Posts tagged ‘literatura fantástica’

5 enero, 2015

Fantástico vs. realista / maravilloso vs. grotesco


Lo fantástico no es algo que no puede ocurrir, sino algo que no debería ocurrir.
Los valores proyectados hacia el ámbito de los meros hechos: lo fantástico no debería ocurrir, porque sería demasiado horrible o demasiado hermoso que ocurriera.
La experiencia de lo fantástico se hace posible a partir del momento en que la realidad se vuelve gris —es decir, desencantada, en el sentido de Max Weber.
Lo maravilloso es lo numinoso, o al menos una categoría estética subordinada a lo numinoso.
Para que hubiese lo fantástico, primero fue necesario que naciera y se desarrollara lo realista. No existe lo uno sin lo otro.
Antes de lo fantástico y lo realista, hubo solamente lo maravilloso y lo grotesco (en el sentido de Bajtín).

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27 abril, 2014

W. Fernández Flórez: la luz de las pesadillas


Esa luz vaga y turbia en que suelen moverse las imágenes de una pesadilla, luz sin sombras, que ablanda los contornos, poso de luz que ha dejado su nata en la otra cara de un filtro de nubes y permite caer al fondo todo lo que hay de indeciso y de gris en el universo.

Wenceslao Fernández Flórez, El bosque animado (Espasa-Calpe, 1965, p. 47.

 

6 abril, 2014

Francisco Tario: “Hoy tuve carta del ahogado…”


―Hoy tuve carta del ahogado ―dije. Y mi madre, que tendía la ropa al sol allá en el huerto de nuestra casa, me miró desganadamente como advirtiéndome: “No deberías gastarme esas bromas”. O: “Estás creciendo demasiado aprisa”.

Francisco Tario, “Un huerto junto al mar”, en Una violeta de más. México: Joaquín Mortiz, 1968.

1 diciembre, 2013

Una aparición (Sonata de otoño, de Valle-Inclán)


Castaños en otoño

Castaños en otoño (Photo credit: Wikipedia)

Penetré bajo la oscura avenida de castaños cubierta de hojas secas. En el fondo distinguí el Palacio con todas las ventanas cerradas y los cristales iluminados por el sol. De pronto vi una sombra blanca pasar por detrás de las vidrieras, la vi detenerse y llevarse las dos manos a la frente. Después la ventana del centro se abría con lentitud y la sombra blanca me saludaba agitando sus brazos de fantasma. Fue un momento no más. Las ramas de los castaños se cruzaban y dejé de verla. Cuando salí de la avenida alcé los ojos nuevamente hacia el Palacio. Estaban cerradas todas las ventanas: ¡aquélla del centro también! Con el corazón palpitante penetré en el gran zaguán oscuro y silencioso.

12 noviembre, 2012

Sitio dedicado a la novela corta en español


 

Un pequeño vistazo al acervo de esta biblioteca virtual:

 

31 octubre, 2011

Lo numinoso, lo fantástico, el desencantamiento del mundo


Todos los intentos por esclarecer el concepto de lo fantástico en literatura comienzan por oponerlo al de lo maravilloso. La cuestión puede enfocarse desde dos perspectivas, a las que llamaré “intelectualista” e “histórico-emotiva”, respectivamente. Todos, o la mayor parte de los estudios sobre el tema combinan ambos enfoques, pero siempre predomina uno de los dos. Por ejemplo, en Caillois, Todorov y Botton predomina el intelectualista, pero ninguno de estos autores deja de tomar en cuenta el otro lado de la cuestión.

Para la perspectiva intelectualista, todo se centra en las leyes que rigen el mundo. Lo maravilloso consiste en un ámbito regido por leyes distintas a las de nuestro mundo. Lo fantástico se da cuando acontece un hecho inusitado (lo extraño) y resulta incierto decidir si lo rigen las leyes naturales que conocemos, o bien las de otro mundo distinto al nuestro.

En cambio, para el enfoque histórico-emotivo no se trata de una cuestión de leyes, sino de las reacciones de la sociedad y del individuo ante una de las transformaciones esenciales de la Modernidad: la que el sociólogo Max Weber llamó el desencantamiento del mundo. El profesor Daniel Montesinos de la Rosa, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de nuestra UNAM, explica el concepto de la siguiente manera:

Weber conserva como concepto fundamental de la religión de los primitivos la idea de carisma, que se acerca bastante al concepto de lo sacro (o del mana) de Durkheim. El carisma es la calidad de lo que está, como dice Max Weber, fuera de lo cotidiano (außeralltäglich). Se adhiere a los seres, los animales, las plantas, las cosas. El mundo de lo primitivo implica la distinción entre lo banal y lo excepcional, para expresar­me en los términos de Weber, entre lo profano y lo sacro, para re­petir los conceptos de Durkheim.
Por consiguiente, el punto de partida de la historia religiosa de la humanidad es un mundo poblado por lo sacro. El punto de llegada, en nuestra época, es lo que Max Weber denomina el desencanto del mundo (Entzauberung der Welt). Lo sacro o lo excepcional, que en el comienzo de la aventura humana se adhe­ría a las cosas y a los seres que nos rodean, ha sido expulsado de ellos. El mundo en que vive el capitalista, en que vivimos todos, soviéticos y occidentales, está formado de materia o de seres a dis­posición de los hombres, destinados a ser utilizados, transforma­dos, consumidos, y que ya no exhiben los encantos del carisma (tomado de su sitio Apuntes).

Ahora bien, este cambio en la marcha de la civilización no se da sin consecuencias anímicas. En ellas reside la ambigüedad en la que se origina la literatura fantástica. En un primer momento, el de la Ilustración dieciochesca, el hombre moderno se siente seguro gracias a la nueva concepción racional de la vida. Se siente seguro de lo que es, de lo que puede hacer, y de su puesto en el mundo.

Sin embargo, como todos saben, como lo subrayan -unos más, otros menos- todos los estudiosos de la literatura fantástica, esta confianza se pierde en el periodo de las grandes revoluciones, que es también el del Romanticismo. El hombre moderno ya no puede negar el reinado de la Razón en el mundo, pero ha perdido la seguridad emocional que acompañaba a la certeza racional: el mundo está regido por las leyes que descubre la Razón, sí… pero ¿y si esto no fuera verdad? ¿Y si en verdad hubiera fantasmas, vampiros, fairies? ¡Qué horror! Y de esto surge la literatura fantástica en su vertiente negra, siniestra. En palabras de Rafael Llopis:

La creencia en el retorno de los muertos, abolida fundamentalmente junto con muchas otras creencias por el racionalismo del siglo XVIII, vuelve -negación de la negación- en el Romanticismo. Pero ya no vuelve como la pura creencia que era antes, sino como estética. Esta desincronización entre el creer y el sentir queda perfectamente expresada en la célebre frase de madame du Deffand, quien, habiéndosele preguntado en pleno siglo XVIII si creía en los fantasmas, contestó que no, pero que le daban miedo. En el Romanticismo, ya no se cree en los muertos, pero éstos aún dan miedo.

En efecto, sabemos que la razón es mucho más plástica, ligera, cambiante y ágil que el sentimiento y que éste está mucho más sujeto a la inercia de la memoria. Razón y memoria son términos dialécticamente antitéticos, pues la memoria es el residuo físico de lo que algún día fue razón y la razón no es sino el más elevado rendimiento de una estructura espacial que, en definitiva, sólo es memoria. En la memoria han quedado fijados esquemas emocionales y de comportamiento que, por haber demostrado su utilidad para el individuo o para la especie, se han automatizado, abandonando, pues, el terreno de la razón. Y por eso, cuando la razón descubre nuevos horizontes y aniquila viejos mitos, los sentimientos ligados a éstos -más aún, determinantes de éstos- perviven. Ni aun negados por la razón se resignan a morir. Tienen entonces que abandonar sus pretensiones de verdad y expresarse -todo sentimiento se expresa siempre de una u otra forma- en un plano estético donde reconocen de antemano su falta de objetividad. Y así, el sentimiento, negado como creencia por la razón, niega a su vez a la razón. Pero al negarla no se produce un paso atrás hacia la creencia, sino que, muy al contrario, se consolida el paso adelante recién dado por la razón. Expresadas en forma de arte, las ex-creencias pierden su fuerza sugestiva y su ímpetu embriagador. Ya como arte -es decir, como eco emocional de una creencia que ya no lo es- se van agotando, se van apagando hasta desaparecer o sufrir una nueva mutación (de su introducción a H. P. Lovecraft, Los mitos de Cthulhu, Madrid: Alianza Editorial, 1969).

Pero también es posible otra reacción emocional: la nostalgia por ese arcaico mundo poblado por espíritus –animado. Sí, el viento no es más que materia que se mueve -como en el soneto de Vicente Riva Palacio: ” eres viento, no más, cuando te quejas”-, pero ¡ojalá viviéramos aún en ese mundo donde el viento estaba poblado de espíritus, incluso de malos espíritus, que al menos eran conciencia y no materia inerte!

Aquí nos será útil otro concepto empleado por los estudiosos de la religión, en este caso fenomenólogos y teólogos: lo numinoso. Fue enunciado por Rudolf Otto, y la profesora Lilia Melani lo retoma en su sitio The Gothic Experience para interpretar la literatura gótica. Para explicarlo, se apoya en una cita del narrador (y teólogo y filósofo) C. S. Lewis. He aquí el fragmento, traducido:

Supongamos que se le ha dicho que hay un tigre en la habitación de al lado: usted sabe que está en peligro y es probable que sienta miedo. Pero si se le dice: “Hay un fantasma en la habitación de al lado”, y usted lo cree, sentirá algo a lo que también se le llama miedo, sólo que de una clase diferente. No estará basado en el conocimiento del peligro, porque el temor a un fantasma no se basa tanto en lo que nos pueda hacer, como en la propia existencia del fantasma. Es siniestro (uncanny) más bien que peligroso, y el tipo especial de miedo que despierta puede ser llamado “terror”. Una vez en lo siniestro, estamos tocando los límites de lo numinoso. Ahora bien, supongamos que se le dijera simplemente: “Hay un poderoso espíritu en la habitación” y usted lo cree. Sus sentimientos serán menos parecidos al simple temor del peligro, pero aun así sentirá una profunda inquietud. Usted sentirá asombro, y un cierto sobrecogimiento al que se describe como “veneración”; y el objeto que provoca esto es lo numinoso.

Es decir, lo numinoso tiene su propia emoción, su propia forma de ser vivido. Y cuando esa emoción es sentida o presentida y al mismo tiempo la negamos porque ya no creemos en númenes, porque no podemos dejar de negarla a menos que deseemos engañarnos a nosotros mismos, es cuando surge el sentimiento de lo fantástico.

En resumen, lo fantástico y lo maravilloso no se definen bien en términos de “leyes”. De hecho, creo que, en cuanto planteamos así la cuestión, lo fantástico y lo maravilloso se desvanecen. Queda solamente lo inusitado, lo que no es ni terrorífico ni fascinador, sino sólo intrigante, extraño. Ludwig Wittgenstein lo expresa perferctamente, en su Conferencia sobre ética, cuando señala que en el mundo de la ciencia nada es un milagro, incluso cuando se trate de un hecho sin explicación:

Piensen en el caso de que a uno de ustedes le crezca una cabeza de león y empiece a rugir. Ciertamente esto sería una de las cosas más extraordinarias que soy capaz de imaginar. Tan pronto como nos hubiéramos repuesto de la sorpresa, lo que yo sugeriría sería buscar un médico e investigar científicamente el caso y, si no fuera porque ello le produciría sufrimiento, le haría practicar una vivisección. ¿Dónde estaría entonces el milagro? Está claro que en el momento en que miráramos las cosas así, lo milagroso habría desaparecido. Esto muestra que es absurdo decir que la ciencia ha probado que no hay milagros. La verdad es que el modo científico de ver un hecho no es el de verlo como un milagro. (T. Fina Birulés. Barcelona: Paidós, 1989. 41-42).

En el mundo de lo maravilloso, la cabeza de león sería un premio o un castigo de los dioses, como en las Metamorfosis de Ovidio. En el de lo fantástico, un acontecimiento perturbador, que ojalá no fuera verdad -como transformarse en vampiro-, o que ojalá sí lo fuese -como encontrar a la Silvia del cuento epónimo  de Cortázar. En el mundo de la Razón, en el que está regido por leyes, el hombre con cabeza de león no es maravilloso ni fantástico, sólo extraño, como en su momento lo fue el ornitorrinco.

21 octubre, 2011

Algunas fuentes útiles sobre la literatura fantástica


This is an interpretation of a monster in the ...

Botton Burlá, Flora: Los juegos fantásticos, Facultad de Filosofía y Letras, 3a edición, México: UNAM, 2010.

  • Síntesis y crítica inteligentes de las teorías más conocidas. Analiza algunos clásicos hispanoamericanos del siglo XX. Principal influencia, Todorov.

Cortázar, Julio. “Del sentimiento de lo fantástico”. En La vuelta al día en 80 mundos. México: Siglo XXI, 1967.

Llopis, Rafael. Prólogo a H. P. Lovecraft y otros: Los mitos de Cthulhu. Madrid: Alianza Editorial, 1969.

—Prólogo a H. P. Lovecraft y otros. Viajes al otro mundo. Ciclo de aventuras oníricas de Randolph Carter. Alianza Editorial: Madrid, 1971.

  • Psiquiatra (y supongo que psicólogo) español. Analiza con agudeza y profundidad los  ambiguos sentimientos del hombre moderno hacia lo maravilloso, los cuales son —desde mi punto de vista— el verdadero núcleo de lo fantástico en literatura, más que la incertidumbre cognitiva, que es lo enfatizado por Todorov.

Lovecraft, Howard Phillips. El horror sobrenatural en la literatura, y otros escritos teóricos y autobiográficos, edición de Juan Antonio Molina Foix. Madrid: Valdemar, 2010.

Melani, Lilia. The Gothic Experience. http://academic.brooklyn.cuny.edu/english/melani/index.htm.

  • Especialmente revelador, su empleo del concepto de lo numinoso, enunciado por el teólogo y filósofo Rudolf Otto.

Todorov, Tzvetan: Introducción a la literatura fantástica, 2a edición, México: Premiá, 1981, T. Silvia Delpy.

  • Aunque el autor sea búlgaro, un libro “demasiado francés” (creo que ése fue el comentario de Borges cuando le explicaron el estructuralismo), y como tal, su claridad y su didactismo son ejemplares. Punto de referencia ineludible.
20 julio, 2011

Alrededor de “Los ojos verdes” de Bécquer


Description: Romantic monument to local poet G...

Image via Wikipedia

La mitología y el folclor del mundo están llenos de relatos sobre hermosos y maléficos espíritus femeninos de las aguas que fascinan, mortalmente, a los hombres. La Lorelei del Rin es uno de ellos. Heinrich Heine, tardío romántico alemán de gran popularidad en nuestra lengua (y, desde el principio, ubicado como una influencia importante de Bécquer) escribió un poema sobre esta leyenda. A su vez, a fines del siglo XX, los escoceses de Cocteau Twins compusieron y grabaron esta Lorelei, una de las canciones más hermosas que he escuchado en mi vida —y lo mismo digo de la feérica voz de la vocalista, la maravillosa Elizabeth Fraser.

Otro ejemplo del mismo arquetipo: Hylas y las ninfas, del inglés John William Waterhouse. Ahora bien, esta asociación, este complejo imaginatiivo formado por la feminidad, la muerte y el agua, se presenta con frecuencia, no bajo la forma de una mujer fatídica, sino simplemente bajo la de una bella joven muerta —el  más poético de todos los asuntos, según Edgar Allan Poe. Y claro, la ilustración por antonomasia de todo esto la tenemos en la Ofelia del también inglés John Everett Millais:

Millais, Ophelia

Millais, Ophelia (Photo credit: profzucker)

Como sabemos, Bachelard estudió con profundidad y amplitud esta cuestión en El agua y y los sueños: «El agua es el elemento de la muerte joven y bella, de la muerte florecida y, en los dramas de la vida y de la literatura, es el elemento de la muerte sin orgullo ni venganza, del suicidio masoquista. El agua es el símbolo profundo, orgánico de la mujer que sólo sabe llorar sus penas y cuyos ojos se “ahogan en lágrimas”» (Breviarios del FCE 279, p. 128). En relación con Bécquer, en la Biblioteca Virtual Cervantes hallé la siguiente referencia: SANTA I BANYERES, María Ángeles, «Los ojos verdes de Gustavo Adolfo Bécquer a la luz de Gaston Bachelard», Anuario de Filología, (Barcelona), VI, 1980, págs. 399-404. Esta revista se puede consultar en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM.

14 junio, 2011

Sobre “La cruz del Diablo”


  1. Desde el primer momento, el relato presenta a los bandidos como personajes inclinados a aceptar el mando del Demonio. Comenta al menos dos unidades integrativas (indicios) que los connoten en este sentido.
  2. Señala y comenta al menos tres indicios que caractericen al personaje de la armadura como un ser de naturaleza infernal.
  3. Explica cómo alguna de las siguientes figuras retóricas contribuye a los efectos del texto: anáfora, comparación, enumeración.
  4. Explica cómo se relaciona este pasaje con alguno de los siguientes intereses del romanticismo: a) el conflicto entre la violencia interior del ser humano y las normas sociales y morales; b) lo siniestro (aquello que encontramos extraño y monstruoso y, no obstante, nos inspira un sentimiento de familiaridad).
  5. ¿Crees que esta leyenda, o al menos este fragmento, es un ejemplo de la ambigüedad propia del género fantástico? Razona tu respuesta.