Archive for ‘Retórica’

5 marzo, 2019

Clásico y moderno en el primer Siglo de Oro; algunas citas


Caliope, grabado del artista alemán Virgil Solis (1514-1562).

Juan de Valdés: Diálogo de la lengua (Nápoles, 1535)

VALDÉS.- Pero, porque digamos de todo, digo que, de los que han escrito en metro, dan todos comúnmente la palma a Juan de Mena, y, a mi parecer, aunque la merezca cuanto a la doctrina y alto estilo, yo no se la daría cuanto al decir propiamente ni cuanto al usar propios y naturales vocablos, porque, si no me engaño, se descuidó mucho en esta parte, a lo menos en aquellas su Trecientas, en donde, queriendo mostrarse docto, escribió tan oscuro, que no es entendido, y puso ciertos vocablos, unos que por groseros se deberían desechar y otros que, por muy latinos, no se dejan entender de todos, como son rostro jocundo, fondón del polo segundo, y cinge toda la sfera […]. En el mismo Cancionero, hay algunas coplas que tienen buen estilo, como son las de Garci Sánchez de Badajoz y las del bachiller de la Torre y las de Guevara, aunque estas tengan mejor sentido que estilo, y las del marqués de Astorga. Y son mejores las de don Jorge Manrique, que comienzan Recuerde el alma dormida, las cuales, a mi juicio, son muy dinas de ser leídas y estimadas, así por la sentencia como por el estilo. […] El estilo que tiene Torres Naharro en su Propaladia, aunque peca algo en las comedias, no guardando bien el decoro de las personas, me satisface mucho, porque es muy llano y sin afectación ninguna.
[…]
PACHECO.- Mejor dijera así; pero no se lo neguemos, que mucho ha ilustrado la lengua castellana.
VALDÉS.- No os negaré yo eso jamás, y tampoco quiero que me neguéis vos a mí que, así como escribía bien aquellas cosas bajas y plebeyas que pasaban entre gentes con quien él más ordinariamente trataba, así se pierde cuando quiere escribir lo que pasa entre gente noble y principal.
[…]
MARCIO.- Deseo que nos dijeseis algunas señales por donde conociésemos cuáles son las buenas coplas y cuáles no.
VALDÉS.-Por buenas tengo las que tienen buena y clara sentencia, buenos vocablos, acomodados a ella, buen estilo, sin superfluidad de palabras y sin que haya ni una sílaba superflua por causa del metro, ni un vocablo forzado por causa del consonante; y por malas tengo las que no son de esta manera; y mirad que digo buena y clara sentencia, porque hay algunas cosas trovadas que al parecer dicen algo, y si las queréis examinar bien, las hallaréis vacías de sentencia. Y porque veáis que esto es así, escuchad este villancico que al tiempo que yo partí de España reinaba entre los músicos, y mirad cómo hallaréis en él lo que digo:

Pues que os vi, merecí veros,
que si, señora, n’os viera,
nunca veros mereciera.

MARCIO.- Cuanto que a mí bien me contenta; no sé qué mal le halláis.
VALDÉS.- Con razón os contentara si el primero verso, que dice: Pues que os vi, merecí veros, dijera: Porque os vi merezco veros, pues, como veis, la sentencia estuviera clara y amorosa; pero, estando como está, yo no hallo que diga nada, antes me parece que contradice en los dos últimos versos lo que afirma en el primero. De esta suerte os podría decir otros muchos, los cuales nacen de personas que no van acomodando, como dije se debe hacer, las palabras a las cosas, sino las cosas a las palabras, y así no dicen lo que querrían, sino lo que quieren los vocablos que tienen.

p.113-115

VALDÉS.- […] Cuanto a la prosa, digo que de los que han romanzado he leído poco, porque, como entiendo el latín y el italiano, no curo de ir al romance. De eso poco que he leído me parece haber visto dos librillos que me contentan así en el estilo, el cual tengo por puro castellano, como en el exprimir muy gentilmente y por muy propios vocablos castellanos lo que hallaban escrito en latín.
[…]
MARCIO.- ¿Cómo se llama el autor?
VALDÉS.- No me acuerdo, por mi fe; pero os sé decir que a mi ver era hombre de vivo ingenio y claro juicio.
PACHECO.- Decidme, por vuestra fe, aunque sea fuera de propósito, porque ha muchos días que lo deseo saber: ¿qué diferencia hacéis entre ingenio y juicio?
VALDÉS.- El ingenio halla qué decir, y el juicio escoge lo mejor de lo que el ingenio halla, y lo pone en el lugar que ha de estar; de manera que de las dos partes del orador, que son invención y disposición, que quiere decir ordenación, la primera se puede atribuir al ingenio y la segunda, al juicio.
PACHECO.- ¿Creéis que pueda haber alguno que tenga buen ingenio y sea falto de juicio; o tenga buen juicio y sea falto de ingenio?
VALDÉS.- Infinitos hay de esos; y aun de los que vos conocéis y platicáis cada día, os podría señalar algunos.
PACHECO.- ¿Cuál tenéis por mayor falta en un hombre, la del ingenio o la del juicio?
VALDÉS.- Si yo hubiese de escoger, más querría con mediano ingenio buen juicio, que con razonable juicio buen ingenio.
PACHECO.- ¿Por qué?
VALDÉS.- Porque hombres de grandes ingenios son los que se pierden en herejías y falsas opiniones por falta de juicio. No hay tal joya en el hombre como el buen juicio.

p.117-118

VALDÉS. […] Entre los que han escrito cosas de sus cabezas comúnmente se tiene por mejor estilo el del que escribió los cuatro libros de Amadis de Gaula; y pienso tienen razón, bien que en muchas partes va demasiadamente afectado, y en otras muy descuidado; unas veces alza el estilo al cielo, y otras lo abaja al suelo; pero al fin, así a los cuatro libros de Amadis, como a los de Palmerín y Primaleón, que por cierto respeto han ganado crédito conmigo, tendré y juzgaré siempre por mejores que esos otros Esplandián, Florisando, Lisuarte, Cavallero de la Cruz, y que a los otros no menos mentirosos que estos […]; los cuales, demás de ser mentirosísimos, son tan mal compuestos, así por decir las mentiras muy desvergonzadas, como por tener el estilo desbaratado, que no hay buen estómago que los pueda leer.
MARCIO.- ¿Los habéis vos leído?
VALDÉS.- Sí que los he leído.
MARCIO.- ¿Todos?
VALDÉS.- Todos.
MARCIO.- ¿Cómo es posible?
VALDÉS.- Diez años, los mejores de mi vida, que gasté en palacios y cortes, no me empleé en ejercicio más virtuoso que en leer estas mentiras, en las cuales, tomaba tanto sabor, que me comía las manos tras ellas. Y mirad qué cosa es tener el gusto estragado, que si tomaba en la mano un libro de los romanzados en latín, que son de historiadores verdaderos, o a lo menos que son tenidos por tales, no podía acabar conmigo de leerlos.

p.120-121

MARCIO.- ¿Qué decís de Celestina? Pues vos mucho su amigo soléis ser.
VALDÉS.- Celestina, me contenta el ingenio del autor que la comenzó, y no tanto el del que la acabó; el juicio de todos dos me satisface mucho, porque exprimieron a mi ver muy bien y con mucha destreza las naturales condiciones de las personas que introdujeron en su tragicomedia, guardando el decoro de ellas desde el principio hasta la fin.
MARCIO.- ¿Cuáles personas os parecen que están mejor exprimidas?
VALDÉS.- La de Celestina está a mi ver perfectísima en todo cuanto pertenece a una fina alcahueta, y las de Sempronio y Pármeno; la de Calisto no está mal, y la de Melibea pudiera estar mejor.
MARCIO.- ¿Adónde?
VALDÉS.- Adonde se deja muy presto vencer, no solamente a amar, pero a gozar del deshonesto fruto del amor.
MARCIO.- Tenéis razón.
PACHECO.- Dejaos ahora, por vuestra vida, de hacer anatomía de la pobre Celestina; basta que la hicieron los mozos de Calisto. Decidnos qué os parece del estilo.
VALDÉS.- El estilo, en la verdad, va bien acomodado a las personas que hablan. Es verdad que peca en dos cosas, las cuales fácilmente se podrían remediar; y quien las remediase le haría gran honra. La una es el amontonar de vocablos algunas veces tan fuera de propósito como Magnificat a maitines; la otra es en que pone algunos vocablos tan latinos que no se entienden en el castellano, y en partes adonde podría poner propios castellanos, que los hay. Corregidas estas dos cosas en Celestina, soy de opinión que ningún libro hay escrito en castellano donde la lengua esté más natural, más propia ni más elegante.
MARCIO.- ¿Por qué vos no tomáis un poco de trabajo y hacéis eso?
VALDÉS.- De más estaba.
MARCIO.- Del libro de Questión de Amor, ¿qué os parece?
VALDÉS.- Muy bien la invención, y muy galanos los primores que hay en él; y lo que toca a la cuestión no está mal tratado por la una parte y por la otra. El estilo, en cuanto toca a la prosa, no es malo; pudiera bien ser mejor; en cuanto toca al metro, no me contenta.
MARCIO.- Y de Cárcel de amor, ¿qué me decís?
VALDÉS.- El estilo de ese me parece mejor; pero todos esos librillos, como están escritos sin el cuidado y miramiento necesario, tienen algunas faltas, por donde no se pueden alabar como alabaréis entre los griegos a Demóstenes, a Xenofón, a Isócrates, a Plutarco, a Luciano, y así a otros príncipes de la lengua, y en latín a Cicerón, a César, a Salustio, a Terencio, y así a otros que, como escribieron con cuidado, se ve en ellos la natural propiedad y puridad de la lengua.

p.126-127

Juan de Valdés. Diálogo de la lengua. Ed. Juan M. Lope Blanch. México: Porrúa, 1966 (Sepan Cuantos… 52).

Fray Luis de León: De los nombres de Cristo (dedicatoria del libro III, 1585)

Y es engaño común tener por fácil y de poca estima todo lo que se escribe en romance, que ha nacido o de lo mal que usamos de nuestra lengua, no la empleando sino en cosas sin ser, o de lo poco que entendemos de ella creyendo que no es capaz de lo que es de importancia. Que lo uno es vicio y lo otro engaño, y todo ello falta nuestra, y no de la lengua ni de los que se esfuerzan a poner en ella todo lo grave y precioso que en alguna de las otras se halla.
[…]
Una cosa es la forma del decir, y otra la lengua en que lo que se escribe se dice. En la forma del decir, la razón pide que las palabras y las cosas que se dicen por ellas sean conformes, y que lo humilde se diga con llaneza, y lo grande con estilo más levantado, y lo grave con palabras y con figuras cuales convienen. Mas, en lo que toca a la lengua, no hay diferencia, ni son unas lenguas para decir unas cosas, sino en todas hay lugar para todas; y esto mismo de que tratamos no se escribiera como debía por sólo escribirse en latín, si se escribiera vilmente; que las palabras no son graves por ser latinas, sino por ser dichas como a la gravedad le conviene, o sean españolas o sean francesas.
Que si, porque a nuestra lengua la llamamos vulgar, se imaginan que no podemos escribir en ella sino vulgar y bajamente, es grandísimo error; que Platón escribió no vulgarmente ni cosas vulgares en su lengua vulgar, y no menores ni menos levantadamente las escribió Cicerón en la lengua que era vulgar en su tiempo.
[…]
Mas a los que dicen que no leen estos mis libros por estar en romance, y que en latín los leyeran, se les responde que les debe poco su lengua, pues por ella aborrecen lo que, si estuviera en otra, tuvieran por bueno.
Y no sé yo de dónde les nace el estar con ella tan mal; que ni ella lo merece, ni ellos saben tanto de la latina que no sepan más de la suya, por poco que de ella sepan, como de hecho saben de ella poquísimo muchos. Y de éstos son los que dicen que no hablo en romance porque no hablo desatadamente y sin orden, y porque pongo en las palabras concierto, y las escojo y les doy su lugar; porque piensan que hablar romance es hablar como se habla en el vulgo; y no conocen que el bien hablar no es común, sino negocio de particular juicio, así en lo que se dice como en la manera como se dice. Y negocio que de las palabras que todos hablan elige las que convienen, y mira el sonido de ellas, y aun cuenta a veces las letras, y las pesa, y las mide y las compone, para que, no solamente digan con claridad lo que se pretende decir, sino también con armonía y dulzura. Y si dicen que no es estilo para los humildes y simples, entiendan que, así como los simples tienen su gusto, así los sabios y los graves y los naturalmente compuestos no se aplican bien a lo que se escribe mal y sin orden, y confiesen que debemos tener cuenta con ellos, y señaladamente en las escrituras que son para ellos solos, como aquesta lo es.

Fray Luis de León. De los nombres de Cristo. Ed. José Onrubia de Mendoza. Barcelona: Bruguera, 1975 (Libro Clásico 135).

Claudio Guillén: “La disposición temporal del Lazarillo” (1957)

[Sobre los críticos que le reprochaban al Lazarillo de Tormes carecer de unidad y estructura:] Nos encontramos, en realidad, si consideramos el origen de tales errores, ante un capítulo de la historia de la crítica en el siglo XIX. Más concretamente, ante la enemistad que hubo durante la segunda mitad del siglo pasado entre la tradición de la novela europea, por un lado, y por otro, la crítica neoclásica, tradicional, […]. Recuérdese que el romanticismo había vuelto a descubrir la épica, el teatro o la poesía popular de España y de Inglaterra, pero que los clásicos o “primitivos”de la novela no fueron revalorados antes de la segunda mitad del siglo. Con algunas notables excepciones, […] no sólo las novelas picarescas de los siglos XVI y XVII, sino las mismas obras maestras de Balzac y de Stendhal tardaron mucho en ser aplaudidas por la crítica académica.
Conviene tener presente el origen de este desapego. […] La crítia neoclásica del siglo XIX se obstinaba en atribuir a la novela lo que Paul Bourget llamaba abscence de composition, o sea, una ausencia de armonía, proporción, orden, selección, etc. Éstas eran las virtudes estructurales que los críticos exigían de la novela.
Va ya para cincuenta años que un crítico genial, Albert Thibaudet, descifró la causa de esta mala inteligencia. No debemos confundir, explica Thibaudet, las virtudes de la novela con las de la oratoria clásica o del teatro. Pues, al hablar de estos otros géneros, tendemos a manejar criterios de índole espacial –aplicables, en rigor, a la pintura o a la arquitectura. […] Intuye Thibaudet que en la temporalidad está la clave de la composición novelesca. Como una vida que poco a poco se inventa a sí misma, la novela arranca de una “evolución creadora”, del libre e imprevisible transcurso del tiempo […]. La contextura, la armazón misma de la novela son indivisibles de un proceso de duración en el tiempo. Si la arquitectura, con arreglo al famoso aforismo romántico, es “música petrificada” […], la novela tiende, en rigor, a ser algo así como música leída, temporalidad hecha narración y literatura.

Claudio Guillén. El primer Siglo de Oro. Estudios sobre géneros y modelos. Barcelona: Crítica, 1988 (Filología 18).

 

Anuncios
28 agosto, 2015

Ejemplos en retórica (Curtius)


Exemplum (parádeigma) es término técnico de la antigua retórica, a partir de Aristóteles, y significa “historia que se inserta a manera de testimonio”. A esto se añade más tarde (desde ca. 100 a.C.) una nueva forma del ejemplo retórico, que tendría gran importancia en el futuro: el personaje ejemplar (eikón, imago), esto es, la “encarnación de cierta cualidad en una figura: Cato ille uirtutum uiua imago“. Cicerón (De oratore, I, xviii) y Quintiliano (XII, iv) encarecen al orador la necesidad de echar mano de ejemplos de la historia, la mitología y la leyenda heroica.

Curtius, Ernst. R.: Literatura europea y Edad Media latina, FCE, 1955, T. Margit Frenk y Antonio Alatorre, p.94.

28 agosto, 2015

Sentencias en la poesía y en la retórica (Curtius)


En los poetas antiguos se encuentran cientos y miles de versos que condensan una experiencia psicológica o una norma de vida. Aristóteles estudio esos aforismos […] en su Retórica (II, xxi); Quintiliano los llamó sentencias (propiamente, “juicios”) porque se asemejaban a las resoluciones de las asambleas públicas (VIII, v, 3).

Curtius, Ernst. R.: Literatura europea y Edad Media latina, FCE, 1955, T. Margit Frenk y Antonio Alatorre, p. 92.

26 noviembre, 2013

Sobre la claridad en la exposición de una idea: Nietzsche


Cuanto más abstracta sea la verdad que quieres enseñar, tanto más tienes que atraer hacia ella incluso a los sentidos.

F. Nietzsche, Más allá del bien y del mal, IV, 18. T. A. Sánchez Pascual.

Etiquetas:
19 noviembre, 2013

Algunas figuras de dicción: por adición


adicion

1REPETICIÓN DE UNA PALABRA

1.1estricta

1.1.1geminación

repetición de una palabra o grupo de palabras en contacto dentro de una oración o cláusula

1.1.2anadiplosis

Coinciden final y principio de un grupo sintáctico o métrico

1.1.3redición

una misma expresión se repite distribuida a lo largo de unos versos, un párrafo, etc.

1.1.4anáfora

Repetición al comienzo de los miembros de una serie

1.2relajada

1.2.1paronomasia

1.2.2sinonimia

2ACUMULACIÓN DE GRUPOS

2.1acumulación coordinante

2.1.1enumeración

2.1.2paralelismo

2.1.3distribución

2.2epíteto

Es el tipo más conocido de acumulación subordinante

2.3polisíndeton

Coordinación con valor retórico

Etiquetas:
19 noviembre, 2013

Don Quijote sobre la imitación de los clásicos


Eneas (palacio de Schönbrunn, Viena)

Eneas (palacio de Schönbrunn, Viena) (Photo credit: Alfor)

Digo asimismo que cuando algún pintor quiere salir famoso en su arte procura imitar los originales de los más únicos pintores que sabe, y esta mesma regla corre por todos los más oficios o ejercicios de cuenta que sirven para adorno de las repúblicas, y así lo ha de hacer y hace el que quiere alcanzar nombre de prudente y sufrido, imitando a Ulises, en cuya persona y trabajos nos pinta Homero un retrato vivo de prudencia y de sufrimiento, como también nos mostró Virgilio en persona de Eneas el valor de un hijo piadoso y la sagacidad de un valiente y entendido capitán, no pintándolo ni descubriéndolo como ellos fueron, sino como habían de ser, para quedar ejemplo a los venideros hombres de sus virtudes.

Don Quijote de la Mancha, I,xxv

23 septiembre, 2013

C. Guillén: Quevedo, antiaristotélico


Cruzada ya la frontera que separa una concepción de la otra [poesía en sentido aristotélico / concepción retórica de la literatura analizada por Guillén], se ofrece un vastísimo círculo a cuantos cauces de comunicación se abrían camino en la sociedad de la época, susceptibles todos ellos de transmutación en escritura individual. Leyes, cédulas, decretos, pragmáticas, memoriales, aranceles, capitulaciones, que remedan el lenguaje del poder estatal y de sus principales instituciones. Caricaturas del saber o de la erudición, como Gracias y desgracias del ojo del culo, burla de la disertación pedante. Jácaras, bailes, romances de germanía, con su aprovechamiento del argot de los delincuentes. “Valentón de las letras” -así le llama Raimundo Lida [en la recopilación de estudios Letras hispánicas, FCE], Quevedo sabe que escribiendo son lícitas muchas audacias. Puede convertirse la escritura en el terreno privilegiado del desahogo, la venganza, la euforia, la amargura, la acusación. No se trata de reflejar verbalmente las diferentes clases sociales -al recorrer todos los niveles del idioma escrito y hablado- como de deshacerse de las trabas institucionales del habla.

Claudio Guillén, en García de la Concha (ed.), Homenaje a Quevedo, 487.

11 agosto, 2013

Bibliografía para Siglos de Oro 1 y 2


Español: Retrato de Baltasar Gracián que se co...

Español: Retrato de Baltasar Gracián que se conserva en Graus, restaurado. (Photo credit: Wikipedia)

Sólo unas pocas obras quizá ausentes en las guías del SUA y a las que creo no haber incluido en las sugerencias para las reseñas. También puede haber varias redundancias entre todas estas listas.
Advertencia: muchas veces, a pesar de lo que indican los títulos, estas obras son útiles para ambos siglos áureos. Por ejemplo, el libro de Guillén, por sus ensayos sobre el género picaresco, ayuda mucho en Siglos 2.
Disculpen lo incompleto de las fichas. Algunas veces anoté los datos con prisa, y en este momento los libros se ocultan entre sí en los anaqueles, como si temiesen que un cura manchego los viniera a depurar.

  • Alatorre, Antonio. El heliocentrismo en el mundo de habla española. México: FCE, 2011 (Tezontle).
  • Alatorre, Antonio: Los 1001 años de la lengua española. México: FCE, 2002 (3a ed.).
  • Alonso, Álvaro: La poesía italianista, Madrid, Ediciones del Laberinto, 2002.
  • Anderson, Perry: El Estado absolutista, 10a edición, Madrid: Siglo XXI, 2007, T. Santos Juliá.
  • Benassar, Bartolomé et al.: Histoire des espagnols. VIe.-XXe. siècle, Robert Laffont, Eds: Benassar, Bartolomé, 1992 (hay trad., pero no tengo la ficha).
  • Beuchot, Mauricio: Hermenéutica, analogía y signaturas, México: UNAM, 2014 (Cuadernos del Seminario de Hermenéutica 9). Nos interesa por capítulos como “Barroco y analogía” y “De signaturis rerum“.
  • Blecua, Alberto. Signos viejos y nuevos. Estudios de historia literaria. Barcelona: Crítica, 2006 (recopilación de estudios sobre Siglos de Oro).
  • Borsò, Vittoria: Barroco, criollismo y la formación de la conciencia nacional, La literatura en la formación de los estados hispanoamericanos (1800-1860), Vervuert, Eds: Janik, Dieter, 1988.
  • Burke, Peter. Los avatares de El cortesano. Barcelona: Gedisa, 1998.
  • Buxó, J. P. “Sentido de la imaginación simbólica. Ut pictura poesis”. Revista de la Universidad de México, 120 (febrero 2014), 61-67.
  • Cárcel, Ricardo García: Las culturas del Siglo de Oro, Historia 16, 1999.
  • Castro, Américo: Cervantes y los casticismo españoles, Alianza Editorial, 1974.
    • España en su historia, Crítica, 1983, Ed. original: Losada, 1948.
    •  Cervantes y los casticismo españoles, Alianza Editorial, 1974.
    • La realidad histórica de España, Porrúa, 1987.
  • Cilvetti, Ángel L.: Introducción a la mística española, Madrid: Cátedra.
  • Colón Calderón, Isabel. La novela corta en el siglo XVII, Madrid: Ediciones del Laberinto, 2001.
  • Curtius, E. R. Literatura europea y Edad Media latina. Lengua y Estudios Literarios. FCE, 1955. T. Margit Frenk Alatorre y Antonio Alatorre.
    • Observación: No se engañen por causa del título de este libro. Se trata de una obra esencial para entender la tradición literaria occidental, sus transformaciones a lo largo de los siglos y su disolución al final del s. XVIII. (Si tienen dudas sobre los capítulos que puedan ser pertinentes para nuestras materias, traigan un ejemplar a clase y pregúntenme).
  • Foucault, Michel: Las palabras y las cosas, Siglo XXI, 1976.
  • Frenk, Margit: Entre la voz y el silencio. La lectura en tiempos del Quijote. México: FCE, 2005.
    • El subtítulo puede confundirnos. El periodo estudiado comprende tanto los años finales del s. XV como los siglos XVI y XVII.
  • Frey, Herbert: La feudalidad europea y el régimen señorial español, INAH, 1988.
  • Fuentes, Carlos: Cervantes o la crítica de la lectura, Centro de Estudios Cervantinos, 1994.
  • Gilman, Stephen: La novela según Cervantes, Fondo de Cultura Económica, 1993.
  • Guillén, Claudio: El primer Siglo de Oro. Estudios sobre géneros y modelos, Barcelona: Crítica, 1988.
  • Hauser, Arnold: Literatura y manierismo, Guadarrama, Eds: Vicen, T. Felipe Glez., 1969, Última parte de El manierismo, Guadarrama, 1965.
  • Huerta, David. “De casi intolerable fulgor”. Revista de la Universidad de México, núm. 121, marzo 2014, p. 97-98. (Sobre Góngora y el concepto).
  • Lafaye, Jacques. Por amor al griego. La nación europea, señorío humanista (siglos XIV-XVII). México: FCE, 2005. Renacimiento, humanismo, barroco…
  • Lara Garrido, José. El mundo como teatro. Estudios sobre Calderón de la Barca. Universidad de Málaga, 2003.
  • Lida, Raimundo: Letras hispánicas, México: Fondo de Cultura Económica, 1958.
  • López Bueno, Begoña. La poética cultista de Herrera a Góngora, 2a ed. Sevilla: Alfar, 2000.
  • Luiselli, Alessandra: El sueño manierista de sor Juana Inés de la Cruz, UAEM-Gobierno del Estado de México, 1989.
  • Maravall, José Antonio: La cultura del barroco, Madrid: Ariel, 1975.
  • Manero, María P.: Imágenes petrarquistas en la lírica española del Renacimiento, repertorio, Barcelona, Promociones y Publicaciones Universitarias, PPU, 1990
  • Nieto, José C.: Místico, poeta, rebelde, santo: en torno a san Juan de la Cruz, México: Fondo de Cultura Económica.
  • Margarita Peña. “Francisco Cervantes de Salazar y Luis Vives. Encuentro en Flandes”. Revista de la Universidad de México, 120:68-76, febrero 2014.
  • Pérez, Joseph: Breve historia de la Inquisición en España, Crítica, 2009.
  • Porqueras-Mayo, Alberto: La teoría poética en el manierismo y el barroco españoles, Puvill, 1986.
  • Praz, Mario: Mnemosina. Paralelo entre la literatura y las artes visuales, Monte Ávila, 1976, T. Ma. Raquel Bengolea.
  • Reyes Coria, Bulmaro. Arte de convencer. Lecciones ciceronianas de oratoria. México: UNAM, 1998 (Instituto de Investigaciones Filológicas, Manuales Didácticos 7).
  • Rousset, Jean: Circe y el pavo real, Seix Barral, Eds: Marfà, T. Jordi, 1972, La Littérature de l’age baroque en France, José Corti, París, 1954
  • Ruiz Pérez, Fernando: Manual de estudios literarios de los Siglos de Oro, Cátedra.
  • Ruiz Ramón, Federico: Historia del teatro español, 7a edición, Cátedra, 1988.
  • Talens, Jenaro. Novela picaresca y práctica de la transgresión. Madrid: Jucar, 1975.
13 mayo, 2013

Algunos tropos (definiciones)


Las definiciones en azul han sido tomadas del Diccionario de la Real Academia Española.

  • Metáfora.(Del lat. metaphŏra, y este del gr. μεταφορά, traslación). 1. f. Ret. Tropo que consiste en trasladar el sentido recto de las voces a otro figurado, en virtud de una comparación tácita; p. ej., Las perlas del rocío. La primavera de la vida. Refrenar las pasiones. 2. f. Aplicación de una palabra o de una expresión a un objeto o a un concepto, al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparación (con otro objeto o concepto) y facilitar su comprensión; p. ej., el átomo es un sistema solar en miniatura.
  • Metonimia.(Del lat. metonymĭa, y este del gr. μετωνυμία). 1. f. Ret. Tropo que consiste en designar algo con el nombre de otra cosa tomando el efecto por la causa o viceversa, el autor por sus obras, el signo por la cosa significada, etc.; p. ej., las canas por la vejez; leer a Virgilio, por leer las obras de Virgilio; el laurel por la gloria, etc.
    En general, podría decirse que las metonimias son generadas a partir de casi cualquier relación posible entre dos objetos o conceptos, excepto las de semejanza o equivalencia (propias de la metáfora, incluso cuando la metáfora fuerza o crea la semejanza) y las de magnitud o inclusión (propias de la sinécdoque).
  • Sinécdoque.(Del lat. synecdŏche, y este del gr. συνεκδοχή, de συνεκδέχεσθαι, recibir juntamente). 1. f. Ret. Tropo que consiste en extender, restringir o alterar de algún modo la significación de las palabras, para designar un todo con el nombre de una de sus partes, o viceversa; un género con el de una especie, o al contrario; una cosa con el de la materia de que está formada, etc.
  • Antonomasia.(Del lat. antonomasĭa, y este del gr. ἀντονομασία). 1. f. Ret. Sinécdoque que consiste en poner el nombre apelativo por el propio, o el propio por el apelativo; p. ej., el Apóstol, por San Pablo; un Nerón, por un hombre cruel. por ~. 1. loc. adv. Denota que a una persona o cosa le conviene el nombre apelativo con que se la designa, por ser, entre todas las de su clase, la más importante, conocida o característica.
  • Ironía.(Del lat. ironīa, y este del gr. εἰρωνεία). 1. f. Burla fina y disimulada. 2. f. Tono burlón con que se dice.

    3. f. Figura retórica que consiste en dar a entender algo contrario o diferente de lo que se dice, generalmente como burla disimulada.
    (Posiblemente, la ironía sea el único tropo, junto con la metáfora, acerca del cual las definiciones y descripciones tradicionales, tanto como las tecnocráticas (es decir, las rigurosamente estructuralistas o semióticas), resultan cortas e injustas. Pensemos tan sólo en la ironía romántica y en la cervantina).

  • Perífrasis o circunlocución.(Del lat. circumlocutĭo, -ōnis). 1. f. Ret. Figura que consiste en expresar por medio de un rodeo de palabras algo que hubiera podido decirse con menos o con una sola, pero no tan bella, enérgica o hábilmente.
  • Hipérbole.(Del lat. hyperbŏle, y este del gr. ὑπερβολή). 1. f. Ret. Figura que consiste en aumentar o disminuir excesivamente aquello de que se habla.
  • Lítote, lítotes o atenuación.2. f. Ret. Figura que consiste en no expresar todo lo que se quiere dar a entender, sin que por esto deje de ser bien comprendida la intención de quien habla. Se usa generalmente negando lo contrario de aquello que se quiere afirmar; p. ej., No soy tan insensato. En esto no os alabo.
  • Prosopoeya. Figura que consiste en atribuir a las cosas inanimadas o abstractas, acciones y cualidades propias de seres animados, o a los seres irracionales las del hombre.
Etiquetas:
13 mayo, 2013

Un pequeño resumen del arte de la retórica


retóricaDocumentos como éste abundan en la red. Sin embargo, cada nuevo esfuerzo por aprender un tema, por repasarlo para uno mismo o por  exponérselo a otras personas, requiere que nos demos a la tarea de revisar y sintetizar una vez más lo que ya conocemos, recordemos lo olvidado o precisemos lo no perfectamente comprendido. De modo que aquí va.

(Basado en H. Beristáin, Diccionario de retórica y poética, Porrúa, 2a edición, 1988, y en D. Pujante, Manual de retórica, Castalia Universidad, 1. Castalia, 2003).

El estudio de la retórica suele dividirse en cinco “partes”. Éstas constituyen cinco operaciones distintas, necesarias para la elaboración de un discurso:

  • inventio

  • dispositio

  • elocutio

  • memoria

  • actio

Pero, ojo, el arte de la retórica era necesario para la composición de toda prosa culta, y aun para la poesía (no por nada vinculamos hoy las nociones de tropo y figura sobre todo a la lírica): recordemos cómo, en el prólogo del Quijote, Cervantes manifiesta sus reales o ficticios temores a la mala recepción reservada para su “leyenda seca como un esparto, ajena de invención, menguada de estilo, pobre de concetos“…

1 INVENTIO

Hallazgo de ideas

Géneros

      1. Demostrativo
      2. Deliberativo
      3. Judicial

2 DISPOSITIO

Organización del contenido en secciones

Exordio

Narración

Argumentación

Peroración

3 ELOCUTIO

Expresión lingüística de los pensamientos, por medio de la elección de palabras y de la construcción de frases, oraciones, párrafos, etc.

Virtudes expresivas

  • Pureza: fidelidad a la gramática de la lengua culta (no la que estudian los lingüistas, sino la antes impuesta por la Academia, hoy solamente sugerida).
  • Claridad: eficacia comunicativa.
  • Ornato: cualidades estéticas necesarias para gustar, o por lo menos no aburrir, al lector o al oyente.

Res / verba

A diferencia de las concepciones modernas, la retórica tradicional parte de una distinción tajante entre el contenido de un discurso, la res, y su manifestación en palabras, las verba.

Expresiones figuradas

  • Figuras de dicción
  • Tropos
  • Figuras de pensamiento

4 MEMORIA

Procedimientos para recordar el trabajo realizado

5 ACTIO

Puesta en escena del discurso por el orador

Etiquetas: