediógrafo y su trabajo con el lenguaje

En prosa o en verso. La tragedia pinta a los hombres, no como son, sino como la imaginación supone que pudieron o debieron ser; por eso busca sus originales en naciones y siglos remotos. Este recurso, que le es indispensable, le facilita el poder dar a sus acciones y personajes todo el interés, toda la sublimidad, toda la belleza ideal que pide aquel género dramático; y como en ella todo ha de ser grande, heroico y patético en grado eminente, mal podría conseguirlo si careciese de los encantos del estilo sublime, y de la pompa y armonía de la versificación.
La comedia pinta a los hombres como son, imita las costumbres nacionales y existentes, los vicios y errores comunes, los incidentes de la vida doméstica; y de estos acaecimientos, de estos individuos y de estos privados intereses forma una fábula verosímil, instructiva y agradable. No huye, como la tragedia, el cotejo de sus imitaciones con los originales que tuvo presentes; al contrario, le provoca y le exige, puesto que de la semejanza que les da resultan sus mayores aciertos. Imitando, pues, tan de cerca a la naturaleza, no es de admirar que hablen en prosa los personajes cómicos; pero no se crea que esto puede añadir facilidad a la composición. […] No es fácil hablar en prosa como hablaron Melibea y Areusa, el Lazarillo, el pícaro Guzmán, Monipodio, Dorotea, la Trifaldi, Teresa y Sancho. No es fácil embellecer sin exageración el diálogo familiar, cuando se han de expresar en él ideas y pasiones comunes; ni variarle, acomodándoles a las diferentes personas que se introducen, ni evitar que degenere en trivial e insípido por acercarle demasiado a la verdad que imita.
[…] Ni las quintillas, ni las décimas, ni las estrofas líricas, ni el soneto ni los endecasílabos pueden convenirle; sólo el romance octosílabo y las redondillas se acercan a la sencillez que debe caracterizarla […]. Ni espere acertar el que no haya debido a la naturaleza una organización feliz, al estudio y al trato social un extenso conocimiento de nuestra bellísima lengua, enriquecido con la continua lección de nuestros mejores dramáticos antiguos, los cuales, a vueltas de su incorrección y de sus defectos, nos ofrecen los únicos modelos que deben imitarse, cuando la buena crítica sabe elegirlos.

Las tres unidades: su justificación

Un suceso ocurrido en un lugar, y en pocas horas. Boileau en su excelente Poética redujo a dos versos los tres preceptos de unidad: “Una acción sola, en un lugar y un día, / conserve hasta su fin el teatro lleno”. Esto mismo recomendaba el autor del Quijote setenta años antes que el poeta francés: los buenos literatos coetáneos de Cervantes tenían ya conocimiento de estas reglas. Lope las citó, juntamente con otras muchas, manifestando que si no las seguía, no era ciertamente porque no las ignorase.
[…] Creyó en efecto Moratín que si en la fábula cómica se amontonan muchos episodios, o no se la reduce a una acción única, la atención se distrae, el objeto principal desaparece, los incidentes se atropellan, las situaciones no se preparan, los caracteres no se desenvuelven, los afectos no se motivan; todo es fatigosa confusión. Un solo interés, una sola acción, un solo enredo, un solo desenlace: eso pide, si ha de ser buena, toda composición teatral. Las dos unidades de lugar y tiempo, muy esenciales a la perfección dramática, deben acompañar a la de acción, que la es indispensable; y si parece difícil la práctica de estas reglas, no por eso habrá de inferirse que son absurdas o imposible. […] Si tal doctrina llega a establecerse, presto caerían los que la siguieran en el caos dramático de Shakespeare, y las representaciones del teatro se reducirían a las mantas y cordeles con que decoraba los suyos Lope de Rueda.
[…] Para ser la fábula conveniente deberá existir una inmediata conexión entre la máxima que se establece y el suceso que ha de comprobarla. Para hacerla verosímil no basta que sea posible: ha de componerse de circunstancias tan naturales, tan fáciles de ocurrir, que a todos seduzca la ilusión de la semejanza. Para hacerla teatral deberá ser la exposición breve, el progreso continuo, el éxito dudoso, la solución (resulta necesaria de los antecedentes) inopinada y rápida, pero no violentas, ni maravillosa ni trivial.

Los personajes: ni demasiado nobles ni abyectos

Entre personas particulares. Como el poeta cómico se propone por objeto la instrucción común, ofreciendo a vista del público pinturas verosímiles de lo que sucede ordinariamente en la vida civil, para apoyar con el ejemplo la doctrina y las máximas que trata de imprimir en el ánimo de los oyentes, debe apartarse de todos los extremos de sublimidad, de horror, de maravilla y de bajeza. Busque en la clase media de la sociedad los argumentos, los personajes, los caracteres, las pasiones y el estilo que debe expresarlas. No usurpe a la tragedias sus grandes intereses, su perturbación terrible, sus furores heroicos. No trate de pintar en privados individuos delitos atroces que por fortuna no son comunes, ni aunque lo fuesen pertenecerían a la buena comedia, que censura riendo. No siga el gusto depravado de las novelas, amontonando accidentes prodigiosos para excitar el interés por medio de ficciones absurdas de lo que no ha sucedido jamás ni es posible que nunca suceda. No se deleite en hermosear con matices lisonjeros las costumbres de un populacho soez, sus errores, su miseria, su destemplanza, su insolente abandono. Las leyes protectoras y represivas verifican la enmienda que pide tanta corrupción; el poeta ni debe adularla, ni puede corregirla.

26 agosto, 2018

Para consultar en línea el Diccionario de Autoridades


nttle

Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española, el NTTL. Para consultar no sólo el Diccionario de Autoridades, el primero de todos los diccionarios de la Real Academia de la Lengua Española, publicado entre 1726 y 1739. Imprescindible tanto para los Siglos de Oro como para el XVIII.
Pero el sitio nos da mucho más: las sucesivas ediciones del diccionario de la Academia, etc.

13 agosto, 2018

Ilustrados


29 noviembre, 2017

Sobre el krausismo (de un libro de Joaquín Xirau)


Presentar al krausismo es cosa difícil. Se debe incluir la exposición de un sistema filosófico, semblanzas y anécdotas de sus grandes personalidades, enumerar las instituciones fundadas o transformadas por ese movimiento, etc.
Es difícil, por lo tanto, apoyarse en una sola fuente para preparar una entrada breve, concisa e informativa. Una lista de alumnos, colaboradores y amigos de la Institución Libre de Enseñanza incluye a personajes tan variados como Leopoldo Alas Clarín, Manuel Azaña, el prehistoriador Pedro Bosch Gimpera, Manuel de Falla, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, María Moliner, el premio Nobel de Medicina Severo Ochoa, Eugenio d’Ors, José Ortega y Gasset, Alfonso Reyes, Pedro Salinas, Luis Simarro, Miguel de Unamuno, María Zambrano…
La forma en que éstos se relacionan con el movimiento krausista es muy variada. Consideremos a dos poetas más que mayores, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. Ambos se consideran discípulos de Francisco Giner de los Ríos. El primero fue alumno de la Institución Libre de Enseñanza; el segundo, no. Pero Juan Ramón fue tratado por el distinguido psiquiatra Luis Simarro, cuya casa era frecuentada por Giner. Y allí Juan Ramón Jiménez conoció y trató largamente con Giner.  Los remito a este artículo de Juan Domingo Argüelles: http://semanal.jornada.com.mx/2017/09/10/juan-ramon-jimenez-en-el-centenario-de-platero-y-yo-1209.html.

El krausismo no fue sólo un sistema filosófico […]. Fue más bien una disciplina, una actitud integral de la vida. A ninguna idea se oponía si era sincera y claramente pensada. Abominaba sólo de los restos opacos y aniquilados de la escolástica decadente dominante en casi todos los centros de educación y les oponía la libertad de investigación, la gozosa preocupación por los problemas y realidades vivas. Muchos de los elementos de aquel círculo no aceptaban el krausismo en su contenido doctrinal y el número de discrepantes fue cada día más numeroso. Su espíritu, empero –el método, la actitud, la libertas de pensamiento y de investigación– era aceptado por todos. En este sentido puede decirse que todos los hombres de la España moderna pertenecen en una u otra forma al “krausismo” (18).
Todo esto es perfectamente normal. […] Pero la España de la época era todo lo contrario de un país en estado normal. Se hallaba alejada del pensamiento filosófico y de la investigación científica, cerrada a la obra entera del espíritu creador (19).
Se trataba de renovar el viejo espíritu. No de destruirlo. […] Difícilmente se hallaría una concepción que con menos dificultad se conformara con los anhelos morales, políticos y religiosos de la tradición española. La filosofía del derecho, estrechamente vinculada a la ética y a la educación de la humanidad, se sitúa en primer término. La comunidad humana forma una totalidad orgánica con la imagen del Ser divino, y la ley –la ley moral, la norma jurídica y su incorporación personal mediante la acción educadora– es la forma inmanente bajo la cual se desarrolla la vida entera de esa comunidad divina y humana (22).
Las doctrinas de Sanz del Río [introductor del krausismo en España] y de su círculo no tardaron en repercutir en la marcha de los acontecimientos políticos y sociales de España. Los hombres más eminentes de la literatura y de la política se pusieron en contacto con ellos. La España oficial, decadente y corrompida, sintió pronto su presencia como una amenaza “revolucionaria”. La doctrina de Sanz del Río es acusada de panteísta. Uno de sus libros es incluido en el Índice [de libros prohibidos de la Iglesia Católica]. Los periódicos reaccionarios piden su expulsión de la Universidad. Se promueven amplios debates en el parlamento (23).
La Institución [Libre de Enseñanza, fundada en 1876 por Francisco Giner de los Ríos y los demás krausistas, tras ser despojados de sus cátedras y luego encarcelados,] fue desde el primer momento una organización de reforma pedagógica. Siendo la mayoría de sus fundadores profesores de las ramas superiores de la educación, natural era que en un comienzo se limitara a ser una especie de universidad libre. […] No tardaron sin embargo en advertir Giner y sus colaboradores la necesidad de organizar clases preparatorias de segunda enseñanza y qe no era posible obtener la reforma que se proponían sin partir de las primeras edades de la infancia. […] Así, la Institución se transforma en una escuela completa de unos doscientos muchachos que comprenden todos los grados de la educación, desde el jardín de niños hasta la universidad (36).
[Transcripción de los Principios pedagógicos de la Institución (1908), de Manuel B. Cossío:] “Trabajo intelectual sobrio e intenso, juego corporal al aire libre, larga y frecuente intimidad con la Naturaleza y con el Arte, absoluta protesta, en cuanto a disciplina moral y vigilancia, contra el sistema corruptor de exámenes, de emulación, de premios y castigos […]; vida de relaciones familiares, de mutuo abandono y confianza entre los maestros y los alumnos; intima y constante acción personal de los espíritus, son las aspiraciones ideales y prácticas a que la Institución encomienda su obra” (38-39).

Joaquín Xirau. Manuel Bartolomé Cossío y la educación en España. Barcelona: Ariel, 1969. 1a. ed: El Colegio de México, 1945.

28 agosto, 2015

Ejemplos en retórica (Curtius)


Exemplum (parádeigma) es término técnico de la antigua retórica, a partir de Aristóteles, y significa “historia que se inserta a manera de testimonio”. A esto se añade más tarde (desde ca. 100 a.C.) una nueva forma del ejemplo retórico, que tendría gran importancia en el futuro: el personaje ejemplar (eikón, imago), esto es, la “encarnación de cierta cualidad en una figura: Cato ille uirtutum uiua imago“. Cicerón (De oratore, I, xviii) y Quintiliano (XII, iv) encarecen al orador la necesidad de echar mano de ejemplos de la historia, la mitología y la leyenda heroica.

Curtius, Ernst. R.: Literatura europea y Edad Media latina, FCE, 1955, T. Margit Frenk y Antonio Alatorre, p.94.