Posts tagged ‘novela’

27 abril, 2014

W. Fernández Flórez: la luz de las pesadillas


Esa luz vaga y turbia en que suelen moverse las imágenes de una pesadilla, luz sin sombras, que ablanda los contornos, poso de luz que ha dejado su nata en la otra cara de un filtro de nubes y permite caer al fondo todo lo que hay de indeciso y de gris en el universo.

Wenceslao Fernández Flórez, El bosque animado (Espasa-Calpe, 1965, p. 47.

 

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17 marzo, 2014

W. Fernández Florez (1885-1964): principio de El bosque animado


Ás veces perdéndote atopas algo

Ás veces perdéndote atopas algo (Photo credit: Anxo Resúa)

Wenceslao Fernández Flórez (1885-1964), gallego, es un gran escritor al que deberíamos conocer mejor en México. Para creerlo, me bastan un cuento (“El claro del bosque”, Antología de cuentos de terror de R. Llopis, Alianza), y el primer capítulo de El bosque animado (Espasa-Calpe, 1965), libro que estoy empezando a leer. En ambas obras he disfrutado un lirismo que suele darse mejor en otras lenguas y al que, ni modo, no puedo calificar más que de celta. Lo he sentido en la narrativa del galés Arthur Machen, apenas en Walter Scott (cuando es menos british y más scott), en recopilaciones de folclor bretón e irlándés, y en varias canciones de Jethro Tull (Acres wild, canción imprescindible de mis 13 años). En español, en Rosalía de Castro y en Valle-Incán, por supuesto.

También me parece digna de atención su perspectiva holística del bosque como un ser viviente, la cual ―si no me equivoco― parece una anticipación lírica de la famosa Hipótesis Gaia, del químico James Lovelock y la bióloga Lynn Margulis; hipótesis que pudo haber tenido una primera expresión literaria en la también hermosa novela El nombre del mundo es Bosque (The Word for World Is Forest), de Ursula K. Le Guin, publicada en 1976. Y también pienso en Carlos Pellicer, por ejemplo en el “Discurso por las flores” de Subordinaciones:
Algo en mi sangre viaja con voz de clorofila.
Cuando a un árbol le doy la rama de mi mano
siento la conexión y lo que se destila
en el alma cuando está junto a un hermano.
¿Y por qué Fernández Flórez no es más importante en nuestra lengua? Quizá por su furibundo anticomunismo; y también porque, pese a las grandes obras fantásticas y real-maravillosas consagradas en los 60, nuestras literaturas aún parecen oscilar entre seguir “clientes del diccionario” (del formalismo)  y recaer en costumbrismos ñoños y tremendismos de nota roja, extremos opuestos del mismo apego a lo inmediato.
 

Estancia I. La fraga de Cecebre (primeros párrafos)

La fraga es un tapiz de vida apretado contra las arrugas de la tierra; en sus cuevas se hunde, en sus cerros se eleva, en sus llanos se iguala. Es toda vida: una legua, dos leguas de vida entretejida, cardada, sin agujeros, como una manta fuerte y nueva, de tanto espesor como el que puede medirse desde lo hondo de la guarida del raposo hasta la punta del pino más alto. ¡Señor, si no veis más que vida en torno! Donde fijáis vuestra mirada divisáis ramas estremecidas, troncos recios, verdor; donde fijáis vuestro pie dobláis hierbas que después procuran reincorporarse con el apocado esfuerzo doloroso de hombrecillos desriñonados; donde llevéis vuestra presencia habrá un sobresalto más o menos perceptible de seres que huyen entre el follaje, de alimañas que se refugian en el tojal, de insectos que se deslizan entre vuestros zapatos, con la prisa de todas sus patitas entorpecidas por los obstáculos de aquella selva virgen que para ellos representan los musgos, las zarzas, los brezos, los helechos. El corazón de la tierra siente sobre sí este hervor y este abrigo, y se regocija.

La fraga es un ser hecho de muchos seres. (¿No son también seres nuestras células?). Esa vaga emoción, ese afán de volver la cabeza, esa tentación —tantas veces obedecida— de detenernos a escuchar no sabemos qué, cuando cruzamos entre su luz verdosa, nacen de que el alma de la fraga nos ha envuelto y roza nuestra alma, tan suave, tan levemente corno el humo puede rozar el aire al subir, y lo que en nosotros hay de primitivo, de ligado a una vida ancestral olvidada, lo que hay de animal encorvado, lo que hay de raíz de árbol, lo que hay de rama y de flor y de fruto, y de araña que acecha y de insecto que escapa del monstruoso enemigo tropezando en la tierra, lo que hay de tierra misma, tan viejo, tan oculto, se remueve y se asoma porque oye un idioma que él habló alguna vez y siente que es la llamada de lo fraterno, de una esencia común a todas las vidas.

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8 febrero, 2014

La mentira, necesidad vital: un tema nietzscheano en Valle-Inclán


Yo estaba compadecido de aquel pobre exclaustrado que prefería la Historia a la Leyenda, y se mostraba curioso de un relato menos interesante, menos ejemplar y menos bello que mi invención. ¡Oh alada y riente mentira, cuándo será que los hombres se convenzan de la necesidad de tu triunfo! ¿Cuándo aprenderán que las almas donde sólo existe la luz de la verdad son almas tristes, torturadas, adustas, que hablan en el silencio con la muerte, y tienden sobre la vida una capa de ceniza? ¡Salve, risueña mentira, pájaro de luz que cantas como la esperanza! […] Ella es el galanteo en las rejas, y el lustre en los carcomidos escudones, y los espejos en el río que pasa turbio bajo la arcada romana de los puentes: ella, como la confesión, consuela a las almas doloridas, las hace florecer, les vuelve la Gracia.

Ramón del Valle-Inclán, Sonata de invierno (1905)

21 diciembre, 2013

1789-1848: los tiempos en que escriben románticos y realistas


Liberté

Década por década la historia del siglo XIX parecía anunciar la revolución paneuropea. La revolución francesa (1789-1814) fue la que mostró primero que la rebelión se podía extender a todo el continente. En 1820 la revolución española provocó indirectamente levantamientos en Portugal, Nápoles y el Piamonte. (La Santa Alianza reaccionó con una represión brutal.) Según Engels el año de 1830 marcó un viraje de la historia: la revolución que estalló en París repercutió en toda Europa, rebelándose Bélgica contra Holanda, Polonia contra Rusia, los italianos de los Estados papales, mientras estallaban revoluciones en los estados alemanes, promovían la liberalización los burgueses radicales en Suiza, y se promulgaban las leyes de Reforma Constitucional en Inglaterra. (Nuevamente la Santa Alianza reaccionó con fuerza.) En 1848 una gran conflagración se extendió por todo el continente europeo: estalló la revolución en Francia y derrocó al “rey burgués”; el incendio revolucionario se propagó a Austria, Hungría, Croacia, Bohemia, […], atravesó los estados alemanes hasta llegar a Berlín y hubo rebeliones en los estados italianos, grandes disturbios en España, Dinamarca y Rusia, inquietud en Grecia e Inglaterra y un levantamiento en Irlanda. Parecía haber llegado la revolución paneuropea que esperaban Marx y Engels.

[…]

En los años 40 del siglo XIX , Europa yacía bajo la bota de la Santa Alianza […]. Marx las llamó los “poderes de la vieja Europa”: papa y zar, Metternich y agentes secretos alemanes. No había democracia: en Francia un puñado de gente tenía el voto, en otros países nadie. Los sindicatos eran ilegales y, sin embargo, Francia, con su proletariado tormentoso, se estaba industrializando. El continente era una vasta prisión zarista. No había parlamentos ni reformas, sino reyes y sacerdotes por doquier.

Ross Gandy. Introducción a la sociología histórica marxista. Biblioteca Era. Era, 1978. T. Isabel Fraire. P. 111 y119-120.

20 noviembre, 2013

Albert Camus: la humanidad no cree en las plagas (y en México tampoco hay peste)


Cuando estalla una guerra las gentes se dicen: “Esto no puede durar, es demasiado estúpido”.  Y sin duda una guerra es evidentemente demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La estupidez insiste siempre, uno se daría cuenta de ello si uno no pensara siempre en sí mismo. Nuestros conciudadanos, a este respecto, eran como todo el mundo; pensaban en ellos mismos; dicho de otro modo, eran humanidad: no creían en las plagas. La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan.

Albert Camus, La peste, 1947. T. Rosa Chacel. Buenos Aires: 1977.

7 noviembre, 2013

Cómo trata un verdadero novelista con las convenciones literarias


Detail of mice-mounted dueling knights from lo...

Detail of mice-mounted dueling knights from lower part of Plate I of Gustave Doré’s illustrations to Miguel de Cervantes’ Don Quixote. From Chapter I. (Photo credit: Wikipedia)

Una vez establecida esa firme base [ver Don Quijote, sujeto que se construye a sí mismo], los contenidos de las acciones corrieron a cargo de la literatura vigente, usada no como un archivo de modelos típicos, sino como medio o combustible, como materia incitante. El Quijote se pronunció rebeldemente contra la sociedad de su tiempo y contra su literatura. Las figuras podrán ajustarse a un perfil literariamente habitual (caballero, ventero, pastor…), pero sus iniciativas no serán ya típicas, pues surgen y se trenzan en conexión con unas circunstancias activamente reales.

 

Américo Castro, Cervantes y los casticismos españoles, p.107.

 

7 noviembre, 2013

Don Quijote, sujeto que se construye a sí mismo


The first ascent of the Matterhorn by Gustave Doré

El Quijote, por vez primera, plantea y desarrolla el problema del hacerse de la personalidad en un simultáneo dentro y fuera de sí mismo. En el Guzmán (I, ii. i) se decía: “Qué fácil es todo al que piensa, qué dificultoso al que obra”. Lo tan bien dispuesto “de noche a oscuras con el almohada” resulta ser a la mañana “engaño de la imaginación, todo cisco y carbón como tesoro de duende”. El problema en el Quijote no es el de si es o no fácil lograr lo que se desea, sino si la persona puede llegar a ser quien quiere, debe y merece ser “en estos nuestros detestables siglos”. Se trata de ser yo, no de poseer tesoros.

[…] El único Señor […] que era leal con sus súbditos […] era el Señor de los cielos. Cervantes se sabía bien esa lección, pero no encontraba la Ciudad de Dios adecuadamente reflejada en la realidad espiritual de cada día. No teniendo vocación de místico, se construyó imaginativamente una disposición en que se expresara el proceso penoso y conflictivo de quien aspira a ser persona, e identifica la conciencia de personalidad con la pretensión de realizar el bien en un mundo malignamente dispuesto. […] Cervantes elevó su obra hasta una altura en la cual se olvida el tocino y la hidalguía, y adquiere universal dimensión el problema de existir y de hacerse la persona, simultáneamente, en la región donde Teresa la Santa se buceaba en su propia alma, […] y en el ámbito sin límites del mundo en torno a cada ser humano. Un enfoque de la vida en esa doble dirección nunca antes había sido intentado -existir de veras y a la vez dentro y fuera de uno mismo.

Disaster strikes just after the first ascent o...

Américo Castro: “El Quijote como novela de nueva forma”, en Cervantes y los casticismo españoles, Alianza Editorial, 1974, p.106.

30 octubre, 2013

Don Quijote: incertidumbre y autonominación


Nafpaktos - Miguel de Cervantes

Nafpaktos – Miguel de Cervantes (Photo credit: Ava Babili)

Don Quijote lanza al viento lo absoluto de su persona sin más fundamento que el quererlo él, y el saber él quién es. Su misión va a realizarse en el mundo, no en lugares habitados y precisos: “Todo el mundo se tenga…” (I, 4)

Américo Castro, Cervantes y los casticismos españoles, 56.

8 octubre, 2013

El realismo español y la Revolución de Septiembre (1868)


Lo cardinal de la novela española que nace de la Revolución de Septiembre es que da por sentado que hay una realidad problemática y que es urgente habérselas con ella. Quede para el costumbrismo la añoranza de un pretérito de Maricastaña. La nueva ficción fijará su mirada en los “tiempos presentes”. Y como quiera que esos tiempos son de hipersensibilidad ideológica, de odios y suspicacias, de esperanzas y fracasos, todo ello habrá de incorporarse en la novela que está en trance de nacer.

Juan López Morillas, “La Revolución de Septiembre y la novela española”, Revista de Occidente, octubre de 1968.

8 octubre, 2013

Costumbrismo y falso romanticismo en tiempos de Isabel II (1843-1868)


Lo que se tiene por novela isabelina apunta […] en dos direcciones opuestas. Una de ellas es la figuración de una realidad elegida por su posible interés pintoresco o tipificante […] Está ahí, a la vista de todos, y si no todos se percatan de ella es porque no aguzan bastante la mirada o no saben donde posarla. Calibrada así, la faena del novelista es adjetiva y humilde. Consiste tan sólo en mirar y escuchar o, como diría Fernán Caballero, en tomar”apuntes del natural”, aunque ese “natural” resulte a la postre, como en el caso de doña Cecilia, más que medianamente artificioso […] más que medianamente artificioso. La dirección contraria es la que siguen las novelas que Francisco Giner llama “sentimentales o seudohistóricas”, plagadas de situaciones de relumbrón, de inverosímiles caracteres, de catástrofes inesperadas”.

Juan López Morillas, “La Revolución de Septiembre y la novela española”. Revista de Occidente, núm.67, 2a. época, octubre 1968.