4 octubre, 2026

Sara de Ibáñez: de Pastoral


Tiempo I

Todo en la sangre se me vuelve canto,
fiesta sin miedo y árbol sorprendido.

v

Y verme andar entre la mies que huye

viii

Entre los perros que oyen a la muerte

xiv

El polvo que en mis huesos goza y arde

xiv

Los dulces perros que a la muerte escuchan
lamen tranquilos mis rodillas quietas.

xiv

Tiempo II

Y un relámpago azul de golondrinas

i

Cardos agudos en mi voz se hunden,
falenas de agua doran mi esqueleto.

iv

Camino de centella pido al viento.

v

Duerme el rabel debajo de la acacia.
No sé decir sino alas y vilanos.

vii

Antes del aguijón siento la herida

ix

Tiempo III

Escaso tiempo y duro andar me afligen

iv

Pueblos del agua, tribus de la brisa

iv

Mis ojos tienen brotes de tiniebla

vii

Con la herencia del ciego, enamorado,
mal entendí mi exilio y mi pobreza.
Soplé mi antigua flauta en la maleza
y vime en mi canción encristalado.

viii

En largo amor y estrecha servidumbre,
apacentar el canto de la tierra,
nutrir su hosca semilla, es mi costumbre.

x

Ya me alcanza el relámpago, ya miro
donde mi corta sangre lo prohíbe.
Nieblas de fuego con dolor respiro.

xiii

En ti soy, de ti vengo, a ti me inclino.
Columnas son mis huesos de tu hoguera.
Sílaba de tu canto es mi camino.

xv

30 septiembre, 2026

Retrato de una condesa


Una silenciosa de palidez legendaria, de ojos dementes, de cabellos del color suntuoso de los cuervos.

Alejandra Pizarnik, La condesa sangrienta

25 septiembre, 2026

Urgida por la luz, anda la muerte


Entre el blanco temblor de las campanas
urgida por la luz, anda la muerte
haciendo sitio a horneros y manzanas.

Sobre mis hombros su mirada vierte
rotos estambres, sorprendida venas
y ajadas lluvias, que mi piel no advierte.

Mancha mi voz con sangre de corderos
y caigo entre un tumulto de azucenas,
con la sonrisa lastimada apenas
por la raíz que rizan sus veneros.

Corta el agudo brote de mi queja
antes de que se atreva a ser espino,
y pronta a abrir su arisco mar me deja

de frente al arrayán, de cara al trino,
cerrado el norte audaz con una abeja.

Sara de Ibáñez: Pastoral, tiempo I, ix

20 septiembre, 2026

Retrato de X adolescente


Había algo de conmovedor en Felipe, era demasiado adolescente, demasiado todo: hermoso, tonto, absurdo. Sólo callado alcanzaba un cierto equilibrio, su cara aceptaba su edad, sus manos de uñas comidas colgaban por cualquier lado con perfecta indiferencia. Pero si hablaba, si quería mentir (y hablar a los dieciséis años era mentir) la gracia se venía al suelo y no quedaba más que una torpe pretensión de suficiencia, igualmente conmovedora pero irritante, un espejo turbio donde Paula se retroveía en sus tiempos de liceo, las primeras tentativas de liberación, el humillado final de tantas cosas que hubieran debido ser bellas.

Julio Cortázar, Los premios

9 septiembre, 2026

La ley, la mosca, el milano


Como telas de araña son las leyes,
que prenden a la mosca y no al milano.

J. Setantí (m. 1617), Centellas de varios conceptos…, en J.M. Blecua, Poesía de la Edad de Oro

Etiquetas:
9 septiembre, 2026

«Me veis como fénix encendida»


En el siniestro brazo recostada
de su amado pastor, Silvia dormía,
y con la diestra mano la tenía
con un estrecho abrazo a sí allegada.

Y de aquel dulce sueño recordada,
le dijo: «El corazón del alma mía
vela, y yo duermo. ¡Ay! Suma alegría,
cuál me tiene tu amor tan traspasada.

Ninfas del paraíso soberanas,
sabed que estoy enferma y muy herida
en unos abrasadísimos amores.

Cercadme de odoríferas manzanas,
pues me veis, como fénix, encendida,
y cercadme también de amenas flores».

Luisa de Carvajal (1566-1614)

Etiquetas: ,
29 agosto, 2026

Ramón irreverente


El Dante iba todos los sábados a la peluquería para que le recortasen la corona de laurel.

En resumidas cuentas, el Pensador de Rodin será el hombre que más tiempo ha estado sentado en el retrete.

R. Gómez de la Serna, Greguerías, sel. y ed. de Rodolfo Cardona

27 agosto, 2026

La tarde de Luna y Criselda


De pronto, perdido en mi laberinto de imaginaciones, allá donde el gótico recargado quiere ya humanizarse, ser barroco, tomar cuerpo y beberse el alma, para luego orinarla en una picha de fuente de piedra, de pronto, entre el sol y la sombra, solo y buscando a las dos mujeres por la cuadratura de San Gregorio —Luna nos había llevado a ver el patio, tan cercano de casa, a Criselda y a mí, en aquella hora muerta de la tarde—, de pronto ambas en un rincón, en una esquina, donde el sol ya se iba, y la niña con la cabeza en una de las finas columnatas, y los ojos cerrados, más mora sobre la piedra blanca, y Luna besándole el cuello, las orejas, los pómulos, los párpados, la frente y la boca.
Quedé quieto, silencioso, no había nadie en el claustro, quedé protegido por la confusión armoniosa de la teología y la piedra, tejida para este instante tantos siglos ha, y por entre el calado vi el amor de ambas, cómo la niña esclava se dejaba hacer, la cabeza de Luna, musicalmente envuelta en sus sargas, contra los pechos de Criselda, y su mano de reina, su mano derecha, rápida como un reptil, con un diamante instantáneo de sol en el metal, desapareciendo bajo la ropa de la morita, a la busca de aquellos pechos/amapolas […]. Una fuente era el costurón de agua de la tarde y todo el cielo azul venía a anidar, como un solo vencejo, en el calado de la piedra de San Gregorio. Una campana teologal empezó a sonar.

Francisco Umbral, Los helechos arborescentes

25 agosto, 2026

¿La muerte del infinito?


El descubrimiento de estas tres constantes fundamentales [la longitud de Planck, la velocidad de la luz y la constante de Planck] pone un límite a lo que parecían posibles elementos infinitos de la naturaleza. Nos muestra que, muchas veces, lo que parece infinito no es sino algo que aún no hemos entendido o contado. […] «Infinito», en realidad, es sólo el nombre que damos a lo que aún no conocemos. Cuando la estudiamos, la naturaleza parece decirnos que, al final, no hay nada infinito.

Carlo Rovelli, La realidad no es lo que parece. T. J. M. Salmerón Arjona

Etiquetas: ,
18 agosto, 2026

«El canto vivo a sustituirme empieza»


Gota de flor que toda flor resume,
con la edad de mi sangre atemperada.
Mi asiduo riesgo, mi alimento insume.

En círculo mortal —prieta morada—
los andantes jardines zumbadores
estrecharon su miel desorbitada.

Lentos diciembres de húmeda glicina
pegados a mi sombra en los alcores
y mayo audaz de mirtos punzadores
que en arrugada niebla agosto empina.

Toda la flor en mi ademán fulgura.
El canto vivo a sustituirme empieza.

Sara de Ibáñez, Pastoral, tiempo III, xii

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar