Posts tagged ‘Solárbol’

22 julio, 2015

Deseo de nupcias reales


Qué plata es la que besa tu cabello,
qué chispas de humo despiertan en tus labios;
qué humo azul asciende por tus muslos,
en tu cadera desprende cántaros y grillos,
por tu cintura ondea una espiga
y llega a tu garganta.
Qué piedra suave, qué piedra viva,
qué paloma de jade en tu garganta
y deja escapar tiempos de sombra,
niños ascua de anís,
caracoles plumosos como silfos de barro.
Y qué licor de dicha guardan tus mejillas
como cofre precioso ocultando el sueño,
más tu oreja, playa de pavanas,
o tus pechos, soles de solsticio
como dos gacelas que desbandan entre viñas.
Y así, umbroso, como un león disperso en sales
o un navío azotado contra el tiempo,
recuerdo las cuentas de tus constelaciones,
de tu párpado a tu ombligo,
de tu pie a tu sien,
de los helechos de tu vientre
a los delfines de tu lengua—
cielo mío de frutos y jazmines,
deseada tierra de nubes y de brisa.

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22 julio, 2015

Deseo de salmo y profecía 9


¿Tú me has prometido el corazón del árbol,
o un vértigo de amor me precipita en él
y aún no llego, o de ahí vine, o ahí soy?
Estas savias que andan por mi pecho,
¿en qué día de tu obra las pusiste?
Así cargado esté yo de pequeños visitantes,
de canciones como hojas rebrillando al alba,
de miradas que callan refugiadas en mi sombra.
Así mi raíz ame a la tierra
y húndase en ella por tocar su vientre,
por buscar su pecho,
por traer su vida a la vida de las luces y los vientos;
y un eco del mar resienta entre mis llamas,
y un arder luceros me corone bajo el día.

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22 julio, 2015

Deseo de salmo y profecía 8


En cada polvo cumples siete días
y en cada gota desciendes, avivas, emerges.
Pascua se llame el sol que me hiere
y el agua que me despierta como tu mano al desierto;
Pascua esta liebre que surge del prado,
este germen de grávidos días,
cada hoja, la misma tierra y sus caballos.
Por cimiento de cada vértebra pusiste el fuego,
y el mar aspira y expele en cada torso
—no menos tuya la cueva de las ninfas,
ni la forja oculta en las branquias de la tierra,
ni los caballos límpidos en volutas por el aire.
Tu hijo mira desde cada almendra,
tu hijo alienta en el hogar de la raíz.
Y madre de todos, un ascua arde en cada grieta,
una pluma sola deriva en cada brisa,
una piedra no vista en cada anillo y
cada sombra y cada luz.
Asidos nos tienes por la raizuela más chica,
Señor de la casa, que la hiciste por todos,
dueño del mundo, te desposees en tu hacienda.

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22 julio, 2015

Deseo de salmo y profecía 7


Adensas nubes sobre nuestras cabezas
para cantar con rayos,
desatas ángeles que se arremolinan en torno a nuestras sienes.
Encajas el relámpago en la tierra
como quien domeña un animal;
pero tú la elevas, la coronas,
la vistes de nueva grama y la acaricias
de ríos nuevos. Tu rostro es el cielo
y tu mano la fuerza que eleva las montañas;
y este cazar de tigre por las venas
se llama tu aliento,
y si hálito hay, ha llegado por tu boca.

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20 julio, 2015

Donde el fuego responde a lo lejos al agua


Terrazas, panales, el sueño que cae del verano
como una canción antigua y muy joven,
muy dulce, un poco muchacha que gime,
un poco rumor de niños en torno a la fuente.
Aquí las palomas. Aquí el aire como soplo de besos,
la hoja que duerme en el pecho del musgo,
las caídas del agua, el dulce canto del fuego
si lo ronda la tarde.
Yo tenía pies y manos como un ángel
que fuese tortuga,
portaba luz, traía luna a mi espalda.
Pájaros venían a mi sueño
como quien conversa con un árbol que escucha y asiente.
Los bosques sabían de mí y dejaron en mi pecho
piñas y ardas y la raíz de lumbre,
una luz que es del cielo pero ha raíz,
una llama blanca y sin sombra, de sal.
Una bestia dulce y callada
se acurrucó a mi costado,
con respiración pausada, con tibieza de vino,
un poco recuerdo de estrellas futuras
y un poco sedimento de fatiga y olvido.
De su corazón llegaba
una marea de sílabas, un oleaje de voces,
como sillares, como vigas
para hacer la casa y soñar los habitantes.
Donde el fuego existe se conservan los ritmos,
donde el fuego responde a lo lejos al agua,
y es un diálogo de amantes antiguos:
“Las estrellas,
este polvo lejano como retorno de cisne
y el claror que nace, como una doncella.
Ah mis ropas de ciervo verde,
crecido entre helechos y alimentado de luna,
un poco hermano de los pueblos ocultos,
un poco rey de una gente exiliada.
¿Me buscas? ¿El aire sigue tu curso
como las aves blancas que siguen las velas?”
“Cada noche te enciendo un ángel a orillas de mi ventana.
Cada tarde las campanas se llenan de mi voz
y a la mañana te buscan, te llaman,
con mil lenguas que se elevan del bronce,
con silencio que mora en el alba.
Yo te cuido una rosa en la vena más clara
de cuantas pulsan en mi brazo más blanco;
y la rosa se prende, se encona,
son otros labios que piden tu nombre,
es un pez rojo con nostalgia de alas”.
¿Quién prepara vinos como animales menudos
y los oculta en redomas y los guarda del sueño?
Velan ellos en los armarios dormidos,
meditan ellos en los cuartos que duermen.
Un vino así se vuelve en monedas,
se abre en jardines o fuga en cascadas;
un vino así le pertenece a lo alto:
viene un ángel, lo toma,
pide rescate de él y defrauda.
¿Pero en esta mies quién necesitaba
frutos que bullen como niños de astro?
Y con estos panes, y con esta agua,
¿quién quería zorros que hablen,
quién se estaba asiendo del aire
y decía llévame, y cantaba en las hojas?
No cantes canciones de niños ausentes
ni digas versos que traigan caracoles.
No guardes la sal de los terrones
ni cantes con pájaros que hablan.
Hay un abismo en el que caben
tus pies, y no más:
muchos cayeron y perdieron la sombra,
otros tornaron, mas cubiertos de yerba.

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20 julio, 2015

Deseo de salmo y profecía 6


¿Por qué has levantado hacia nosotros
este gran viento al que llamamos ángeles,
tumultuosa luz que llamamos luz,
tu amor herido de voces y bosques y murmullos
como un espíritu de tierra, si es de árbol,
como un árbol, si es luz que baja y se prende a los árboles,
como una llama que canta el principio de los días
y el amante de la luna, su raptor y su piloto?
Yo no sé dónde empiezan estos mares
que llaman a mi puerta con todos sus dragones,
y caballos, y doncellas como luces que sonríen
y sueñan sobre el lecho del silencio.
Y cuando la oscuridad sea tuya,
sé que la has de conducir a que pazca.

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20 julio, 2015

Luz que embate por mi dentro


Tembloroso de luz, retoño de sol en la hierba,
carne como el hongo ofrecido a la brisa y el instante.
Y mar. Así la luz que embate por mi dentro,
salada, llena de vida en cardumen,
como un monstruo que surge coronado de algas
y una canción en su garganta
clavada como espina.
Un dios doble rige mi nacimiento;
un agua contrapuesta, una llama oculta,
y un caballo oscuro, al galope,
suficiente para todas las planicies
descansa a la sombra de este único árbol.
De cuantos licores me trae el viento,
¿quién hace luz? ¿quién trae la semilla y la chispa
de los árboles que despliegan los astros?
Trabajo del mar son estas conchas
que retienen canciones de limo,
oscuras naves que parten de la arena
apetentes de sol como un berrendo.
Todos somos oscuros en esta playa.
Todos ocultamos algas o medusas,
un anciano articulado y duro
que bienguarda la sentencia, resiste a la pregunta,
que estará allí cuando el mar se seque
o se retire como quien despierta
y pudoroso dice: me he dormido.

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20 julio, 2015

Deseo de salmo y profecía 5


Cuánto dura tu noche,
que el sol mismo la cobija en su aliento,
la guarda con lanzas,
la mira amante a su amante que duerme.
Cómo su respirar nos envuelve:
un aliento de estrellas,
constelación que zumba bajo la piel de la amada.
El orbe es luz en moneda
y tú la pusiste en manos de la noche,
¿en pago de qué,
para comprar qué joyas y tapices
con qué mercaderes de mundos de sueño?
Hay un pez de lumbre que se llama Domingo.
Viene de ti de tanto en tanto,
ángel de escamas cabrillea en el aire.
Lleva en su mano un plato
y lleva en la otra una copa:
asiste al asceta en las ruinas,
pregunta al caballero si tiene pregunta.
Un pez de oro al que llamamos Domingo.
(Y hay, también, una reina:
se viste con joyas de junco, sedas de agua;
recuerda que un día te reclinaste en la yerba,
la miraste y dijiste: “Eres hermosa”:
los tuyos, tus huérfanos,
cada cierta noche la escoltan,
llevan la noche, profieren tu Nombre
como el perro perdido que anhela a su amo
y lo recuerda y de pronto
sabe silbar y llanto y ocaso).
Cómo anda erguida la noche
por los patios del mediodía.
De tan esbelta, ¿quién la ha visto?,
y su dulzura, ¿quién la ha escuchado?
Será el sol que la inunda a miradas,
será el sol que no la deja a mil manos.
La noche es un árbol negro
que lleva en sus brazos la aurora.
Silente, llega a los bordes del día,
depone a su hija, la nombra.

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20 julio, 2015

Deseo de salmo y profecía 5


Este árbol que elevas sobre mí
se llama tu Nombre.
Crece alto, llueve sombra,
carga sus manos y hombros de niñas rojas,
niñas verdes, olor a manzana,
¡y el sol que rebosa la fronda,
copero salvaje derrama la sidra!
Sol y nube, y sal a montañas,
y ámbar colgante sobre el pecho:
vengan tus cabras a triscar mis laderas,
vengan mis ríos a llevarse tus niños,
tus niños jinetes a lomo de agua.
Si un canto ascendiere por las breñas,
miel lo llames, sauce lo formaras;
si alza un plumaje de vivos albares
y asciende más allá de mis frondas, y brisas, y cumbres,
¿cuál es su nombre? ¿cuándo aparece a cantar a tu mesa,
a decir los enigmas, a llevarse las joyas?
Vino en verdad un ardiente
a pararse al hombro de un princesa,
a cantarle canciones, a decirle los reinos;
sus días enhebra con hilos de sueño,
sus labios adorna con sed tan dulce.
Un ardiente vino, de plumas de fuego,
de pies de cristal, ojos de gema;
traía en las patas una rama de sauce,
un mensaje del trueno, yerba del monte.
Se fue. Dejó la ceniza,
dejó su recuerdo, las nubes lo llaman.

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19 julio, 2015

Deseo de salmo y profecía 4


He aquí el reino que viene como lumbre,
he aquí el reino que viene como sueño.
He aquí la luz, como tizones,
he aquí el tizón como un caballo.
He aquí la muerte, la tomaron de cantera:
desmembrada, deshuesada, la forzaron a erigir palacios.
He aquí en luz, he aquí en polvo,
y el ángel que se viste de serpiente
pues la ha vencido;
y la serpiente se encaja en la tierra,
canta, florece, el color de sus ojos
eco de los mares,
pues la han vencido.

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