Posts tagged ‘poesía clara o llana’

11 agosto, 2013

Bibliografía para Siglos de Oro 1 y 2


Español: Retrato de Baltasar Gracián que se co...

Español: Retrato de Baltasar Gracián que se conserva en Graus, restaurado. (Photo credit: Wikipedia)

Sólo unas pocas obras quizá ausentes en las guías del SUA y a las que creo no haber incluido en las sugerencias para las reseñas. También puede haber varias redundancias entre todas estas listas.
Advertencia: muchas veces, a pesar de lo que indican los títulos, estas obras son útiles para ambos siglos áureos. Por ejemplo, el libro de Guillén, por sus ensayos sobre el género picaresco, ayuda mucho en Siglos 2.
Disculpen lo incompleto de las fichas. Algunas veces anoté los datos con prisa, y en este momento los libros se ocultan entre sí en los anaqueles, como si temiesen que un cura manchego los viniera a depurar.

  • Alatorre, Antonio. El heliocentrismo en el mundo de habla española. México: FCE, 2011 (Tezontle).
  • Alatorre, Antonio: Los 1001 años de la lengua española. México: FCE, 2002 (3a ed.).
  • Alonso, Álvaro: La poesía italianista, Madrid, Ediciones del Laberinto, 2002.
  • Anderson, Perry: El Estado absolutista, 10a edición, Madrid: Siglo XXI, 2007, T. Santos Juliá.
  • Benassar, Bartolomé et al.: Histoire des espagnols. VIe.-XXe. siècle, Robert Laffont, Eds: Benassar, Bartolomé, 1992 (hay trad., pero no tengo la ficha).
  • Beuchot, Mauricio: Hermenéutica, analogía y signaturas, México: UNAM, 2014 (Cuadernos del Seminario de Hermenéutica 9). Nos interesa por capítulos como “Barroco y analogía” y “De signaturis rerum“.
  • Blecua, Alberto. Signos viejos y nuevos. Estudios de historia literaria. Barcelona: Crítica, 2006 (recopilación de estudios sobre Siglos de Oro).
  • Borsò, Vittoria: Barroco, criollismo y la formación de la conciencia nacional, La literatura en la formación de los estados hispanoamericanos (1800-1860), Vervuert, Eds: Janik, Dieter, 1988.
  • Burke, Peter. Los avatares de El cortesano. Barcelona: Gedisa, 1998.
  • Buxó, J. P. “Sentido de la imaginación simbólica. Ut pictura poesis”. Revista de la Universidad de México, 120 (febrero 2014), 61-67.
  • Cárcel, Ricardo García: Las culturas del Siglo de Oro, Historia 16, 1999.
  • Castro, Américo: Cervantes y los casticismo españoles, Alianza Editorial, 1974.
    • España en su historia, Crítica, 1983, Ed. original: Losada, 1948.
    •  Cervantes y los casticismo españoles, Alianza Editorial, 1974.
    • La realidad histórica de España, Porrúa, 1987.
  • Cilvetti, Ángel L.: Introducción a la mística española, Madrid: Cátedra.
  • Colón Calderón, Isabel. La novela corta en el siglo XVII, Madrid: Ediciones del Laberinto, 2001.
  • Curtius, E. R. Literatura europea y Edad Media latina. Lengua y Estudios Literarios. FCE, 1955. T. Margit Frenk Alatorre y Antonio Alatorre.
    • Observación: No se engañen por causa del título de este libro. Se trata de una obra esencial para entender la tradición literaria occidental, sus transformaciones a lo largo de los siglos y su disolución al final del s. XVIII. (Si tienen dudas sobre los capítulos que puedan ser pertinentes para nuestras materias, traigan un ejemplar a clase y pregúntenme).
  • Foucault, Michel: Las palabras y las cosas, Siglo XXI, 1976.
  • Frenk, Margit: Entre la voz y el silencio. La lectura en tiempos del Quijote. México: FCE, 2005.
    • El subtítulo puede confundirnos. El periodo estudiado comprende tanto los años finales del s. XV como los siglos XVI y XVII.
  • Frey, Herbert: La feudalidad europea y el régimen señorial español, INAH, 1988.
  • Fuentes, Carlos: Cervantes o la crítica de la lectura, Centro de Estudios Cervantinos, 1994.
  • Gilman, Stephen: La novela según Cervantes, Fondo de Cultura Económica, 1993.
  • Guillén, Claudio: El primer Siglo de Oro. Estudios sobre géneros y modelos, Barcelona: Crítica, 1988.
  • Hauser, Arnold: Literatura y manierismo, Guadarrama, Eds: Vicen, T. Felipe Glez., 1969, Última parte de El manierismo, Guadarrama, 1965.
  • Huerta, David. “De casi intolerable fulgor”. Revista de la Universidad de México, núm. 121, marzo 2014, p. 97-98. (Sobre Góngora y el concepto).
  • Lafaye, Jacques. Por amor al griego. La nación europea, señorío humanista (siglos XIV-XVII). México: FCE, 2005. Renacimiento, humanismo, barroco…
  • Lara Garrido, José. El mundo como teatro. Estudios sobre Calderón de la Barca. Universidad de Málaga, 2003.
  • Lida, Raimundo: Letras hispánicas, México: Fondo de Cultura Económica, 1958.
  • López Bueno, Begoña. La poética cultista de Herrera a Góngora, 2a ed. Sevilla: Alfar, 2000.
  • Luiselli, Alessandra: El sueño manierista de sor Juana Inés de la Cruz, UAEM-Gobierno del Estado de México, 1989.
  • Maravall, José Antonio: La cultura del barroco, Madrid: Ariel, 1975.
  • Manero, María P.: Imágenes petrarquistas en la lírica española del Renacimiento, repertorio, Barcelona, Promociones y Publicaciones Universitarias, PPU, 1990
  • Nieto, José C.: Místico, poeta, rebelde, santo: en torno a san Juan de la Cruz, México: Fondo de Cultura Económica.
  • Margarita Peña. “Francisco Cervantes de Salazar y Luis Vives. Encuentro en Flandes”. Revista de la Universidad de México, 120:68-76, febrero 2014.
  • Pérez, Joseph: Breve historia de la Inquisición en España, Crítica, 2009.
  • Porqueras-Mayo, Alberto: La teoría poética en el manierismo y el barroco españoles, Puvill, 1986.
  • Praz, Mario: Mnemosina. Paralelo entre la literatura y las artes visuales, Monte Ávila, 1976, T. Ma. Raquel Bengolea.
  • Reyes Coria, Bulmaro. Arte de convencer. Lecciones ciceronianas de oratoria. México: UNAM, 1998 (Instituto de Investigaciones Filológicas, Manuales Didácticos 7).
  • Rousset, Jean: Circe y el pavo real, Seix Barral, Eds: Marfà, T. Jordi, 1972, La Littérature de l’age baroque en France, José Corti, París, 1954
  • Ruiz Pérez, Fernando: Manual de estudios literarios de los Siglos de Oro, Cátedra.
  • Ruiz Ramón, Federico: Historia del teatro español, 7a edición, Cátedra, 1988.
  • Talens, Jenaro. Novela picaresca y práctica de la transgresión. Madrid: Jucar, 1975.
23 agosto, 2012

Algunos sonetos de Lope de Vega


Sátira anticulterana

-Boscán, tarde llegamos. -¿Hay posada?
-Llamad desde la posta, Garcilaso.
-¿Quién es? -Dos caballeros del Parnaso.
-No hay dónde nocturnar palestra armada.
-No entiendo lo que dice la criada.
Madona, ¿qué decís? -Que afecten paso,
que ostenta limbos el mentido ocaso
y el sol depinge la porción rosada.
-¿Estás en ti, mujer? -Negóse al tino
el ambulante huésped-. ¡Que en tan poco
tiempo tal lengua entre cristianos haya!
Boscán, perdido habemos el camino;
preguntad por Castilla, que estoy loco
o no habemos salido de Vizcaya.

Sonetos amorosos

Suelta mi manso, mayoral extraño,
pues otro tienes de tu igual decoro,
deja la prenda que en el alma adoro,
perdida por tu bien y por mi daño.
Ponle su esquila de labrado estaño,
y no le engañen tus collares de oro,
toma en albricias este blanco toro,
que a las primeras hierbas cumple un año.
Si pides señas, tiene el vellocino
pardo, encrespado, y los ojuelos tiene
como durmiendo en regalado sueño.
Si piensas que no soy su dueño, Alcino,
suelta, y verásle si a mi choza viene,
que aún tienen sal las manos de su dueño.

Ir y quedarse, y con quedar partirse…

Ir y quedarse, y con quedar partirse,

partir sin alma, y ir con alma ajena,
oir la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;
arder como la vela y consumirse,
haciendo torres sobre tierna arena;
caer de un cielo, y ser demonio en pena,
y de serlo jamás arrepentirse;
hablar entre las mudas soledades,
pedir prestada sobre fe paciencia,
y lo que es temporal llamar eterno;
creer sospechas y negar verdades,
es lo que llaman en el mundo ausencia,
fuego en el alma, y en la vida infierno.

Desmayarse, atreverse, estar furioso…

Desmayarse, atreverse, estar furioso,

áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso:
no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso:
huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño:
creer que el cielo en un infierno cabe;
dar la vida y el alma a un desengaño,
¡esto es amor! quien lo probó lo sabe.

Soneto de inspiración filosófica

A la noche

Noche fabricadora de embelecos,
loca, imaginativa, quimerista,
que muestras al que en ti su bien conquista,
los montes llanos y los mares secos;
habitadora de celebros huecos,
mecánica, filósofa, alquimista,
encubridora vil, lince sin vista,
espantadiza de tus mismos ecos;
la sombra, el miedo, el mal se te atribuya,
solícita, poeta, enferma, fría,
manos del bravo y pies del fugitivo.
Que vele o duerma, media vida es tuya;
si velo, te lo pago con el día,
y si duermo, no siento lo que vivo.

Religioso

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno escuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío
si de mi ingratitud el yelo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
«¡Alma, asómate agora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía!».
¡Y cuántas, hermosura soberana:
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!
25 enero, 2012

El ideal de la poesía renacentista, expresado por Don Quijote


Este fragmento (del capítulo XVI de la 2a parte) es fácil de encontrar en la red; por ejemplo, en Artes Poéticas. Sin embargo, por su hermosura y pertinencia para nuestros temas, no puedo limitarme a poner el vínculo. Al releerlo, compruebo una vez más lo que ya sabemos: que Cervantes lleva mucho de la libertad y la generosidad del Renacimiento a la atmósfera magnífica pero sofocante de la Edad Barroca. Pensemos, tan sólo, a cuánta de la más grande poesía del siglo XVII le cuadra mal esta imagen de la “doncella tierna y de poca edad”: el lujoso hedonismo del Polifemo, los terroristas recuerdos de la muerte quevedianos…

Espero poder subir más adelante un pequeño análisis de este otro discurso de Don Quijote, el cual, tras de su aparente sencillez, oculta mucha miga —como suele ocurrir con el gran loco.

♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦

La poesía, señor hidalgo, a mi parecer, es como una doncella tierna y de poca edad, y en todo estremo hermosa, a quien tienen cuidado de enriquecer, pulir y adornar otras muchas doncellas, que son todas las otras ciencias, y ella se ha de servir de todas, y todas se han de autorizar con ella; pero esta tal doncella no quiere ser manoseada, ni traída por las calles, ni publicada por las esquinas de las plazas ni por los rincones de los palacios. Ella es hecha de una alquimia de tal virtud, que quien la sabe tratar la volverá en oro purísimo de inestimable precio; hala de tener, el que la tuviere, a raya, no dejándola correr en torpes sátiras ni en desalmados sonetos; no ha de ser vendible en ninguna manera, si ya no fuere en poemas heroicos, en lamentables tragedias, o en comedias alegres y artificiosas; no se ha de dejar tratar de los truhanes, ni del ignorante vulgo, incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se encierran. Y no penséis, señor, que yo llamo aquí vulgo solamente a la gente plebeya y humilde; que todo aquel que no sabe, aunque sea señor y príncipe, puede y debe entrar en número de vulgo. Y así, el que con los requisitos que he dicho tratare y tuviere a la poesía, será famoso y estimado su nombre en todas las naciones políticas del mundo. Y a lo que decís, señor, que vuestro hijo no estima mucho la poesía de romance, doyme a entender que no anda muy acertado en ello, y la razón es ésta: el grande Homero no escribió en latín, porque era griego, ni Virgilio no escribió en griego, porque era latino. En resolución, todos los poetas antiguos escribieron en la lengua que mamaron en la leche, y no fueron a buscar las estranjeras para declarar la alteza de sus conceptos. Y, siendo esto así, razón sería se estendiese esta costumbre por todas las naciones, y que no se desestimase el poeta alemán porque escribe en su lengua, ni el castellano, ni aun el vizcaíno, que escribe en la suya. Pero vuestro hijo, a lo que yo, señor, imagino, no debe de estar mal con la poesía de romance, sino con los poetas que son meros romancistas, sin saber otras lenguas ni otras ciencias que adornen y despierten y ayuden a su natural impulso; y aun en esto puede haber yerro; porque, según es opinión verdadera, el poeta nace: quieren decir que del vientre de su madre el poeta natural sale poeta; y, con aquella inclinación que le dio el cielo, sin más estudio ni artificio, compone cosas, que hace verdadero al que dijo: est Deus in nobis…, etcétera. También digo que el natural poeta que se ayudare del arte será mucho mejor y se aventajará al poeta que sólo por saber el arte quisiere serlo; la razón es porque el arte no se aventaja a la naturaleza, sino perficiónala; así que, mezcladas la naturaleza y el arte, y el arte con la naturaleza, sacarán un perfetísimo poeta. Sea, pues, la conclusión de mi plática, señor hidalgo, que vuesa merced deje caminar a su hijo por donde su estrella le llama; que, siendo él tan buen estudiante como debe de ser, y habiendo ya subido felicemente el primer escalón de las esencias,que es el de las lenguas, con ellas por sí mesmo subirá a la cumbre de las letras humanas, las cuales tan bien parecen en un caballero de capa y espada, y así le adornan, honran y engrandecen, como las mitras a los obispos, o como las garnachas a los peritos jurisconsultos. Riña vuesa merced a su hijo si hiciere sátiras que perjudiquen las honras ajenas, y castíguele, y rómpaselas, pero si hiciere sermones al modo de Horacio,donde reprehenda los vicios en general, como tan elegantemente él lo hizo, alábele: porque lícito es al poeta escribir contra la invidia, y decir en sus versos mal de los invidiosos, y así de los otros vicios, con que no señale persona alguna; pero hay poetas que, a trueco de decir una malicia, se pondrán a peligro que los destierren a las islas de Ponto. Si el poeta fuere casto en sus costumbres, lo será también en sus versos; la pluma es lengua del alma: cuales fueren los conceptos que en ella se engendraren, tales serán sus escritos; y cuando los reyes y príncipes veen la milagrosa ciencia de la poesía en sujetos prudentes, virtuosos y graves, los honran, los estiman y los enriquecen, y aun los coronan con las hojas del árbol a quien no ofende el rayo, como en señal que no han de ser ofendidos de nadie los que con tales coronas veen honrados y adornadas sus sienes

30 diciembre, 2011

Sobre “Al pie de un roble escarchado”, de Lope de Vega


Puedes leer el poema en este mismo blog, pero es fácil de hallar en muchos sitios de la red.

  1. En esta obra, la voz poética es de un personaje femenino, pero el punto de vista que se expresa es masculino. ¿Por qué? Justifica tu respuesta.
  2. ¿Qué elementos del mundo exterior refuerzan la situación expresada en el poema?
  3. Menciona al menos una figura retórica (metáfora, comparación, antítesis…) empleada por el poema para lograr dicho refuerzo.
  4. Indica un verso o serie de versos que, en términos conceptuales, sean redundantes, y explica cómo esa redundancia contribuye al logro de algún efecto del poema.
  5. El estilo del poema oscila entre lo coloquial y lo culto. Ejemplifica y explica esto.

 

30 diciembre, 2011

Lope de Vega: romance “Al pie de un roble escarchado”


Al pie de un roble escarchado
donde Belardo el amante
desbarató un tosco nido
que habían tejido las aves,

de breves pasadas glorias,
de presentes largos males,
así se queja diciendo:
quien tal hace, que tal pague.

La bella Filis un día,
al tiempo que el sol esparce
sus rayos por todo el suelo,
dorando montes y valles,

sintiendo que el corazón
se le divide en dos partes,
así el [lo] mesmo decía:
quien tal hace, que tal pague.

Hice a los desdenes guerra,
guerra desdenes me hacen;
maté a Belardo con celos,
celos es bien que me maten.

No atendí siendo llamada,
agora no me oye nadie;
con justa causa padezco:
quien tal hace, que tal pague.

Desamé a Belardo un tiempo,
y el amor para vengarse,
quiere que le quiera agora,
y que él me olvide y desame.

Dejadme, pasiones frescas,
frescas pasiones, dejadme
vivir para que publique:
quien tal hace, que tal pague.

No le da pena el rigor
del frío tiempo que hace,
que el fuego de amor la ampara
que dentro en su pecho nace.

Dando de coraje voces,
que revienta de coraje,
dice por momentos Filis:
quien tal hace, que tal pague.

¿Do está, Belardo, la fe
que prometiste guardarme?
más yo la quebré primero,
tú puedes de mí quejarte.

Diste primero en quererme,
yo primero en olvidarte,
tú harta disculpa tienes:
quien tal hace, que tal pague.

Sacó del seno un papel
y con mil ansias le abre,
y antes de leerle todo
le arruga, rompe y deshace

diciendo: «Yo soy la causa,
no tengo de quién quejarme,
quien dio la causa revienta:
quien tal hace, que tal pague».