Posts tagged ‘Renacimiento’

26 julio, 2014

“Y en luengos ramos vueltos se mostraban…”


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(Apolo y Dafne, por Gian Lorenzo Bernini, 1598 – 1680). Tomado de http://losimprescindiblesdelarte.blogspot.com/2012/01/apolo-y-dafne.html

 

A Dafne ya los brazos le crecían
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos qu’el oro escurecían…

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(Garcilaso de la Vega, Soneto XIII).

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26 julio, 2014

Dafne y Apolo: escultura y soneto


Dafne y Apolo, por Jakob Auer, 1645 – 1706 austríaco.

Garcilaso de la Vega: Soneto XIII

A Dafne ya los brazos le crecían
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos qu’el oro escurecían;

de áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros que aun bullendo ‘staban;
los blancos pies en tierra se hincaban
y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol, que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba!

24 julio, 2014

El triunfo de Galatea, por Rafael


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(Rafael Sanzio, 1483-1520: El triunfo de Galatea).

Invidia de las ninfas y cuidado
de cuantas honra el mar deidades era;
pompa del marinero niño alado
que sin fanal conduce su venera.

Luis de Góngora: Fábula de Polifemo y Galatea, v.113-116.

1 junio, 2014

Francisco de la Torre: “Bella es mi ninfa” (soneto XXIII)


Bella es mi Ninfa, si los lazos de oro 
al apacible viento desordena; 
bella, si de sus ojos enajena 
el altivo desdén, que siempre lloro. 

Bella, si con la luz que sola adoro 
la tempestad del viento y mar serena; 
bella, si a la dureza de mi pena 
vuelve las gracias del celeste coro. 

Bella si mansa, bella si terrible; 
bella si cruda, bella esquiva, y bella 
si vuelve grave aquella luz del cielo, 

cuya beldad humana y apacible 
ni se puede saber lo que es sin vella, 
ni vista entenderá lo que es el suelo

15 abril, 2014

La vida del campo: una mirada renacentista


Tú dezías que [los campesinos] son esclavos de los que moramos en las cibdades, y a mí no me parescen sino nuestros padres, pues que nos mantienen; y no solamente a nosotros, sino también a las bestias que nos sirven, y a las plantas que nos dan fructo. Grande parte del mundo tiene vida por los labradores, y gran galardón es de su trabajo el fruto que dél sacan. Y no pienses que son tales sus afanes cuales te parescen: que el frío y el calor que a nosotros nos espantan, por la muncha blandura en que somos criados, a ellos ofenden poco, pues para sufrirlos han endurescido, y en los campos abiertos tienen mejores remedios que nosotros en las casas, pues con sus exercicios no sienten el frío, y del calor se recrean en las sombras de los bosques, do tienen por camas los prados floridos, y por cortinas los ramos de los árboles. Desde allí oyen los ruiseñores y las otras aves, o tañen sus flautas, o dizen sus cantares, sueltos de cuidados y de ganas de valer más atormentadores de la vida humana que frío ni calor; allí comen su pan, que con sus manos sembraron, y otra cualquier vianda de las que sin trabajo se pueden hallar, dichosos con su estado, pues no ay pobreza ni mala fortuna para el que se contenta. Así biven en sus soledades, sin hazer ofensa a nadie y sin rescebirla, donde alcançan no más entendimiento de las cosas que es menester para gozarlas.

Fernán Pérez de Oliva (1494-1531), Diálogo de la dignidad del hombre, ed. en línea de la Biblioteca Virtual Cervantes.

25 marzo, 2014

F. Pérez de Oliva: El alma tripartita y el destino del hombre


Como dize San Pablo, caminando para Dios nuestra tierra es en el cielo; mas púsonos Dios acá, en el profundo, para que se vea primero si somos merescedores della.

Porque como el hombre tiene en sí natural de todas las cosas, así tiene libertad de ser lo que quisiere: es como planta o piedra puesto en ocio; y si se da al deleite corporal es animal bruto; y si quisiere es ángel hecho para contemplar la cara del padre; y en su mano tiene hazerse tan excelente que sea contado entre aquellos a quien dixo Dios: dioses sois vosotros. De manera que puso Dios al hombre acá, en la tierra, para que primero muestre lo que quiere ser, y si le plazen las cosas viles y terrenas, con ellas se queda perdido para siempre y desamparado; mas si la razón lo ensalça a las cosas divinas, o al deseo dellas y cuidado de gozarlas, para él están guardados aquellos lugares del cielo que a ti, Aurelio, te parescen tan ilustres.

Fernán Pérez de Oliva, Diálogo de la dignidad del hombre. Ed. en línea de la Biblioteca Virtual Cervantes.

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25 marzo, 2014

Elogio humanista de las manos (F. Pérez de Oliva, 1494-1531)


De sus lados más altos salen los braços, en cuyos estremos están las manos, las cuales, solas, son miembros de mayor valor que cuantos dio naturaleza a los otros animales. Son éstas en el hombre siervas muy obedientes del arte y de la razón, que hazen cualquiera obra que el entendimiento les muestra en imagen fabricada. Éstas, aunque son tiernas, ablandan el hierro y hazen dél mejores armas para defenderse que uñas ni cuernos; hazen dél instrumentos para compeler la tierra a que nos dé bastante mantenimiento, y otros, para abrir las cosas duras y hazerlas todas a nuestro uso. Éstas son las que aparejan al hombre vestido, no áspero ni feo cual es el de los otros animales, sino cual él quiere escoger. Éstas hazen moradas bien defendidas de las injurias de los tiempos; éstas hazen los navíos para pasar las aguas; éstas abren los caminos por donde son ásperos, y hazen al hombre llano todo el mundo. Éstas doman los brutos valientes; éstas traen los toros robustos a servir al hombre, abaxados sus cuellos debaxo del yugo; éstas hazen a los cavallos furiosos sufrir ellos los trabajos de nosotros; éstas cargan los elefantes; éstas matan los leones; éstas enlazan los animales astutos; éstas sacan los peces del profundo de la mar, y éstas alcançan las aves que sobre las nuves buelan. Éstas tienen tanto poderío, que no ay en el mundo cosa tan poderosa que dellas se defienda. Las cuales no tienen menos bueno el parescer que los hechos.

Fernán Pérez de Oliva, Diálogo de la dignidad del hombre. Ed. en línea de la Biblioteca Virtual Cervantes.

25 marzo, 2014

Por qué nacemos llorando (Fernán Pérez de Oliva, 1494-1531)


Si el hombre sale llorando, no es porque sea aborrescido de naturaleza o porque este mundo no le sirva, sino es, como bien dixiste tú, Aurelio, porque no se halla en su verdadera tierra. ¿Quién es natural del cielo?, ¿en qué otro lugar se puede hallar bien, aunque sea bien tratado según su manera? El hombre es del cielo natural, por eso no te maravilles si lo ves llorar estando fuera dél.

Fernán Pérez de Oliva, Diálogo de la dignidad del hombre. Ed. en línea de la Biblioteca Virtual Cervantes.

25 marzo, 2014

El hombre microcosmos: Fernán Pérez de Oliva (1494-1531)


Así como Dios tiene en su poderío la fábrica del mundo, y con su mando la govierna, así el ánima del hombre tiene el cuerpo subjecto, y según su voluntad lo mueve y lo govierna; el cual es otra imagen verdadera de aqueste mundo a Dios subjecto. Porque, como son estos elementos de que está compuesta la parte baxa del mundo, así son los humores en el cuerpo humano, de los cuales es templado. Y como veis el cielo ser en sí puro y penetrable de la lumbre, así es en nosotros el leve espíritu animal, situado en el celebro y de allí a los sentidos derivado, por do se rescibe lumbre y vista de las cosas de fuera. Por donde es manifiesto ser el hombre cosa universal que de todas participa: tiene ánima a Dios semejante, y cuerpo semejante al mundo; bive como planta, siente como bruto y entiende como ángel. Por lo cual bien dixeron los antiguos que es el hombre menor mundo cumplido de la perfección de todas las cosas. Como Dios, en sí tiene perfección universal; por donde otra vez somos tornados a mostrar cómo es su verdadera imagen.

Fernán Pérez de Oliva, Diálogo de la dignidad del hombre. Ed. en línea de la Biblioteca Virtual Cervantes.

19 febrero, 2014

Los estoicos: algunas ideas esenciales


Dios, el cosmos y el destino del mundo

  • “La cosmología estoica es un monismo materialista y teológico” (107).
  • “Sólo existe Dios, que es el universo, lo eterno, lo uno y el bien. Opera como éter ígneo, en Logos espermático o semilla que germina diferenciándose en los entes de realidad. Todo es materia, incluso las virtudes y los conceptos, según Crisipo” (106).
  • “El éter ígneo es la zona más sutil del fuego creador, por el cual los demás elementos son creados” (107).
  • “A la evolución ascendente, sigue una evolución descendente, un desgaste. Al término del Grande Año, […] el universo se reabsorberá en el éter ígneo, por un incendio universal o ekpyrosis” (107).
  • “El principio eterno del mundo es el destino, cuya voz, como en Homero, “mandó de una sola vez para siempre” (107).
  • “Sólo hay un Dios. Los dioses son alegorías, comodidades de la mente, […] o bien son deificaciones legendarias para honrar a los bienhechores” (108).
  • “Dios, razón universal, es una providencia consciente de sus fines” (108).
  • “La finalidad [del universo] es la suma perfección. […] Zenón piensa que hasta la chinche tiene el encargo providencial de evitar el sueño excesivo” (108).
  • “Y como todos los extremos de la realidad son armónicos y conexos, pueden dar señales unos de otros. Se acepta, pues, la adivinación por los signos, la mántica popular, la creencia en los presagios” (108).
  • Al postular la existencia de un Dios providente, los estoicos se ven obligados a responder al problema de la existencia del mal. Sus respuestas anticipan las típicas del cristianismo. Las que me parecen más llamativas son las que insisten en la limitación de la perspectiva individual para comprender al cosmos en su conjunto, y las invitaciones a ser dóciles frente a la voluntad divina.

La religión natural y las “nociones comunes”

  • Los estoicos admiten la existencia de ciertas “nociones comunes”, las cuales son compartidas por todos los seres humanos y, asimismo, “naturales o no adquiridas por saber crítico o técnico (Crisipo, Posidonio). No son innatas en sí mismas —lo serán ya para Cicerón—, pues el alma nace como hoja en blanco: es innata sólo la facultad de adquirirlas” (118).
  • Estas “nociones comunes” se relacionan, sobre todo, con la moral y la religión. Cicerón las llama “gérmenes o centellas”. El consenso universal es el criterio para reconocer estas nociones comunes e inspira una “religión natural” (118).

Moral y sabiduría

  • Como los epicúreos y los cínicos, su objetivo principal es encontrar una forma de vida que asegure, a la vez, la virtud y la dicha. Tienen un concepto negativo de la dicha, como ausencia de sufrimiento, y consideran que el vicio no otorga una auténtica felicidad, que el vicioso en el fondo es infeliz por ser esclavo de sus hábitos e impulsos.
  • “El primer dogma de la conducta es la coherencia, […], ser y obrar de un solo modo, bajo la guarda de la conciencia moral, pues todo vicio de conducta entraña una incoherencia. […] Ser desigual a sí mismo es la peor vergüenza” (119).
  • “Se trata […] de acatar e imitar el orden universal, de cooperar voluntariamente con él. ‘Vivir conformes con la naturaleza’, dice Crisipo” (119).
  • “Esta línea recta de conducta es flecha orientada hacia un fin: […] la libertad. Las esclavitudes son los afectos y las cosas exteriores. Somos libres en nuestra vida interior y en las representaciones que imponemos a las cosas externas” (119).
    • “Las enfermedades del alma son alteraciones de la imagen del mundo que llevamos dentro. Guerra abierta contra las pasiones. Importa mucho clarificar la representación de las cosas desde el primer instante.” (119, cursivas mías).
    • En tanto que somos (potencialmente) dueños de lo que pasa en nuestra mente, no lo somos de la realidad exterior, incluido nuestro cuerpo. Así, nuestro cuerpo está sometido a la enfermedad y la muerte, por ejemplo, pero en cambio nuestro espíritu puede liberarse del miedo y la angustia frente a ellos, así como al dolor, la pobreza y todo mal originado fuera de nosotros mismos.
    • Entre estos males de origen externo se hallan la tiranía y la injusticia social: el estoico puede luchar a ellas por apego al deber, al “derecho natural” o a los “derechos humanos”, pero no por creer que pueda “cambiar al mundo”.
  • Así, pues, el estoico entrena su mente para desapegarse de las cosas y no sufrir por ellas; para alcanzar cierta apatía o ataraxia. Aunque las exposiciones de la doctrina estoica suelen hablar aquí de nuestras “ideas” u “opiniones” sobre las cosas, aquí lo esencial son las emociones: los estoicos, y todos los afines a ellos, o bien confunden opinión y sentimiento, o bien proponen llegar al control de las emociones por medio del control de las representaciones mentales.
  • Por ello, el estoico debe aprender a ser indiferente incluso a sus propios placeres y dolores. Si llega a sentir algún placer en el curso de su vida virtuosa, es aceptable que lo disfrute, siempre que no se apegue a él y no empiece a buscarlo en sí mismo.
  • “En general, se admite que para la virtud no basta la doctrina, sino que hay que añadirle el ejercicio, la voluntad. […] La voluntad, dice Cleantes, es al alma lo que al cuerpo la tensión muscular. Es la ‘buena tensión del alma’, dice Crisipo. En todo ello, como en muchas tesis estoicas, hay mixtura de intelectualismo en la base y volicionismo en el método” (121-122).
  • La virtud es el único bien o valor que se ha de buscar en la vida. En consecuencia, los demás bienes: riqueza, honor, poder, etc., son en el fondo indiferentes. Y el mal acarrea en sí mismo el castigo, por encadenarnos a las pasiones.
  • La muerte es un bien, por todos los males de los que nos libra. El suicidio es admisible cuando no se puede vivir con libertad o cuando la supervivencia propia se opone a la práctica del bien; no, cuando se busca por melancolía o desesperación.

Dignidad humana, ley natural y ciudadanía del mundo

  • Son los primeros teóricos del derecho natural
  • Todos los hombres son iguales en dignidad. Los estoicos tratan de limitar los alcances del sometimiento del esclavo, para ellos sólo un “jornalero vitalicio”. Séneca llega a decir que “nadie nace para el provecho ajeno” (133)
  • Las jerarquías sociales se justifican sólo por la diversidad de funciones requeridas para la obtención del bien común. Si se ajustaban a esa base, todos los sistemas políticos de la época eran aceptables.
  • Sin embargo, como lo señala Reyes, en la práctica los estoicos solían buscar y colaborar con monarcas de tendencias más o menos ilustradas y humanitarias, y oponerse a quienes percibían como tiranos que sólo buscaban su beneficio
  • El hombre de bien, sometido a la ley natural y divina, es ciudadano del mundo más que de una patria concreta.

Citas textuales y paráfrasis vienen de Alfonso Reyes, La filosofía helenística, Breviarios 147, FCE, 1959. Completado con ideas de procedencia varia que recordé en el proceso

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