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23 mayo, 2017

Escasa muestra de poesía española del último tercio del s. XX


A continuación, una muestra de la lírica española del último tercio del siglo XX. Está lejos de ser representativa en cuanto a nombres y obras. Su objetivo es poner ante los ojos algunos de los varios caminos recorridos por los poetas españoles en castellano de ese periodo, en lo que se refiere a opciones temáticas, estilísticas, etc.

Honestamente, creo que etiquetas como “culturalismo”, “metapoesía”, “neosurrealismo”, etc., resultan poco significativas a este lado del charco y, en última instancia, son incapaces de abarcar la complejidad de cada poema en lo individual, no digamos la de obras en marcha iniciadas hace ya muchos años. Por esto prescindo de ellas. Además, son debidas con frecuencia, más que otra cosa, al calor de las disputas internas del campo literario peninsular. Y como no las uso, debo prescindir también de las que han sido forjadas o aceptadas por los propios autores, como “poesía de la experiencia”. Sin embargo, los rasgos a los que aluden están allí, perceptibles.
Para la selección, me apoyé en las siguientes antologías:

  • Salvador, Álvaro, Martínez, Érika (eds.). Antología de la poesía española en la segunda mitad del s. XX. México: UNAM, 2011 (Ensayos y Poemas).

  • Sanz Pastor, Marta (ed.). Metalingüísticos y sentimentales. Antología de la poesía española (1966-2000). Madrid: Biblioteca Nueva, 2007 (Clásicos de Biblioteca Nueva 57).

  • Virtanen, Ricardo (ed.). Hitos y señas (1966-1996). Antología crítica de poesía en castellano. Madrid: Ediciones del Laberinto, 2001 (Hermes 13).

Todos los números entre paréntesis llevan a una entrada con notas aclaratorias.

Jenaro Talens (1946)

Límites de la mirada

I

Con voces melancólicas crecen las lluvias, ellas descansan su fuego entre árbol y árbol, como si el invierno no pudiera calentar también con el furor de los atardeceres que crepitan sobre la mirada desnuda, y vienen memorias mitad polvo vueltas noche invisible, les ahoga no acceder al espacio que la brisa interpone a cada fracción de luz, las boyas oscilando sobre un mar sin rostro, sin tiempo, se dirían formas de un sepulcral banquete interminable.

II

Y así las hojas desprendidas le devoran el rostro, su presencia ciega, el hálito borrado por un flujo de sombra, como si la noche lo ciñese y le sellase el labio, briznas de silencio donde la voluntad golpea furtiva, instruye en olvido al espejo, copia su desnudo. Oye, cansado, cómo prevalece el desafío de las voces, nieve fluyendo en ojos ya sin cielo.

De Proximidad del silencio, 1981

Guillermo Carnero (1947)

Mira el breve minuto de la rosa

Mira el breve minuto de la rosa.
Antes de haberla visto sabías ya su nombre,
y ya los batintines de su léxico
aturdían tus ojos –luego, al salir al aire, fuiste inmune
a lo que no animara en tu memoria
la falsa herida en que las cuatro letras
omiten esa mancha de color: la rosa tiembla, es tacto.
Si llegaste a advertir lo que no tiene nombre
regresas luego a dárselo, en él ver: un tallo mondo, nada;
cuando otra se repite y nace pura
careces de más vida, tus ojos no padecen agresión de luz,
sólo una vez son nuevos.

De Variaciones y figuras sobre un tema de La Bruyére (1). 1974

Ana Rossetti (1950)

Onán

Tu cuerpo, desierto de ti,
ascéticos los ojos de tus fuentes abismales,
descubre sobre qué dureza se ceñirán tus manos.
Del placer, los cauces rotos, por tus miembros,
te aleccionan en el violento quehacer
que te humedecerá el vientre,
manantial imposible a tus resecos labios.
Innumerables lenguas te recorren la carne
chupándote las sienes y enfriando tu espalda;
gasa de plata empapándote el vello.
La postrer sacudida echa atrás tu cabeza,
los párpados cerrados, el cuello en vano aguarda
ser cercenado de un ávido mordisco,
pues el deseo, ya, desciende por tus muslos.

De Los devaneos de Erato,(2) 1980

Luis Alberto de Cuenca (1950)

Amour fou

Los reyes se enamoran de sus hijas más jóvenes. (3)
Lo deciden un día, mientras los cortesanos
discuten sobre el rito de alguna ceremonia
que se olvidó y que debe regresar del olvido.
Los reyes se enamoran de sus hijas, las aman
con látigos de hielo, posesivos, feroces,
obscenos y terribles, agonizantes, locos.
Para que nadie pueda desposarlas, plantean
enigmas insolubles a cuantos pretendientes
aspiran a la mano de las princesas. Nunca
se vieron tantos príncipes degollados en vano.

Los reyes se aniquilan con sus hijas más jóvenes,
se rompen, se destrozan cada noche en la cama.
De día, ellas se alejan en las naves del sueño
y ellos dictan las leyes, solemnes y sombríos.

De La caja de plata, 1985

Helena, palinodia

No, no es verdad, amor, aquella historia. (4)
No llegó a seducirte aquel imbécil
de rizos perfumados. No te fuiste
precipitadamente de la fiesta
de nuestro aniversario, con los ojos
clavados en el bulto que emergía
de entre sus piernas, y con las narices
saturadas de droga. No embarcaste
en su yate de lujo con lo puesto
—que casi no era nada— mientras yo
te buscaba en la calle como un loco,
creyendo que te había pasado algo.
No desapareciste de mi vida
como una exhalación y para siempre.
No puede ser verdad aquella historia.

De Mitologías, 2001

Olvido García Valdés (1950)

Nombrar mas no decir…

A Javier Fernández de Molina

Nombrar mas no decir: que pasen una a una
cuentas sin término, madera
dulce, fósiles huellas del mundo: duramos
menos que un árbol, más que una mariposa, tanto
como una urraca: huesos incinerado, cerro
de greda. Es tu turno, agita
el dado y tíralo, objetos crecen, aletazos
de milano encerrado; así se hace
más apetecible y rubia la cerveza, más
gruesos los palos de esta silla, las hojas
del geranio más suaves y rizadas y olorosas:
el mundo es fantasmal y está vivo, retícula
de manchas y poros en la piel; todo
cuando atardece se dora con la luz, en ella
escucho aquel dibujo negro, blanco, verde
y azul tornasolado de la urraca, ya entonces
junto a la casa era así. Sobre lo que remueve,
sobre lo que se inclina busca
flores espigadas de tierra de maíz,
a mar de oro raíz de sombra.

De Del ojo al hueso, 2001

Luis Antonio de Villena (1951)

Reinos de taifas

Para Randal Switzer

Gozaré con tu piel morena, y el viento oscuro (5)
de tu pelo rubio. Iremos en la mañana
al mar, y buscaremos conchas y piedras lisas.
Y cuando estemos cansados, al salir del agua,
nos tenderemos a comer uvas, y la pulpa carmesí
de la sandía. Entre el fulgor del sol,
yo pasearé mi mano por el agua deliciosa
de tus piernas. Y cuando llegue la noche
y el aire arda en el cálido olor de los jazmines,
beberemos vino en la terraza, y mientras
tu jovencísima belleza se reposa en mí, y me sonríes,
muy cerca ya del sueño, jugaré a prenderte en el lóbulo
un granate (que brilla por la noche) o el blanco palor
de una perla. Y el alba nos sorprenderá
(te lo prometo) entre el deseo mejor y la delicia.
Son, recuerda, muy pocos los días de que disponemos.
Casi nadie entiende el placer y es muy larga
la incuria. Las gentes como nosotros deben
vivir de prisa. Como si todo fuese solamente un día.
Que breve es nuestro reino, y cristianos o almorávides,
terminan por llamar muy pronto a nuestra puerta.

De Hymnica, 1979

Andrés Sánchez Robayna (1952)

Mesa y naranjas

las líneas de la mesa
interrumpidas por naranjas

dispuestas en un plano
sobre la luz del cuarto blanco

abajo el mar se tiende
bajo la mano de las elipses

la luz inunda el cuarto
y las naranjas se acumulan

sobre la luz que entra
y que se tiende en la blancura

de este cuarto y el plano
de las naranjas y la mesa

A una roca

negro tranquilo de la forma:
las lisas aristas fluyeron

calma fluida lisa negra
soledad entera de la forma

De La roca, 1984

La claridad

La unidad de la flor, la deslumbrada
retama en la ladera de septiembre,
la impiedad de la luz, ¿son esos
los signos que nos llegan

y por los que morimos? Caminamos
junto a las aguas, en el sueño, y vemos
latir la luz sin fin ni despertar.
Y el día se hunde en el fulgor del día.

De Palmas sobre la losa fría, 1989

Julio Llamazares (1955)

3

Nada trasciende la densa mansedumbre de esta tarde.

Todo está delante de mis ojos: las cigüeñas varadas sobre el silencio, y los frutales florecidos más allá del tendido del ferrocarril.

En odres muy antiguos, tan antiguos que ni siquiera el dolor puede alcanzarlos, está guardado el tiempo. Y su costumbre deja posos más ácidos y azules que el olvido.

Como hierba crecida entre ruinas, la soledad es su único alimento y, sin embargo, su sustancia es tan dulce como nata crecida.

Absteneos, no obstante, de ponerle interrogantes amarillas o de buscar dioses de trapo allí donde existen solamente aguas absurdas.

De todos es sabido que el tiempo no posee otra grandeza que su propia mansedumbre.

De La lentitud de los bueyes, 1979

Luis García Montero (1958)

“Me persiguen…”

Me persiguen
los teléfonos rotos de Granada,
cuando voy a buscarte
y las calles enteras están comunicando.

Sumergido en tu voz de caracola,
me gustaría el mar desde una boca
prendida con la mía,
saber qué está tranquilo de distancia,
mientras pasan, respiran,
se repliegan
a su instinto de ausencia
los jardines.

En ellos nada existe
desde que te secuestran los veranos.
Sólo yo los habito
por descubrir el rostro
de los enamorados que se besan,

con mis ojos en paro,
mi corazón sin tráfico,
el insomnio que guardan las ciudades de agosto,
y ambulancias secretas como pájaros.

De Diario cómplice, 1987

Blanca Andreu (1959)

“Muerte pájaro príncipe…”

Muerte pájaro príncipe, un pájaro es un ángel inmaduro.
Y así, hablaré de tus manos que se alejan y de las manos de lo hermosísimo ardiendo,
pequeño dios con nariz de ciervo, hermano mío, héroes de alma entrecortada,
niñas de oro hipodérmico que nunca creen morir,
qué aguda la pupila y el filo de los dedos encendiendo la muerte mientras un ángel sobrevuela y pasa de largo
con el pico de plata y de ginebra,
labios del mediodía resuelto en ave sobre tus manos que se alejan y mis manos
y las manos del pequeño ciervo de aire griego salvaje, hermano mío,
y las manos sin venas de los héroes, de las madonas amnésicas.
Mis alas de dolor robadas por tus manos, amor mío, corazón mío pintado de blanco,
mis alas de dolor con botellas agónicas y líquidos que disuelven la vida,
y los labios que te aman en mí y en lo convulso,
y la música en trompetas delgadísimas, trompetas peraltadas, columnas niñas, qué sobreagudo el do
la mirada más alta y la más alta queja,
muerte pájaro príncipe volando,
un pájaro es un ángel inmaduro.

De De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall, 1981

Felipe Benítez Reyes (1960)

Advertencia

Si alguna vez sufres –y lo harás–
por alguien que te amó y que te abandona,
no le guardes rencor ni lo perdones:
deforma su memoria el rencoroso
y en amor el perdón es sólo una palabra
que no se aviene nunca a un sentimiento.
Soporta tu dolor en soledad,
porque en merecimiento aun de la adversidad mayor
está justificado si fuiste
desleal a tu conciencia, no apostando
sólo por el amor que te entregaba
su esplendor inocente, sus intocados mundos.

Así que cuando sufras –y lo harás–
por alguien que te amó, procura siempre
acusarte a ti mismo de su olvido
porque fuiste cobarde o quizá fuiste ingrato.
Y aprende que la vida tiene un precio
que no puedes pagar continuamente.
Y aprende dignidad en tu derrota,
agradeciendo a quien te quiso
el regalo fugaz de su hermosura.

De Los vanos mundos, 1985

Jorge Riechmann (1962)

Cada cual tiene sus debilidades

…como si en los acontecimientos sociales todavía hubiera posibilidades de hablar en términos de buenos y malos y de expresar rotundidades…

Joaquín Estefanía en El País, 19.2.94

Yo ya sabía
que el estado mejicano de Chiapas
está situado en el ciberespacio
y que ciudades como Gorazde o Sarajevo
no constan en el atlas
que el poeta de la experiencia estándar
manejó en su añorada espléndida niñez

Yo ya sabía que mortal pecado es hoy
hablar en términos de buenos o malos
o expresar rotundidades

incluso si lo violan analmente a uno
con el palo de una escoba
como al pobre ciudadano italiano
que osó desafiar al rotundo poder del ciudadano Berlusconi
organizando un boicot a sus mercaderías.

Yo ya sabía que han pasado los tiempos
en que podía distinguirse la explotación de la filantropía
la sangre del petróleo
la justicia de la tortura
la usura de la estética
el hambre del destino.

Yo ya sabía que hoy es necesario
jurar fidelidad a la bandera
a la democracia liberal-democrática
al pensamiento débil (6)
a los valores débiles
y a la propiedad privada fuerte, ahí no valen bromas
enclenque amigo mío.

Yo ya sabía todo esto.
Pero no acabo de acostumbrarme totalmente, y a veces
por las mañanas se me avergüenzan las uñas
o la espalda.

Gianfranco Mascia promovió un boicot a los productos de Fininvest (el consorcio de Berlusconi) con un movimiento llamado Boicottiano el Biscione. Dos matones lo asaltaron en su propio estudio, lo amordazaron y ataron, y lo violaron analmente con una escoba.

El País, 20.2.94

De El día que dejé de leer El País, 1997

Bibliografía

Andreu, Blanca. De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall. Madrid: Hiperión, 1986 (5a ed.).

Benítez Reyes, Felipe. Los vanos mundos. Granada: Maillot Amarillo,1985.

Carnero, Guillermo. Variaciones y figuras sobre un tema de La Bruyére. Madrid: Visor, 1974.

Cuenca, Luis Alberto de. La caja de plata. Sevilla: Renacimiento, 1985.
Mitologías. Salamanca: CELYA, 2001.

García Montero, Luis. Diario cómplice. Madrid: Hiperión, 1987.

García Valdés, Olvido. Del ojo al hueso. Madrid: Ave del Paraíso, 2001.

Llamazares, Julio. La lentitud de los bueyes, Madrid: Hiperión, 1994 (3a ed).

Riechmann, Jorge. El día que dejé de leer El País. Madrid: Hiperión, 1997.

Rossetti, Ana. Los devaneos de Erato. Valencia: Prometeo,1980.

Sánchez Robayna, Andrés. La roca. Barcelona: Ediciones del Mall, 1984.
Palmas sobre la losa fría, Madrid: Cátedra, 1989.

Talens, Jenaro. Proximidad del silencio. Madrid: Hiperión, 1981.

Villena, Luis Antonio de. Hymnica. Madrid: Hiperión,1979.

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9 marzo, 2016

M. Gutiérrez Nájera: “El cruzamiento en literatura”


Tomado de Manuel Gutiérrez Nájera y otros, La construcción del modernismo. Ed. Belem Clark de Lara y Ana Laura Zavala Díaz. México: UNAM, 2002 (BEU 137). Esta obra recopila ensayos y artículos fundamentales para comprender la idea del modernismo que se hicieron, en México, sus creadores y sus adversarios.

Con frecuencia se culpa a esta Revista de afrancesamiento y se la tilda, sin razón alguna, de malquerer o menospreciar la literatura española. Hoy toda publicación artística, así como toda publicación vulgarizadora de conocimientos, tiene de hacer en Francia su principal acopio de provisiones, porque en Francia, hoy por hoy, el arte vive más intensa vida que en ningún otro pueblo, y porque es Francia la nación propagandista por excelencia, Pero esto no significa menosprecio a la literatura española, cuyos grandes, imperecederos monumentos, ha de estudiar ahincadamente todo aquel que aspire a ser literato o, cuando menos, a cultivar su gusto. Nuestra Revista no tiene carácter doctrinario. Se propone presentar modelos de belleza arcaica, espigando en las obras de los clásicos; es sustancialmente moderna y por lo tanto, busca las expresiones de la vida moderna en donde más acentuadas y coloridas aparecen. La literatura contemporánea francesa es ahora la más “sugestiva”, la mas abundante, la mas de “hoy”, y los españoles mismos, a pesar de su apego a la tierruca, trasponen los Pirineos en busca de “moldes nuevos” para sus ideas e inspiraciones. Dígalo Salvador Rueda, genialidad poética de mucho brillo, que me propongo estudiar con detención, y dígalo, entre otros muchos, Armando Palacio Valdés, novelista de insigne mérito, más apreciado entre los extraños que entre los suyos, y cuya última novela, pocos días ha llegada a México, El origen del pensamiento, es de lo mas notable que la literatura española ha producido en mucho tiempo. Ahora, las letras castellanas se vuelven hacia Francia y hacia las literaturas del norte de Europa, así como también la filosofía, en España, tiende a avanzar en los rectos carriles del método positivo. En la península se traduce y se imita, mucho más que se produce o se revive, y ello, lejos de ser pernicioso, es en extremo favorable al adelanto de las ciencias y las artes. La decadencia de la poesía lírica española es innegable, y así lo entienden todos los críticos serios.
Ahora bien, entiendo que esta decadencia de la poesía lírica española, depende por decirlo así, de falta de cruzamiento. La aversión a lo extranjero y a todo el que no sea cristiano rancio, siempre ha sido maléfica para España: dígalo, sí no, la expulsión de los judíos. Es falso que el Sol no se pone jamás en los dominios de nuestra antigua metrópoli: el Sol sale y se pone en muchos países y es conveniente procurar ver todo lo que alumbra. Conserve cada raza su carácter substancial; pero no se aísle de las otras ni las rechace, su pena de agotarse y morir. El libre cambio es bueno en el comercio intelectual [y tiene sobre el libre cambio mercantil la ventaja de que podemos establecerlo hasta con pueblos y naciones que no existen ya].
Mientras mas prosa y poesía alemana, francesa, inglesa, italiana, rusa, norte y sudamericana, etcétera, importe la literatura española, más producirá y de más ricos y más cuantiosos productos será su exportación. Parece que reniega la literatura de que yo le aplique estos plebeyos términos de comercio; pero no hallo otros que traduzcan tan bien mi pensamiento.
No puede negarse que en España hay mejores novelistas que poetas líricos. ¿Y a que se debe esta disparidad? Pues a que esos novelistas han leído a Balzac, a Flaubert, a Stendhal, a George Eliot, a Thackeray [a Bret Harte, a Salvatore Farina], a Tolstoi, a muchos otros, y este roce con otros temperamentos literarios, con otras literaturas, ha sido provechoso para ellos. Entre los buenos novelistas de allá, Pereda es, a mi juicio, el más genuinamente español, el más espontáneo, el más de la tierruca; pero, a pesar de ello, sus procedimientos y métodos de observación revelan que conoce a autores clásicos antiguos y modernos.
El renacimiento de la novela en España ha coincidido y debía coincidir con la abundancia de traducciones publicadas. Leen hoy los españoles mucho Zola, mucho Daudet, mucho Bourget, mucho Goncourt, mucho Feuillet; y por lo mismo los rumbos de la novela han cambiado para los novelistas castizos. En una palabra: la novela española ha viajado y ha aprendido bastante en sus viajes.
No pasa lo mismo con la poesía lírica. Los poetas del Siglo de Oro fueron muy buenos, entre otras cosas, porque habían cursado humanidades con muchísimo provecho; porque se sabían de coro a Horacio, a Virgilio, a Ovidio, a los grandes modelos. Quevedo era tan erudito como gracioso, Fray Luis de León traducía sus pensamientos del latín para vaciarlos en la turquesa de su idioma propio. Latinos e italianos fueron los maestros de todos los grandes poetas de aquel tiempo.
Hoy ha caído en desuso el estudio extenso de las llamadas lenguas muertas y de las literaturas antiguas, y tampoco leen mucho los poetas españoles a los buenos poetas de otras tierras, En las Américas Latinas pecan muchos de exceso de imitación, particularmente los que imitan al inimitable o, mejor dicho lo inimitable: Victor Hugo. En España perdería su tiempo el que anduviera buscando, con linterna o sin ella, poetas en quienes alienta el alma de Musset, o que rindan culto al ideal de Leconte de Lisle, al de Gautier, al de Sully Prudhomme; o que revelen haber leído a Leopardi. La influencia de Heine, que es una corriente literaria tan visible como visible es el gulf stream, apenas se echa de ver en la poesía española; a pesar de que Bécquer la sintió y de que Bécquer tuvo muchos y muy malos imitadores. Sólo en Campoamor hay Heine. La poesía tétrica de Edgar Poe, que ha avasallado a tantos poetas europeos, no dejó rastros en los castellanos. Y tampoco tiene hoy por hoy España un poeta popular, genuino, propio, de la fuerza de Ruiz Aguilera o de Zorrilla, porque Ruiz Aguilera sentía con el pueblo español de ahora y Zorrilla con el pueblo español de ha doscientos años.
Unos imitan por allá a Campoamor, a Núñez de Arce, a Zorrilla; otros a Espronceda; algunos a Quintana; los que aspiran a ser llamados clásicos, imitan al maestro León, a Argensola, a Rioja; y muchos imitan, sin saberlo, a Calderón y a Lope, cuyos versos no han leído pero cuya facundia les ha enamorado al encontrarla, de reflejo, en otros vates. Por manera, que la imitación de los buenos modelos latinos fue decayendo en España, hasta quedarse como aletargada desde el comienzo de este siglo. Ya Meléndez era el vino de Samos convertido en agua con grosella. La imitación de los clásicos propios no está en moda, ni puede estarlo, en cuanto atañe a lo esencial de la poesía, por lo mismo que no está en moda andar vestido de chupa ni con sombrero de tres picos. Y como tampoco se adapta a la índole de la poesía española el espíritu y la forma de poesías extrañas, resulta aquélla insípida y descolorida. No es antigua ni es moderna.
Los únicos poetas que sobresalen, conocen literaturas extranjeras. En Campoamor, que a pesar de sus plagios es el poeta más original y sugestivo de su tierra, se nota mucha lectura de poesías alemanas, inglesas y francesas, En Núñez de Arce, aparte de su amor instintivo a la forma helénica y de su estudio de los clásicos hispanos, hay verdadero conocimiento de los modernos ideales y de los nuevos procedimientos poéticos. Sus poemas (que son muy suyos) están fundidos en donde fundieron los suyos Tennyson, Carducci, y los poetas franceses de más alto vuelo.
No quiero que imiten los poetas españoles; pero sí quiero que conozcan modelos extranjeros; que adapten al castizo estilos ajenos; que revivan viejas bellezas, siempre jóvenes; en resumen, que su poesía se vigorice por el cruzamiento.
Y a esto han contribuido muchísimo Menéndez Pelayo y Valera. No son poetas sugestivos; no se dejan arrebatar por el ímpetu propio, lo que demuestra la escasa energía de éste; pero reflejan a maravilla hermosuras de otros parnasos. Unos poetas, como Homero, son discípulos del mar; otros, como Virgilio, de los bosques y los campos; los poetas bíblicos se inspiran en la fe religiosa; y así van bebiendo los demás en varias fuentes: en el sentimiento, en la imaginación, en el amor patrio, en la voluptuosidad, en las tradiciones… Menéndez Pelayo es un discípulo de los grandes poetas antiguos. Recita pensamientos de ellos en irreprochable forma española. En Grecia está la patria de sus ideas. ¿Que no es poeta de hoy? Convenido. Su mismo amor al arte lo detiene y le pone trabas; su odio a todo lo vulgar, lo obliga a ser parsimonioso en la producción poética: es poeta de hace muchos siglos, que nació hace poco.
Valera es menos helénico; le gustan más que a Menéndez las literaturas exóticas; tiene buen paladar para gustar de las modernas y novísimas; y ambos, presentando, en buen español, dechados de belleza recogidos en sus viajes intelectuales, corrigen la poesía patria de esa hinchazón, de esa superabundancia, de esa excesiva espontaneidad y de esa suficiencia que la pierden. Porque son menos músicos que los demás, curan una literatura enferma de melomanía. Porque reviven a los muertos inmortales y hospedan a los próceres modernos, son útiles a una poesía que tiene cerradas todas sus puertas y que ya no lleva flores a la tumba de los clásicos.
[No insistiré, pues, en realzar los méritos de Pelayo y de Valera. Ya dejo dicho, a grandes trazos, en lo que radican para mí.] Ni don Juan ni don Marcelino son poetas entusiastas; ni sienten intensamente esas pasiones ardorosas que llevan como calor y vida al verso, ni conmueven como Espronceda; ni poseen el ingenio de Campoamor; ni los recursos musicales de Zorrilla. Pero estos mismos defectos constituyen sus excelencias, no como poetas propiamente dichos, sino como maestros o educadores de poetas. ¿Que no hay bellezas en las poesías de Menéndez?… ¡Con una sola de las muchísimas que se encuentran en su libro haría una familia de bellezas cualquier poeta más atrevido, más elocuente, menos devoto de la antigua sobriedad! Se ve la hermosa linea griega en muchos de esos versos; sólo que para admirarla es necesario haber aprendido a disfrutar de esa hermosura. Si poneis delante de un profano la Venus de Milo, y alguna Venus de cualquier gran estatuario moderno, gustará más de ésta; porque la ve más desnuda, si se permite la expresión: porque le parece mas mujer: porque la ve mejor, en suma, mientras que a la otra no la ve ni sabe en que consiste su belleza,
Cansaría y me cansaría espigando en el libro de Menéndez. ¡Qué augusta serenidad en algunas imágenes! ¡Qué blancura de níveo mármol en algunas frases! ¡Cómo se echa de ver que para producir esas delicias, que no entran por el oído, ni por la vista, al alma, sino que derechamente van a ella, es preciso haber estado en muy estrecho comercio intelectual con los grandes maestros de la forma!
A otros poetas les salen bien, admirablemente, algunos versos, A Menéndez no le sale ninguno. Él los hace, los labra. Y aun barrunto que podría ser poeta de mayores y mas osados vuelos, con sólo olvidar, no dolores, no desengaños, sino ciencia. Por lo mismo que anhela realizar una belleza superior y por lo mismo que sabe, como pocos, de qué manera supieron otros realizarla, encuéntrase cohibido y entrabado. Ya puede póngase por caso decir algo muy bello; mas columbra que aun lo podría decir mas lindamente, y no lo dice. Se acerca temblando al altar de la poesía. No sube su escalinata como conquistador, sino como creyente y humildoso sacerdote.
Valera es más despreocupado y, a mi modo de ver, menos poeta. Él ha hecho más poesías para salir del paso, y, como sabe que tiene gran talento en prosa, no se empeña en tenerlo en verso. No cree que es poeta; porque don Juan no ha de creer nada. Le piden un soneto y lo da, porque es muy complaciente. Y le piden un elogio. y sucede lo mismo, Pero si Valera, por capricho, quisiera demostrar (en prosa, por supuesto) que es un gran poeta, no se lo creeríamos; pero lo demostraría.
Pero don Juan, que no necesita ser poeta para entrar a la gloria, así como tampoco ha de ganar el cielo con decir que es muy católico, ha sido muy útil a la poesía española… como agente de colonización… o, si se quiere, como introductor de embajadores, Ora introduce a Valmiki; ora, a Goethe; hoy a Shakespeare; mañana, a Lessing; y así van sabiendo los poetas de la península que no sólo hay moros y cristianos, flores y espinas, en la literatura.
Menéndez Pelayo y Valera no son cantores como Núñez de Arce; ni cantantes como Velarde: son maestros de canto.
La influencia de éstos no inspirados ha sido provechosa, tal como lo sería para los españoles el estudio de la exuberante, libre, espléndida y desordenada poesía sudamericana. Éste no lo emprenden; las Cartas americanas de Valera, y, más que éstas, los prólogos puestos por Menéndez a antologías americanas, prueban el desdén altísimo con que nos miran y la impremeditación con que nos juzgan Pero esto será tema de otro estudio.

10 febrero, 2016

“Forma y fondo”: de la poesía clásica a la poesía moderna (según J. Cuesta)


El lector de Salvador Díaz Mirón, digo, de Lascas tiene que considerar con extrañeza la diferencia tan honda que existe entre las formas y los asuntos de los poemas que entran en el libro, sobre todo, después de que se entera de que Díaz Mirón practicaba una teoría de la composición poética, de acuerdo con la cual, ni el metro, ni el desarrollo, ni el lenguaje, ni el tono de un poema deben elegirse al azar, sino ceñirse a la necesidad del asunto. Este principio explica que el lector se desconcierte; pero no es suficiente para hacerlo salir de su incertidumbre. “Forma es fondo”, dice bien el poeta desde la primera advertencia, y lo que con ello significa es que para cada asunto debe haber una forma a la medida, que no puede ser arbitraria. Ahora bien, la impresión que recibe el lector es que tanto las formas como los asuntos de Lascas se deben a una arbitrariedad. La necesidad que debe ligar a la forma con el fondo se conserva en la sombra, si no sucede que el asunto la expresa tan directamente, que es la forma lo que parece esquivar por superflua.

En la poesía clásica, la correspondencia entre la forma y el fondo es una ley genérica, que no pasa de ser una convención literaria. Hay una forma elegiaca como hay una forma idílica, y no son los asuntos quienes las distinguen, sino los sentimientos. La forma es el género, con lo que muy bien se indica que no se concibe que cada asunto pueda tener una forma individual, o que para cada asunto la poesía pueda disponer de un sentimiento particular. La forma como individualidad es una concepción de la poesía romántica, si bien se precisó con más claridad en el movimiento “formalista” que se derivó del romanticismo y que se conoció con el nombre anecdótico de movimiento “parnasiano”. Aquí, la forma dejó de ser un género para convertirse en una particularidad del sentimiento. Cada paisaje, cada crepúsculo, cada historia se dio a buscar su lenguaje individual, como si fueran a hablarse a sí mismos. Los poetas se entregaron a la misteriosa ociosidad de fabricar poesías blancas y amarillas; de imprimir a las palabras el temperamento del desierto o el estado de alma de unos elefantes, como algo directamente sensible, y de hacer, a la voluntad del asunto, místicamente manifestada, un soneto escultórico, una oda colorida o una elegía musical. El ideal parecía ser que los asuntos poetizaran por sí mismos sin intervención de los poetas, sin el intermedio de las formas. Pues este “formalismo” era en realidad un imperio absoluto del asunto, de la materia y, en consecuencia, una materialización de la poesía.

Jorge Cuesta, “Salvador Díaz Mirón”, 1940. En Poemas y ensayos, p. 342-344. Mexico: UNAM, 1964.

19 junio, 2015

Hedy Lamarr: Mickey Rooney, dos pianos y 30 cerdos


Hedy_Lamarr_in_Dishonored_Lady_4

Hedy Lamarr en Dishonored lady, 1947, de Robert Stevenson.

Me sentía insegura y me situaba a la defensiva en la peculiar sociedad donde Burns y Allen ganaban nueve mil dólares semanales en su espectáculo de la radio; donde la gente andaba siempre con una coca cola de cinco centavos en la mano; donde Randolph Hearst, el editor más influyente del país, había decretado que ningún empleado se atreviera a nombrar la muerte en su presencia; donde mi colega más valioso y más caro era un adolescente de 19 años llamado Mickey Rooney (quien poseía un rancho, un caballo de carreras, una orquesta de jazz, dos perros, tres automóviles, dos apartamentos, una casa, un equipo de fútbol, dos pianos y 30 cerdos); donde el libro más vendido se titulaba Cómo leer un libro (de Mortimer Adler). ¡Cómo queréis que no me confundiera en tierra tan extraña!

Hedy Lamarr (nacida como Hedwig Eva Maria Kiesler en Viena, 1914). Éxtasis y yo, México: Grijalbo, 1968. T. Óscar L. Molina (Ecstasy and me, 1966).

Lo que más me atrajo en este fragmento: la irónica y fina captación de lo americano, tal y como era percibido por los europeos y latinoamericanos antes de 1945.

También, lo lejos que estamos de esa época, lo mucho que en todo el mundo nos hemos americanizado desde entonces. Millonarias estrellas adolescentes, coca cola por todos lados, necesidad de que nos enseñen “cómo leer un libro”…

Asimismo, el que, todavía en 1966, un traductor mexicano usara el vosotros en la lengua escrita (¿o sería quizá un español transterrado?).

Y por último, el brillante uso de la enumeración por esta ―sí, también― escritora, a la que admiro cada vez más.

5 enero, 2015

Fantástico vs. realista / maravilloso vs. grotesco


Lo fantástico no es algo que no puede ocurrir, sino algo que no debería ocurrir.
Los valores proyectados hacia el ámbito de los meros hechos: lo fantástico no debería ocurrir, porque sería demasiado horrible o demasiado hermoso que ocurriera.
La experiencia de lo fantástico se hace posible a partir del momento en que la realidad se vuelve gris —es decir, desencantada, en el sentido de Max Weber.
Lo maravilloso es lo numinoso, o al menos una categoría estética subordinada a lo numinoso.
Para que hubiese lo fantástico, primero fue necesario que naciera y se desarrollara lo realista. No existe lo uno sin lo otro.
Antes de lo fantástico y lo realista, hubo solamente lo maravilloso y lo grotesco (en el sentido de Bajtín).

5 julio, 2014

Revolución, arte y todo lo demás -una mirada fresca


http://revolutioninfiction.wordpress.com/about/

28 mayo, 2014

La globalización (pre)vista por Baudelaire


DAVOS/SWITZERLAND, 27JAN07 - Impression of the...

DAVOS/SWITZERLAND, 27JAN07 – Impression of the Annual Meeting 2007 of the World Economic Forum in Davos, Switzerland, January 27, 2007. Copyright World Economic Forum (www.weforum.org) swiss-image.ch/Photo by Benjamin Zurbriggen (Photo credit: Wikipedia)

[…] La ruina o el progreso universales no se manifestarán por medio de las instituciones políticas, sino por el envilecimiento de los corazones. ¿Tengo, acaso, necesidad de decir que lo poco que quede de política se debatirá entre los brazos del embrutecimiento general, y que los gobernantes, para sostenerse y crear un fantasma de orden, se verán obligados a recurrir a procedimientos que harían estremecer a nuestra humanidad de hoy, ya tan endurecida? […] Entonces, lo que se parezca a la virtud, ¿qué digo?, todo lo que no sea entusiasmo por Plutón será considerado como cosa ridícula. La justicia, si en esta afortunada época puede existir aún una justicia, sancionará a los ciudadanos que no sepan hacer fortuna. Tu esposa, ¡oh Burgués!, tu casta mitad, cuya legitimidad es para ti la poesía, introduciendo en la legalidad matrimonial una irreprochable infamia, guardiana vigilante y amorosa de tu caja de caudales, no será más que el ideal perfecto de la concubina. Tu hija, con una inocente virginidad infantil, soñará desde su cuna que se vende por un millón, y hasta tú mismo, ¡oh Burgués! —menos poeta aun que lo eres hoy— no encontrarás nada que oponer, no te lamentarás de nada. Porque en el hombre hay cosas que se fortifican y prosperan a medida que otras se debilitan y empequeñecen; y, gracias al progreso de esos tiempos venideros, no quedarán de tus entrañas más que las vísceras…

Charles Baudelaire, Fusées (Cohetes). T. de Rafael Alberti.

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27 mayo, 2014

Baudelaire (y d’Aurevilly): No valdreis ni para ser idólatras


Peuples civilisés, qui parlez toujours sottement de Sauvages et de Barbares, bientôt, comme dit d’Aurevilly, vous ne vaudrez même plus assez pour être idolâtres.

Pueblos civilizados, que siempre hablais tontamente de “salvajes” y de “bárbaros”, pronto, como dice d’Aurevilly, no valdreis ni siquiera para idólatras.

Charles Baudelaire, Fusées.

25 mayo, 2014

Baudelaire: almas, trabajo, momias


Le travail, n’est-ce pas le sel qui conserve les âmes momies? (El trabajo ¿no es la sal que conserva a las almas momificadas?).

Charles Baudelaire, Fusées.

13 mayo, 2014

Poemas de Juan Ramón Jiménez


I
Acción

Goethe

No sé con qué decirlo,
porque aún no está hecha
mi. palabra.

II

Plenitud de hoy es
ramita en flor de mañana.
Mi alma ha de volver a hacer
el mundo como mi alma.

III

Intelijencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
…Que mi palabra sea
la cosa misma
creada por mi alma nuevamente.
que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas…
Intelijencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,

y suyo, y mío, de las cosas!

IV

Tira la piedra de hoy,
olv¡da y duerme. Si es luz,
mañana la encontrarás,
en la aurora, hecha sol.

V

Vino primero, pura,
vestida de inocencia.
Y la amé como un niño.

Luego se fue vistiendo
de no sé qué ropajes.
Y la fui odiando, sin saberlo.

Llegó a ser una reina,
fastuosa de tesoros…
¡Qué iracundia de yel y sin sentido!

…Mas se fue desnudando.
Y yo le sonreía.

Se quedó con la túnica
de su inocencia antigua.
Creí de nuevo en ella.

Y se quitó la túnica,
y apareció desnuda toda…
¡Oh pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre!

de Eternidades, 1918

Su sitio fiel

Las nubes y los árboles se funden
y el sol les trasparenta su honda paz.
Tan grande es la armonía del abrazo,
que la quiere gozar también el mar,
el mar que está tan lejos, que se acerca,
que ya se oye latir, que huele ya.

El cerco universal se va apretando,
y ya en toda la hora azul no hay más
que la nube, que el árbol, que la ola,
síntesis de la gloria cenital.
El fin está en el centro. Y se ha sentado
aquí, su sitio fiel, la eternidad.

Para eso hemos venido. (Cae todo
lo otro, que era luz provisional.)
Y todos los destinos aquí salen,
aquí entran, aquí suben, aquí están.
Tiene el alma un descanso de caminos
que han llegado a su único final.

de La estación total, 1946