Posts tagged ‘nihilismo’

18 noviembre, 2015

El samsara según Cioran


En la nada absoluta, el ojo crearía praderas, el oído sonidos, el olfato aromas y el tacto placeres, ya que los deseos urden un universo desmentido incesantemente por la razón. El alma dice: “Nada”, los sentidos: “Goce”.
Los dolores te roen y hacen que tus apetitos se emborrachen de mundo. En vano tu pensamiento rechaza sus construcciones; la pasión las sigue empujando. El deseo segrega el mundo y la razón, con vana obstinación, tiende un toldo de irrealidad sobre la urdimbre de existencia de los sentidos.

E. M. Cioran, Breviario de los vencidos, III, 44. T. J. Garrigós.

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19 septiembre, 2015

Civilización: “ansia de vicio” (no es Rousseau, es Cioran)


El ansia de dinero, de lujo, de vicio, eso es la civilización. Un pueblo sencillo y probo no se diferencia de las plantas. […] Todo lo que tiene su origen en el orgullo es de breve duración pero la intensidad infinita redime la brevedad temporal.

E. M. Cioran, Breviario de los vencidos. T. Joaquín Garrigós.

17 junio, 2015

Cioran: “Desde que la utilidad apareció en el mundo…”


¿Luce el Sol para calentarnos? ¿Nos cubre la noche para que nosotros nos cubramos de sueño? Desde que la utilidad apareció en el mundo, éste ya no es.

E. M. Cioran, Breviario de los vencidos. T. Joaquín Garrigós.

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8 junio, 2015

Cioran: el mundo como deseo y como representación


Toda la naturaleza es un embeleco decorativo de nuestra música interior.

Cioran: Breviario de los vencidos. T. J. Garrigós.

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7 marzo, 2014

José Martí: esperanza en la inmortalidad del alma


 

Jean Delville (Belgian, 1867-1953), "Orph...

Jean Delville (Belgian, 1867-1953), “Orpheus” (Photo credit: sofi01)

¿Quién no sabe que la lengua es jinete del pensamiento, y no su caballo? La imperfección de la lengua humana para expresar cabalmente los juicios, afectos y designios del hombre es una prueba perfecta y absoluta de la necesidad de una existencia venidera.

 

75

 

¡La vida humana no es toda la vida! La tumba es vía, no término. La mente no podría concebir lo que no es capaz de realizar; la existencia no puede ser juguete abominable de un genio maligno.

 

76

 

“Pról. al Poema del Niágara de Juan A. Pérez Bonalde” (1881). Ensayos y crónicas, p.59-78. Madrid: Cátedra, 2004 (Letras Hispánicas, 556)

 

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6 marzo, 2014

Poesía y titanismo romántico: José Martí


Luzbel

Luzbel (Photo credit: Foul Raccoon)

¡Halla un monte de agua que le sale al paso; y, como lleva el pecho lleno de combate, reta al monte de agua!

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Ya Luzbel, ya Prometeo, ya Ícaro.

72

Están todos los hombres de pie sobre la tierra, apretados los labios, desnudo el pecho bravo y vuelto el puño al cielo, demandando a la vida su secreto.

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“Prólogo al Poema del Niágara de Juan A. Pérez Bonalde” (1881). Ensayos y crónicas, p.59-78. Madrid: Cátedra, 2004 (Letras Hispánicas, 556)

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6 marzo, 2014

Nihilismo y resistencia al nihilismo: José Martí


Nadie tiene hoy su fe segura. Los mismos que lo creen se engañan. Los mismos que escriben fe se muerden, acosados de hermosas fieras interiores, los puños con que escriben.

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 ¡Un inmenso hombre pálido, de rostro enjuto, ojos llorosos y boca seca, vestido de negro, anda con pasos graves, sin reposar ni dormir, por toda la tierra, y se ha sentado en todos los hogares, y ha puesto su mano trémula en todas las cabeceras! ¡Qué golpeo en el cerebro! ¡Qué susto en el pecho! ¡Qué demandar lo que no viene! ¡Qué no saber lo que se desea!

62

Bonalde mismo no niega, sino que inquiere. No tiene fe absoluta en la vida próxima; pero no tiene duda absoluta. Cuando se pregunta desesperado que ha de ser de él, queda tranquilo, como si hubiera oído lo que no dice. Saca fe en lo eterno de los coloquios en que bravamente lo interroga.

75-76

“Prólogo al Poema del Niágara de Juan A. Pérez Bonalde” (1881). Ensayos y crónicas, p.59-78. Madrid: Cátedra, 2004 (Letras Hispánicas, 556).

8 febrero, 2014

La mentira, necesidad vital: un tema nietzscheano en Valle-Inclán


Yo estaba compadecido de aquel pobre exclaustrado que prefería la Historia a la Leyenda, y se mostraba curioso de un relato menos interesante, menos ejemplar y menos bello que mi invención. ¡Oh alada y riente mentira, cuándo será que los hombres se convenzan de la necesidad de tu triunfo! ¿Cuándo aprenderán que las almas donde sólo existe la luz de la verdad son almas tristes, torturadas, adustas, que hablan en el silencio con la muerte, y tienden sobre la vida una capa de ceniza? ¡Salve, risueña mentira, pájaro de luz que cantas como la esperanza! […] Ella es el galanteo en las rejas, y el lustre en los carcomidos escudones, y los espejos en el río que pasa turbio bajo la arcada romana de los puentes: ella, como la confesión, consuela a las almas doloridas, las hace florecer, les vuelve la Gracia.

Ramón del Valle-Inclán, Sonata de invierno (1905)

26 diciembre, 2013

Ernest Renan: despedir a los dioses muertos


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Un inmenso río de olvido nos arrastra a un precipicio sin nombre. Oh abismo, tú eres el Dios único. Las lágrimas de todos los pueblos son verdaderas lágrimas; los sueños de todos los sabios encierran parte de la verdad. Todo aquí abajo no es más que símbolo y sueño. Los dioses pasan como los hombres, y no sería bueno que fuesen eternos. La fe que se ha tenido no debe ser jamás una cadena. Se la deja atrás cuando uno la ha enredado cuidadosamente a la mortaja de púrpura en la que duermen los dioses muertos.

Final de la “Oración sobre la Acrópolis”, Souvenirs d’enfance et de jeunesse. Traducción mía, con dudas. El libro puede consultarse en Gallica.

4 diciembre, 2013

Porfirio Barba Jacob (colombiano, 1881-1941): “La Reina”


En nada creo, en nada… Como noche iracunda
llena del huracán, así es mi “Nada”.
En su frente profunda
mi estirpe fue de hieles abrevada.

Solloza en mi razón un soplo frío
que antiguo brío hiela en la inacción.
Desprecio de mí mismo: ¡estoy llagado!
Desprecio de mí mismo: ¡has gangrenado mi corazón!

Ni un albo amor ni un odio me estremece,
forma ciega en negrura ilimitada;
y a ritmo y ritmo el corazón parece
decir muriendo: “Nada… nada…”

Mi musa fue de dioses engañada.

Al aura errante, al lampo del lucero,
al tremulante amor de un joven marinero,
en la noche de caudas opalinas pregunto:
“Qué enigma está en vosotros?” Y responde,
por mi carne de cirios alumbrada,
mi Musa en sus laureles desolada:

–Nada…

¡Oh Reina, rencorosa y enlutada!