Posts tagged ‘romanticismo’

24 octubre, 2018

Manuel Acuña: Ante un cadáver


¡Y bien! aquí estás ya… sobre la plancha
donde el gran horizonte de la ciencia
la extensión de sus límites ensancha.

Aquí donde la rígida experiencia
viene a dictar las leyes superiores
a que está sometida la existencia.

Aquí donde derrama sus fulgores
ese astro a cuya luz desaparece
la distinción de esclavos y señores.

Aquí donde la fábula enmudece
y la voz de los hechos se levanta
y la superstición se desvanece.

Aquí donde la ciencia se adelanta
a leer la solución de ese problema
cuyo solo enunciado nos espanta:

ella, que tiene la razón por lema,
y que en tus labios escuchar ansía
la augusta voz de la verdad suprema.

Aquí estás ya… tras de la lucha impía
en que romper al cabo conseguiste
la cárcel que al dolor te retenía.

La luz de tus pupilas ya no existe,
tu máquina vital descansa inerte
y a cumplir con su objeto se resiste.

¡Miseria y nada más!, dirán al verte
los que creen que el imperio de la vida
acaba donde empieza el de la muerte.

Y suponiendo tu misión cumplida,
se acercarán a ti, y en su mirada
te mandarán la eterna despedida.

Pero, ¡no!… tu misión no está acabada:
que ni es la nada el punto en que nacemos
ni el punto en que morimos es la nada.

Círculo es la existencia, y mal hacemos
cuando al querer medirla le asignamos
la cuna y el sepulcro por extremos.

La madre es sólo molde en que tomamos
nuestra forma, la forma pasajera
con que la ingrata vida atravesamos.

Pero ni es esa forma la primera
que nuestro ser reviste, ni tampoco
será su última forma cuando muera.

Tú, sin aliento ya, dentro de poco
volverás a la tierra y a su seno,
que es de la vida universal el foco.

Y allí, a la vida en apariencia ajeno,
el poder de la lluvia y del verano
fecundará de gérmenes tu cieno.

Y al ascender de la raíz al grano,
tras del vegetal a ser testigo
en el laboratorio soberano;

tal vez, para volver cambiado en trigo
al triste hogar donde la triste esposa
sin encontrar un pan sueña contigo.

En tanto que las grietas de tu fosa
verán alzarse de su fondo abierto
la larva convertida en mariposa,

que en los ensayos de su vuelo incierto
irá al lecho infeliz de tus amores
a llevarte tus ósculos de muerto.

Y en medio de esos cambios interiores
tu cráneo, lleno de una nueva vida,
en vez de pensamientos dará flores:

en cuyo cáliz brillará escondida
la lágrima, tal vez con que tu amada
acompañó el adiós de tu partida.

La tumba es el final de la jornada
porque en la tumba es donde queda muerta
la llama en nuestro espíritu encerrada.

Pero en esa mansión, a cuya puerta
se extingue nuestro aliento, hay otro aliento
que de nuevo a la vida nos despierta.

Allí acaban la fuerza y el talento,
allí acaban los goces y los males,
allí acaban la fe y el sentimiento:

allí acaban los lazos terrenales,
y mezclados el sabio y el idiota,
se hunden en la región de los iguales.

Pero allí donde el ánimo se agota
y perece la máquina, allí mismo
el ser que muere es otro ser que brota.

El poderoso y fecundante abismo
del antiguo organismo se apodera,
y forma y hace de él otro organismo.

Abandona a la historia justiciera
un nombre sin cuidarse, indiferente,
de que ese nombre se eternice o muera.

El recoge la masa únicamente
y cambiando las formas y el objeto,
se encarga de que viva eternamente.

La tumba sólo guarda un esqueleto;
mas la vida en su bóveda mortuoria
prosigue alimentándose en secreto.

Que al fin de esta existencia transitoria
a la que tanto nuestro afán se adhiere,
la materia, inmortal como la gloria,
cambia de formas; pero nunca muere.

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24 octubre, 2018

El romanticismo tardío en México: dos sonetos


Al viento

Vicente Riva Palacio (1832-1896)

Cuando era niño, con pavor te oía
en las puertas gemir de mi aposento;
doloroso, tristísimo lamento
de misteriosos seres te creía.

Cuando era joven, tu rumor decía
frases que adivinó mi pensamiento,
y cruzando después el campamento,
“Patria”, tu ronca voz me repetía.

Hoy te siento azotando, en las oscuras
noches, de mi prisión las fuertes rejas;
pero hánme dicho ya mis desventuras

que eres viento, no más, cuando te quejas,
eres viento si ruges o murmuras,
viento si llegas, viento si te alejas.

Nada

Antonio Plaza (1833-1882)

Nadaba entre la nada. Sin empeño
A la vida, que es nada, de improviso
Vine a soñar que soy; porque Dios quiso
Entre la nada levantar un sueño.

Dios, que es el Todo y de la nada es dueño,
Me hace un mundo soñar, porque es preciso;
Él, siendo Dios, de nada un paraíso
Formó, nadando en eternal ensueño.

¿Qué importa que en la nada confundida
vuelva a nadar, al fin, esta soñada
vil existencia que la nada olvida,

nada fatal de la que fue sacada?…
¿Qué tiene esta ilusión que llaman vida?
-Nada en su origen. – ¿ Y en su extremo? – ¡Nada!

21 octubre, 2018

Notas a la Velada II de Altamirano


1. Larra: Mariano José de Larra (1809-1837), el gran autor de los Artículos. Parecería que Altamirano ignoraba que en 1868 ya tenía 31 años de haber muerto. Fernández y González, Pérez Escrich, Fernán Caballero, Eguilaz: de todos éstos, Fernán Caballero es la de mayor trascendencia: seudónimo de Cecilia Bohl de Faber (1796–1877), narradora costumbrista, centrada en el campo andaluz, de ideas conservadoras. Manuel Bretón de los Herreros (1796–1873), dramaturgo romántico, sería el más recordado entre los demás.

2. Fernando de Alva Ixtlilxóchitl (¿1568?-1648), noble novohispano descendiente de Nezahualcóyotl, autor de obras históricas sobre el pasado prehispánico.

3. Edward King, vizconde de Kingsborough (1795 – 1837), gran coleccionista y divulgador de antigüedades prehispánicas. Sobre el Códice Kingsborough, puede revisarse esta página del Instituto de Investigaciones Filológicas.

4. Uno de los visitadores que investigaron y persiguieron la supuesta sublevación de Martín Cortés. Ignacio Rodríguez Galván escribió, acerca de él, un drama: Muñoz, visitador de México.

5. Tanto la ortografía de estos nombres, como las comparaciones que hace Altamirano, se deben contextualizar en su momento histórico. Aún había que avanzar mucho en el conocimiento de la historia y la cultura mesoamericanas.

6. Araucanos: nombre por el que se conoció al pueblo mapuche que resistió con bravura a la conquista española, y que todavía se opone al despojo de su tierra en el actual Chile. Su valentía inspiró La Araucana, de Alonso de Ercilla, único poema épico del Siglo de Oro español que ha tenido verdadera trascendencia. ¿Por qué la comparación con los mayas? Resulta que la conquista del pueblo maya se consumó hasta 1697, cuando fueron destruidas sus últimas ciudades, como Tayasal (en el actual Belice), a lo que debemos añadir hechos posteriores, como la Guerra de Castas (1847-1901).

7. Fingal: personaje de los mitos y leyendas celtas, popularizado desde 1761 y en la época romántica gracias a los poemas épicos forjados por el escritor James Macpherson, que atribuyo falsamente a Ossian, bardo legendario. Walter Scott (1771-1832): narrador escocés, creador del género de la novela histórica. Punto de referencia para los narradores románticos y también para los primeros realistas (aunque sea para distanciarse de su estética, por ejemplo Stendhal). Fenimore Cooper (1789-1851): escritor estadounidense, uno de los primeros autores que contribuyeron a forjar la imagen de los Estados Unidos como tierra de la frontera, de los pioneros, etc. Su novela más conocida: El último de los mohicanos.

8. Escritores románticos sudamericanos. Esteban Echeverría (1805-1851): argentino, uno de los primeros románticos de nuestra lengua. Famoso por el poema narrativo La cautiva y por el cuento El matadero. Alphonse de Lamartine (1790-1869): poeta, narrador, historiador, demócrata (presidente de la efímera II República francesa durante algunos meses de 1848) y uno de los románticos franceses más conocidos.

9. Literalmente, una “entretenida”. Una amante de lujo, como las que abundan en las novelas francesas del XIX y sus adaptaciones del cine y la televisión.

10. Un pichi-rey es un jefe o caudillo de los pueblos indígenas de Chile y Argentina, como los ranqueles.

11. Fraile inglés (1597-1656), luego convertido al anglicanismo, que escribió sobre sus viajes por Nueva España.

12. Isidore Löwenstern (1807-1863?), viajero austriaco. Su libro sobre México ha sido publicado por el FCE. La escocesa Frances Erskine Inglis (1804-1882) casó con el diplomático Ángel Calderón de la Barca, representante de España en nuestro país de 1839 a 1842. En 1843, la señora Calderón de la Barca publicó sus impresiones con el título Life in Mexico During a Residence of Two Years in That Country. La obra también ha sido traducida y publicada en la primera serie de la colección Lecturas Mexicanas.

13. La sátira menipea, género literario de la Antigüedad grecolatina, pasó a la historia como ejemplo de relato mentiroso, incongruente, vulgar.

14. Jospeh Addison (1672-1719), inglés, clásico del ensayo y del periodismo, uno de los autores emblemáticos del Siglo de las Luces. Fígaro: personaje de famosas comedias y óperas del siglo XVIII, su nombre sirvió como seudónimo a diversos periodistas. Lo más probable es que Altamirano se refiera a Larra.

15. Sobre las Veladas Literarias, remito al artículo de la Enciclopedia de la Literatura en México.

10 octubre, 2018

Guillermo Prieto: “Trifulca”


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Claudio Linatti (1790-1832), Disputa de dos mujeres indígenas. De Costumes civils, militaires et réligieux du Mexique (Bélgica, 1828).

Formando circo la gente
como quien ve topar gallos,
entre mujeres que gritan
y empujones de muchachos,
entre ladridos de canes,
furiosos y el polvo alzando,
arremetió la Bartola
contra el zurdo Cayetano.
Y aquellas fueron mordidas,
y aquellos fueron arañois,
y aquellas las indirectas
de avergonzar a los diablos.
Los mechones de cabellos
por los aires van volando,
riegan el hollado suelo
los jirones de lso trapos;
y la Bartola insultiva
ya triunfa de Cayetano,
cuando éste al fin se calienta,
como que no era de palo,
y le pega a la Bartola
tal retreta de sopapos,
que parece que en sus lomos
repican el zapateado.
—Déjala, grita la gente.
—Quietos, porque son casados.
—¡Poco hombre! —¡Zurdo maldito!
—¡Fierabrás! —¡Meco! —¡Ajembrado!
Mas, separando a la gente,
fiero, decidido, bravo,
entre los dos combatientes
se planta resuelto Pablo,
el tendero más querido
por la redondez del barrio.
—¡A la mujer no se hiere!
¡alto, digo, Cayetano!,
y de una fuerte puñada
lo puso a sus pies postrado;
pero al punto la Bartola,
como lión y como rayo.
Desdoblando una navaja
que llevaba en el refajo,
brotando fuego sus ojos,
así le dice a don Pablo:
—¿De qué se mete el tendero
descasador… tragavasos?
¿no sabe que es mi marido
legal, de dentro al curato,
y que gobierna lo suyo
y en lo suyo tiene mando?
Tome el jopo y deje a mi hombre
que haga de su capa un sayo.
Entre silbidos y risas
fuese escurriendo don Pablo,
y frescos como claveles,
rumbo al portal del Topacio,
se fueron de bracelete
la Bartola y Cayetano.

22 marzo, 2017

La poesía pura en Edgar Allan Poe


De Filosofía de la composición

El placer que a la vez es el más intenso, el más elevado y el más puro, se encuentra, según creo, en la contemplación de lo bello. Cuando los hombres hablan de Belleza quieren significar no precisamente una cualidad, como en general se cree, sino un efecto. Para expresarlo en pocas palabras, se refieren a la elevación intensa y pura del almano a la del intelecto o a la del corazón– que ya he comentado y que se experimenta como consecuencia de la contemplación de lo “bello”. Ahora bien, designo a la Belleza como provincia del poema simplemente porque es una regla evidente del arte que los efectos deben surgir de causas directas; que el objeto debe alcanzarse recurriendo a los medios mejor adaptados para su consecución; y nadie ha sido todavía lo suficientemente débil como para negar que la elevación particular aludida se logra más fácilmente en el poemas. Ahora bien, el objeto Verdad, o la satisfacción del intelecto, y el objeto Pasión, o la exaltación del corazón, pueden ser alcanzados, hasta cierto punto, mucho más fácilmente en el dominio de la poesía que en el de la prosa. De hecho la Verdad exige cierta precisión, y la pasión cierta sencillez (los verdaderos apasionados me comprenderán), que son absolutamente antagónicas a esa Belleza que, lo sostengo, es la exaltación o la elevación gozosa del alma. De ninguna manera ha de inferirse, partiendo de lo que acabo de decir, que la pasión, o aun la verdad, puedan no ser introducidas ventajosamente en un poema, ya que suelen servir para la elucidación o bien ayudan al efecto general, tal como las discordancias en la música: por contraste. Pero el verdadero artista tratará siempre de subordinarlas, en primer lugar, al fin predominante, y, en segundo lugar, de ordenarlas, en todo lo posible, de esa Belleza que es la atmósfera y la esencia del poema. (T. de Carlos María Reylés, en E. A. Poe, La filosofía de la composición seguida de El cuervo. México: Fontamara, 2011, p.14-15. Original inglés, aquí).

De El principio poético

Tenemos aún una sed insaciable para aliviar la cual nos han mostrado las fuentes de cristal. Esta sed pertenece a la inmortalidad del hombre, a la vez una consecuencia y una señal de su existencia perenne. Es el deseo de la mariposa nocturna por alcanzar la estrella. No es una mera apreciación de la belleza ante nosotros sino un esfuerzo salvaje por alcanzar la belleza en lo alto. Inspirados por una presciencia extática de las glorias más allá de la tumba, luchamos por medio de combinaciones multiformes entre las cosas y los pensamientos del tiempo, para alcanzar una parte de esa belleza, cuyos elementos mismos tal vez pertenecen sólo a la eternidad. Y así, cuando por la poesía, o cuando por la música -el más cautivador de los modos poéticos-, nos encontramos deshechos en lágrimas, las vertemos, no como supone el abate Gravina, por exceso de placer, sino por cierta malhumorada e impaciente tristeza ante nuestra inhabilidad para captar ahora, enteramente, aquí en la Tierra y de una vez para siempre, esos goces divinos y extáticos, de los cuales, a través del poema o a través de la música logramos captar sólo unos breves e indeterminados vislumbres (traducción al español en la biblioteca digital del CCH; versión original, aquí).

2 febrero, 2016

La poesía mexicana en vísperas del modernismo


Manuel_Ocaranza_-La flor muerta 1868-2

Manuel Ocaranza: La flor rota, 1868

Al caer la tarde
Joaquín Arcadio Pagaza (1839-1918)

Van en tropel cruzando los bermejos
celajes el espacio; la campaña
pueblan las sombras; y los riscos baña
tardo el Sol con los últimos reflejos.

En medio, Lauro, a los copudos tejos
que sombríos coronan la montaña,
descasa Filis, cuya la cabaña
fue que en ruinas vislumbras no muy lejos.

Aquella claridad que surge ahora
ciñendo el mar, de céfiros ladrones,
la hueste que perfumes atesora,

y este plañir tenaz de los alciones,
¡cuánto agradaban, cuánto, a mis pastora…!
…¡Apiádate de mí!… ¡No me abandones!

Los naranjos (fragmento)
Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893)

Perdiéronse las neblinas
En los picos de la sierra,
Y el sol derrama en la tierra
Su torrente abrasador.
Y se derriten las perlas
Del argentado rocío,
En las adelfas del río
Y en los naranjos en flor.

Del mamey el duro tronco
Picotea el carpintero,
Y en el frondoso manguero
Canta su amor el turpial;
Y buscan miel las abejas
En las piñas olorosas,
Y pueblan las mariposas
El florido cafetal.

(…)

A Gloria (fragmentos)
Salvador Díaz Mirón (1853-1928)

No intentes convencerme de torpeza
con los delirios de tu mente loca:
mi razón es al par luz y firmeza,
firmeza y luz como el cristal de roca.

(…)

Fiando en el instinto que me empuja,
desprecio los peligros que señalas.
«El ave canta aunque la rama cruja,
como que sabe lo que son sus alas».

(…)

¡Alumbrar es arder! ¡Estro encendido
será el fuego voraz que me consuma!
La perla brota del molusco herido
y Venus nace de la amarga espuma.

Los claros timbres de que estoy ufano
han de salir de la calumnia ilesos.
Hay plumajes que cruzan el pantano
y no se manchan… ¡Mi plumaje es de esos!

(…)

¡Confórmate, mujer! Hemos venido
a este valle de lágrimas que abate,
tú, como la paloma, para el nido,
y yo, como el león, para el combate.

26 septiembre, 2014

Imágenes de violencia atmosférica en J. de Espronceda


…Do tus negros informes pensamientos,
las nubes que en oscuro remolino
sobre ella apiñan encontrados vientos
y el raudo surco de amarilla lumbre…

… … …

Sobre las alas / cabalgué yo del huracán sombrío…

… … …
Este vertiginoso e incesante
movimiento del ánimo y trastorno…

Todas las citas vienen del fragmento “El ángel y el poeta”. Se puede consultar aquí.

5 julio, 2014

Revolución, arte y todo lo demás -una mirada fresca


http://revolutioninfiction.wordpress.com/about/

6 marzo, 2014

Poesía, hombre y Naturaleza: José Martí


niagara falls #0006

niagara falls #0006 (Photo credit: workinpana)

¡El poema está en el hombre, decidido a gustar todas las manzanas, a enjugar toda la savia del árbol del Paraíso y a trocar en hoguera confortante el fuego de que forjó Dios, en otro tiempo, la espada exterminadora! ¡El poema está en la naturaleza, madre de senos próvidos, esposa que jamás desama, oráculo que siempre responde, poeta de mil lenguas, maga que hace entender lo que no dice, consoladora que fortifica y embalsama!

69

Lo que el Niágara cuenta; las voces del torrente; los gemidos del alma humana; la majestad del alma universal; el diálogo titánico entre el alma impaciente y la naturaleza desdeñosa; el clamor desesperado de hijo de gran padre desconocido, que pide a su madre muda el secreto de su nacimiento.

70

El oleaje simultáneo de todo lo vivo, que va a parar, empujado por lo que no se ve, encabritándose y revolviéndose, allá en lo que no se sabe.

70

“Pról. al Poema del Niágara de Juan A. Pérez Bonalde” (1881). Ensayos y crónicas, p.59-78. Madrid: Cátedra, 2004 (Letras Hispánicas, 556).

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6 marzo, 2014

Poesía y titanismo romántico: José Martí


Luzbel

Luzbel (Photo credit: Foul Raccoon)

¡Halla un monte de agua que le sale al paso; y, como lleva el pecho lleno de combate, reta al monte de agua!

71

Ya Luzbel, ya Prometeo, ya Ícaro.

72

Están todos los hombres de pie sobre la tierra, apretados los labios, desnudo el pecho bravo y vuelto el puño al cielo, demandando a la vida su secreto.

78

“Prólogo al Poema del Niágara de Juan A. Pérez Bonalde” (1881). Ensayos y crónicas, p.59-78. Madrid: Cátedra, 2004 (Letras Hispánicas, 556)

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