Posts tagged ‘método’

31 enero, 2016

Mi hermenéutica


Crítica filosófica de las palabras, crítica filológica de las ideas, y crítica histórica de las ideas y de las palabras.
Nietzsche, Unamuno, Wittgenstein, Marx.

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31 enero, 2016

Los usos de Cioran; los usos de Cuesta


Para comprender a un personaje del pasado, no basta comprender lo que él dijo; también hay que saber para qué ha servido, y a quién le ha servido, en el presente.
Cioran ¿a quiénes les fue útil a finales del siglo XX? ¿Y Jorge Cuesta, en México?

31 enero, 2016

Comprender el presente – comprender el pasado


Mientras dure presente, el pasado no ha concluido todavía
.

22 diciembre, 2014

Qué puede y qué no puede ser definido


Sólo es definible aquello que no tiene historia.

La genealogía de la moral, II, 12.

5 marzo, 2014

Alfonso Reyes: de la impresión del lector al juicio de valor autorizado


  • English: Son of the Red Corsair by Emilio Salg...

    English: Son of the Red Corsair by Emilio Salgari Italiano: Il figlio del Corsaro Rosso di Emilio Salgari (Photo credit: Wikipedia)

    En la introducción (“Vocabulario y programa”) a El deslinde, Reyes distingue: “La vida de la literatura se reduce a un diálogo: el creador propone y el público […] responde con sus reacciones tácitas o expresas. De un lado hay una postura activa; del otro, una postura […] pasiva” (17). Nótese que, donde muchos escribiríamos el proceso, la relación, la interacción, la comunicación literaria, Reyes dice: la vida. Quizá un reflejo de su (auto)formación juvenil con base en las filosofías vitalistas de fines del XIX. Esto, que puede parecer un rasgo anticuado de su pensamiento y su estilo, quizá no lo es tanto, en la medida en que vida engloba más que los términos contemporáneos. La vida literaria incluye desde el adolescente que se proyecta en Werther, los piratas de Salgari o la protagonista de Juegos del hambre, hasta el pensador que dialoga con Borges, Kafka o Mallarmé, pasando por la plática de amigos en el café o el bar, la consagración de una obra como “poema nacional” o “himno de una generación”, etc.

  • A continuación, distingue (sí, puede cansar: yo me harté cuando quise leer El deslinde siendo joven) las fases de la postura pasiva (19-22). Estas fases no son cronológicas: en los hechos se entremezclan; pero sí estructuran a la postura pasiva (la recepción, la lectura), en tanto experiencia que no sólo es, sino que también se desarrolla. Este concepto quizá sea equivalente de momento en el sentido manejado por las corrientes dialécticas del pensamiento moderno.
  • Las fases de la postura pasiva se dan en dos órdenes: general y particular.
  • Hay tres fases de la postura pasiva en el orden general: historia literaria, preceptiva y teoría literaria. Como se puede ver, todas éstas corresponden a sendas disciplinas académicas, incluida la ya muerta preceptiva. En general, Reyes entiende por teoría literaria lo mismo que nosotros (22), salvo las tareas más fundamentales (como la que emprende en El deslinde), las cuales considera de naturaleza filosófica. Quizá muchas de las escuelas de teoría literaria hoy familiares para nosotros le parecería que tienen un pie en la filosofía y el otro en la teoría literaria propiamente dicha.
  • Es en el orden particular en donde hallaríamos un esbozo de lo que es, quizá, su teoría de la recepción. Sus fases: “la impresión, el impresionismo, la exegética o ciencia de la literatura y el juicio [cursivas mías]. Teóricamente, las tres primeras se encaminan al juicio” (19).
  • Impresión es el impacto que la obra causa en quien la recibe, resultado de una facultad general y humana, irresponsable en el sentido técnico, por todos compartida, indispensable y mínima, sin la cual no puede haber contacto con la obra […]. Cuando la impresión se expresa fuera del arte, se confunde con las manifestaciones sociales de la opinión” (19-20).
  • “El impresionismo, campo de la crítica independiente, expresión ya redactada, producto de cultura y sensibilidad destinado a la preservación, es una respuesta a la literatura por parte de cierta opinión limitada y selecta. Orienta a la opinión general y da avisos y materiales a la crítica de tipo más técnico. Es un eco provocado por la obra, que hasta puede valer más que ésta, y conserva todas las libertades poéticas de la creación” (20).
  • Notemos la generosidad y amplitud de criterio con la que Reyes emplea el término impresionismo, todavía connotado negativamente. Creo que tiene razón. A fin de cuentas, la crítica de los grandes escritores del siglo XX (limitándonos a nuestra lengua: Borges, Cortázar, Paz, etc.) actúa de manera análoga a la del impresionismo del cambio de siglo; simplemente, sus coordenadas culturales son distintas de las de 1900. Si nos ponemos “técnicos”, fácilmente podremos notar las incomprensiones de Borges, la nebulosidad de Cortázar, las falacias de Paz, etc.; pero ¿los desecharíamos por ellas? También creo que en este pasaje Reyes, además de reflejar otra vez su formación juvenil (precisamente, en los tiempos de la crítica impresionista), defiende sus trabajos como antiguo crítico periodístico en El Sol de Madrid, etc.
  • Con exegética o ciencia de la literatura, Reyes engloba las tareas más específicas del filólogo, desde la crítica textual hasta el análisis e interpretación de las obras (20). Hace una interesante observación: “La exegética opera conforme a tres grupos metódicos principales: históricos, psicológicos, estilísticos. Sólo la integración de estos métodos puede aspirar a la categoría de ciencia”. Pongamos entre paréntesis lo anticuado de su clasificación de los “grupos metódicos”: bastaría actualizarla y matizarla (improvisando: histórico-sociales, semiológicos y lingüísticos). Lo importante, creo, es que subraye la necesidad de integrarlos para acercar nuestra labor tanto como se puede (y, considero, se debe) a lo exigido por la palabra ciencia.
  • “El juicio es la estimación de la obra, no a la manera caprichosa y emocional del impresionismo, sino objetiva, de dictamen final, y una vez que se ha tomado en cuenta todo el conocimiento que provee la exegética. […] Sitúa la obra en el cuadro de todos los valores humanos, culturales, literarios y, hasta cierto punto, religiosos, filosóficos, morales, políticos y educativos, según corresponda en cada caso; pero ha de enfocar de preferencia el valor literario —si es que ha de ser juicio literario— y considerar los valores extraliterarios como subordinados a la estética” (20).
  • ¿Es posible un juicio de valor objetivo acerca de la obra literaria? Si es posible ¿no es la historia la que decanta dicho juicio? (“el Tiempo acaba por editar antologías admirables”, dice Borges). Sea cual fuere nuestra respuesta, Reyes proporciona aquí matices y criterios valiosos:
    • El crítico objetivo no se limita a aplicar adjetivos (bueno, bello, mediocre, innovador…), sino que “sitúa la obra en el cuadro de todos los valores humanos”. El Quijote, el Lazarillo, La vida es sueño, el Primero sueño, Doña Perfecta, Prosas profanas, Rayuela, son creaciones autónomas (tienen vida propia, se defienden solas), pero dialogan con la política, la sed de conocimiento, la búsqueda del sentido de la vida, etc., Cómo lo hacen, qué expresan al respecto, en qué medida sobrepasan o no el horizonte de su tiempo, qué nos dicen a nosotros que no le hayan dicho a sus contemporáneos: todo esto ha sido siempre materia de los mejores críticos, académicos o no.
    • Al mismo tiempo, nos advierte que todos esos “valores extraliterarios” aparecen “subordinados a” (yo quisiera decir: mediados por) los literarios. Creo que en realidad esta advertencia ha sido siempre la más importante, porque las épocas de hegemonía esteticista o de las “tecnocracias de la literatura” no han sido tan largas como aquellas en las que se ha exigido ortodoxia religiosa o política, o bien, como sucede en la aciaga posmodernidad, sumisión a la exigencia de entretener, de dar espectáculo, de ofrecer simulacros baudrillardianos.
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20 enero, 2014

Nietzsche: crueldad y pensamiento crítico


El hombre de conocimiento, al coaccionar su espíritu a conocer, en contra de la inclinación del espíritu y también, con bastante frecuencia, en contra de los deseos del corazón. —es decir, al coaccionarle a decir no allí donde él querría decir sí, amar, adorar—, actúa como artista y glorificador de la crueldad; el tomar las cosas de un modo profundo y radical constituye ya una violación, un querer-hacer-daño a la voluntad fundamental del espíritu, la cual quiere ir incesantemente hacia la apariencia y hacia las superficies, —en todo querer-conocer hay ya una gota de crueldad.

Más allá del bien y del mal, VII, 229. T. A. Sánchez Pascual.

31 diciembre, 2013

Nietzsche: diferencia entre el espíritu crítico y el escepticismo


Aquellas propiedades serias y no exentas de peligro que diferencian al crítico del escéptico, quiero decir, la seguridad de los criterios valorativos, el manejo consciente de una unidad de método, el coraje alertado,el estar solos y el poder responder de sí mismos; incluso admiten la existencia en ellos de un placer en el decir no y en el desmembrar las cosas, y de una cierta crueldad juiciosa que sabe manejar el cuchillo con seguridad y finura, aun cuando el corazón sangre. Serán más duros (y quizá no sólo siempre consigo mismos) de lo que las personas humanitarias desearían, no establecerán relaciones con la “verdad” para que ésta les “agrade” o los “eleve” o los “entusiasme”: antes bien, será parca su fe en que precisamente la verdad comporta tales placeres para el sentimiento. Sonreirán, estos espíritus rigurosos, cuando alguien diga ante ellos: “Este pensamiento me levanta: ¿cómo no iba él a ser verdadero?” O: “Esta obra me encanta: ¿cómo no iba a ser hermosa?” O: “Este artista me engrandece: ¿cómo no iba él a ser grande?”.

Nietzsche, Más allá del bien y del mal, VI,210. T. A. Sánchez Pascual.

25 diciembre, 2013

¿El arte, amor de las apariencias?


X-ray Gogs

X-ray Gogs (Photo credit: photobunny)

“¡Ay, esa perversa ciencia!”, suspiran el instinto y el pudor de las mujeres y de los artistas, “ella averigua siempre lo que hay detrás de las cosas!”.

Friedrich Nietzsche, Más allá del bien y del mal, VI,204. T. A. Sánchez Pascual.

8 diciembre, 2013

Nietzsche dice “moral”: digamos nosotros “arte”, “cultura”, “sociedad”…


¿Pueden los pájaros ser ornitólogos? ¿Puede realmente el hombre estudiar lo humano? Seríamos ingenuos si creyésemos que la cita siguiente de Nietzsche se aplica sólo a una era metafísica bien enterrada en el pasado. Los practicantes de las ciencias sociales y las “humanidades” (creo que sólo son humanistas en sentido propio los helenistas y latinistas) nos hallamos bajo el constante peligro de caer en lo mismo. El estructuralismo de los 60 ¿no parece un mero acompañamiento especulativo para el nouveau roman y la poesía concreta? El posmodernismo de Lyotard, el cioranismo de Savater ¿no huelen o apestan a mera propaganda intelectual en favor de las duras realidades sociales de los años 80, de los últimos 30 años? Leamos un resumen de alguna de la teorías sociales derivadas de las doctrinas económicas vigentes: veremos cómo, por ejemplo, la “teoría de la elección pública” eleva las actitudes y valoraciones del hombre común del capitalismo contemporáneo a paradigma universal de lo humano. Una breve lectura sobre el potlatch o sobre la honra en la España del Siglo de Oro le habría bastado a su autor para ver más allá de los límites del supermercado y el mall; pero no, era un tecnócrata, no un hombre culto.

Justo porque los filósofos no conocían los facta morales más que de un modo grosero, en forma de un extracto arbitrario o de un compendio fortuito, por ejemplo como moralidad de su ambiente, de su estamento, de su iglesia, de su espíritu de época, de su clima y de su región, —justo porque estaban mal informados e incluso sentían poca curiosidad por conocer pueblos, épocas, tiempos pretéritos, no llegaron a ver en absoluto los auténticos problemas de la moral: —los cuales no emergen más que cuando se realiza una comparación de muchas morales. […] Lo que los filósofos llamaban “fundamentación de la moral”, exigiéndose a sí mismos realizarla, era tan sólo, si se lo mira a su verdadera luz, una forma docta de la candorosa creencia en la moral dominante, un nuevo medio de expresión de ésta, y, por lo tanto, una realidad de hecho dentro de una moralidad determinada, incluso, en última instancia, una especie de negación de que fuera lícito concebir esa moral como problema.

Friedrich Nietzsche: Más allá del bien y del mal, V,186. T. A. Sánchez Pascual.

3 noviembre, 2013

Nietzsche: “¿Cómo una cosa podría surgir de su antítesis…?”


English: Values Español: Valor

English: Values Español: Valor (Photo credit: Wikipedia)

“¿Cómo una cosa podría surgir de su antítesis? ¿Por ejemplo la verdad del error? ¿O la voluntad de verdad, de la voluntad de engaño? ¿O la acción desinteresada, del egoísmo? ¿O la pura y solar contemplación del sabio, de la concupiscencia? Semejante génesis es imposible; las cosas de valor sumo es preciso que tengan otro origen, un origen propio, -¡no son derivables de este mundo pasajero, seductor, engañador, mezquino […]! Antes bien, en el seno del ser, en lo no pasajero, en el Dios oculto, en la ‘cosa en sí’ -¡ahí es donde tiene que estar su fundamento, y en ninguna otra parte!” Este modo de juzgar constituye el prejuicio típico por el cual resultan reconocibles los metafísicos de todos los tiempos; esta especie de valoraciones se encuentra en el trasfondo de todos sus procedimientos lógicos; partiendo de este “creer” suyo se esfuerzan por obtener su “saber” […]. La creencia básica de los metafísicos es la creencia en las antítesis de los valores. Ni siquiera a los más previsores de entre ellos se les ocurrió dudar ya aquí en el umbral, donde más necesario era hacerlo […]. Pues, en efecto, es lícito poner en duda, en primer término, que existan en absoluto antítesis, y, en segundo término, que esas populares valoraciones y antítesis de valores […] sean algo más que estimaciones superficiales, sean algo más que perspectivas provisionales […] (I,2, p.23-24).

Más allá del bien y del mal. T. Andrés Sánchez Pascual. Alianza Editorial, 1997.

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