Posts tagged ‘vanguardia’

9 octubre, 2016

Algunas greguerías


Intuiciones

La golondrina llega de tan lejos porque es flecha y arco al mismo tiempo.
En Persia, la luna siempre es luna llena.
Cuando una mujer chupa un pétalo de rosa se da un beso a sí misma.
En el desengaño, hasta las luces de las estrellas hieren el corazón.
Los ojos de los muertos miran las nubes que no volverán.

La muerte

El sueño es un pequeño adelanto que nos hace la muerte para que nos sea más fácil pasar la vida.
Cuando recogemos el guante caído, damos la mano a la muerte.
No os sintáis confiados entre las flores, porque con las flores se hacen las coronas.
La calavera es un reloj muerto.

La identidad personal

Los árboles sólo saben que existen gracias a su sombra.
Nuestra verdadera y única propiedad son los huesos.
La lluvia es triste porque nos recuerda cuando fuimos peces.
Lo terrible es cuando el alma se pone a hablar con el corazón en el fondo tenebroso del pecho.

Las palabras y las cosas

El poeta puede decir: “El pájaro que canta quisiera saber de quién es el cielo”.
El lunar es el punto final del poema de la belleza.
La palabra más vieja es la palabra “vetusta”.

 Mitologías

Las tijeras que se caen cortan el rabo al diablo.
Hay cojos con pierna de palo que reflorecen cuando viene la primavera y se vuelven sátiros.
El ciervo es el hijo del rayo y del árbol.
Cuando al ciervo le salgan rosas en el rosal de sus cuernos es que habrá llegado el día de la resurrección de la carne.
La leche siempre es joven.

De:  Ramón Gómez de la Serna, Greguerías. Ed. Rodolfo Cardona. Madrid: Cátedra, 2001 (Letras Hispánicas 108).

Anuncios
23 febrero, 2016

La huella de la poesía pura en los Contemporáneos


kisling-kiki-de-montparnasse

Moïse Kisling (1891-1953), Kiki de Montparnasse

La orilla del mar

José Gorostiza, Canciones para cantar en las barcas, 1925

No es agua ni arena
la orilla del mar.

El agua sonora
de espuma sencilla,
el agua no puede
formarse la orilla.

Y porque descanse
en muelle lugar,
no es agua ni arena
la orilla del mar.

Las cosas discretas,
amables, sencillas;
las cosas se juntan
como las orillas.

Lo mismo los labios,
si quieren besar.
No es agua ni arena
la orilla del mar.

Yo sólo me miro
por cosa de muerto;
solo, desolado,
como en un desierto.

A mí venga el lloro,
pues debo penar.
No es agua ni arena
la orilla del mar.

Poesía

Xavier Villaurrutia, Reflejos, 1926

Eres la compañía con quien hablo
de pronto, a solas.
Te forman las palabras
que salen del silencio
y del tanque de sueño en que me ahogo
libre hasta despertar.

Tu mano metálica
endurece la prisa de mi mano
y conduce la pluma
que traza en el papel su litoral.

Tu voz, hoz de eco
es el rebote de mi voz en el muro,
y en tu piel de espejo
me estoy mirando mirarme por mil Argos,
por mí largos segundos.

Pero el menor ruido te ahuyenta
y te veo salir
por la puerta del libro
o por el atlas del techo,
por el tablero del piso,
o la página del espejo,
y me dejas
sin más pulso ni voz y sin más cara,
sin máscara como un hombre desnudo
en medio de una calle de miradas.

Poética

Gilberto Owen, Línea, 1930

Esta forma, la más bella que los vicios, me hiere y escapa por el techo. Nunca lo hubiera sospechado de una forma que se llama María. Y es que no pensé en que jamás tomaba el ascensor, temía las escaleras como grave cardíaca, y, sin embargo, subía a menudo hasta mi cuarto.
Nos conocimos en el jardín de una postal. A mí, bigotes de miel y mejillas comestibles, los chicos del pueblo me encargaban substituirlos en la memoria de sus novias. Y llegué a ella paloma para ella de un mensaje que cantaba: “Siempre estarás oliendo en mí”.
Esta forma no les creía. Me prestaba sus orejas para que oyera el mar en un caracol, o su torso para que tocara la guitarra. Abría su mano como un abanico y todos los termómetros bajaban al cero. Para reírse de mí me dio a morder su seno, y el cristal me cortó la boca. Siempre andaba desnuda, pues las telas se hacían aire sobre su cuerpo, y tenía esa grupa exagerada de los desnudos de Kisling, sólo corregida su voluptuosidad por llamarse María.
A veces la mataba y sólo me reprochaba mi gusto por la vida: “¡Qué truculento tu realismo, hijo!” –Pero no la creáis, no era mi madre. Y hoy que quise enseñarle la retórica, me hirió en el rostro y huyó por el techo.

17 febrero, 2016

Síntesis, análisis y dinamismo en poemas de los Contemporáneos


459px-12_fev_14_delaunay

Robert Delaunay, Torre Eiffel, 1923

Viaje

Salvador Novo, xx Poemas, 1925

Los nopales nos sacan la lengua;
pero los maizales por estaturas
—con su copetito mal rapado
y su cuaderno debajo del brazo—
nos saludan con sus mangas rotas.

Las magueyes hacen gimnasia sueca
de quinientos en fondo
y el sol —policía secreto—
(tira la piedra y esconde la mano)
denuncia nuestra fuga ridícula
en la linterna mágica del prado.

A la noche nos vengaremos
encendiendo nuestros faroles
y echando por tierra los bosques.

Alguno que otro árbol
quiere dar clase de filología.
Las nubes, inspectoras de monumentos,
sacuden las maquetas de los montes.

¿Quién quiere jugar tennis con nopales y tunas
sobre la red de los telégrafos?
Tomaremos más tarde un baño ruso
en el jacal perdido de la sierra:
nos bastará un duchazo de arco iris,
nos secaremos con algún stratus.

Estudio

Carlos Pellicer, Colores en el mar (1915-1920), 1921

Jugaré con las casas de Curazao,
pondré el mar a la izquierda
y haré más puentes movedizos.
¡Lo que diga el poeta!
Estamos en Holanda y en América
y es una isla de juguetería,
con decretos de Reina
y ventanas y puertas de alegría.
Con las cuerdas de la lira
y los pañuelos del viaje
haremos velas para los botes
que no van a ninguna parte.
La casa de Gobierno es demasiado pequeña
para una familia holandesa.
Por la tarde vendrá Claude Monet
a comer cosas azules y eléctricas.
Y por esa callejuela sospechosa
haremos pasar la Ronda de Rembrandt.
…¡Páseme el puerto de Curazao!
Isla de juguetería,
con decretos de Reina
y ventanas y puertas de alegría.

Aire

Xavier Villaurrutia, Reflejos, 1926

El aire juega a las distancias:
acerca el horizonte,
echa a volar los árboles
y levanta vidrieras entre los ojos y el paisaje.

El aire juega a los sonidos:
rompe los tragaluces del cielo,
y llena de ecos de plata de agua
el caracol de los oídos.

El aire juega a los recuerdos:
se lleva todos los ruidos
y deja espejos de silevcio
para mirar los años vividos.

2 octubre, 2014

K. Rexroth: ¿Qué es el cubismo en poesía?


¿ Qué es el cubismo en poesía? Es la disociación y recombinación consciente y deliberada de elementos dentro de una nueva entidad artística, que se vuelve autosuficiente gracias a su rigurosa arquitectura. Esto es muy diferente a la libre asociación de los surrealistas o a la combinación de balbuceo inconsciente y nihilismo político de Dada.

Kenneth Rexroth: “Pierre Reverdy”. T. Guadalupe Alemán. El Poeta y su Trabajo, 3, primavera 2001, p.4.

22 marzo, 2014

Una imagen ¿estridentista? en Alfonso Reyes


Se nos explica que una lámpara encendida puede considerarse indistintamente como un armonio o como una ametralladora.

Alfonso Reyes. El deslinde. Lengua y Estudios Literarios. FCE, 3a edition, 1983. 1a. ed. 1944, El Colegio de México, p.96.

26 febrero, 2014

Carlos Pellicer: “Nocturno” (No tengo tiempo de mirar…) y “Tema para un nocturno”


Nocturno

No tengo tiempo de mirar las cosas
como yo lo deseo.
Se me escurren sobre la mirada
y todo lo que veo
son esquinas profundas rotuladas con radio
donde leo la ciudad para no perder tiempo.
Esta obligada prisa que inexorablemente
quiere entregarme el mundo con un dato pequeño.
¡Este mirar urgente y esta voz en sonrisa
para un joven que sabe morir por cada sueño!
No tengo tiempo de mirar las cosas,
casi las adivino.
Una sabiduría ingénita y celosa
me da miradas previas y repentinos trinos.
Vivo en doradas márgenes; ignoro el central gozo
de las cosas. Desdoblo siglos de oro en mi ser.
Y acelerando rachas –quilla o ala de oro–,
repongo el dulce tiempo que nunca he de tener.

De 6, 7 poemas, 1924

Tema para un nocturno

Cuando hayan salido del reloj todas las hormigas
y se abra –por fin– la puerta de la soledad,
la muerte
ya no me encontrará.
Me buscará entre los árboles, enloquecidos
por el silencio de una cosa tras otra.
No me hallará en la altiplanicie deshilada
sintiéndola en la fuente de una rosa.
Estoy partiendo el fruto del insomnio
con la mano acuchillada por el azar.
Y la casa está abierta de tal modo,
que la muerte ya no me encontrará.
Y ha de buscarme sobre los árboles y entre las nubes.
(¡Fruto y color la voz encenderá!)
Y no puedo esperarla: tengo cita
con la vida, a las luces de un cantar.
Se oyen pasos –¿muy lejos?–… todavía
hay tiempo de escapar.
Para subir la noche sus luceros,
un hondo son de sombras cayó sobre la mar.
Ya la sangre contra el corazón se estrella.
Anochece tan claro que me puedo desnudar.
Así, cuando la muerte venga a buscarme,
mi ropa solamente encontrará.

31 de octubre de 1945

Subordinaciones, 1949

16 febrero, 2014

Imágenes para “Estudio” (“Jugaré con el puerto de Curazao”) de Carlos Pellicer


Mapa  de la isla:

Map of from the 2010-10-22 revision of the Wor...

Map of from the 2010-10-22 revision of the World Factbook (Photo credit: Wikipedia)

Claude Monet, electricista floral:

The Lindens of Poissy, by Claude Monet (1882).

The Lindens of Poissy, by Claude Monet (1882). (Photo credit: Wikipedia)

“Cosas azules y eléctricas” en otra de las Antillas Holandesas, Aruba:

Turtle at Antilla Wreck Aruba

Turtle at Antilla Wreck Aruba (Photo credit: Serge Melki)

“Ventanas y puertas de alegría” en Willemstad, capital de Curazao (el autor, berknot, tiene hermosas fotos en Flickr):

willemstad (126)

willemstad (126) (Photo credit: bertknot)

Enhanced by Zemanta
11 octubre, 2013

Los poetas españoles de 1927 y la vanguardia (sencilla introducción)


English: Lorca in white/Lorca en blancmyrtle l...

English: Lorca in white/Lorca en blancmyrtle looking (Photo credit: Wikipedia)

(De una guía que está en proceso de publicación).

Vanguardia es un término de origen militar. Según lo define el Diccionario de la Real Academia Española, es la “parte de una fuerza armada que va delante del cuerpo principal”. Por analogía, es también aplicado a una serie de corrientes artísticas caracterizadas por la ruptura con la tradición y la búsqueda radical de nuevas formas de expresión. A las vanguardias también las distingue su tendencia a organizarse en forma de grupos militantes unidos en torno a los principios de un manifiesto, así como sus actitudes provocativas destinadas a escandalizar al público de gustos conservadores. Estas corrientes surgen en 1909, con el manifiesto del futurismo italiano, y tienen su mayor auge en la década de 1920, si bien algunas manifestaciones continuaron a lo largo del siglo XX. Aunque hay grandes divergencias entre las vanguardias –por ejemplo, los futuristas adoraban la nueva tecnología, mientras que los surrealistas repudiaban el racionalismo de la cultura moderna–, puede distinguirse en ellas la recurrencia de ciertas prácticas:

a) buscar una poesía autónoma y cerrada en sí misma, ajena tanto a la realidad como a las otras artes, aunque con frecuencia basada en el ejemplo de la pintura abstracta;1

b) eliminar el didactismo así como de la expresión de emociones personales;

c) quebrar las relaciones “normales” de espacio, tiempo y causalidad entre las cosas, ya sea para sustituirlas por un orden calculado por el artista para sorprender al lector, ya para la expresión o creación de un mundo fantástico o irracional;

d) producir imágenes radicalmente ajenas a la realidad, “creadas”, y de metáforas insólitas;

e) sostener una actitud lúdica y humorística;

f) interesarse en los avances del progreso técnico y la vida de las grandes ciudades, motivo por el que en sus obras menudearon las referencias a la máquina de escribir, los rascacielos, el avión, la radio y el cine.

El primero de los movimientos vanguardistas españoles fue el ultraísmo, cuyo manifiesto fue publicado en 1919. A pesar de no haber dejado obras perdurables, el ultraísmo –con el creacionismo del chileno Vicente Huidobro (1893-1948)– cumplió un papel fundamental en la renovación de la poesía española, al ser una de las influencias de la Generación del 27. Mas el paradigma de la actitud vanguardista en España lo fue un hombre sin grupo ni manifiesto, Ramón Gómez de la Serna (1888-1963). Sus escritos constituyen un ejemplo admirable de dos de las prácticas vanguardistas que acabamos de referir: la sustitución de las relaciones habituales entre las cosas, para presentarlas desde una perspectiva insólita, y la creación de una obra juguetona, ingeniosa y despreocupada. Aunque cultivó todos los géneros, esta manera de encarar la literatura alcanzó su perfecta realización en un género creado por el propio autor: la greguería.

Junto con las vanguardias, la principal influencia sobre los poetas del 27 fue Juan Ramón Jiménez (1881-1958). Su obra se divide en tres etapas. La primera, que arranca de la estética modernista y se halla sujeta a la influencia de Bécquer, dura hasta 1916. Pero son las dos siguientes las que le han dado un lugar prominente en la poesía del siglo pasado. En la que él llama su “época intelectual”, entre 1916 y 1936, deja de usar los objetos del mundo para expresar sus estados de ánimo, y comienza a buscar “el nombre exacto de las cosas”. Por medio de un lenguaje sencillo, falto de ornamentos, “desnudo” como él dice, trata de alcanzar a las cosas en sí mismas, y de expresar su esencia independiente del espacio y del tiempo. En la tercera época –a la que llama “suficiente o verdadera”–, esta actitud culmina en un peculiar misticismo, donde el poeta expresa su comunión con un dios a la vez creador de la realidad y creado por la conciencia de quien lo busca, en este caso, el propio poeta.

Pero el grupo poético español del siglo XX por antonomasia es la Generación del 27. Esta denominación se debe a su papel en el rescate de la obra de Luis de Góngora, emprendido con ocasión del tricentenario de la muerte del gran barroco. Sus miembros son Pedro Salinas (1891-1951), Jorge Guillén (1893-1984), Rafael Alberti (1902-1999), Federico García Lorca (1898-1936), Luis Cernuda (1902-1963), Dámaso Alonso (1898-1990), Vicente Aleixandre (1898-1984), Gerardo Diego (1896-1987), Emilio Prados (1899-1962) y Manuel Altolaguirre (1905-1959). A esta lista se añade con frecuencia el nombre de Miguel Hernández, autor de la misma jerarquía que los primeros y afín a su estética, pero más joven (nació en 1910 y murió, prisionero de los franquistas, en 1942).

Cada uno de estos autores forjó una obra profundamente personal, pero todos tuvieron en común la práctica de mezclar lo clásico y lo moderno, al combinar el verso libre con la métrica del Siglo de Oro y hacer confluir las innovaciones vanguardistas con el conceptismo barroco. Asimismo, fueron muy proclives a fundir, con éxito, la cultura popular y la poesía culta (así la vanguardista como la clásica). Además, algunas tendencias les fueron comunes a dos o más de ellos en alguna etapa de su carrera. Así, podemos distinguir en ellos la experimentación lúdica propia de ciertas vanguardias y de Gómez de la Serna; la “poesía pura”, un esencialismo cercano a Juan Ramón Jiménez y a Paul Valéry; el neopopularismo, o un acercamiento a expresiones como el romancero, la lírica tradicional y el cante jondo; la influencia gongorina; las experiencias afines al surrealismo y al Neruda de Residencia en la tierra; y la “rehumanización” de fines de los años 20, cuando varios de estos poetas retornan a la expresión de emociones personales o incursionan en el compromiso político.

1José Ortega y Gasset analizó y alabó esta actitud en La deshumanización del arte.

11 febrero, 2013

Poemas de Gilberto Owen


An episode from the 5th voyage of Sinbad the S...

De Línea

POÉTICA
Esta forma, la más bella que los vicios, me hiere y escapa por el techo. Nunca lo hubiera sospechado de una forma que se llama María. Y es que no pensé en que jamás tomaba el ascensor, temía las escaleras como grave cardíaca, y, sin embargo, subía a menudo hasta mi cuarto.
Nos conocimos en el jardín de una postal. A mí, bigotes de miel y mejillas comestibles, los chicos del pueblo me encargaban substituirlos en la memoria de sus novias. Y llegué a ella paloma para ella de un mensaje que cantaba: “Siempre estarás oliendo en mí.”
Esta forma no les creía. Me prestaba sus orejas para que oyera el mar en un caracol, o su torso para que tocara la guitarra. Abría su mano como un abanico y todos los termómetros bajaban al cero. Para reírse de mí me dio a morder su seno, y el cristal me cortó la boca. Siempre andaba desnuda, pues las telas se hacían aire sobre su cuerpo, y tenía esa grupa exagerada de los desnudos de Kisling, sólo corregida su voluptuosidad por llamarse María.
A veces la mataba y sólo me reprochaba mi gusto por la vida: “¡Qué truculento tu realismo, hijo!” –Pero no la creáis, no era mi madre. Y hoy que quise enseñarle la retórica, me hirió en el rostro y huyó por el techo.

De “Sindbad el varado”

Día dieciséis,
El patriotero

Para qué huir. Para llegar al tránsito
heroico y ruin de una noche a la otra
por los días sin nadie de una Bagdad olvidadiza
en la que ya no encontraré mi calle;
a andar, a andar por otras de un infame pregón
en cada esquina,
reedificando a tientas mansiones suplantadas.

Acaso los muy viejos se acordarán a mi cansancio,
o acaso digan: “Es el marinero
que conquistó siete poemas,
pero la octava vez vuelve sin nada”.

El cielo seguirá en su tarea pulcra
de almidonar sus nubes domingueras,
¡pero en mis ojos ha llovido en tantos deplorables paisajes!

La luz miniaturista seguirá dibujando
sus intachables árboles, sus pájaros exactos,
¡pero sobre mi frente no han arado en el mar tantas tinieblas!

La catedral sentada en su cátedra docta
dictará sumas de arte y teología,
pero ya en mis orejas sólo habita el zumbido
de un diablillo churrigueresco
y una cascada con su voz de campana cascada.

No huir. ¿Para qué? Si este dieciséis de Febrero borrascoso
volviera a serlo de Septiembre.

Día veintidós, 
Tu nombre, Poesía

Y saber luego que eres tú
barca de brisa contra mis peñascos;
y saber luego que eres tú
viento de hielo sobre mis trigales humillados e írritos:
frágil contra la altura de mi frente,
mortal para mis ojos,
Inflexible a mi oído y esclava de mi lengua.

Nadie me dijo el nombre de la rosa, lo supe con olerte,
enamorada virgen que hoy me dueles a flor en amor dada.

Trepar, trepar sin pausa de una espina a la otra
y ser ésta la espina cuadragésima,
y estar siempre tan cerca tu enigma de mi mano,
pero siempre una brasa más arriba,
siempre esa larga espera entre mirar la hora
y volver a mirarla un instante después.

Y hallar al fin, exangüe y desolado,
descubrir que es en mí donde tú estabas,
porque tú estás en todas partes
y no sólo en el cielo donde yo te he buscado,
que eres tú, que no yo, tuya y no mía,
qa voz que se desangra por mis llagas.

1 febrero, 2013

José Juan Tablada en internet


tablada-web