Posts tagged ‘Modernismo y 98’

19 marzo, 2016

La cortesía de los Cuarenta y siete ronin


Los 47 santos de la religión del rencor son los modelos clásicos de la calma urbana. Al conseguir hallarse solos ante el detestado príncipe Kotsuké, supieron dominar su sed de sangre, y haciéndole grandes reverencias dijéronle:

Señor, nosotros somos los hombres de Taku-mi-no-Kami. Vuestra señoría no habrá olvidado que antaño tuvo con él una querella, a resultas de la cual nuestro amo perdió la vida y su familia se arruinó. Como somos humildes y fieles servidores, nos vemos en la obligación de rogaros con el mayor respeto que os digneis suicidaros en nuestra presencia. Uno de nosotros os cortará en seguida la noble cabeza y la llevaremos todos al campo para depositarla sobre la tumba de nuestro buen jefe.

Esto dijeron. Y como el príncipe no se dignó darse la muerte con sus propias manos, los vengadores se confundieron en excusas y lo decapitaron sonriendo. La palabra sonriendo está en el texto.

Enrique Gómez Carrillo, El Japón heroico y galante. Buenos Aires: Biblioteca Crisantema, 1935, p. 121.

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16 marzo, 2016

Gutiérrez Nájera, Díaz Mirón y González Martínez: tres poemas


ramos martinez-primavera

Alfredo Ramos Martínez (1871-1946) La primavera

Para entonces
Manuel Gutiérrez Nájera

Quiero morir cuando decline el día,
en alta mar y con la cara al cielo;
donde parezca un sueño la agonía,
y el alma, un ave que remonta el vuelo.

No escuchar en los últimos instantes,
ya con el cielo y con el mar a solas,
más voces ni plegarias sollozantes
que el majestuoso tumbo de las olas.

Morir cuando la luz triste retira
sus áureas redes de la onda verde,
y ser como ese sol que lento expira;
algo muy luminoso que se pierde.

Morir, y joven: antes que destruya
el tiempo aleve la gentil corona;
cuando la vida dice aún: “soy tuya”,
¡aunque sepamos bien que nos traiciona!

Ejemplo
Salvador Díaz Mirón

En la rama el expuesto cadáver se pudría,
como un horrible fruto colgante junto al tallo,
rindiendo testimonio de inverosímil fallo
y con ritmo de péndola oscilando en la vía.

La desnudez impúdica, la lengua que salía,
y alto mechón en forma de una cresta de gallo,
dábanle aspecto bufo; y al pie de mi caballo
un grupo de arrapiezos holgábase y reía.

Y el fúnebre despojo, con la cabeza gacha,
escandaloso y túmido en el verde patíbulo,
desparramaba hedores en brisa como racha,

mecido con solemnes compases de turíbulo.
y el sol iba en ascenso por un azul sin tacha,
y el campo era figura de una canción de Tíbulo.

Mi amigo el silencio
Enrique González Martínez

Llegó una vez, al preludiar mi queja
bajo el amparo de la tarde amiga,
y posó su piedad en mi fatiga,
y desde aquel entonces no me deja.

Con blanca mano, de mi labio aleja
el decidor afán y lo mitiga,
y a la promesa del callar obliga
la fácil voz de la canción añeja.

Vamos por el huir de los senderos,
y nuestro mudo paso de viajeros
no despierta a los pájaros… Pasamos

solos por la región desconocida;
y en la vasta quietud, no más la vida
sale a escuchar el verso que callamos.

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9 marzo, 2016

M. Gutiérrez Nájera: “El cruzamiento en literatura”


Tomado de Manuel Gutiérrez Nájera y otros, La construcción del modernismo. Ed. Belem Clark de Lara y Ana Laura Zavala Díaz. México: UNAM, 2002 (BEU 137). Esta obra recopila ensayos y artículos fundamentales para comprender la idea del modernismo que se hicieron, en México, sus creadores y sus adversarios.

Con frecuencia se culpa a esta Revista de afrancesamiento y se la tilda, sin razón alguna, de malquerer o menospreciar la literatura española. Hoy toda publicación artística, así como toda publicación vulgarizadora de conocimientos, tiene de hacer en Francia su principal acopio de provisiones, porque en Francia, hoy por hoy, el arte vive más intensa vida que en ningún otro pueblo, y porque es Francia la nación propagandista por excelencia, Pero esto no significa menosprecio a la literatura española, cuyos grandes, imperecederos monumentos, ha de estudiar ahincadamente todo aquel que aspire a ser literato o, cuando menos, a cultivar su gusto. Nuestra Revista no tiene carácter doctrinario. Se propone presentar modelos de belleza arcaica, espigando en las obras de los clásicos; es sustancialmente moderna y por lo tanto, busca las expresiones de la vida moderna en donde más acentuadas y coloridas aparecen. La literatura contemporánea francesa es ahora la más “sugestiva”, la mas abundante, la mas de “hoy”, y los españoles mismos, a pesar de su apego a la tierruca, trasponen los Pirineos en busca de “moldes nuevos” para sus ideas e inspiraciones. Dígalo Salvador Rueda, genialidad poética de mucho brillo, que me propongo estudiar con detención, y dígalo, entre otros muchos, Armando Palacio Valdés, novelista de insigne mérito, más apreciado entre los extraños que entre los suyos, y cuya última novela, pocos días ha llegada a México, El origen del pensamiento, es de lo mas notable que la literatura española ha producido en mucho tiempo. Ahora, las letras castellanas se vuelven hacia Francia y hacia las literaturas del norte de Europa, así como también la filosofía, en España, tiende a avanzar en los rectos carriles del método positivo. En la península se traduce y se imita, mucho más que se produce o se revive, y ello, lejos de ser pernicioso, es en extremo favorable al adelanto de las ciencias y las artes. La decadencia de la poesía lírica española es innegable, y así lo entienden todos los críticos serios.
Ahora bien, entiendo que esta decadencia de la poesía lírica española, depende por decirlo así, de falta de cruzamiento. La aversión a lo extranjero y a todo el que no sea cristiano rancio, siempre ha sido maléfica para España: dígalo, sí no, la expulsión de los judíos. Es falso que el Sol no se pone jamás en los dominios de nuestra antigua metrópoli: el Sol sale y se pone en muchos países y es conveniente procurar ver todo lo que alumbra. Conserve cada raza su carácter substancial; pero no se aísle de las otras ni las rechace, su pena de agotarse y morir. El libre cambio es bueno en el comercio intelectual [y tiene sobre el libre cambio mercantil la ventaja de que podemos establecerlo hasta con pueblos y naciones que no existen ya].
Mientras mas prosa y poesía alemana, francesa, inglesa, italiana, rusa, norte y sudamericana, etcétera, importe la literatura española, más producirá y de más ricos y más cuantiosos productos será su exportación. Parece que reniega la literatura de que yo le aplique estos plebeyos términos de comercio; pero no hallo otros que traduzcan tan bien mi pensamiento.
No puede negarse que en España hay mejores novelistas que poetas líricos. ¿Y a que se debe esta disparidad? Pues a que esos novelistas han leído a Balzac, a Flaubert, a Stendhal, a George Eliot, a Thackeray [a Bret Harte, a Salvatore Farina], a Tolstoi, a muchos otros, y este roce con otros temperamentos literarios, con otras literaturas, ha sido provechoso para ellos. Entre los buenos novelistas de allá, Pereda es, a mi juicio, el más genuinamente español, el más espontáneo, el más de la tierruca; pero, a pesar de ello, sus procedimientos y métodos de observación revelan que conoce a autores clásicos antiguos y modernos.
El renacimiento de la novela en España ha coincidido y debía coincidir con la abundancia de traducciones publicadas. Leen hoy los españoles mucho Zola, mucho Daudet, mucho Bourget, mucho Goncourt, mucho Feuillet; y por lo mismo los rumbos de la novela han cambiado para los novelistas castizos. En una palabra: la novela española ha viajado y ha aprendido bastante en sus viajes.
No pasa lo mismo con la poesía lírica. Los poetas del Siglo de Oro fueron muy buenos, entre otras cosas, porque habían cursado humanidades con muchísimo provecho; porque se sabían de coro a Horacio, a Virgilio, a Ovidio, a los grandes modelos. Quevedo era tan erudito como gracioso, Fray Luis de León traducía sus pensamientos del latín para vaciarlos en la turquesa de su idioma propio. Latinos e italianos fueron los maestros de todos los grandes poetas de aquel tiempo.
Hoy ha caído en desuso el estudio extenso de las llamadas lenguas muertas y de las literaturas antiguas, y tampoco leen mucho los poetas españoles a los buenos poetas de otras tierras, En las Américas Latinas pecan muchos de exceso de imitación, particularmente los que imitan al inimitable o, mejor dicho lo inimitable: Victor Hugo. En España perdería su tiempo el que anduviera buscando, con linterna o sin ella, poetas en quienes alienta el alma de Musset, o que rindan culto al ideal de Leconte de Lisle, al de Gautier, al de Sully Prudhomme; o que revelen haber leído a Leopardi. La influencia de Heine, que es una corriente literaria tan visible como visible es el gulf stream, apenas se echa de ver en la poesía española; a pesar de que Bécquer la sintió y de que Bécquer tuvo muchos y muy malos imitadores. Sólo en Campoamor hay Heine. La poesía tétrica de Edgar Poe, que ha avasallado a tantos poetas europeos, no dejó rastros en los castellanos. Y tampoco tiene hoy por hoy España un poeta popular, genuino, propio, de la fuerza de Ruiz Aguilera o de Zorrilla, porque Ruiz Aguilera sentía con el pueblo español de ahora y Zorrilla con el pueblo español de ha doscientos años.
Unos imitan por allá a Campoamor, a Núñez de Arce, a Zorrilla; otros a Espronceda; algunos a Quintana; los que aspiran a ser llamados clásicos, imitan al maestro León, a Argensola, a Rioja; y muchos imitan, sin saberlo, a Calderón y a Lope, cuyos versos no han leído pero cuya facundia les ha enamorado al encontrarla, de reflejo, en otros vates. Por manera, que la imitación de los buenos modelos latinos fue decayendo en España, hasta quedarse como aletargada desde el comienzo de este siglo. Ya Meléndez era el vino de Samos convertido en agua con grosella. La imitación de los clásicos propios no está en moda, ni puede estarlo, en cuanto atañe a lo esencial de la poesía, por lo mismo que no está en moda andar vestido de chupa ni con sombrero de tres picos. Y como tampoco se adapta a la índole de la poesía española el espíritu y la forma de poesías extrañas, resulta aquélla insípida y descolorida. No es antigua ni es moderna.
Los únicos poetas que sobresalen, conocen literaturas extranjeras. En Campoamor, que a pesar de sus plagios es el poeta más original y sugestivo de su tierra, se nota mucha lectura de poesías alemanas, inglesas y francesas, En Núñez de Arce, aparte de su amor instintivo a la forma helénica y de su estudio de los clásicos hispanos, hay verdadero conocimiento de los modernos ideales y de los nuevos procedimientos poéticos. Sus poemas (que son muy suyos) están fundidos en donde fundieron los suyos Tennyson, Carducci, y los poetas franceses de más alto vuelo.
No quiero que imiten los poetas españoles; pero sí quiero que conozcan modelos extranjeros; que adapten al castizo estilos ajenos; que revivan viejas bellezas, siempre jóvenes; en resumen, que su poesía se vigorice por el cruzamiento.
Y a esto han contribuido muchísimo Menéndez Pelayo y Valera. No son poetas sugestivos; no se dejan arrebatar por el ímpetu propio, lo que demuestra la escasa energía de éste; pero reflejan a maravilla hermosuras de otros parnasos. Unos poetas, como Homero, son discípulos del mar; otros, como Virgilio, de los bosques y los campos; los poetas bíblicos se inspiran en la fe religiosa; y así van bebiendo los demás en varias fuentes: en el sentimiento, en la imaginación, en el amor patrio, en la voluptuosidad, en las tradiciones… Menéndez Pelayo es un discípulo de los grandes poetas antiguos. Recita pensamientos de ellos en irreprochable forma española. En Grecia está la patria de sus ideas. ¿Que no es poeta de hoy? Convenido. Su mismo amor al arte lo detiene y le pone trabas; su odio a todo lo vulgar, lo obliga a ser parsimonioso en la producción poética: es poeta de hace muchos siglos, que nació hace poco.
Valera es menos helénico; le gustan más que a Menéndez las literaturas exóticas; tiene buen paladar para gustar de las modernas y novísimas; y ambos, presentando, en buen español, dechados de belleza recogidos en sus viajes intelectuales, corrigen la poesía patria de esa hinchazón, de esa superabundancia, de esa excesiva espontaneidad y de esa suficiencia que la pierden. Porque son menos músicos que los demás, curan una literatura enferma de melomanía. Porque reviven a los muertos inmortales y hospedan a los próceres modernos, son útiles a una poesía que tiene cerradas todas sus puertas y que ya no lleva flores a la tumba de los clásicos.
[No insistiré, pues, en realzar los méritos de Pelayo y de Valera. Ya dejo dicho, a grandes trazos, en lo que radican para mí.] Ni don Juan ni don Marcelino son poetas entusiastas; ni sienten intensamente esas pasiones ardorosas que llevan como calor y vida al verso, ni conmueven como Espronceda; ni poseen el ingenio de Campoamor; ni los recursos musicales de Zorrilla. Pero estos mismos defectos constituyen sus excelencias, no como poetas propiamente dichos, sino como maestros o educadores de poetas. ¿Que no hay bellezas en las poesías de Menéndez?… ¡Con una sola de las muchísimas que se encuentran en su libro haría una familia de bellezas cualquier poeta más atrevido, más elocuente, menos devoto de la antigua sobriedad! Se ve la hermosa linea griega en muchos de esos versos; sólo que para admirarla es necesario haber aprendido a disfrutar de esa hermosura. Si poneis delante de un profano la Venus de Milo, y alguna Venus de cualquier gran estatuario moderno, gustará más de ésta; porque la ve más desnuda, si se permite la expresión: porque le parece mas mujer: porque la ve mejor, en suma, mientras que a la otra no la ve ni sabe en que consiste su belleza,
Cansaría y me cansaría espigando en el libro de Menéndez. ¡Qué augusta serenidad en algunas imágenes! ¡Qué blancura de níveo mármol en algunas frases! ¡Cómo se echa de ver que para producir esas delicias, que no entran por el oído, ni por la vista, al alma, sino que derechamente van a ella, es preciso haber estado en muy estrecho comercio intelectual con los grandes maestros de la forma!
A otros poetas les salen bien, admirablemente, algunos versos, A Menéndez no le sale ninguno. Él los hace, los labra. Y aun barrunto que podría ser poeta de mayores y mas osados vuelos, con sólo olvidar, no dolores, no desengaños, sino ciencia. Por lo mismo que anhela realizar una belleza superior y por lo mismo que sabe, como pocos, de qué manera supieron otros realizarla, encuéntrase cohibido y entrabado. Ya puede póngase por caso decir algo muy bello; mas columbra que aun lo podría decir mas lindamente, y no lo dice. Se acerca temblando al altar de la poesía. No sube su escalinata como conquistador, sino como creyente y humildoso sacerdote.
Valera es más despreocupado y, a mi modo de ver, menos poeta. Él ha hecho más poesías para salir del paso, y, como sabe que tiene gran talento en prosa, no se empeña en tenerlo en verso. No cree que es poeta; porque don Juan no ha de creer nada. Le piden un soneto y lo da, porque es muy complaciente. Y le piden un elogio. y sucede lo mismo, Pero si Valera, por capricho, quisiera demostrar (en prosa, por supuesto) que es un gran poeta, no se lo creeríamos; pero lo demostraría.
Pero don Juan, que no necesita ser poeta para entrar a la gloria, así como tampoco ha de ganar el cielo con decir que es muy católico, ha sido muy útil a la poesía española… como agente de colonización… o, si se quiere, como introductor de embajadores, Ora introduce a Valmiki; ora, a Goethe; hoy a Shakespeare; mañana, a Lessing; y así van sabiendo los poetas de la península que no sólo hay moros y cristianos, flores y espinas, en la literatura.
Menéndez Pelayo y Valera no son cantores como Núñez de Arce; ni cantantes como Velarde: son maestros de canto.
La influencia de éstos no inspirados ha sido provechosa, tal como lo sería para los españoles el estudio de la exuberante, libre, espléndida y desordenada poesía sudamericana. Éste no lo emprenden; las Cartas americanas de Valera, y, más que éstas, los prólogos puestos por Menéndez a antologías americanas, prueban el desdén altísimo con que nos miran y la impremeditación con que nos juzgan Pero esto será tema de otro estudio.

4 febrero, 2016

Modernismo: semestre 2016-2


Dos

alphonse muchaSobre los cuestionarios, consulten las notas Preguntas para los cuestionarios de todas las materias y Sugerencias para los cuestionarios y reseñas de Modernismo Hispanoamericano. Y no olviden, por favor, que los cuestionarios se deben responder acerca de estudios y ensayos, es decir, bibliografía secudaria, no acerca de obras pertenecientes en sí mismas al modernismo (o sea, bibilografía directa o primaria).

Febrero

5 Introducción al curso.

12 Modernidad y modernismo. Lectura: entrada del blog La poesía mexicana en vísperas del modernismo.

19 Modernidad y modernismo. Hispanoamérica en el Cambio de Siglo. Lectura: Manuel Gutiérrez Nájera, “La novela del tranvía”. Se puede leer en el sitio La Prosa Modernista.

26 La poesía ante la Modernidad. José Martí, “El poema del Niágara” (ensayo) y (optativa) Octavio Paz, “Poesía y poema”, en El arco y la lira. Reproducido en Ignoria.

Marzo

4 El proceso histórico del modernismo. Lecturas: Max Henríquez Ureña: “Historia de un nombre”, en Breve historia del modernismo, FCE, 1954, p.156-169; optativa: Matei Calinescu, “Modernismo literario y otros modernismos”, en Cinco caras de la modernidad. Tecnos, Madrid, 1991 (col. Metrópolis), 1991, p.76-91.

11 Poéticas del modernismo. Lecturas: Manuel Gutiérrez Nájera, “El cruzamiento en literatura”, y Rubén Darío, “Los colores del estandarte”..

18 José Martí. Lecturas: Versos sencillos.

25 Asueto.

Abril

1 José Martí. Lecturas: “Académica”, Homagno”, “Yugo y estrella” (de Versos libres) y “Dos patrias” (de Flores del destierro).

15 Rubén Darío. Lecturas: Prosas profanas. Entrega del primer cuestionario.

22 Rubén Darío. Lecturas: Cantos de vida y esperanza. Comentaremos: “¡Oh miseria de toda lucha por lo finito!…”, “Nocturno” (“Los que auscultasteis el corazón de la noche…”), “Caracol” y “Lo fatal”.

29 Otros escritores del movimiento modernista: poemas de Amado Nervo, José Juan Tablada, Leopoldo Lugones (en este blog) y Delmira Agustini (también en el blog). Sigan los vínculos.

Mayo

6 Los “paramodernistas”: Salvador Díaz Mirón, Lascas. Jorge Cuesta: “Salvador Díaz Mirón” (ensayo).

13 Los “paramodernistas”: Manuel José Othón, Idilio salvaje.

20 Ironía y lenguaje coloquial en el modernismo y el posmodernismo. Lecturas: El prosaísmo y la ironía en el modernismo, en este blog.

27 La narrativa modernista. Rubén Darío: “Thanatopía”. Se puede leer en diversas selecciones del autor, .como Cuentos fantásticos de Alianza Editorial. Si no lo pueden conseguir, sigan este vínculo: Thanatopía.

Junio

3 La novela modernista. Lecturas: Ramón del Valle-Inclán, Sonata de otoño.

10 Examen final y entrega de 2o cuestionario y trabajo final.

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2 febrero, 2016

La poesía mexicana en vísperas del modernismo


Manuel_Ocaranza_-La flor muerta 1868-2

Manuel Ocaranza: La flor rota, 1868

Al caer la tarde
Joaquín Arcadio Pagaza (1839-1918)

Van en tropel cruzando los bermejos
celajes el espacio; la campaña
pueblan las sombras; y los riscos baña
tardo el Sol con los últimos reflejos.

En medio, Lauro, a los copudos tejos
que sombríos coronan la montaña,
descasa Filis, cuya la cabaña
fue que en ruinas vislumbras no muy lejos.

Aquella claridad que surge ahora
ciñendo el mar, de céfiros ladrones,
la hueste que perfumes atesora,

y este plañir tenaz de los alciones,
¡cuánto agradaban, cuánto, a mis pastora…!
…¡Apiádate de mí!… ¡No me abandones!

Los naranjos (fragmento)
Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893)

Perdiéronse las neblinas
En los picos de la sierra,
Y el sol derrama en la tierra
Su torrente abrasador.
Y se derriten las perlas
Del argentado rocío,
En las adelfas del río
Y en los naranjos en flor.

Del mamey el duro tronco
Picotea el carpintero,
Y en el frondoso manguero
Canta su amor el turpial;
Y buscan miel las abejas
En las piñas olorosas,
Y pueblan las mariposas
El florido cafetal.

(…)

A Gloria (fragmentos)
Salvador Díaz Mirón (1853-1928)

No intentes convencerme de torpeza
con los delirios de tu mente loca:
mi razón es al par luz y firmeza,
firmeza y luz como el cristal de roca.

(…)

Fiando en el instinto que me empuja,
desprecio los peligros que señalas.
«El ave canta aunque la rama cruja,
como que sabe lo que son sus alas».

(…)

¡Alumbrar es arder! ¡Estro encendido
será el fuego voraz que me consuma!
La perla brota del molusco herido
y Venus nace de la amarga espuma.

Los claros timbres de que estoy ufano
han de salir de la calumnia ilesos.
Hay plumajes que cruzan el pantano
y no se manchan… ¡Mi plumaje es de esos!

(…)

¡Confórmate, mujer! Hemos venido
a este valle de lágrimas que abate,
tú, como la paloma, para el nido,
y yo, como el león, para el combate.

24 diciembre, 2015

Otzumi y el sacerdote Itsari


Una de las leyendas más lindas del Yosiwara es la de Otzumi y el sacerdote Itsari. Yo no conozco de esta leyenda sino la versión más o menos literal del doctor Tresmin Tremolieres. Eso me basta. Erase un bonzo joven que tenía gran fama de artista. Sus superiores le encargaron que hiciese una estatua de la diosa Kawanon, 1a de las cien mil manos la todopoderosa y todomisericordiosa. Un día, en una fiesta popular, encontróse con la cortesana Otzumi y se prendó de su belleza. Durante muchas noches no pudo dormir, pensando en ella. Al fin, loco de deseos, decidióse a ir en su busca al Yosiwara, y para comprar sus caricias le robó a la santa imagen de Kawanon su corona de oro. Al volver a su boncería, después de haber pasado una semana con la cortesana, fue asesinado por un ronin. ¡Pobre pecador! En pleno pecado y sin los seis rin que se pagan por atravesar el Aqueronte amarillo, debió haber ido al infierno inmediatamente. Pero, por fortuna, el dios de los muertos conocía su genio artístico y admiraba su imagen de Kawanon.
―Vuelve a la tierra ―le dijo―, vuelve a tu templo y conságrate a concluir la estatua divina.
Itsari obedeció. Meses y meses, años y años trabajó sin descanso. La imagen estaba ya casi terminada. Las cien manos, en la actitud de la oración, elevábanse hacia el cielo y eran tan delicadas, que los que las veían no podían menos que adorarlas. Al fin, una noche, cuando ya creía su labor concluida, sentóse el pobre bonzo ante su obra. De pronto, una mujer entró en la estancia. Era una admirable oirán, vestida de ricas sedas.
―Otzumi ―exclamó Itsari.
―Yo misma… yo, que te amo aún.
Sus manos se juntaron. Sus labios se buscaron. A] día siguiente, los bonzos encontraron muertos al pie de la estatua al escultor y a la cortesana. Y sin duda hubieran pensado que aquella muerte repentina era un castigo por haberse amado. Pero no fue posible creerlo. Las cien manos de la diosa, que la víspera hacían el ademán de orar vueltas hacia el cielo, habíanse tornado hacia la tierra y bendecían a los amantes muertos.

Enrique Gómez Carrillo. El Japón heroico y galante. Buenos Aires: Biblioteca Crisantema, 1935.

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29 marzo, 2015

Luca Giordano: El rapto de Europa


Giordano Luca - Rape of Europa - GJ-9967

Europa le ha tocado con sus manos divinas
cuando cruzó las ondas sobre el celeste toro…

Rubén Darío, “Caracol”, Cantos de vida y esperanza

26 marzo, 2015

José Juan Tablada: “En el parque”


Viñeta de Julio Ruelas

Un último sonrojo murió sobre tu frente…
Caíste sobre el césped; la tarde sucumbía,
Venus en el umbroso confín aparecía
y rimando tus ansias sollozaba la fuente.

¿Viste acaso aquel lirio y cómo deshacía
una a una sus hojas en la turbia corriente,
cuando al eco obstinado de mi súplica ardiente
respondiste anegando tu mirada en la mía?

Ya en la actitud rendida que la caricia invoca
tendiste sobre el césped tus blancos brazos flojos
vencida por los ruegos de mi palabra loca.

Y yo sobre tu cuerpo cayendo al fin de hinojos
miré todas las rosas sangrando entre tu boca
¡y todas las estrellas bajando hasta tus ojos!

De El florilegio, 1898-1904

22 marzo, 2015

Rubén Darío: “¡Oh Helagabal!…”


The_Roses_of_Heliogabalus

Lauwrence Alma-Tadema: Las rosas de Heliogábalo, 1888.

Y a un presidente de la República no podré nunca saludarlo en el idioma en el que te cantaría a ti, ¡oh Helagabal, de cuya corte —oro, seda, mármol— me acuerdo en sueños!…

Rubén Darío, “Palabras liminares”, Prosas profanas, 1898

8 enero, 2015

“Verne corregido por Baudelaire”: Emiliano González


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Huysmans da la impresión de ser un Julio Verme corregido por Baudelaire o viceversa: las maquinarias del progreso incipiente son puestas al servicio de los placeres intelectuales y sensuales de un viejo esteta insensibilizado por razones oscuras.

Emiliano González, “Salamandra, 1919”, en Almas visionarias, FCE, 1987 (Letras Mexicanas).