Posts tagged ‘Posmodernidad’

23 mayo, 2017

Escasa muestra de poesía española del último tercio del s. XX


A continuación, una muestra de la lírica española del último tercio del siglo XX. Está lejos de ser representativa en cuanto a nombres y obras. Su objetivo es poner ante los ojos algunos de los varios caminos recorridos por los poetas españoles en castellano de ese periodo, en lo que se refiere a opciones temáticas, estilísticas, etc.

Honestamente, creo que etiquetas como “culturalismo”, “metapoesía”, “neosurrealismo”, etc., resultan poco significativas a este lado del charco y, en última instancia, son incapaces de abarcar la complejidad de cada poema en lo individual, no digamos la de obras en marcha iniciadas hace ya muchos años. Por esto prescindo de ellas. Además, son debidas con frecuencia, más que otra cosa, al calor de las disputas internas del campo literario peninsular. Y como no las uso, debo prescindir también de las que han sido forjadas o aceptadas por los propios autores, como “poesía de la experiencia”. Sin embargo, los rasgos a los que aluden están allí, perceptibles.
Para la selección, me apoyé en las siguientes antologías:

  • Salvador, Álvaro, Martínez, Érika (eds.). Antología de la poesía española en la segunda mitad del s. XX. México: UNAM, 2011 (Ensayos y Poemas).

  • Sanz Pastor, Marta (ed.). Metalingüísticos y sentimentales. Antología de la poesía española (1966-2000). Madrid: Biblioteca Nueva, 2007 (Clásicos de Biblioteca Nueva 57).

  • Virtanen, Ricardo (ed.). Hitos y señas (1966-1996). Antología crítica de poesía en castellano. Madrid: Ediciones del Laberinto, 2001 (Hermes 13).

Todos los números entre paréntesis llevan a una entrada con notas aclaratorias.

Jenaro Talens (1946)

Límites de la mirada

I

Con voces melancólicas crecen las lluvias, ellas descansan su fuego entre árbol y árbol, como si el invierno no pudiera calentar también con el furor de los atardeceres que crepitan sobre la mirada desnuda, y vienen memorias mitad polvo vueltas noche invisible, les ahoga no acceder al espacio que la brisa interpone a cada fracción de luz, las boyas oscilando sobre un mar sin rostro, sin tiempo, se dirían formas de un sepulcral banquete interminable.

II

Y así las hojas desprendidas le devoran el rostro, su presencia ciega, el hálito borrado por un flujo de sombra, como si la noche lo ciñese y le sellase el labio, briznas de silencio donde la voluntad golpea furtiva, instruye en olvido al espejo, copia su desnudo. Oye, cansado, cómo prevalece el desafío de las voces, nieve fluyendo en ojos ya sin cielo.

De Proximidad del silencio, 1981

Guillermo Carnero (1947)

Mira el breve minuto de la rosa

Mira el breve minuto de la rosa.
Antes de haberla visto sabías ya su nombre,
y ya los batintines de su léxico
aturdían tus ojos –luego, al salir al aire, fuiste inmune
a lo que no animara en tu memoria
la falsa herida en que las cuatro letras
omiten esa mancha de color: la rosa tiembla, es tacto.
Si llegaste a advertir lo que no tiene nombre
regresas luego a dárselo, en él ver: un tallo mondo, nada;
cuando otra se repite y nace pura
careces de más vida, tus ojos no padecen agresión de luz,
sólo una vez son nuevos.

De Variaciones y figuras sobre un tema de La Bruyére (1). 1974

Ana Rossetti (1950)

Onán

Tu cuerpo, desierto de ti,
ascéticos los ojos de tus fuentes abismales,
descubre sobre qué dureza se ceñirán tus manos.
Del placer, los cauces rotos, por tus miembros,
te aleccionan en el violento quehacer
que te humedecerá el vientre,
manantial imposible a tus resecos labios.
Innumerables lenguas te recorren la carne
chupándote las sienes y enfriando tu espalda;
gasa de plata empapándote el vello.
La postrer sacudida echa atrás tu cabeza,
los párpados cerrados, el cuello en vano aguarda
ser cercenado de un ávido mordisco,
pues el deseo, ya, desciende por tus muslos.

De Los devaneos de Erato,(2) 1980

Luis Alberto de Cuenca (1950)

Amour fou

Los reyes se enamoran de sus hijas más jóvenes. (3)
Lo deciden un día, mientras los cortesanos
discuten sobre el rito de alguna ceremonia
que se olvidó y que debe regresar del olvido.
Los reyes se enamoran de sus hijas, las aman
con látigos de hielo, posesivos, feroces,
obscenos y terribles, agonizantes, locos.
Para que nadie pueda desposarlas, plantean
enigmas insolubles a cuantos pretendientes
aspiran a la mano de las princesas. Nunca
se vieron tantos príncipes degollados en vano.

Los reyes se aniquilan con sus hijas más jóvenes,
se rompen, se destrozan cada noche en la cama.
De día, ellas se alejan en las naves del sueño
y ellos dictan las leyes, solemnes y sombríos.

De La caja de plata, 1985

Helena, palinodia

No, no es verdad, amor, aquella historia. (4)
No llegó a seducirte aquel imbécil
de rizos perfumados. No te fuiste
precipitadamente de la fiesta
de nuestro aniversario, con los ojos
clavados en el bulto que emergía
de entre sus piernas, y con las narices
saturadas de droga. No embarcaste
en su yate de lujo con lo puesto
—que casi no era nada— mientras yo
te buscaba en la calle como un loco,
creyendo que te había pasado algo.
No desapareciste de mi vida
como una exhalación y para siempre.
No puede ser verdad aquella historia.

De Mitologías, 2001

Olvido García Valdés (1950)

Nombrar mas no decir…

A Javier Fernández de Molina

Nombrar mas no decir: que pasen una a una
cuentas sin término, madera
dulce, fósiles huellas del mundo: duramos
menos que un árbol, más que una mariposa, tanto
como una urraca: huesos incinerado, cerro
de greda. Es tu turno, agita
el dado y tíralo, objetos crecen, aletazos
de milano encerrado; así se hace
más apetecible y rubia la cerveza, más
gruesos los palos de esta silla, las hojas
del geranio más suaves y rizadas y olorosas:
el mundo es fantasmal y está vivo, retícula
de manchas y poros en la piel; todo
cuando atardece se dora con la luz, en ella
escucho aquel dibujo negro, blanco, verde
y azul tornasolado de la urraca, ya entonces
junto a la casa era así. Sobre lo que remueve,
sobre lo que se inclina busca
flores espigadas de tierra de maíz,
a mar de oro raíz de sombra.

De Del ojo al hueso, 2001

Luis Antonio de Villena (1951)

Reinos de taifas

Para Randal Switzer

Gozaré con tu piel morena, y el viento oscuro (5)
de tu pelo rubio. Iremos en la mañana
al mar, y buscaremos conchas y piedras lisas.
Y cuando estemos cansados, al salir del agua,
nos tenderemos a comer uvas, y la pulpa carmesí
de la sandía. Entre el fulgor del sol,
yo pasearé mi mano por el agua deliciosa
de tus piernas. Y cuando llegue la noche
y el aire arda en el cálido olor de los jazmines,
beberemos vino en la terraza, y mientras
tu jovencísima belleza se reposa en mí, y me sonríes,
muy cerca ya del sueño, jugaré a prenderte en el lóbulo
un granate (que brilla por la noche) o el blanco palor
de una perla. Y el alba nos sorprenderá
(te lo prometo) entre el deseo mejor y la delicia.
Son, recuerda, muy pocos los días de que disponemos.
Casi nadie entiende el placer y es muy larga
la incuria. Las gentes como nosotros deben
vivir de prisa. Como si todo fuese solamente un día.
Que breve es nuestro reino, y cristianos o almorávides,
terminan por llamar muy pronto a nuestra puerta.

De Hymnica, 1979

Andrés Sánchez Robayna (1952)

Mesa y naranjas

las líneas de la mesa
interrumpidas por naranjas

dispuestas en un plano
sobre la luz del cuarto blanco

abajo el mar se tiende
bajo la mano de las elipses

la luz inunda el cuarto
y las naranjas se acumulan

sobre la luz que entra
y que se tiende en la blancura

de este cuarto y el plano
de las naranjas y la mesa

A una roca

negro tranquilo de la forma:
las lisas aristas fluyeron

calma fluida lisa negra
soledad entera de la forma

De La roca, 1984

La claridad

La unidad de la flor, la deslumbrada
retama en la ladera de septiembre,
la impiedad de la luz, ¿son esos
los signos que nos llegan

y por los que morimos? Caminamos
junto a las aguas, en el sueño, y vemos
latir la luz sin fin ni despertar.
Y el día se hunde en el fulgor del día.

De Palmas sobre la losa fría, 1989

Julio Llamazares (1955)

3

Nada trasciende la densa mansedumbre de esta tarde.

Todo está delante de mis ojos: las cigüeñas varadas sobre el silencio, y los frutales florecidos más allá del tendido del ferrocarril.

En odres muy antiguos, tan antiguos que ni siquiera el dolor puede alcanzarlos, está guardado el tiempo. Y su costumbre deja posos más ácidos y azules que el olvido.

Como hierba crecida entre ruinas, la soledad es su único alimento y, sin embargo, su sustancia es tan dulce como nata crecida.

Absteneos, no obstante, de ponerle interrogantes amarillas o de buscar dioses de trapo allí donde existen solamente aguas absurdas.

De todos es sabido que el tiempo no posee otra grandeza que su propia mansedumbre.

De La lentitud de los bueyes, 1979

Luis García Montero (1958)

“Me persiguen…”

Me persiguen
los teléfonos rotos de Granada,
cuando voy a buscarte
y las calles enteras están comunicando.

Sumergido en tu voz de caracola,
me gustaría el mar desde una boca
prendida con la mía,
saber qué está tranquilo de distancia,
mientras pasan, respiran,
se repliegan
a su instinto de ausencia
los jardines.

En ellos nada existe
desde que te secuestran los veranos.
Sólo yo los habito
por descubrir el rostro
de los enamorados que se besan,

con mis ojos en paro,
mi corazón sin tráfico,
el insomnio que guardan las ciudades de agosto,
y ambulancias secretas como pájaros.

De Diario cómplice, 1987

Blanca Andreu (1959)

“Muerte pájaro príncipe…”

Muerte pájaro príncipe, un pájaro es un ángel inmaduro.
Y así, hablaré de tus manos que se alejan y de las manos de lo hermosísimo ardiendo,
pequeño dios con nariz de ciervo, hermano mío, héroes de alma entrecortada,
niñas de oro hipodérmico que nunca creen morir,
qué aguda la pupila y el filo de los dedos encendiendo la muerte mientras un ángel sobrevuela y pasa de largo
con el pico de plata y de ginebra,
labios del mediodía resuelto en ave sobre tus manos que se alejan y mis manos
y las manos del pequeño ciervo de aire griego salvaje, hermano mío,
y las manos sin venas de los héroes, de las madonas amnésicas.
Mis alas de dolor robadas por tus manos, amor mío, corazón mío pintado de blanco,
mis alas de dolor con botellas agónicas y líquidos que disuelven la vida,
y los labios que te aman en mí y en lo convulso,
y la música en trompetas delgadísimas, trompetas peraltadas, columnas niñas, qué sobreagudo el do
la mirada más alta y la más alta queja,
muerte pájaro príncipe volando,
un pájaro es un ángel inmaduro.

De De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall, 1981

Felipe Benítez Reyes (1960)

Advertencia

Si alguna vez sufres –y lo harás–
por alguien que te amó y que te abandona,
no le guardes rencor ni lo perdones:
deforma su memoria el rencoroso
y en amor el perdón es sólo una palabra
que no se aviene nunca a un sentimiento.
Soporta tu dolor en soledad,
porque en merecimiento aun de la adversidad mayor
está justificado si fuiste
desleal a tu conciencia, no apostando
sólo por el amor que te entregaba
su esplendor inocente, sus intocados mundos.

Así que cuando sufras –y lo harás–
por alguien que te amó, procura siempre
acusarte a ti mismo de su olvido
porque fuiste cobarde o quizá fuiste ingrato.
Y aprende que la vida tiene un precio
que no puedes pagar continuamente.
Y aprende dignidad en tu derrota,
agradeciendo a quien te quiso
el regalo fugaz de su hermosura.

De Los vanos mundos, 1985

Jorge Riechmann (1962)

Cada cual tiene sus debilidades

…como si en los acontecimientos sociales todavía hubiera posibilidades de hablar en términos de buenos y malos y de expresar rotundidades…

Joaquín Estefanía en El País, 19.2.94

Yo ya sabía
que el estado mejicano de Chiapas
está situado en el ciberespacio
y que ciudades como Gorazde o Sarajevo
no constan en el atlas
que el poeta de la experiencia estándar
manejó en su añorada espléndida niñez

Yo ya sabía que mortal pecado es hoy
hablar en términos de buenos o malos
o expresar rotundidades

incluso si lo violan analmente a uno
con el palo de una escoba
como al pobre ciudadano italiano
que osó desafiar al rotundo poder del ciudadano Berlusconi
organizando un boicot a sus mercaderías.

Yo ya sabía que han pasado los tiempos
en que podía distinguirse la explotación de la filantropía
la sangre del petróleo
la justicia de la tortura
la usura de la estética
el hambre del destino.

Yo ya sabía que hoy es necesario
jurar fidelidad a la bandera
a la democracia liberal-democrática
al pensamiento débil (6)
a los valores débiles
y a la propiedad privada fuerte, ahí no valen bromas
enclenque amigo mío.

Yo ya sabía todo esto.
Pero no acabo de acostumbrarme totalmente, y a veces
por las mañanas se me avergüenzan las uñas
o la espalda.

Gianfranco Mascia promovió un boicot a los productos de Fininvest (el consorcio de Berlusconi) con un movimiento llamado Boicottiano el Biscione. Dos matones lo asaltaron en su propio estudio, lo amordazaron y ataron, y lo violaron analmente con una escoba.

El País, 20.2.94

De El día que dejé de leer El País, 1997

Bibliografía

Andreu, Blanca. De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall. Madrid: Hiperión, 1986 (5a ed.).

Benítez Reyes, Felipe. Los vanos mundos. Granada: Maillot Amarillo,1985.

Carnero, Guillermo. Variaciones y figuras sobre un tema de La Bruyére. Madrid: Visor, 1974.

Cuenca, Luis Alberto de. La caja de plata. Sevilla: Renacimiento, 1985.
Mitologías. Salamanca: CELYA, 2001.

García Montero, Luis. Diario cómplice. Madrid: Hiperión, 1987.

García Valdés, Olvido. Del ojo al hueso. Madrid: Ave del Paraíso, 2001.

Llamazares, Julio. La lentitud de los bueyes, Madrid: Hiperión, 1994 (3a ed).

Riechmann, Jorge. El día que dejé de leer El País. Madrid: Hiperión, 1997.

Rossetti, Ana. Los devaneos de Erato. Valencia: Prometeo,1980.

Sánchez Robayna, Andrés. La roca. Barcelona: Ediciones del Mall, 1984.
Palmas sobre la losa fría, Madrid: Cátedra, 1989.

Talens, Jenaro. Proximidad del silencio. Madrid: Hiperión, 1981.

Villena, Luis Antonio de. Hymnica. Madrid: Hiperión,1979.

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19 junio, 2015

Hedy Lamarr: Mickey Rooney, dos pianos y 30 cerdos


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Hedy Lamarr en Dishonored lady, 1947, de Robert Stevenson.

Me sentía insegura y me situaba a la defensiva en la peculiar sociedad donde Burns y Allen ganaban nueve mil dólares semanales en su espectáculo de la radio; donde la gente andaba siempre con una coca cola de cinco centavos en la mano; donde Randolph Hearst, el editor más influyente del país, había decretado que ningún empleado se atreviera a nombrar la muerte en su presencia; donde mi colega más valioso y más caro era un adolescente de 19 años llamado Mickey Rooney (quien poseía un rancho, un caballo de carreras, una orquesta de jazz, dos perros, tres automóviles, dos apartamentos, una casa, un equipo de fútbol, dos pianos y 30 cerdos); donde el libro más vendido se titulaba Cómo leer un libro (de Mortimer Adler). ¡Cómo queréis que no me confundiera en tierra tan extraña!

Hedy Lamarr (nacida como Hedwig Eva Maria Kiesler en Viena, 1914). Éxtasis y yo, México: Grijalbo, 1968. T. Óscar L. Molina (Ecstasy and me, 1966).

Lo que más me atrajo en este fragmento: la irónica y fina captación de lo americano, tal y como era percibido por los europeos y latinoamericanos antes de 1945.

También, lo lejos que estamos de esa época, lo mucho que en todo el mundo nos hemos americanizado desde entonces. Millonarias estrellas adolescentes, coca cola por todos lados, necesidad de que nos enseñen “cómo leer un libro”…

Asimismo, el que, todavía en 1966, un traductor mexicano usara el vosotros en la lengua escrita (¿o sería quizá un español transterrado?).

Y por último, el brillante uso de la enumeración por esta ―sí, también― escritora, a la que admiro cada vez más.

28 mayo, 2014

La globalización (pre)vista por Baudelaire


DAVOS/SWITZERLAND, 27JAN07 - Impression of the...

DAVOS/SWITZERLAND, 27JAN07 – Impression of the Annual Meeting 2007 of the World Economic Forum in Davos, Switzerland, January 27, 2007. Copyright World Economic Forum (www.weforum.org) swiss-image.ch/Photo by Benjamin Zurbriggen (Photo credit: Wikipedia)

[…] La ruina o el progreso universales no se manifestarán por medio de las instituciones políticas, sino por el envilecimiento de los corazones. ¿Tengo, acaso, necesidad de decir que lo poco que quede de política se debatirá entre los brazos del embrutecimiento general, y que los gobernantes, para sostenerse y crear un fantasma de orden, se verán obligados a recurrir a procedimientos que harían estremecer a nuestra humanidad de hoy, ya tan endurecida? […] Entonces, lo que se parezca a la virtud, ¿qué digo?, todo lo que no sea entusiasmo por Plutón será considerado como cosa ridícula. La justicia, si en esta afortunada época puede existir aún una justicia, sancionará a los ciudadanos que no sepan hacer fortuna. Tu esposa, ¡oh Burgués!, tu casta mitad, cuya legitimidad es para ti la poesía, introduciendo en la legalidad matrimonial una irreprochable infamia, guardiana vigilante y amorosa de tu caja de caudales, no será más que el ideal perfecto de la concubina. Tu hija, con una inocente virginidad infantil, soñará desde su cuna que se vende por un millón, y hasta tú mismo, ¡oh Burgués! —menos poeta aun que lo eres hoy— no encontrarás nada que oponer, no te lamentarás de nada. Porque en el hombre hay cosas que se fortifican y prosperan a medida que otras se debilitan y empequeñecen; y, gracias al progreso de esos tiempos venideros, no quedarán de tus entrañas más que las vísceras…

Charles Baudelaire, Fusées (Cohetes). T. de Rafael Alberti.

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10 marzo, 2014

Contra la gente normal y su sentido común


  • Para “entender” lo que pasa en la vida cotidiana (en última instancia, en los procesos históricos y sociales), la mayoría de las personas solemos rechazar las explicaciones verdaderamente racionales, y en cambio preferimos explicaciones simplistas y maniqueas.
    • maniqueas: o sea, explicaciones que nos permitan pasar rápidamente a formular juicios de valor tajantes; incluso llega a tratarse de seudoexplicaciones: juicios de valor disfrazados de explicaciones: “Fulano de Tal hace esas cosas porque es un corrupto”.
    • y simplistas, o sea: basadas en pocas categorías conceptuales; sin matices intermedios; referidas a esencias permanentes (la “naturaleza humana”, por ejemplo) que no estén sujetas a transformaciones, sobre todo basadas en contradicciones.
  • O sea, que para la mayoría de nosotros, cuando se habla de inflación, desempleo, violencia, cambio climático, etc., lo verosímil no sólo es distinto de lo verdadero, sino que incluso es absolutamente contradictorio.
  • ¿Por qué?
    • Por una parte, toda verdadera explicación se refiere a objetos y procesos que no vemos, no tocamos, etc., en síntesis, que no son accesibles a la experiencia directa. Se explica “lo que se ve” por “lo que no se ve”. Y para aceptar la explicación, o al menos para poder seguirla y después rechazarla con razones, hacen falta capacidades que no todo el mundo desarrolla (ni siquiera todos los cultos: los administradores, ingenieros, etc., por ser tan “prácticos”, y los humanistas por ser tan “espirituales”). La gente más “sencilla” (más inculta) incluso cree que se le exige un acto de fe, y siendo así, concluye: “Si de fe se trata, mejor se la concedo a la religión”. En lo que respecta a las ciencias duras, eso es lo que pasa en EU con quienes rechazan la teoría de la evolución.
    • Recordemos, además, los tres grados (procesos, tareas) de la persuasión que distinguía la antigua retórica: docere, movere, delectare: a) dar información y razonamientos, b) influir en el ánimo y c) resultar simpático. Pues bien, las explicaciones racionales siempre insisten lo menos posible en (b) y en (c). Por eso, la “gente normal” (incluso cuando se le proporciona la explicación en términos llanos y con muchos ejemplos) termina cansada, aburrida e incluso ofendida: siente que la persona que la da una explicación racional no es como ella, que se siente mejor que ella,  hasta cree que trata de “enredarla con tantas explicaciones”.
    • Además, a final de cuentas, toda explicación verdadera (más bien: racional, y tan provisional como lo es todo discurso racional desde la Revolución Científica) se propone que su destinatario reemplace la doxa por conocimiento. Los filósofos suelen traducir doxa como opinión, pero es mejor relacionarla con conceptos propios de las ciencias sociales, como ideología, mentalidad o illusio. La opinión-ideología
      • es lo que forma a la persona durante su crecimiento. Cuando llega a la edad madura, es convicción arraigada, profunda, íntima. El que la contradice, ofende y escandaliza al individuo “normal”. Cuando se contradice a la doxa, el individuo “normal” siente que se trata nada más de falacias al servicio del vedetismo de los intelectualoides, o de que alguien quiere “darle pretextos” a los flojos, los irresponsables, etc.
      • La opinión-ideología, además, le permite al individuo sobrevivir en su sociedad (y, si es posible, ascender dentro de ella). Hace que actúe “como es debido”, y es recompensado por ello (o al menos evita la sanción social). Eso en los buenos tiempos (buenos para él). En los malos tiempos (malos para él, no para sus amos) le da sentido a su sufrimiento, es decir, hace que piense “así son las cosas y así deben ser”, lo cual siempre es un alivio.
  • Últimas observaciones.
    • Creo que la izquierda (quizá sólo la tradicional) es igualitaria en lo social, pero elitista en lo cultural: para lograr la igualdad social, requiere criticar la ideología, y el pensamiento crítico sólo pueden ejercerlo las personas cultas. En cambio, la derecha es elitista en lo social, pero igualitaria en lo cultural: cree en la desigualdad social, mas para reforzarla necesita recurrir a la inercia y los prejuicios, es decir, a lo que le parece “natural”a la mayoría, incluso a las personas cultas cuando no están en guardia.
    • Las corrientes posmodernistas (quizá no todas pero sí varias de ellas) reforzaron a la derecha en el último tercio del siglo XX:
      • al denostar la oposición entre lo esencial y lo aparente;
      • por supuesto, al desprestigiar a la ciencia;
      • al burlarse e incluso juzgar condenatoriamente a las élites intelectuales modernistas (en el sentido anglosajón de la palabra).
    • Los beneficiarios de todo esto no fueron los típicos lectores de Foucault o los asistentes a los performances, sino:
      • los capitalistas de las comunicaciones y la informática (elogio de la apariencia: elogio de la pantalla y de la interfaz de usuario);
      • los pensadores neoconservadores y tradicionalistas (el desprestigio de la ciencia llevó al refuerzo de la tradición, la comunidad,  la fe, etc.);
      • los políticos de derecha (que apeló a la desconfianza de la “gente normal” hacia los discursos exigentes y a su necesidad de apoyarse en unas cuantas “verdades” simples que “apelen al corazón”).
5 diciembre, 2013

¿Previendo la Posmodernidad en 1883?


Incluso es posible que nuestro tiempo, algún día, sea considerado el punto culminante después del cual la humanidad no habrá hecho más que decaer.

Ernest Renan, prefacio a los Souvenirs d’enfance et de jeunesse.